Salomon

La noche de la dichosa fiesta había llegado, desde hace días no había tenido humor de hacer algo. Solo quería salir corriendo de mi casa y estar lejos de aquellas pesadillas y el constante sufrimiento al que estoy propensa por estar cerca de aquellos dos, pero mi madre ignorando mis grandes ojeras, mi falta de apetito y del hecho que no he pronunciado una palabra, solo se ha limitado hablarme de aquella gran reunión, hoy por fin conocería el círculo de amistades “selectas" aunque no me interesaba.

Ellos Vivian dándome día y noche lecciones de etiquetas. Me exigían que tenia que caminar con tacones altos que lastimaban mis pies. Mamá me obligaba a sentarme en la mesa que era previamente decorada por Margio con un plato dorado y cubiertos envueltos en tela sumamente finas. A su lados habían tres copas, dos de cristal reluciente con bordes oros y piedras incrustadas y una más grande y larga de un color rubí que refractaba mi piel.

-Escúchame bien-nuestro circulo es muy selecto y peculiar-entono en un chillón acento a la vez que alzaba la barbilla con gracia-Solo los miembros más antiguos pueden tomar de estas copas-señala ella-obsérvala bien, cariño. Sería una falta de respeto si alguien ajeno a nosotros tomara esta copa por error.

-Solo es una copa-muevo mis hombros-¿Cuál es el misterio?

-Tienes que hacerlo y punto-su voz se elevo a un ton diferente.

Una ráfaga instantánea de escalofríos rodeo mi cuerpo. Los ojos de mi madre tenían un brillo peligroso que me obligaron a callar.

-Tranquila, cariño-Entro Donald intentado ser el salvador-Deja los nervios, nuestra Heaven lo hará perfecto-sus constantes ojos amarillos me perforaban intensamente, tenía que desviar mi mirada y fingir que no lo notaba pues siempre soltaba una sonrisa cuando me ponía incomoda ante sus roces adrede o los susurros imprevistos.

Lillian contrató a un chef y todo su servicio de cocina e incluso trajo también 50 camareros jóvenes y hermosos para que les sirvieran a sus invitados. Muchas cajas con licor especial habían llegado por montones, todos con un símbolo ya antes conocido, era idéntico al de la tarjeta que me había dejado Donald, pero el nombre de la marca se llamaba Diluvio con letra roja y delgada que parecía botar gotitas de sangre. Se contrató también algunas bandas musicales e incluso ella osó a mandar a poner una gran tarima en el bello jardín que teníamos en casa con mesas vestidas en manteles rojos y negros. Todos los detalles habían sido meticulosamente preparados, yo no me imaginaba que mi madre se había vuelto excéntrica ante la decoración pues los ramos de rosas rojas con muchas espinas iban enroscados en los centros de mesas, las copas, platos como si aquel símbolo fuera de mucha importancia para todos.

Un estilista irrumpió mi habitación para poder arreglarme junto a mi madre, vi que ambos hablan seriamente a mis espaldas sobre ese color de mi cabello, ambos querían cambiarlo pero me negué rotundamente, yo no quería ser de nuevo una niña rubia, mostrarme tan igual como mi madre me...avergonzaba infinitamente.

Yo no sería como ella, no quería y me opuse hasta que ellos no tuvieron más remedio que aceptar, por eso Boris solo seco y rizo para dejar unas grandes ondas perfectas y brillosas que resaltaban mi rostro, el maquillaje que había decidido usar para esta ocasión había sido uno negro pues según mis ojos gatunos como los de Lilliam se verían radiantes y apenas se fijó en mis labios. Para cuando había terminado era otra chica distinta, me veía mayor, no podía reconocer aquella mujer ante el espejo. Al encontrarme sola aproveche y toque el otro rostro frente a mi, tratando de darme tiempo de reconocer ésta nueva chica que a pensar en la tristeza que me embargaba.

El vestido con forma de rosa me quedo muy ceñido al cuerpo elevando la altura de mis pechos para que se vieran grandes y hermosos, y este hacia juego con los tacones de 5 centímetros que ella compro para lo ocasión.

Cuando ambos seres entraron a mi habitación quedaron en un silencio profundo, pero con pensamientos totalmente distintos, mi madre fingió una sonrisa al abrazarme sin parar de decirme que era ya una señorita. Donald se tomó su tiempo viéndome detenidamente recorriendo mis piernas, mi cadera, subió y se quedó hipnotizado por las formas de mis pechos, pero aún más se detuvo a la altura de mi cuello y rápidamente se relamió sus labios rojos.

-Le falta algo -dijo caminando hacia mí con una caja blanca y cuando la abrió vi una joya que me había dejado sin habla por su brillo y magnificencia.

