Chapter 31: Capítulo 30
Estando en uno de los rincones platicando plácidamente con algunos clientes Morghan estaba atenta a cualquier movimiento que hacía Enzo. Centro toda su atención en su pequeña niña y retirándose del lugar se fue a un área menos concurrida para poder desplazarse entre las sombras con mayor facilidad.
Por medio de su conexión telepática puso al tanto a Régis sobre el asunto haciendo que el moreno casi se atragante con su bebida al enterarse lo que tendría que hacer Enzo. Él estuvo de acuerdo y que prosiguieran con el plan, estaría atento a cualquier cambio en el ambiente.
Con facilidad Morghan se acopló a la oscuridad de un rincón para desplazarse con la ayuda de sus niñas para quedar dentro de la habitación V.I.P donde el traficante se había llevado a Enzo. Ella se quedó oculta en los conductos de ventilación observando y escuchando todo. Ambos entraron y ya que se encontraba allí no necesitaba que su niña deambulara por el cabello plateado de aquel niñato, el cual al sentir como salía de su cabeza respingo por un pequeño escalofrió frunciendo un poco el ceño, haciendo que ella sonriera cómplice.
Al entrar en la habitación era como si fuera la suite de un hotel solo que más pequeña. La condenada alimaña de Morghan le causo cosquillas no deseadas a Enzo haciendo que frunciera el ceño.
Dos de los guardaespaldas entraron en la habitación también, colocándose a cada lado de la puerta y eso hizo que Enzo se preguntara si no les daba asco ver a esa bolsa de grasa estar en intimidad.
Oswaldo se le acercó a Enzo tomándolo desprevenido por andar pensando.
—Muy bien mi querido mercenario te ofrezco dos millones de dólares esta misma noche en efectivo si aceptas… —el hombre pasó la lengua por sus labios humectándolos —Todos mis términos.
Se acercó mucho más a él chocando su grasoso cuerpo para tomarlo por el abrigo haciendo que Enzo diera un paso adelante. Nunca en su vida había sentido tantas ganas de vomitar, pero tenía que aguantar un poco más… solo un poco más.
Si quería sacar información lo haría y gracias a su experiencia sabía cómo dejar a cualquiera comiendo de sus pies.
Pasó sus dedos por la enorme mejilla rosada del gordo dándole una seductora sonrisa sacándole un suspiro al hombre.
—Me encantaría, pero… —Enzo se acercó a su oreja— No me gustan espectadores —dijo con una voz seductora que le puso la piel de gallina al hombre.
Con firmeza le ordenó a sus guardas espaldas retirarse del lugar y esperar en un lugar más alejado. Ambos hombres observaron a Enzo el cual mordisqueaba la oreja del hombre, dudaron por un segundo, pero la mirada del gordo fue todo para que se retiraran.
Al estar completamente seguro de que estaban lejos Enzo pudo dejar de actuar. El hombre introdujo sus manos por el abrigo de él y en un parpadear ya tenía su brazo retorcido en su espalda con el hombre pisando su cuerpo en el suelo, el cual retumbó al caer.
— (Escupir) ¡Demonios! (Escupir) esto es lo más asqueroso que alguna vez haya hecho en mi puta vida (escupir) —expresó Enzo encima del hombre, el cual estaba estupefacto.
—Oye si te gusta ir rudo lo fueras dicho desde el principio, pero… —trato de moverse y el agarre en su brazo fue más fuerte haciendo que hiciera una mueca de dolor—Debes soltarme.
—No te voy a soltar gordo asqueroso, me causas repulsión —escupió con asco haciendo que el tipo lo observara maravillado —Ahora si me gane la lotería, lo siento, pero me gustan mujeres y no que sean del tamaño de Moby-Dick.
— ¿¡Pero qué insulto es este!? Suéltame inmediatamente o llamaré a mis…
— ¿Guardaespaldas? ¡Ja! No me hagas reír ellos están en un bonito sueño proporcionado por alguien que te sacara todo el relleno.
Oswaldo lo observo ahora aterrado mientras que Enzo indicaba a su acompañante a que hiciera acto de presencia, la cual apareció de las sombras con total autoridad. El hombre al ver quién era abrió los ojos como platos y comenzó a temblar, pero la actitud de ella no duro mucho porque estallo en risas.
— ¿Y ahora a ti que te paso? —pregunto Enzo totalmente desconcertado.
— (Risas) L-lo siento (risas) p-pero (risas) —Morghan tuvo que sostener su estómago para tomar el aire que no respira y continuar hablando — ¡Casi te violan! —grito señalándolo para volver a caer en carcajada.
