Capítulo 31
Las horas dentro del confinamiento pasaban volando. Ya había perdido por completo la noción del tiempo. Sentía que ese encarcelamiento era eterno. Charlotte disfrutaba gratamente tener con quien hablar de cualquier cosa y eso la distraía de su triste realidad. En algunos momentos Vincent le prestaba la pelota para hacer competencias de quien duraba más tiempo contra la pared y eso los entretenía bastante, incluso la criatura de cuatro patas a veces se le quedaba observando por el rabillo de su ojo.
Crono la visitaba todas las noches y una que otra vez en la mañana solo para saber de su estado. Las ganas de patearle el trasero aumentaban. Con los sucesos que tuvo que vivir Vincent, le quedó más que claro que Darius era un infeliz egoísta y avaricioso que solo utilizaba a los demás para cumplir con sus objetivos.
Charlotte le prometió que si llegaba a salir de allí lo llevaría con ella, le ayudaría a tener una vida diferente ya que se la arrebataron de sus manos sin él pedirlo al igual que con sus padres. Vincent dudo un poco de sus palabras, pero le dio su voto de confianza y fue positivo.
Después de estar tantos años encerrado y maltratado sentía que la paz volvía a su vida. Vincent palpo aquella tranquilidad desde el primer momento en que Charlotte fue trasladada a su celda, ella le proporcionaba seguridad. Los ratos a su lado fueron para él como si quisiera seguir viviendo y luchar por ser libre, era algo que brotaba desde su interior volviendo a resurgir.
— (Suspiro) Entonces eres otro viejo también —dijo Charlotte rodando los ojos.
Vincent río volteando su cabeza hacia atrás por la forma en que se expresó ella.
—A ellos les conviene que mantenga una apariencia joven para sus trabajos, por eso han tenido la molestia de alargar mi vida —explicó sonriente, pero Charlotte volteo la mirada con una mueca de molestia.
Ella odiaba que manipularan a otros en contra de su voluntad y él hacía sonar las cosas como si no fueran nada, pero para ella no era justo lo que le hacían.
—Eso… no estoy muy de acuerdo con eso… pero la cuestión es que vivo rodeada de ¡momias andantes! —exclamó extendiendo sus brazos al aire.
— ¡Auch! me lastimas.
Vincent colocó su mano en su pecho sintiéndose ofendido.
—Por lo menos soy una momia bastante entretenida.
Charlotte le lanzó un pedacito de pan atinándole en la cara, sus clases de puntería funcionaron muy bien. Vincent se le quedó mirando con la boca abierta mientras ella aprovechó el momento y le lanzó otro pedazo para atinar a su boca haciendo que abriera bastante los ojos en sorpresa y Charlotte riera triunfante.
—Lástima que ya no me queda de lo mío porque te lo lanzó también —señalo su bandeja para mirarla sonriente.
— ¡Porque eres un tragón! —dijo para reírse de él.
—Debe ser que tampoco te chupas los dedos cuando comes y no lo niegues porque te he visto.
Vincent hizo gestos con sus dos dedos colocándolos en sus ojos y señalándola rápidamente.
Alzando sus manos en derrota Charlotte no le quedó de otra que darle la razón, pero es que su apetito se había desatado con la tensión del encierro y todo ese tema. Sin mencionar los sueños con el mismo tipo que no sabía quién diantres era.
Cuando despertaba en las mañanas se quedaba como tarada viendo el techo tratando de recordar, pero por más que lo intentara no sabía en donde lo había visto. Sin mencionar que a veces escuchaba una voz que le cantaba, llegó a pensar que estar encerrada le estaba causando alucinaciones.
El pasar de los días le inquietaba un poco y si… ¿Régis y Enzo nunca llegaban a salvarla? ¿O si se la llevan más lejos aún?, Charlotte se abarrotaba de preguntas que la angustiaban en gran manera todas sus noches, temía que nunca fuera a salir de allí. Confiaba plenamente en su guardián, pero la espera era algo preocupante y ni loca trataba de comunicarse, pensaba que si lo hacía para la próxima no contaba la historia.
Vincent le hizo señas para que se alejara y ella comprendió completamente que significaba eso. Colocándose de pie se sentó de piernas cruzadas con una mirada seria esperando por su captor.
Escucho como la puerta se abría y unos pasos hacían eco en el frío y blanco pasillo. Delante de su celda se detuvo la persona que menos quería ver por el resto de su vida. Charlotte la observaba con rabia pura, mientras que ella la observaba como si fuera un insecto insignificante.
La tensión en el ambiente creció rápidamente y las criaturas a su alrededor se comenzaron a irritar gruñéndole a la persona en frente de la celda de Charlotte. Ignorándolos rodó sus ojos en aburrimiento e hizo una seña con su mano para que la puerta de su celda se abriera con un sonido magnético, ese pequeño detalle le dio una gran idea a Charlotte.
