Capítulo 124
Los cuatro corremos por los pasillos hasta la habitación de duende y cerramos la puerta como si un monstruo nos persiguiera. Dándonos cuenta de que nos acabamos de encerrar, observamos a Liam que es quien tuvo la idea.
—Nunca pensé que tendría a mi novio, mi amigo y mi enemigo en una misma habitación. —El principito sonríe, encogiéndose de hombros—. En fin, la vida.
Ansel se deja caer en la cama, enterrando el rostro entre sus manos.
—Tus abuelos te van a desheredar. —Theo se ubica en el montón de cojines bajo la ventana—. Es la segunda vez que un escándalo arruina su baile.
—Oye, tú —le hablo al vampiro semi muerto en la cama, apoyándome en la puerta y cruzando mis brazos —¿esta era tu idea de salir del closet?
—Lena lo complicó todo. He tratado de hablar con ella desde que amaneció, pero mi madre y mi abuela la llevaron a la ciudad a comprar vestidos y llenarle la cabeza de que ella sería mi esposa —admite Ansel, incorporándose de repente—. Mi idea era aparecer en el baile solo. Cuando todo el mundo me preguntara por qué no estoy bien acompañado, les diría lo que soy y asunto terminado.
Liam pasa por delante de mí y toca el hombro de Ansel que parece estar debatiéndose consigo mismo si colocarse en posición fetal o quedarse ahí con la cara enterrada entre las manos.
—Supongo que ahora entiendo por qué ustedes se rehusaban a darles el gusto a los demás —murmura—. Es horrible sentir que eres dos personas distintas. Una parte de ti es la que adoran todos y la otra es un error que debes esconder porque nadie lo acepta o, más bien, te meten en la cabeza que no es correcto ser así.
—Ser diferente a lo convencional no es un defecto, Ansel, como luchar por ser tú mismo tampoco es una guerra absurda.
Ansel, bastante más relajado, asiente ante las palabras de mi novio y sonríe un poco.
—Gracias por ayudarme, aunque no esperaba que lo hicieras.
Liam iba a decir algo, pero fue interrumpido por el leve golpeteo en la puerta. Los chicos, asustados como suricatos mirando a una bestia, lanzaron una mirada de súplica hacia mí.
Salgo del cuarto de duende para encontrarme cara a cara con Aria. Ella no parece enfadada, tampoco impaciente. Sigue teniendo una sonrisa maternal como la que expresó al ver a su hijo después de tanto tiempo.
—¿Está todo bien? —me pregunta con un suave tono de voz—. No vengo a llevarlos de vuelta, solo a avisar qué está pasando y son buenas noticias. Conversamos con los padres de Ansel. Al principio no querían escuchar, pero fueron entendiendo que no es tan malo lo que sucede y están dispuestos a hablar con su hijo… Que hasta ahora no sabemos muy bien qué le pasa.
—No me corresponde decirlo, pero no es nada malo.
Aria pestañea un par de veces, luego asiente.
—Si puedes hacer que salgan y nos encuentren en la habitación de trabajo de mi suegra, estoy segura de que resolveremos esto con la mayor paz posible.
Iba a preguntar por qué cree que de todos soy yo el que debe manejar a los que están dentro, pero considerando que dos de ellos protagonizaron el escándalo de hace un tiempo, y el que ahora está siendo protagonista, cierro la boca y acepto la responsabilidad de llevarlos hasta donde están los adultos. No sé cómo, pero habrá una manera de sacarlos del cuarto.
Aria se despide y camina rápidamente a través del pasillo. Solo el sonido de sus tacones es lo bastante fuerte como para escucharse cuando ella está del otro lado. Vuelvo a entrar al cuarto especial del principito.
—Por lo que me dijo tu madre las cosas irán bien. —Observo a Liam quien de repente se endereza en el lugar—. Lo único que me pidió es que vayamos a la habitación especial de tu abuela para poder acabar con esto.
Ansel, que hasta ahora parece no ha levantado la cabeza, suspira, llevando ambas manos a su cabello.
—¿Qué es lo que he hecho?
—Buscar tu libertad. —Liam se baja de la cama y se para frente a Ansel—. ¿Crees que nosotros la tuvimos fácil? Theo tuvo que padecer el que sus padres se sintieran culpables por volverlo gay. Yo, a pesar de tener libertad para ser quien quiera ser, no supe aprovecharla y estuvo cerca de perderlo todo. Y Mason es el que más tuvo que luchar para poder ser libre tanto física como psicológicamente. Todos tuvimos que tomar decisiones, hacer sacrificios, caernos y levantarnos con el dolor latiendo en nuestros cuerpos; pero no había opción. —Mi novio toma los hombros del vampiro asustado—. Enfrenta a esos dinosaurios. No seas un amargado que tuvo que someterse a los deseos de una sociedad y padres egoístas.
Ansel de repente no parece tan aterrorizado por la idea de decir qué es lo que quiere para él mismo. Hasta diría que le está dando la razón y una mirada apreciativa a Liam.
—Realmente eres un príncipe —dice, sonriendo un poco.
Sin más que decir, salimos del cuarto pequeño, Theo acompañando a Ansel y Liam junto a mí. Al ver a mi novio tan tranquilo y seguro de lo que está haciendo no puedo evitar admirarlo por saber tomar el control de la situación. Ahora más que nunca me parece que estoy enamorado de un príncipe quien, además de sentir lo mismo por mí, logra hacerse querer por todo el mundo por poner a los demás antes que a él mismo cuando es necesario. Sintiendo un suave cosquilleo en mi pecho, acerco a mi novio y beso su mejilla.
—¿Hum? ¿Qué pasa? —dice él, sonriéndome de vuelta.
—Nada, solo quería hacerlo.
Al llegar a la habitación de Darlene me sorprende que el ambiente no esté cargado de tensión. Los padres de Liam están sentados en uno de los sofás cerca de la chimenea, Emerson observa la nieve caer desde la ventana detrás del escritorio de su esposa, Darlene sigue comentándoles algo a los padres de Ansel que tienen una mirada mucho más calmada que en el salón.
—Gracias por todo —murmura Ansel antes de dejarnos y avanzar hacia sus padres.