LA ANTORCHA DE FUEGO
Berenice, se encaminó dentro del mundo paralelo, para que nadie la viera, hacia el estacionamiento, y espero a que la Condesa Margarita, como era su costumbre, saliera hacia el spa, a realizar sus ejercicios, por lo que subió al automóvil, al lado del chofer, hasta llegar a la ciudad, donde en un callejón, cruzó nuevamente el portal, para hacerse visible, y buscar ayuda para llegar a Grecia. El camino a la gran ciudad era un poco lejos y en todo el viaje se maravillaba por todo aquel mundo nuevo. Les consultó a unas monjas, que en una esquina cantaban con una guitarra, para recoger fondos para los niños sin hogares. Ellas, le informaron que la única forma de viajar hasta dicho lugar era por medio de un transporte aéreo. Lo cual sería posible tomar en un aeropuerto. Luego de indicarle el autobús para llegar a una terminal aérea, Berenice, nuevamente aprovechando el portal, viajo en un autobús hasta llegar a su destino.
En el autobús iba sentada hacia el aeropuerto. Su mente se encontraba en Osiris. Camino entre la multitud de personas, que viajaban de un lugar a otro, y en una gigante pantalla, verifico que uno de los vuelos que salían a Grecia, saldría en unos minutos por la puerta número cinco, así que se apresuro, llegando en los instantes que cerraban la puerta de la aeronave. Se sentó en uno de los asientos disponibles, y espero simplemente hasta llegar a Grecia. Como era su primera vez, en el momento que la gran ave de acero se movía, ella agarró fuerte los brazos del asiento y respiraba con éxtasis. En el momento que las ruedas dejaron el suelo. Berenice, se hundía más en el asiento, al sentir la fuerza de la velocidad. No fue sino hasta los minutos posteriores que logró serenarse y mirar a través de la pequeña ventanilla. Qué pequeño se veía todo.
Durante, el vuelo, el pasajero de al lado, se preparaba a consumir un manjar que le sirvieron. La pobre Berenice, se le hacía agua la boca, pues, ahora sentía mucha hambre y sed. Ella, se levantó, y fue hasta la cocina, y abriendo lo suficiente del portal, saco solo su mano para tomar algunos pasteles de los carritos, sin percatarse, que una aeromoza, venía llegando y miró simplemente la mano de la niña, por lo que gritó, asustando al resto de sus compañeras. Berenice, tuvo que meter su mano y regresar a su asiento.
Berenice, sintió sueño, y se durmió, por lo que se desconcentro, haciéndose visible para todos. Sin embargo, su compañero de viaje, se había levantado segundos antes para ir al sanitario, así que cuando volvió la encontró profundamente dormida, considerando que se trataba de la hija de alguien que buscaba un lugar donde tomar una siesta, procuro no molestarla. Durante el sueño, ella pudo ver como caían polvos de estrella del cielo, al mismo tiempo, que una luz oscura. Ella sabía que eran tantos los sueños como las pesadillas que provenían desde Osiris, para todos aquellos que dormitaban en ese momento en la Tierra. Los primeros enviados por Minerva, y los segundos, por su terrible tío Sauros. Una sobrecargo, trataba de despertar a Berenice, pues, ya estaban a punto de aterrizar, y todos debían abrocharse el cinturón de seguridad. Cuando ella abrió los ojos, se dio cuenta que todos podían verla, así que fingió ir al sanitario.
Al ingresar al baño, y encenderse automáticamente la luz, Berenice, se miró al espejo y con estupor y sin explicación alguna, se miró completamente cambiada la fisionomía de su rostro. Con su mano derecha, se palpo asombrada, no pudiendo reconocerse a sí misma, pues aparentemente, había adoptado los rasgos helénicos. Ella se sonrió, por lo bella que se veía, y luego, abrió el portal y entro en él, no sin antes quitar el seguro de la puerta. Salió de ahí y regreso a su lugar donde nadie la podía ver. De vez en cuando se admiraba por el reflejo de la ventanilla, su nueva figura.