—Sígueme —ordenó con desdén.
— ¿Desde cuándo tengo que obedecer lo que tú me digas? —desafío cruzándose de brazos.
Angela cerró sus ojos y suspiró tratando de calmarse.
—Solo vine a recogerte yo no soy quien dio la orden ¿bien?, así que, si quieres obedecer o no, conmigo no será con quien te enfrentes.
Charlotte dudo un poco en creerle, pero al mirar de soslayo a Vincent, este le hizo señas de que fuera con ella y le lanzo casi que puñales con la mirada a Angela, por lo menos compartían otro tema en común.
Colocándose de pie no dijo ni una palabra más y se dispuso a salir de la celda. Angela la vio de pies a cabeza haciendo una mueca de desagrado para luego girarse y dirigirse a la puerta. Charlotte vio nuevamente a Vincent y este le sonrió con un pulgar arriba, ella haría todo lo posible por sacarlo de allí bueno… si ella salía.
Caminando por el corredor observó las celdas y había criaturas salvajes de todo tipo, todas encadenadas como simples animales. Al pasar por allí algunos la observaban curiosos como otros se limitaban a agachar su cabeza. Charlotte no entendió su actitud, pero tampoco se quedaría a saber por qué y menos con Angela esperándola.
Al abrirse la puerta Angela salió seguida de Charlotte y estando fuera, la tomó de ambos brazos colocándolos detrás de su espalda para atarlos con una cuerda gruesa, pero que no lastimara su piel.
Angela la presiono un poco más haciendo que Charlotte la fulminara con la mirada, ella lo hacía a propósito y su sonrisa lo confirmaba.
—Así evitaremos conflictos innecesarios, agradece que por lo menos podrás ver el lugar mientras no seas una amenaza de alto nivel no te vendare los ojos.
Charlotte se mordió la lengua para no responderle, no quería arruinar la única oportunidad que a lo mejor tendría para buscar vías de escape.
Dándole la espalda continúo su camino hacia un elevador. El lugar era bastante espacioso con un piso bien pulido y dos corredores anchos a cada lado dando a relucir que el lugar era inmenso. Al llegar al elevador ella lo llamo y no duró mucho tiempo en llegar.
Entrando al elevador una de las cuatro paredes era un espejo entero con una barra para sujetarse muy bien asida a los lados. Las puertas se cerraron y Angela presiono uno de los tantos botones que había en el tablero. Charlotte se fijó bien y estaba en el tercer sótano ¡Dios! Exageraron con el hecho de que sea un peligro.
Tan solo recordar las absurdas palabras de Crono le causaba risa, su cinismo era único. Charlotte supuso que dentro del elevador habría cámaras integradas y por lo que se ve Angela tuvo un buen escarmiento por agredirla ya que ni se dignaba a mirarla, pero eso no le molestaba en lo más mínimo, con tal la dejara en paz todo iría bien.
Llegando al piso indicado las puertas de metal se abrieron dejando ver un lujoso pasillo muy bien decorado con pinturas actuales y antiguas. El piso era de mármol gris muy bien pulido y las paredes mantenían un tono vino. Angela la incito a que la siguiera y ella se mantuvo detrás.
Algunos sirvientes pasaban de un lado a otro con la mirada perdida como otros que no eran sirvientes se le quedaban observando como un fenómeno, pero Angela les lanzaba una mirada y era más que suficiente para que siguieran su camino.
La guió a una puerta blanca detallada e hizo que entrara, claro sin cerrar la puerta detrás de ella antes. Retiró la cuerda de sus manos haciendo que Charlotte masajeara un poco su antebrazo ya que por los brazaletes nunca le lastimarían las muñecas. Detallo la habitación y era todo lo contrario a la triste habitación lila anterior.
Esta vez era del tamaño de su habitación en la mansión de Régis solo… que no era de sus gustos específicamente. Las paredes eran de un tono blanco perla con una gran cama con pilares que conectaban a un pequeño techo de la cama adornado con telas negras que contrastaban con la seda roja de las sábanas. Un armario de madera tallada negra junto a un estante colgante con algunos libros y figuras decorativas, una especie de mesa alargada con cosméticos y algunos objetos de uso personal junto a un espejo y una silla para arreglarse cómodamente.
Charlotte no entendió para nada porque la llevaron allí. Miro extrañada a Angela haciendo que la mujer suspirara en frustración.
—Aséate y alístate dentro del armario hay ropa… —dándole un vistazo rápido continuo —Decente, puedes utilizar los cosméticos que gustes y en los cajones hay pendientes escoge el que quieras.
