EL RECUERDO: Gus.
A los quince años fui trasladado a un internado juvenil en Inglaterra separandome de todo lo que amaba, recuerdo que esos días que pasé fueron los peores de mi vida, sigo sin poder saber que le habrá pasado por la cabeza a mi padre ese momento que vio a su hijo entrar a un lugar donde era obvio que lo iban a lastimar tanto física como emocionalmente. Al cumplir dieciocho, salí de ese lugar, pero no pude volver a casa por un largo tiempo, volví a construír mi vida, pero sabía que algo me faltaba, él. Han pasado años desde que no se nada de él, ni una sola cosa, pero ¿que iba a saber él en donde estaba? Tampoco sabía nada de mi hermana, me prohibieron verla desde que se enteraron de mi “enfermedad” maldita gente mierda, me arrebataron a las dos cosas que más me importaban. Me quedé en Inglaterra un par de años y comencé a trabajar para luego volver a mi país, España, realmente lo extrañaba bastante y aunque la homosexualidad era abiertamente aceptado, las personas seguían siendo un desastre.
Ocho años después volví a España, ya tenía un título universitario, un lugar donde poder vivir, trabajo y solo necesitaba encontrar nuevamente con Gisel, por el tiempo el cual me habían separado, calculé que ya había cumplido diecinueve, realmente hacía crecido tanto tiempo y yo me perdí todo ese proceso, realmente me sentí frustrado y enojado, pero nada me iba a volver a alejar de ella. Un día fui a casa de mis padres a visitarlos únicamente para verla a ella, cuando me abrieron la puerta lo vi a mi padre, estaba en una edad mediantemente avanzada, pero no tanto para decir que estuviera a un paso de cajón, al verme pude notar su casa de disgusto y me dijo.
–¿Qué quieres? ¿Ya no has hiciste suficiente para arruinar la familia?—dijo con su asquerosa voz y cubriendo la entrada para que no pudiese entrar.
–Déjate de tonterías, viejo. No te vine a ver a ti, vine a ver a Gisel, ¿dónde está ella?—dije con aún más disgusto viéndolo desde arriba demostrando una postura de liderazgo.
–¡Gisel! Ya baja, por favor no entres, no quiero maricones aquí—dijo mirándome de arriba abajo y retirándose.
Al verla bajar pude ver como sus ojos se brillaron y vino corriendo a abrazarme, mi hermana y yo siempre fuimos los más unidos de la familia y cuando ella se entero del aterrador acto contra mi voluntad que hicieron mis padres, decidió no volver a dejarme nunca, a pesar de no vernos por años, ella y yo siempre estuvimos comunicados por cartas y esta vez, ella estaba lista para irse de la casa de los padres e ir a vivir conmigo. Claramente mis padres se enojaron ante su decisión y le prohibieron irse, pero ella resistió ante su elección y finalmente se vino a vivir conmigo. Me quedé afuera esperándola, cuando de repente sale ese viejo que se decía llamar mi padre a hablar conmigo.
–Gus, sólo quiero advertirte que no le pongas ninguna idea estúpida de homosexualidad a Gisel en la cabeza—me dijo desde una distancia favorable con su cara de asco.
–Y espero que tú, viejo desagradable, no le hayas metido ninguna idea homofobica en la cabeza, no tienes el derecho de que hacer o no con mi vida.—le respondí con la misma voz desagradable con la que se dirigía él hacía mí.
Luego de lanzarme un par de miradas de odio hacia mi persona, salió mi hermana con dos maletas y una mochila, ella ya sabía todo y no ocultaba su pensamiento, es más, defendía y apoyaba el movimiento aunque siempre vivió con unos homofobicos. Cuando subí al auto, pude ver una figura femenina en la ventana de arriba, sabía quien era, pero realmente no quería volver a hablarle a ellos dos nunca más.
Al llegar a mi hogar senti esa energía totalmente positiva y relajante que estaba buscando durante años en un hogar, le indique a Gisel donde quedaba su habitación para que se instale tranquilamente y yo por un lado fui a la cocina para comer lo poco que tenía, que era cereal con leche, luego de ver toda una despensa, heladera y cocina vacías, le dije a mi hermana que íbamos al supermercado a comprar comida y cosas que necesitáramos. La verdad yo podría sobrevivir de cereal, pero ella no. Llegamos a un hipermayorista, de ahí elegimos todo lo indespensable y alguna que otra golosina, refrescos y comida chatarra. Luego de pagar, fuimos a casa y organizamos todo, cuando íbamos en el camino ella me comentaba sobre su carrera universitaria, esta a estudiando gastronomía y pastelería, estaba recién iniciando porque el año que se retrasó por una confusión de papeles. Ahora estaba buscando un trabajo de medio tiempo para tener más práctica, le comenté que mientras yo esté con ella, no le va a faltar absolutamente nada y que no necesitaba trabajar, conociéndola, fue más terca que una almeja y siguió con su plan, estaba feliz de que quiera iniciar en el mundo laboral, pero a la vez preocupado por esa decisión. Luego de estar un par de horas charlando, se fue a su habitación a buscar algo y cuando regreso al salón, me dio una caja sellada.