Una vez que la aeronave hubo aterrizado, Berenice, debía buscar la manera de viajar al Monte Olympo, por lo que debía obtener información para cumplir tal propósito. Una vez más, salió del mundo paralelo, y busco una iglesia, pues sentía confianza en que sus respuestas serían evacuadas por los prelados o las monjas. Realmente, ella no estaba del todo equivocada, pues, a unas cuantas calles, se erigía una imponente catedral, y pudo ser recibida por un sacerdote, quien hablando su idioma, le comentó que el Monte, que ella buscaba estaba en la isla de Atenas, por lo que solo podía viajar por barco. Al notar la impaciencia de la niña por llegar ahí, el sacristán, le ofreció que primero comiera y bebiera algo, antes de que partiera. Ella, con agrado aceptó, a pesar que sabía que debía apresurarse para encontrar la antorcha. Sin embargo, ella considero que era necesario primero recobrar fuerzas para lo que le esperaba. No solo había adoptado el nuevo aspecto si no su lenguaje.
Mientras tanto, en la villa Las Iliadas, parecía infructuosa la búsqueda del candil, pues casi habían revisado todos los lugares, y ambos grupos no habían tenido éxito alguno. Cuando Giancarlos, y Polidor, pasaban cerca de un molino, un ruido comenzó a salir del pantalón de éste último. Él, al averiguar de qué se trataba, vio con sorpresa, que se trataba del “Marol” que emitía un sonido débil pero audible. Polidor, no entendía como había llegado el mágico instrumento a su poder, pero si era claro que Hans, era el único quien fue el último en poseerlo. A medida, que se alejaban del molino, el sonido era más débil, pero cuando regresaban, este se incrementaba, así que Giancarlos, sugirió investigar, así que ambos entraron al edificio, donde el Marol, cambio de azul a verde. Polidor, le indicó a Giancarlos, que al parecer la búsqueda había terminado. Con su pulsera, Giancarlos, aviso a Sofía, que habían encontrado el candil.
Por otro lado, el hechizo que convirtió a Kioto y a su gurlat, en estatua, había perdido su poder, por lo que éste recobro la vida, sin que los del campamento lo supieran. Inmediatamente, telepáticamente busco orientación del Impío, quien le ordenó liberar a Camila y a Ivan, lo cual hizo, no sin antes desvanecer a las cuatro guerreras que los custodiaban. Los tres capitanes, se dirigieron, sin ser vistos, al portal norte de la Villa, y se infiltraron, esperando el momento en que Voltrón, y sus columnas ingresaran para unírseles y acabar con la resistencia. Fue ahí cuando Camila, miró a Sofía, y a Saturno, que se dirigían al Molino, por lo que las siguió. A cierta distancia, vio que se unían a Giancarlos y a Polidor. Se escabullo hasta donde ellos estaban, y claramente los oyó hablar sobre el candil, y sobre la esperanza de que Berenice, encontrara la antorcha de fuego en el mundo terrenal.
En el inframundo, Sauros, había ordenado a su leal Metalugo, que iniciará el proceso de transformación de la energía capturada, en Las Iliadas, en nuevos gorlats. Se encontraba extasiado con la idea de que pronto incrementaría el número de su ejército para conquistar el resto de las villas de Osiris, y luego el mundo terrenal. Pero, en ese instante el Impío, lo interrumpió para informarle lo que Camila, había descubierto de boca de los rebeldes, entre ellos, que alguien de Osiris, había viajado al mundo terrenal en busca de la antorcha de fuego. Eso asusto a Sauros, pues sabía lo que se pretendía con tal instrumento, así que era claro que debía impedir que la antorcha fuera obtenida. Miró al Indómito, y le ordenó liderar a los gorlats necesarios, para que en igual número poseyeran los seres humanos que evitarían la adquisición de la antorcha. El Indómito, salió raudo hacia la máquina de los sueños oscuros, con treinta gorlats, e infectaron el alma de treinta y un humanos en Atenas, que se movieron como poseídos.