El oro era blanco y contenía unas piedras rosas pálido como el color de mi vestido que estaba en forma de cascada.

Lo desabrochó con gran experiencia y rápidamente lo puso en mi cuello antes de que y se lo impidiera.

Sus dedos rozaron mi cuello y sobaron mi espalda erizando mi piel rápidamente. Cierro mis ojos para soportar su toque que parecía eterno y lo disfrutaba grandiosamente sin disimular delante de mama´.

- ¿Qué haces Donald? -ella frunció su ceño- ¿no sabes poner un simple collar?

-¿Qué? ¡ah! sí, sí pero el broche este algo duro y no quiero romperlo sabes que es muy costosa esta pieza, Cariño-termino de abrocharlo y abrazo a mi madre, la tomo entre sus brazos restregándola frente a mi sin inhibiciones y la beso devoradoramente no apartando su vista sobre mi como si quisiera hacerme entender que él pensaba en mí en estos momentos.

Respiro hondo y bajo las escaleras enrollada del brazo de Donald, ambas lo acompañamos a cada lado y veo ese ligero aire de orgullo cuando todos se voltean a vernos bajando esas escaleras lentamente, creo ver reverencias de algunas personas y otras solo bufan con cierta envidia por aquella escena que se estaba armando, varios se acercan a nosotros con el afán de conocerme.

-Es impresionable el parecido -una mujer bajita y regordeta se acerca llena de curiosidad y sorprendida de verme -¡oh!-exclama exageradamente y veo su rostro redondo e inmaculado que no muestra ningún signo de arruga, todos ellos no parecen mostrarlo, muchos pueden llegar hasta los cuarenta años luciendo reacios y juveniles con sus copas de vino rojo en las manos

-Lillian, ella es verdaderamente hermosa, el parecido es tan impresionante que no me lo creo, espera a que los demás la vean.

Mi madre solo sonríe con la cabeza en alto, pero nada sorprendida por aquellos tales cumplidos sobre su juventud e infinita belleza, entre la cantidad de mujeres elegantes con vestidos caros y largos ella era la más hermosa pues su piel pálida resaltaba con el vino tinto de aquel vestido que era sujetado por su cuello dejando ver el gran descote de su espalda perfecta donde caía una cadena fina y dorada con un magnifico rubí en forma de estrella.

-Gracias Violet, tu siempre tan amable -fingió humildad y luego saludo a todos los comensales.

La noche era muy hermosa, el cielo tenia gruesas capas de nubes plateadas que resplandecían con la luna a pesar de que las estrellas no salieran en la noche, como si solo ella bastara para hacer brillar toda la tierra. Los violines a pocos minutos empezaron a sonar delicadamente y los jóvenes meseros servían una y otra vez vino y bocadillos de nombres impronunciables.

Las personas con aire aristocráticos y de abolengo miraban a esos chicos como si fueran un dulce banquete en esta noche, sus ojos se le salían y no paraban de mirarlos con cierta hambre deseo ¿qué clases de amigos son estos? Me pregunto al darle la mano a personas importantes como abogados, comerciantes, diseñadores con nariz respingada sintiéndose unos mejores que los otros.

-Sin duda magnifica -hablo un hombre maduro de 40 años, a pesar de su edad era guapo con rasgos de duendecillos muy arcados y unos ojos negros escondidos bajo esa espesa maraña de cejas, su bigote le daba porte y elegancia, no puedo evitar de sonrojarme mientras él toma mi mano y la lleva hacia sus labios -no entiendo cómo es que Lilliam te habrá ocultado –la miro con cierta desaprobación.

-Mauro no digas eso. Heaven ha estado viviendo en Europa estos últimos años. Debido a la enfermedad de su abuela regreso a casa, con nuestra familia.

-Ya entiendo -se volteó hacia a mí -Donald no para de decir que eres excelente con el piano, estas delicadas manos son un gran encanto cuando tocas cada nota ¿o será que ha estado exagerando?-Bromeó un poco, pero lo dejo de hacer cuando me vio dura por su comentario -lo siento, no quería ofenderle señorita.

-¡Bien! -mi madre se aclaró la garganta -¿por qué no te vas a sentar y dejas que Heaven toque la música? sé que te encantara.

-Sí, tienes razón, lo hare. Por cierto -sus ojos buscaban a alguien entre la multitud obligatoria- mente -Salomón ya ha llegado -le aviso a mamá quien rápidamente se puso nerviosa y la mujer segura solo se convirtió en una jovencita muy tonta.