—Aguarda un segundo —Charlotte la detuvo extendiendo su mano— ¿Por qué se supone que debo arreglarme ahora? (bufido) después de tenerme toda andrajosa ¿ahora se interesan en mi apariencia? ¿Qué? ¿Conoceré a la reina de España?
Angela la observaba inexpresiva.
—Lord Crono tendrá una pequeña reunión dentro de poco con algunos negociantes importantes y… —se detuvo unos segundos su voz desprendía molestia —Pidió tu presencia como acompañante.
— ¡Ja! Esto es inaudito —se quejó estupefacta negando con su cabeza.
Colocó una mano en su cadera para señalar a Angela con la otra.
—Si ese desgraciado cree que yo soy un pañuelo que puede usar cuando se le antoje dile que está bien equivocado y que se vaya con un vagabundo si quiere para su gran reunión porque por mi parte escúchame bien esta ¡JO-DI-DO!
Angela se mantuvo inmóvil apretando sus puños y exhalando por la nariz. Charlotte podía sentir claramente el gran esfuerzo que hacía para mantener el control, pero esto colmó su paciencia ni se crea el rubio ese que la manipularía a su antojo.
— (Suspiro) Deberías agradecer que él sea tan complaciente contigo no cualquiera le habla como si nada y sale ileso, sinceramente tampoco estoy feliz con el hecho de que seas tú a quien haya pedido para esto, pero sé que eres inteligente como para intentar algo estando de manos atadas rodeada de criaturas más poderosas y antiguas que tú.
Charlotte se quedó sin palabras observándola con el ceño fruncido.
—Así que mueve tu trasero y alístate en media hora vuelvo por ti —dijo para salir de la habitación dejándola sola.
No se podía creer la situación en la que la metieron. Quería con más ganas aún decirle sus buenas palabras a Crono, pero… pensándolo mejor esta podría ser una buena oportunidad para utilizarla a su favor, si él pensaba que podría manipularla ella podría jugar el mismo juego y vamos a ver quién gana al final.
Dirigiéndose a una puerta se dio un baño y le interesó un rábano el lugar, solo deseaba salir pronto de allí, sentía que apestaba a vampiro toda la habitación. Se cubrió con las toallas y se dispuso a inspeccionar el armario.
Vestidos un poco ostentosos, con corsé, largos, cortos y de todo tipo estaban alineados en el armario. Sinceramente ninguno era del gusto de Charlotte con los de corsé se vería esbelta, pero sentía que no respiraría y dudaba poder ponerse esa cosa sin ayuda. Optó rápidamente por uno que era largo de tiras con copa de corazón un poco pronunciado con pedrería de rubíes que combinaban a la perfección con el tono plateado del vestido y un leve escote en su espalda.
Al colocárselo se ajustaba perfectamente en todo su torso para caer suelto desde la cintura hacia abajo. Tomó unos tacones no tan altos del mismo tono y se puso a pensar que tal vez… con un tacón podría defenderse, no estaría mal para apuñalárselo a cualquiera en el pecho, sacudió su cabeza despidiendo la idea para centrarse en arreglar su cabello.
Se sentó al frente del espejo y abrió los cajones abriéndosele los ojos como platos. Crono debía tener sus contactos porque parecía exhibidor de joyería. Se limito a tomar un juego de rubí que fuera a la par con los detalles del vestido. Era una fina cadenilla de oro con un pequeño corazón sostenido por dos alas doradas, los aretes eran dos corazones iguales, pero sin las alas.
El color le recordó a los ojos que tanto le llamaban la atención “Enzo”, su nombre pasó por su mente recordando la primera vez que los vio en aquel callejón oscuro. Toco la cadenilla y aunque no lo creyera lo extrañaba. Retiro el pensamiento de su mente y continúo arreglándose.
Se limitó a utilizar unos sujetadores del mismo tono que las joyas para hacer dos trenzas y unirlas en un pequeño moño decorado por un broche dejando el resto de su cabellera caer por sus hombros y espalda. Al observar la variedad de broches encontró uno que se incrustaba en el cabello con un pasador bastante afilado. Aprovecho el momento y lo escondió en su ropa interior superior para usarlo con la idea que tenía en mente.
Retoco levemente su rostro con un maquillaje liviano y elegante. Estando lista no pasaron muchos minutos para que volviera Angela portando un vestido rojo que resaltaba sus bucles rojizos que esta vez estaban recogidos en un moño elegante.
Recorrió su mirada observándola de arriba abajo, asintiendo dando la aprobación por su elección. Le hizo un gesto con su cabeza para que la siguiera.
Volvieron al elevador marco los botones haciendo que ascendiera. Charlotte se encontraba un poco nerviosa, no lo podía evitar quien sabe para que la hayan llamado y de que se tratara aquella reunión.