–Ten, lo encontré en el sótano la última vez que fui a buscar la batidora de mamá, no lo he abierto porque es tu privacidad, pero es tuyo, debes de ver tus recuerdos de hace años. Te dejaré solo, e iré a dormir, descansa.—me dijo entregándome el dicho objeto, ante las últimas palabras me dio un abrazo y se fue.
–Buenas noches. —le dije distraídamente viendo la caja que tanto había esperado abrir por años.
Honestamente, predecía lo que tendría esa caja, pero tenía miedo al mismo tiempo. La abrí lo más delicado posible para que nada salga dañado, al ver el contenido no pude evitar lanzar un pequeño suspiro de alegría al ver que esas cosas aún se encontraban en su lugar, habían muchas entradas de cine recortadas, fotografías, envoltorios de dulces y lo más especial de todo, un brazalete que tenia las iniciales del hombre al que amé desde el primer momento. Me acuerdo que el día que se la di, él se quedó la mía y yo la de él, sabía este tipo de promesas eran invaluable, pero…¿Seguirá esa persona queriendome? Aún que sea como amigos, no lo sé, simplemente quiero volver a ver esos pómulos regordetes y esa sonrisa que hacia que mi corazón latiera a una velocidad realmente rápida. Viendo las fotos, podía notar lo inocentes y felices que éramos antes que todo se vaya al carajo… la carta. Esa carta tenía tantos sentimientos, espero que nunca la haya leído.
Sin ganas de recordar más, decidí levantarme de donde estaba e irme a dormir, sabía que eso iba a dispersar los pensamientos viejos de mi cabeza, aún que era casi imposible si siempre que cerraba mis ojos, recordaba sus ojos.
Desperté exaltado por un fuerte ruido proviniente de la cocina, me puse de pie rápido y agarre lo más cercano que tenía para atacar a la persona, con pasos sigilosos caminaba por el pasillo, hasta llegar al lugar, los ruidos aumentaban aún más y tenía miedo de lo podría ser, pero me arme de valor y salté sobre la mesada gritando con los ojos cerrado por el temor. En ese momento escuché un grito bastante agudo y al ver, era Gisel, estaba preparando el desayuno. Ambos nos quedamos viendo un par de minutos y luego reaccionamos.
–¡ERES UN TARADO, ME ASUSTASTE! —ella me gritó mientra bajaba la sartén que tenia a mano
–Lo siento, no estoy acostumbrado a despertar con ruidos totalmente extraños proviniendo de mi cocina—respondí bajándome y relajandome.
Ambos nos sentamos a desayunar, normalmente no solía comer nada en la mañana porque mi estómago se cerraba, tomaba un té de limón y luego iba a hacer ejercicio, pero esa vez, ella había cocinado mi comida favorita, tostadas francesas con fresas, hace años no comía algo así. Me atrajo recuerdos de mi niñez con ella, cuando jugábamos en el patio trasero y luego de estar completamente cansador de corretear, íbamos comer eso con un vaso de leche con chocolate. No pude evitar sentirme como el degustador de la película de la rata cocinera, solo que mi hermana no era un rata. Luego de estar un par de minutos charlando y comiendo, nos levantamos de la mesa y cada quien fue a su habitación para prepararse; Gisel debía de irse a la universidad y yo tenía que irme al gimnasio y luego a trabajar.
Tome un bolso que estaba al lado izquierdo de la cama, y guardé un par de medias, un pantalón negro, una camisa blanca, zapatos de vestir, un bóxer, desodorante y perfume, ya tenía guardado mis productos de higiene personal. Para hacer ejercicio me puse un pantalón corto que llegaba a la rodilla, una remera sin mangas y zapatillas deportivas, estaba listo para irme, únicamente tenía que esperar a Gisel e irnos. Unos veinte minutos después ella salió de su habitación lista, tenía un gran bolso con ella donde guardaba sus materiales y libros de cocina, al ser sumamente especiales, no debía de tener otro dueño. Salimos de casa, guardamos los bolsos en la parte trasera del auto y nos fuimos.
El instituto de cocina realmente estaba cerca, pero no quería dejarla ir sola, al llegar la ayude a sacar el bolso, le di un abrazo y espere a que entrará al le edificio, luego me fui al gimnasio donde asistía desde que regresé. Al entrar pude presentir las miradas de las demás personas, únicamente me sentí un poco sofocado, pero comprendí que era nuevo ahí.