En tanto, en el palacio del Sultán, éste llevó una bandeja de manjares a Margot, para iniciar el interrogatorio, con métodos más sutiles, incluyendo un vestido más bonito para que ella lo usara. Se le había preparado una bañera con agua tibia y espuma, para que Margot, se limpiara, pero ésta se había rehusado por desconfianza de que se tratara de algo malo que le hiciera daño. Cuando, el Sultán, llegó, todavía estaba discutiendo con un sirviente enanito, color gris, de nariz larga, conocido como “Misifu”. Los gritos de rechazo de Margot, tenían mareado al pobre Misifu, quien al ver llegar a su amo, se retiró molesto por lo infructuoso de ayudar a la secuestrada, a que se bañara. El sultán, metió su mano en la bañera, demostrándole a Margot, que no había nada malo, le dejo el vestido y la comida, y le solicito respetuosamente que se preparara, que él regresaría más tarde. Margot, realmente deseaba asearse, así que corrió con el riesgo y lo hizo.
Sin embargo, la verdadera intención del Sultán, era que el agua tibia, relajara tanto a Margot, que ésta se durmiera, y de esa forma, él poder manipular sus sueños, para encapsular en una esfera todos sus recuerdos. Así, que solo debía esperar a que ella cerrará los ojos, lo cual efectivamente comenzó a hacer, al sentir la tranquilidad por el contacto de su piel con la apacible temperatura del agua. Y como el Sultán, lo había previsto, ella, inició un profundo sueño, recordando sus momentos más felices con Berenice, en el orfanatorio, incluyendo el momento en que conoció a Sofía y a Hans, y cuando éstos le revelaron que su mejor amiga era una princesa del reino de Osiris. Todo había salido a la luz, llenándose en la esfera. El Sultán, realmente estaba muy contento con el resultado, y ahora solo debía llevarlo al pedestal de su dormitorio para ver todo lo que Margot, había soñado para conocer sus más íntimos secretos.
En el mundo terrenal, Berenice, se puso en marcha hacia el puerto para lograr subir a un barco que la llevara hasta Atenas, sin sospechar los peligros que le aguardaban. Al localizar el navío, ingresó al sanitario de mujeres del puerto, y ahí ingreso al portal del mundo paralelo para que nadie la viera cuando subiera al buque. Ella, busco estar cerca del puente, donde pudiera sentir el viento y ver el océano, así cuando observara el arribo a tierra firme. Parecía que todo el viaje no tendría complicación alguna, por lo que aprovechaba para tomar algún alimento para más tarde. Utilizo una bolsa para meter manzanas, uvas, peras, y algunas pequeñas tortas y pasteles. Tiempo después, desde donde se encontraba, podía observar el imponente Monte Olympo, que la esperaba para tomar la antorcha, y volver a Osiris, lo antes posible, donde estaba muy segura que ya sus compañeros habían localizado el candil.
Efectivamente, en el Molino, Sofía, y el grupo, habían bajado por unas viejas y retorcidas escaleras, hasta lo más profundo del edificio, donde la luz comenzó a escasear, por lo que una pequeña lampara que encerraba unos pocos granitos de crionitos, iluminaban precariamente el lugar. El suelo estaba húmedo, y las voces de ellos, se volvían ecos por todos lados. Llegaron al final de un pasadizo, donde encontraron una puerta de hierro, la cual entre todos tuvieron que empujar para abrirla. Ahí, frente a ellos, estaba un pedestal de mármol, dentro del cual, y en el centro se notaba una pequeña mecha, y en el techo, encima de ella, un tubo que aparentemente salía hasta la superficie. Ahora lo que restaba era esperar que Berenice, regresara con la antorcha, antes que el portal del sur, permitiera la entrada a Voltrón, y a sus gorlats. Todos sintieron que ahora todo dependía de la guerrera adolescente.