Enzo pasó su mano libre sobre su entrecejo respirando para calmarse y no destruirle el brazo a la albóndiga.
Suspirando saco una especie de látigo amarillo de sus dedos para darle un pequeño golpe en las piernas a Morghan, la cual chillo para fulminarlo con la mirada y él le sonriera sarcásticamente.
—Nadie sabrá de esto —advirtió señalándola con un dedo.
— (Suspiro) Vale… está bien —se quejó acercándose al gordo que los observaba completamente confundido.
—Es todo tuyo —dijo Enzo soltándolo bruscamente.
Oswaldo acarició su brazo adolorido tirado en el suelo, al tratar de sentarse ya Morghan estaba de cuclillas observándolo con sonrisa en rostro. El hombre trago grueso y la observaba con temor puro.
—T-tu (risa nerviosa) n-no puede ser que sea verdad —negaba sin creerse quien estaba al frente de él.
—Pues créelo porque la tienes en frente de ti.
—L-la E-emperatriz de las Sombras —titubeo con los ojos bien abiertos.
Morghan asintió sonriente amaba sentir el miedo que infundía en sus presas, no era su mayor orgullo, pero si lo negaba sería mentira.
Mirando fijamente al hombre sus ojos se tornaron rojos con aquel pedazo azul pálido. Enzo aprovecho el momento y la observó con más detenimiento.
—Me dirás absolutamente todo lo que te pida—su voz era más seria y todos sus rasgos cambiaron a ser ilegibles.
El hombre no luchó ni un segundo ante el control de su voluntad, era como un muñeco parlante, uno muy grande.
— ¿Quién es el cliente que tienes aquí en Manhattan?
—Tengo muchos debes ser más específica—respondió totalmente inmerso en Morghan.
— (Suspiro) ¿Cómo se llama el cliente al que le vendes la mayor cantidad de alimento para sus mascotas?
—Nunca me dice su nombre siempre todo es por llamada, solo lo llamo cliente estrella, pero por más que pregunté su nombre siempre me dice lo mismo “no es necesario”
Morghan y Enzo compartieron miradas.
— ¿Sabes su ubicación?
El hombre negó con su cabeza haciendo que ella frunciera el ceño.
— ¿Dónde y cuándo será su próxima entrega?
—Dentro de dos noches en un almacén cerca del Times Square.
Perfecto eso era más que suficiente. Morghan le terminó de sacar algunos detalles importantes y retiró la compulsión del gordo haciendo que volteara sus ojos hacia atrás y se desplomara en el suelo.
— ¡Avisa! Casi me aplasta los pies —se quejó Enzo apartándose del cuerpo del hombre.
—No hiciste que me orinara, pero si me reí bastante —admitía Morghan con las manos extendidas.
Enzo la observó con los ojos entre cerrados negando con la cabeza.
—Bueno esto es todo, ahora debemos terminar de completar la coartada —dijo uniendo sus manos y mirando sonriente a Enzo.
— ¿A qué te refieres? Ya obtuvimos lo que buscábamos.
—Sí, pero no podemos dejar al rey de la obesidad mórfica tirado en el suelo y con ropa.
— ¡No! —se negó rotundamente.
— ¡Oh si!
—Pero si tu sola me lanzaste a un edificio ¿¡no vas a poder con esta manteca!? —exclamó señalando al hombre con sus manos haciendo que ella riera.
—Gracias por el halago sé que soy fuerte, pero aun así los tres estamos en esto.
—Bueno, entonces llama a Régis y que te ayude él.
— ¿No sería sospechoso que Oswaldo pida estar con otro hombre que no conoce? —acusó enarcando una ceja.
Enzo se quejó por lo bajo y comenzó a refunfuñar mientras le arrancaba prácticamente la espantosa ropa sin dañar las pieles porque crearía un problema. Después de dejarlo semi-desnudo ambos lo sujetaron dejándolo tirado en la cama, la cual rechino y compadecieron a la pobre. Morghan tocó su cabeza y emano un pequeño resplandor rojo para luego salir de la habitación de la misma manera en que entró.
Alborotando un poco su cabello Enzo salió de la habitación sintiéndose sucio, eso sería una gran marca para su imagen, pero gracias a Morghan nadie sabría acerca de esto y quien lo sepa, él se encargaría de que nunca lo cuente.
Bajando a planta Morghan se le unió en su andar para buscar a Régis y salir del lugar para planear el ataque.
Llegando Morghan le señaló con la cabeza la ubicación de Régis y el condenado se mantenía sumergido en una plácida conversación mientras que él tuvo que hacer el trabajo sucio y sí que fue asqueroso.