Su mano agarro mi brazo y me arrastro hacia la tarima. Ella había preparado todo para mi concierto, un piano blanco con muchas rosas grandes llenas de espinas estaba esparcidas arriba, y en el suelo una alfombra de pétalos resaltaba cada vez que me acercaba hasta ese gran instrumento.

Doy una mirada a la multitud, todos me están juzgando en ese momento, muchos no paran de comentar lo que iba hacer, sin dejar de darme risas de burlas, deseaban que yo fallara por alguna razón. Trague saliva, nerviosa y me siento detenidamente viendo el blanco y negros de las gruesas teclas, cierro mis ojos por un segundo y pienso en mi padre y en cuanto desearía que él estuviera conmigo.

Mis manos empiezan a moverse rítmicamente accionando cada sonido dejando que Claro de luna explotase en sus sentidos y se le metiera dentro de sus corazones duros como siempre lo hacía conmigo. Puedo ver ligeramente las manos de mi padre, él está a mi lado dándome ánimos, apoyándome y gritando que no pasaba nada si cometía un error, pero sabía que no lo haría, yo era demasiado orgullosa para cometer esas fallas y si lo hacia volvería de nuevo a intentarlo hasta me saliera mejor que la anterior.

Me dirigí unos segundos a la multitud, todos en silencios contemplaba como ejecutaba esa pieza encantadora de Beethoven robando su atención y despertando la furia de muchos hasta que hube terminado. El silencio permaneció por tres segundos angustiantes pero un gran aplauso estallo enseguida una vez que me para y los mire con mi rostro en alto sin temor a que me dominaran mis miedos.

-Simplemente divino -Mauro se acercó y beso mi mejilla -toda tu eres una artista, Lilliam no se ha equivocado y te pido disculpas si te he ofendido.

-No importa ya señor. Ya lo he olvidado.

-Bella, talentosa y además humilde, estaré más que complacido a que pertenezca a nuestra gente-luego se fue dejándome sola a mitad de la reunión. Donald no se había acercado a mí, pero siempre estaba vigilándome y cuando lograba verlo me guiñaba el ojo o me sonreía con esos dientes blancos y finos.

Buscaba una mesa solitaria para alejarme de esa multitud, todos no dejaban de hablar de temas vanales y extraños, muchos decían conseguir esclavos y otros apostaban vidas como si fueran unos demonios. El frio me congela y me acurruco con mis brazos mirado a mamá codearse con su "gente”.

-Todo una gran artista -un hombre joven toma asiento al lado de mi silla. El chico de cabello castaño tiene una mirada intensa que me desnuda al instante, su sonrisa solo derrite mi cuerpo en menos de lo que pienso -además de hermosa -palpo mi cara con sus ojos penetrantes por primera vez haciéndome sentir estúpida como una niñita dejando mis palabras vacilantes -la hija de Lilliam Camill, no puedo creerlo, todos dicen que tu madre es la más hermosa del circulo pero ya no más -su lengua adulante endulzaba mi oído dejándome atontada por unos instantes -por cierto, soy Salomón Rose.

-¡Heaven! -todos ellos le gustaba mucho presentarse de manera formal con nombre y apellido como si eso hiciera la diferencia entre su grupo.

-Te queda, eres tan hermosa como él añorante cielo ¿y dime que te parece la velada? -pregunto nervioso - ¿te ha gustado lo que has visto?

Torcí mi cabeza un poco ante esa interrogante ¿a qué se refería? sus palabras no eran muy específicas y dejaba muchas cosas en el aire.

-Si, todo es hermoso -respondo amablemente.

-Es suficiente para mi, Heaven -con su mano llamo a un camarer tomo de la misteriosa copa roj -te ofrecería, pero sé que eres muy pequeña para este tipo de cosas -tomo un sorbo y suspiro complacido -este vino es de mi cosecha, es una delicia, no sabes lo que te estás perdiendo.

-No se preocupe, no me gusta beber.

- ¿En serio? -soltó una carcajada -eres una adolescente, es todo lo que hacen, ustedes beben y se divierte sin desenfreno.

-Pues yo no.

-Es por qué no lo has probado, sabes los placeres de la vida al principio pueden ser algo extraños, pero una vez que los pruebas este se vuelve adictivo a ellos.

-Podría ser, pero la idea de placer para mi es distinta a la tuya -conteste menos cohibida -no deberías generalizarlo todo.

-Tienes razón, sé que hay muchas excepciones y me alegra conocer a una de ellas ¿sabes Heaven? eres especial eso lo veo y ahora entiendo por qué Donald no para de mirarnos toda la noche como si le pertenecieras -ambos nos giramos para verlo y tenía razón, parecía frenético, pero trataba de disimularlo con sus amigos - ¿él te ha hecho daño? -dijo sin rodeos -Donald es mi amigo de hace años y conozco sus desenfrenos, el a veces puede ser muy básico cuando de sus sentimientos se tratan.