Berenice, sentía que el uniforme que utilizaba desde que la Condesa Margarita, se lo asigno a ella y a Margot, no era el apropiado para la misión, así que al bajar del barco, busco una tienda, y se cambio de vestimenta con algo más cómodo y deportivo, un pantalón licra, y una camiseta del mismo material, ajustada al cuerpo, y se dirigió hacia el camino que llevaba a las ruinas de los primeros juegos olímpicos en la era antigua, al pie del Monte. Al llegar al asentamiento, una energía presente en el lugar, hizo que Berenice, saliera del mundo alterno, y se hiciera visible, por lo que tuvo que continuar de esa forma. Sin embargo, a pocos metros, diez personas en medio del camino le daban la espalda, y le impedían continuar, por lo que ella, amablemente les solicito se apartaran, cuando de pronto, los sujetos, se dieron la vuelta, y con horror, ella miró que sus rostros, estaban llenos de llagas, los ojos rojos, y los dientes afilados, al igual que las uñas, y gruñendo se abalanzaron contra ella.
Ella, corrió hacia las ruinas, mientras los hombres poseídos, la perseguían. Al encontrar lo que parecía haber sido una pared, y ahora era solo una parte de ella, Berenice, de un salto la utilizo para apoyar sus piernas, e girar hacia atrás, por sobre tres de los hombres, y caer en el piso detrás de ellos, para luego empujarlos con sus dos piernas, lanzándolos contra la pared. Otro que se aproximaba, ella se escabullo por debajo entre sus piernas, y luego regreso al camino, saltando sobre pequeños muros, lejos de los restantes endemoniados, y continuo, su ascenso por el monte, ignorando, que veintiún condenados, la esperaban más arriba. Inexplicablemente, a medida que avanzaba, las nubes iban cubriendo el sol, y todo se oscurecía, pero eso no la amilano y continúo su camino.
Tres hombres y dos mujeres, visiblemente poseídos, se escondían detrás de unos arbustos para emboscarla, cuando oyeron que ella se aproximaba. Las lenguas de las mujeres, colgaban de sus bocas, zigzagueando mientras dibujan unas sonrisas diabólicas. Pero, Berenice, había observado el movimiento de uno de ellos entre la maleza, así que corrió para deslizarse en ese trecho, obligando que aquellos se lanzaran para capturarla, golpeándose entre sus cabezas, quedando noqueados, mientras ella continuaba su camino. Desde unos cuantos metros para llegar a la cima, se notaba un resplandor amarillo, que la alegro, por lo que apresuro el paso, pero su sorpresa fue tal, al observar que dieciséis posesos, incluyendo, un gigantón de dos metros, en el cual moraba el Indómito, le miraban amenazante, bloqueándole el acceso al pebetero. Ella, sabía que estaba rodeada, pues se podían escuchar los pasos de los restantes detrás de ella.
Simplemente, suspiro, y se puso en guardia de combate, cuando el gigantón, desencajando toda la quijada, con una voz tenebrosa, ordenó que se lanzaran contra ella, lo cual hicieron, pero al dar el primer paso, se detuvieron súbitamente, al mirar con sorpresa que un número de más de cincuenta personas, con palas, rastrillos, mazos y machetes, sorpresivamente llegaron a apoyar a Berenice, quien también ignoraba quienes eran y de dónde habían salido, pero se alegro al saber que aquellas personas habían dado cuenta de los primeros quince endemoniados que ella había dejado rezagado, y ahora estaban ahí para ayudarle. Así, que con su voz infantil, les dijo a la muchedumbre “A la carga”, y se lanzaron contra los enemigos, quienes con ojos de terror, buscaron escapar, algunos lanzándose desde la cima y otros cayendo bajo las herramientas de los recién llegados, incluyendo el gigantón, que sucumbió ante la turba. Sauros, había perdido a un buen lugarteniente.