Se acercó con paso firme y ambos hombres voltearon a verlos. Enzo frunció el ceño al mirar a Régis y cuando reparó en su acompañante se quedó en blanco ¿Qué rayos hacía ese hombre allí?
— ¡Pero qué sorpresa si es el amigo de mudita!, ven únete a unos tragos —invito el hombre.
Régis recorrió la mirada entre ambos totalmente extrañado.
— ¿Mudita?
—Sí hombre —dijo para tomar otro sorbo de su trago —Hace unos cuantos meses en Londres conocí a una muda muy bonita que era acompañada por este chico—explicó señalándolo con su vaso.
Este era el típico momento en el cual se dice que nada más podría salir mal, pero siempre sucede.
— ¡Hey! Aquí estabas te estuve buscando en todo el lugar, ya encontré al gordo —dijo un rubio acercándose al hombre para mirar con recelo a Enzo.
Régis observaba a Enzo pidiendo explicaciones y él solo quería que se lo tragara la tierra.
— ¿Qué se supone que haces aquí?
—Vamos John deja tu seriedad y diviértete un rato, mira estoy con Régis Allard el mejor empresario de telas en toda Francia podría ayudarnos con los nuevos trajes —dijo el hombre rodeando a Régis con su brazo amistosamente.
—Buck —John lo observó con el ceño fruncido— Ese moreno viene con ellos y por lo que veo no tienen a mudita que no es muda con ellos.
La quijada de Buck casi cayó al suelo. Parpadeo un par de veces y detallo a Enzo, Morghan y Régis para luego volver a ver a John.
—Nuestra mudita… ¿¡no es muda!? —exclamó asombrado, para que el rubio suspirara con cansancio.
—No, si puede hablar solo fingía por cuidarse y ellos… ya no la tienen.
Buck se entristeció por haber sido engañado y no verla nuevamente, pero la actitud que mantenía John hacia ellos lo colocó en alerta. Dejando el vaso en la barra se colocó de pie al lado de su compañero.
—Entonces eso significa que le hicieron algo malo —sentenció Buck totalmente serio, muy contrario a su actitud anterior.
Régis se colocó de pie ofendido por la acusación, pero Enzo se interpuso.
—No, no para nada, ella estaba con nosotros sí es cierto… pero… —Enzo desvió la mirada con molestia para volver a encararlos —Nos la arrebataron y estamos en el proceso de encontrarla.
Ambos hombres se quedaron meditando en sus palabras y suspiraron en resignación.
—No creo que este mintiendo Buck, cuando me los encontré en el tren este… —señalo con su pulgar a Enzo —Casi que se le salen las hemorroides cuando me senté al lado de mudita.
El comentario de John hizo que Morghan ahogara una risilla y Enzo lo fulminara con la mirada. En cambio, Buck observaba serio a su compañero.
— ¿Tienen al traficante?
—Aun no, pero ya sabemos en qué habitación se encuentra solo vine a buscarte para que lo remolquemos —indicó John.
Buck se quedó pensando un momento sin quitar la mirada de Régis.
—Muy bien entonces dile a Jenna que se encargue del resto, en estos momentos si mudita necesita nuestra ayuda los apoyaremos —concluyó haciendo que todos lo observaran sorprendidos.
—De todas formas, ya el trabajo se les hará más fácil —dijo Morghan sonriente haciendo que ambos hombres centraran su atención en ella.
— ¿A qué te refieres? —preguntó John dudoso.
—Búsquenlo y ya lo verán.
Ambos hombres se dieron una mirada y John asintió llamando a alguien por su intercomunicador.
—Listo Jenna se encargará de él.
—Perfecto —Buck volteo a ver a Régis nuevamente— ¿Se puede saber qué sucedió con exactitud?
—Con mucho gusto te lo explico, pero… en un lugar menos público —indicó Régis señalando con la mirada el club.
Buck acepto su comentario y se dispusieron a salir del club encabezando el andar hacia la salida. Régis tomo del codo a Enzo haciendo que volteara a verlo.
—Me explicaras con lujo detalle ¿Por qué carajos el director y vicedirector de la Asociación de Cazadores la llaman mudita y como es que la conocen? —susurro amenazante.
Enzo solo se limitó a asentir, cuando él se ponía así daba miedo. Caminando detrás de Régis se quedó en shock al procesar la idea que esos dos son los cabecillas de la Asociación de Cazadores, genial lo que faltaba, traerme de enemigos a un clan entero de asesinos experimentados, dijo para sí mismo siguiéndolos.