Inesperada escena

Después de una tarde llena de sensualidad y placer, Mila esperaba que su noche estuviera llena de la misma emoción, no dudaba de que Sergio pudiera lograrlo. Desnuda, salió de la habitación del yate donde se había concentrado toda la actividad al final y caminó hasta el bar creyendo que lo encontraría allí, pero el lugar estaba solo. En la encimera se encontraba uno de los vasos llenos de lo que imaginaba era wisky, lo tomó antes de seguir caminando. Lo encontró en la parte central de la proa tan desnudo como ella, hablaba por su celular con el vaso en la mano. Le daba la espalda por lo que se acercó con sigilo.

Lamió su cuello con delicadeza haciendo que Sergio se volteara sorprendido, se sonrieron unos segundos antes de que su atención regresara a la llamada. Esperó allí hasta que la conexión finalizó y él suspiró.

-Tenía tan buenos planes para mantenerte desnuda- comentó él con una mueca -pero me temo que debemos irnos, preciosa.

-¿Qué sucede?- Preguntó ella confundida.

-Al parecer hay algunos asuntos que resolver en el hotel- le explicó él caminando de vuelta a la habitación -y tengo que estar allí. Lo lamento.

-No tienes que disculparte- negó ella con una sonrisa colocándose su traje de baño -fue un tarde fantástica. Además, siempre podemos vernos luego.

-Espero que sí- le dijo él con lujuria en los ojos -porque todavía deseo mucho de ti.

Ella sonrió sintiendo como su cuerpo reaccionaba.

-Pero debes irte- afirmó ella -así que ponte en marcha. Tienes trabajo que hacer.

Sergio negó antes de encender el motor, pronto iban en camino hacia el puerto. Llegaron más rápido de lo que imaginaba, para luego caminar hasta el hotel. Él iba algo silencioso en su camino, por lo que solo siguió sus pasos. La acompañó hasta la puerta de su habitación y se despidieron allí.

-Espero que sigas disfrutando del día- le dijo él -incluso aunque no esté para excitar esos hermosos pezones.

Sus pezones se alzaron haciéndolo sonreír.

-Espero que te vaya bien en el trabajo- siguió ella -nos veremos luego.

-Por supuesto que sí- afirmó él antes de irse.

Lo observó caminar hasta el ascensor y cerró su puerta cuando las puertas del ascensor se cerraron. Se dirigió entonces al baño, preparó su tina con agua caliente y colocó bastantes jabones. Esperó hasta que estuvo llena para poder disfrutar de un tiempo de relajación quitándose la arena que todavía permanecía en su cuerpo, no se escuchaba ningún sonido salvo el de su respiración.

Pensó en quedarse en su habitación esa noche, la verdad era que algo de su entusiasmo se había ido junto con Sergio, no le apetecía comer sola, pero al mismo tiempo pensó en su resolución de no quedarse en la habitación en las noches. Además, ya no sería tan atractivo el balcón y sus juguetes sabiendo que alguien que no era Sergio podría verla. Así que se tomó su tiempo en el agua antes de levantarse y secarse para vestirse. Se colocó algo sencillo, pero con colores llamativos, se dejó el pelo suelto, se colocó algo de perfume y salió de la habitación.

Bajó en el ascensor hasta el piso de la piscina, bajó las escaleras hasta la parte central del hotel y de allí caminó hasta el restaurante. El mesero la dirigió hasta una de las mesas vacías y disfrutó de una comida tan buena como siempre, comer en aquel lugar era por sí solo un beneficio en la estadía. Observó al resto de los comensales mientras terminaba su copa de vino y al terminar se levantó para acercarse hasta la salida.

Terminó caminando por los alrededores del hotel y supo que había estado pasando demasiado tiempo junto a Sergio porque en ese momento en que él no estaba, se sentía como si hubiera regresado a ese instante en el que solo tenía dos días en el hotel y no supiera realmente que hacer para no sentirse sola en sus vacaciones. Estuvo a punto de regresar a su habitación cuando la piscina fue el lugar más interesante para quedarse.

-¿Mila?- Preguntó una voz y ella se volteó.

-Evangelina- dijo ella con una sonrisa -¿cómo estás?

-Bien- dijo la mujer con una sonrisa -ha estado varias noches buscándote, pero nunca pude encontrarte.

-¿Me buscabas?- Preguntó ella entre sorprendida y confundida.

-Sí, pensé que al conocernos podríamos ser algo así como compañeras de viaje- le explicó la mujer -fuiste la primera persona que conocí, así que lo imaginé de ese modo.

-Lo siento- ofreció ella -digamos que conocí a alguien que me mantuvo ocupada.