El elevador se detuvo abriendo sus puertas en lo que parecía ser una clase de azotea completamente decorada como si fuera en esas películas de ricos donde pasan sus veladas al aire libre dentro de sus recintos. Disponiéndose a salir del elevador Angela la tomó por el brazo.
—Ni se te ocurra decir cualquier estupidez que se te venga a la mente y mantente a raya, no dejes mal a mi Lord —advirtió soltándola para que un hombre se les acercara.
Portaba un traje color plomo con una camisa de vestir blanca y una corbata roja que inesperadamente combinaba con la elección de Charlotte. Su cabello perfectamente peinado hacia atrás dando un porte de elegancia y gran presencia. Charlotte al detallarse y luego a sus captores estaban prácticamente combinados, no le agradaba mucho la idea de haber concordado con ellos, pero por lo menos se verían bien.
—Por fin estás aquí.
Crono la recorrió al igual que Angela y asintió satisfecho.
—Por nada heredaste la belleza de tu madre de algo te servirá.
Charlotte se irritó al escucharlo referirse a su madre, él junto a Darius se encargaron de matarla y aun así no le pesaba en lo más mínimo. Respiro profundamente y se mantuvo serena si iba a jugar su juego debía hacerlo bien.
Crono tendió su mano para que ella la tomara y Charlotte dudaba en hacerlo.
—Una condición antes de ir contigo.
Angela frunció el ceño y la quiso tomar por el brazo para reprenderla pero Crono la detuvo.
—Di tu condición y la considerare.
Charlotte dudaba que la dejaran ir aunque la rechazaran, pero aun así lo intento.
—Estoy harta de estar dentro de cuatro paredes, déjame tomar aire fresco por lo menos 30 minutos diarios y me comportare como una dama de alta sociedad. No me quejaré, ni me opondré a lo que me pidas, solo te pido eso.
Crono se le quedó mirando sopesando la propuesta.
—De acure…
—Pero también dejarás que Vincent me acompañe —interrumpió antes de que él terminara de hablar.
Esa parte de la condición no le agrado mucho pero ya estaba perdiendo tiempo.
—Concedido.
Angela dejó salir un quejido ahogado sin creerse que él estuviera de acuerdo.
— ¿Alguna objeción? —preguntó sereno.
Angela negó y se recompuso.
Crono asintió y volvió a tenderle su mano a Charlotte.
Al hacer contacto con esos ojos avellana tan serios y extrañamente con un pequeño indicio de calidez que la tomó por sorpresa, ella la tomó y se adentró a su papel de acompañante dando inicio al juego.
Luces tenues y llamativas inundaban el lugar. Estaba decorado con flores blancas y enredaderas bien podadas que le daban un toque elegante y sencillo. Era una azotea bastante grande con un pequeño bar al aire libre con mesas alrededor de los barandales y muchas criaturas elegantes y poderosas charlando y tomando sus bebidas.
Un leve mareo afecto a Charlotte haciendo que llevara su mano a sus sienes. Era algo abrumador y aun no se acostumbraba. Crono la observo expectante mientras ella recobraba la compostura. Extrañaba tanto a su guardián, si fuera sido por él la estaría ayudando por medio del vínculo para que soportara el momento.
Estando más calmada respiro profundamente y tomó fuerzas para alzar su cabeza nuevamente y hacer como si nada nunca fuera sucedido. Crono asintió para continuar su andar y llevarla a una mesa con algunos hombres y mujeres debatiendo una charla importante.
—Gracias por su espera.
Todos los ojos se centraron en Crono y Charlotte.
—Les presento a mi preciada acompañante de la cual tanto les he comentado ella es Charlotte Wembley.
Charlotte se sintió intimidada por la mirada que le daban, pero se mantuvo serena y sonrió gratamente.
—Me es un placer conocerlos —dijo con un muy leve asentimiento de cabeza solo por educación.
—Espero cuiden de ella como se lo merece ya que será quien proporcione los lazos entre nuestros negocios.
Todos sonrieron interesados y satisfechos por el comentario de Crono, pero eso no le gusto para nada a Charlotte. Sabía que Darius la quería, pero… no se imaginó que sería utilizada de tal manera y quien sabe para que “negocios” esté hablando Crono.
Al mirar al cielo despejado Charlotte supo que su batalla no sería tan fácil como pensaba que seria. La luna se veía hermosa en el cielo estrellado a pesar de estar en un lugar abierto la realidad era otra.
Lucharía por su libertad y eso nadie se lo arrebataría nuevamente, estaba decidida a darlo todo por acabar con esta tortura de tantos siglos. Dejaría que rieran y gozaran un poco ya que al final ella será la que mejor ría.