¿Acaso él fue el único que se dio cuanta? una ola de alivio vino a mí. Salomón no parecía contento por la manera tan posesiva como me trataba su amigo. Mi silencio fue bastante respuesta y solo asintió bebiendo una vez más ese líquido rojo y espeso.

-A veces los tontos tienen tanta suerte-Dijo para sí mismo -no deberías dejar que él te moleste y si lo llegase hacer solo llámame -saco de su caro traje negro una tarjeta con ese mismo símbolo y su nombre -trata de hacerlo en las noches pues es cuando estoy desocupado.

- ¿Se divierten? -mi madre y su marido se nos acercan -veo que te cae muy bien mi hija Salomón.

-Sí, es una mujer impresionante.

-Eso me alegra ¿sabes cariño? deberías mostrarle la casa a Salomón, sé que siempre se la pasa hablándome de que nunca ha podido visitar la casa y cada vez que lo invito nunca puede.

-Bueno, creo que eso jamás volverá a suceder, ahora tengo más motivos para volver -y me miro sin disimulo - ¿me la enseñas? -su mano tomo la mía delicadamente. Donald arrugo su cara un instante, pero lo ignore y camine con el hacía aquella mansión triste y vacía, pero relajada para alejarme de aquel ser despreciable.

-Veo que no te llevas muy bien con él.

-Sí, yo -tome una pausa -lo odio.

-Eso me sorprende, nunca pensé que alguien como tu pudiera odiar, pero te entiendo, Donald suele comportarse como un cretino la mayoría de las veces.

Salomón con una personalidad encantadora me hizo reír esa noche cuando le mostré cada rincón de la casa, bueno solo algunas partes que no estaban bajo llave y al verla inmensidad de mi habitación quedo maravillado mirando cada pintura, cada decoración curiosa y cuando vio el piano corrió para sentir su lisa madera.

-Es la habitación de una reina -estaba sin aliento ante su impresión.

-Mi padre lo mando a decorar así cuando nos mudamos, es el único lugar que conserva sus recuerdos -me senté en la cama a reposar un poco mis piernas, me dolían tanto por la presión de mis tacones.

Alzo la vista hacia Salomón y noto algo curioso que no hay ningún reflejo en él. Da vueltas mirando cada estante, cada cosa y se detiene a ver mis fotos con papá por un largo rato.

-Esa foto fue tomada cuando tenía ochos años-le explique tomando el retrato para mostrársela más de cerca, pero mis torpes manos sudadas dejan resbalar la foto y esta cae al suelo haciendo el vidrio añicos.

-Que tonta. Lo siento –ambos nos agachamos a recoger rápidamente ese desastre. Mi dedo es pinchado por una pieza traicionera haciéndolo sangrar. El líquido rojo brillaba por mi herida hipnotizando por un segundo a Salomón, aparto mi mano y el sale de su trance.

- ¿Te da miedo la sangre? -le pregunto preocupada pues su rostro está más pálido que nunca. Sus manos toman la mía de nuevo, me da una mirada ardiente y suavemente se lleva el dedo a sus labios y absorbe sensual mente mi sangre como si fuera un manjar exquisito dejándome atónita con un sentimiento caliente en mi cuerpo y que estaba retenido entre mis piernas.

-Sabes delicioso -dijo con un nuevo brillo y acto seguido me beso fuertemente en los labios tomándome por sorpresa y haciendo que me resista por un segundo insignificante hasta que solo me dejo llevar por aquellas sensaciones que eran producidas al sentir sus manos en mi cuerpo tocando mi cadera y apretándome tanto a él que sentía un ligero pulso.

- ¡Suficiente! -grito mi padrastro con el cuerpo hirviendo - ¿qué crees que estás haciendo Salomón? -se plantó frente a él completamente molesto.

- ¿Qué crees que hacemos? -Salomón lo enfrento sin miedo - ¿de seguro no rezábamos un rosario? -se burló y me regalo una dulce mirada -deja de ser tan celoso hombre, Heaven no es una niña, y yo no haría algo que a ella no le gustase. De todos modos ¿qué haces aquí? - preguntó divertido.

-Solo quería asegurarme que esta niña no nos avergonzara, podrá verse dulce y tierna, pero es un verdadero demonio.

-Tal y como a mí me gustan -dijo sin tener ningún efecto las palabras duras de Donald -sabes, ahora sé que los visitare muy seguido. Suegro-susurro creyendo que no le había escuchado.