-No te preocupes- negó la mujer, riendo -esa es la idea. Pero, ¿por qué estás aquí sola esta noche?

-Él tenía trabajo que hacer- explicó ella -así que tuve que distraerme haciendo algo más.

-¿En la piscina?- Preguntó Evangelina viendo el lugar cerrado.

-Obviamente estoy algo aburrida- eso las hizo reír a ambas.

-Vamos- le ofreció la mujer -voy a encontrarme con unas personas en la disco. Será divertido.

Por alguna razón ella dudó unos segundos antes de convencerse de ir al lugar, se levantó para seguir a Evangelina por el camino que no había recorrido hasta esa noche. Entraron en el lugar y ella observó el ambiente. Era como el de cualquier otro club al que hubiera ido salvo porque era un poco más pequeño y había mucha menos personas de las que imaginó que habría. Evangelina siguió caminando por lo que se acercaron a un grupo sentado en una de las esquinas del lugar, ella fue presentada y pronto estuvo hablando y bebiendo.

Se sintió un poco tonta por haber rechazado la idea de visitar aquel lugar por tanto tiempo, tal vez sus malas experiencias en lugares como ese le habían hecho dudar. Uno de los hombres en la mesa la invitó a bailar y ella aceptó con una sonrisa.

-Eres una excelente bailarina- le dijo Franco mientras regresaban a sentarse -nadie había querido bailar más de dos canciones seguidas.

-Solo me detuve porque no he bebido lo suficiente- afirmó ella riendo -cinco no es ni de cerca mi mejor récord.

-Hay que mejorarlo entonces- ofreció él con una sonrisa -¿te traigo algo de beber?

-Por favor- aceptó ella.

Lo vio alejarse para pedir algo en la barra.

-Por fin alguien que puede mantener el ritmo de Franco- le dijo otra de las mujeres sentadas allí -pensé que tendríamos que negarnos eternamente.

-Nadie puede ganarme en bailar- dijo ella haciéndolos reír.

Las siguientes horas se las pasó bailando junto a Franco, el hombre realmente sabía mantener el ritmo y era divertido. Disfrutó de cada baile con soltura, en algunos momentos pudo notar que llamaban la atención de las personas a su alrededor, pero no le prestó demasiada atención a ese hecho. Fue solo y únicamente cuando una pareja entró en el lugar que su atención se desvió un poco, eran guapos, eran claramente una pareja y se notaba que tenían dinero.

Ellos no la notaron, sin embargo, se sentaron tranquilamente en una de las mesas y pidieron algo de tomar. Mila siguió disfrutando de la pista de baile junto a Franco, bailaron hasta que el sudor cubría sus ropas y se quedaban sin aire. Unos minutos más tarde se sentaron una vez más a la mesa, ella tomó lo que quedaba de su trago de una sola vez.

-Por fin alguien que tiene algo de energía- comentó Franco creando una discusión en la mesa que los hizo reír.

Ella observó discretamente a la pareja al otro lado del lugar, por lo que notó el momento en que se levantaron para desaparecer por una de las puertas que daban a los baños. Esperó verlos de regresó, pero su curiosidad creció a medida que los minutos pasaba y ellos no regresaban. Fue entonces que se excusó en la mesa para dirigirse al mismo lugar, caminó lentamente intentando no hacer ruidos, no estaban en el baño. Fue en una puerta que parecía de acceso para el personal que los encontró.

La mujer gemía mientras era sostenida de los brazos, el hombre jugaba con su humedad desde atrás con una fuerza que la hizo estremecer. No lograba escuchar sus palabras debido al sonido de la música, pero verlos era suficiente. Él soltó a la mujer para tomarla de las caderas y embestirla con fuerza, el gritó fue lo primero que escuchó claramente, comenzó sus movimientos salvajes antes de tomarla del pelo impidiendo que ella se moviera. Ver aquello era tan sensual como impactante, su cuerpo se mojó en segundos y sus pezones llamaban la atención, nunca en su vida había deseado tanto algo.

No pudo irse, los observó hasta que ambos se corrieron con fuerza. Fue en ese segundo que su mente recobró la consciencia y se alejó rápidamente antes de que pudieran verla. Regresó con el grupo que la esperaba, pero sus ánimos ya no eran los mismos, estaba tan excitada que podía sentir la humedad al mover sus piernas. Se sentía necesitada y calurosa, por lo que se despidió de todos los que la acompañaban esa noche.

Ella se retiró del lugar sin notar que un par de ojos la seguían, casi corrió hasta su habitación y cuando estuvo en la privacidad de su cama tomó los juguetes casi desesperada. Las puertas del balcón permanecieron cerradas mientras ella se tocaba, lamentando por primera vez que Sergio no estuviera con ella para complacerla.