Al pasar la hora y media que estuve ahí, fui a las regaderas y me duche rápidamente para irme al trabajo, me coloqué la ropa que había guardado con anteriorar al bolso y salí del edificio para dirigirme al consultorio donde debía de aguantar las mismas miradas sofocadoras, pero al ver a lo que me dedicaba se me pasaba todo hasta la angustia. Estando en Inglaterra pude seguir una carrera universitaria, seguí Veterinaria y Traductorado, pero la segunda la terminé dejando al perder repentinamente el interés. Tenía un tacto muy bueno y especial con los animales desde que tengo uso de la razón, simplemente me gustaban y amaba.
El día comenzó muy bien, ya me encontraba de la mejor forma atendiendo a pequeños perros, gatos, hamsters, tortuga, etcétera. Claramente que era cansador y que en cualquier momento quería dejar todo y dormir lo que no pude hacerlo en la noche por la nuble de recuerdos, a pesar de estar tan bien en el consultorio, las enfermeras empezaron a preguntar si me encontraba bien porque estaba bastante distraído y la verdad tenían razón, aún que no me gustaba que notarán eso, debía de admitir que me encontraba pensando en otra cosa o más bien, en alguien.
–Sí, estoy bien, sólo un poco cansador—respondí mientra completaba el informe del día.
Ellas no dijeron nada, sólo asintieron y se retiraron para dirigirse nuevamente a la recepción. Cuando escuché la puerta cerrarse deje de lado lo que estaba haciendo y comencé a buscar algo para distraerme en la computadora, al pasar los minutos entró una enfermera con una muchacha y su cachorro, un poco exhausto fui a atenderlos con toda la energía que me quedaba. Luego de eso, ya terminaba mi turno, estaba muy cansado y solo quería llegar a dormir. Luego de unos treinta minutos, había terminado de atenderlo, rellené su planilla, los despedí, tomé mis cosas y me fui a casa.
Gisel había dicho que tenía junta y la iban a llevar, sólo me quedó confiar en que ya había llegado , eran casi las ocho de la noche nunca sentí que las horas pasaran tan rápido y más en un lugar tan cerrado. Al llegar a casa, note que una pequeña figura delgada estaba sentada en el pórtico, desde ya sabía quién era.
–¿Qué haces sentada aquí?—dije entre risas viéndola de lejos.
–No tengo llaves—me respondió un poco asustada porque había roto el silencio.
–Levántate anda, vamos a cenar algo—le dije acercándome para abrir la puerta.
Gisel se levantó lo más rápido para darme espacio, casi cayéndose para atrás por chocar con su bolso, menos mal que rápidamente la tomé del brazo antes de que impactará contra el suelo.
–Ten más cuidado, Gi—dije atrayendola nuevamente a mi.
Ya adentro de casa, fui directo al sofá y me lance encima de él, no era tan cómodo porque venía con la casa cuando la alquilé, pero simplemente no quería comprar otro ahora, ya que, me parecía todo un tema. Mi cara estaba contra un almohadón y suspiré lo más fuerte posible para que todo mi estrés se vaya de mi cuerpo y pueda relajarme al instante, al rededor de unos quince minutos ya estaba totalmente relajado y me senté, completamente perdido en mis pensamientos había olvidado guardar esa caja y al verla nuevamente, recordé una vez más todo, parecía tener un flashback, pero ahora tenía escalofríos demasiados intensos. Sin más agarré todo y lo guardé, sabía que tal vez nunca lo volvería a encontrar o si lo hago, él no sabrá de mi existencia, simplemente quería olvidar todo, olvidar el lindo recuerdo de mi primer amor.
Un poco después, vi a mi hermana correr por el pasillo hacia mi diciéndome que una cafetería quería hacerle una entrevista a las ocho de la mañana, algo confundido le pregunté que en donde quedaba.
–Se llama “La cafetería de Ziho”, también es una de las librerías más importantes de aquí, porfavor Gus, llévame mañana, no quiero ir sola—me dijo toda exaltada y emocionada con una cara de perrito triste que claramente no podía decir que no.
–Está bien, yo te llevo y también paso a desayunar—respondí feliz e inmediatamente sentí unos brazos abrazando mi cuerpo el cual fue totalmente correspondido.
Cenamos mientra ella me contaba feliz sobre todo lo que había en el lugar y luego de eso nos fuimos a dormir temprano, pero yo no sabía mucho sobre el lugar porque hace mucho no estaba viviendo en España, tomé mi celular y lo busqué, mientra miraba las buenas reseñas tanto de nativos españoles como de extranjeros, me quedé dormido, fue en cuestión de minutos para que caiga sobre la almohada a dormir como un koala.