Maldecida
Completamente agotada llega a casa por primera vez tarde, eran las nueve de la noche cuando el chofer de Thalía me dejo en la puerta de la casa luego de que me pase el resto de la tarde consolándola, aquella chica era mucho más sensible que yo, ante nuestro pequeño susto en esa tienda pagana y por ese motivo no deseaba separarse de mí.
Como siempre la casa era tan solitaria como la luna en pleno cielo, subo silenciosamente con mis pies palpitando del cansancio hasta que me detengo en ese segundo piso, esta vez ya no escucho golpes o voces en apuro ahora percibía un sonido como el de una discusión, la voz de mi madre hablaba fuertemente con Donald.
- ¿Qué hacías en su habitación? -exigió saber molesta- ¿por qué tenías que entrar a ese lugar? te hable muy claro y te dije que quería que la dejases en paz, no quiero verte en el tercer piso almeno que fuera necesario-
-Ya te lo dije Ana L, no seas estúpida, esa mocosa es inteligente y casi me descubre, por culpa de tus descuidos escucho a la otra inútil que estaba en la habitación, fue toda una suerte que Margio llegase a tiempo y la empujara para que se golpeara la cabeza-
-Si imbécil, pero pudo haber muerto-
-Sé que eso no te preocupa Lillian tú no eres madre, eres mujer y se muy bien que te tiene sin cuidado lo que haga, y si estuve en su habitación solo fue para buscar pistas del hallazgo o algo por el estilo pues si algo no saco aquella niña de ti fue tu pequeña inteligencia, Heaven se da cuenta de todo rápidamente.
¡Por dios! No podía creer lo que estaba escuchando, aquellas palabras, mi madre, el discutiendo sobre lo que había visto en el sótano. ¿con que clases de monstros yo estaba viviendo, y pensar que estaba decidida a protegerla de aquel asesino a toda costa y ahora resulta que mamá era su cómplice. Afligida solo corrí a la parte de abajo aterrada por lo que acaba de escuchar, mamá estaba ocultando secretos turbios y ahora dolorosamente me hacía testigo y cómplice de algo que era aterrador, era cierto entonces que había alguien en esa habitación, una triste chica. Ahogo mis alaridos para que no sospechen que los acabo de escuchar, no era posible que en mi propia casa me sintiera tan llena de pánico y horror. Tenía que salir a toda prisa de aquella casa, no podía estar más rodeada de aquellos seres y como pude corrí y no me detuve hasta que encontré un taxi y lo hice deambular muy lejos de ahí.
La noche era fría cuando transitaba por las oscuras aceras de la ciudad, de noche todo estaba en calma y la afluencia de tráfico y personas era menor, las tiendes estaban cerradas lo cual me dejaba completamente sola y a la deriva, con mis ojos lleno de lágrimas solo cubro mi rostro y lloro como una chiquilla desconsolada en la banca de aquel parque.
-¡Ahí estas!-Donald se apareció dejándome petrificada-pequeña Heaven, pobrecilla, no debes escuchar conversaciones ajenas -sonrió como un ángel y se acercó a tocar mi mejilla. Me aparto de su toque -no deberías escuchar conversaciones ajenas, todo lo que pase entre tu mami y yo es nuestro asunto -me acuso con una voz serena, divertido de mi angustia.
- ¡Aléjate! -grito tratando de correr, pero sus pies son hábiles como una ráfaga de viento se me adelanto bruscamente bloqueándome la salida con su pecho, sus manos tomaron mis hombros, pude sentir sus dedos clavándose intensamente entre mi carne y sonríe de excitación al escuchar que suelto un pequeño quejido.
-Tu y yo tenemos que hablar señorita-
Al subir al Cadillac rojo y exclusivo de ese maldito repulsivo enseguida coloco los seguros y se marchó rápidamente para luego detenerse lejos de todo. Donald me miro despiadadamente, por primera vez vi un demonio entre sus ojos como si el mal se encerrara en su interior provocando mi clara locura, le pegue y trate de abrir mi puerta pero estaba cerrada y su mano agarro mi cabello completamente y lo templo acercándome más a su oreja -escúchame bien maldita, jamás vuelvas a oír conversaciones ajena ¿lo entiendes? -su fuerza casi desprendía mis hebras oscuras una a una -ahora mismo iras a casa y le dirás a tu madre que no has escuchado nada ¿te quedo claro o quieres que te lo repita niñita? yo puedo hacerle mucho daño a tu mami y sé que eso es lo que no quieres, te conozco vida mía, tu eres capaz de entregar tu propia vida por aquella mujer que ni siquiera te quiere y las personas como tu son tan excitante -su nariz inhalo el aroma de mi cuello, sus labios se relamían cuando sus labios lentamente recorrieron la piel de ese lugar -no me hagas hacerte cosas malas Heaven, yo te amo de verdad -beso mi mejilla poco a poco hasta llegar a mis labios y enseguida su lengua entro a mi boca haciéndome gritar llena de asco. -¡Sueltamente-lucho pero ahora el retuerce mis brazos colocándolos a mi espalda con una mano mientras que con la otra instintivamente acaricia mi pecho palpando mi carne de manera suave hasta que su presión se hizo más fuerte soltándome lágrimas de dolor -eres una constante tentación día a día mi pequeña, no sabes el esfuerzo que hago para no hacerte mía, pues yo deseo que tú seas la que te me entregues de verdad y sé que está muy cerca el día que tenga mi anhelo, serás mía, ya lo veras-profetizo -te amo incluso soy capaz de dejarlo todo por ti, tu madre no me importa, solo es una diversión vaga para lo que yo quiero y contigo puedo lograrlo-
-Por favor, suéltame -suplico casi vencida y con miedo a que la dañara, pues sus palabras eran desquiciadas por culpa de sus desenfrenos sexuales.
-Lo hare, solo quiero que te tranquilices y desde ahora hagas lo que yo te diga hijita mía. No querrás que tu madre tenga un cruel destino, cuando me tienta puedo comportarme como un verdadero diablo si me apetece ¿te gustaría encontrar en una bolsa de basura la cabeza de Lillian? ¡creo que no! tu eres ese tipo de chica que me encanta, valiente y arriesgada –sensata esta vez sus labios solo plantaron un beso fugaz -ahora iremos a casa y fingiremos que nada de esto a pasado, le dirás a tu madre nos escuchaste discutir sobre la grave confusión que tuviste el otro día y le dirás que solo fue el efecto del cansancio por las clases-
¿Cómo quería que dijera tal cosa? mi madre no era esa estúpida que el creía. Los dos me habían pillado escucharlos, entonces eso quiere decir que mamá sabía lo que había escuchado ¿por qué quiere que diga lo contrario? escupí su rostro con repugnancia, pero lo abofetee intensamente, su mano fría impacto con mi carne produciendo una sensación hirviente en aquella parte de mi piel. Su rostro paso de un estado salvaje con sus ojos rojos a sumisos y serenos -lo siento -se disculpó acariciándome la zona herida -no me empujes a dañarte Heaven -advirtió y se echó a correr de una forma tan descuidad y violenta para poder asustarme, pareciera que no le importara su vida como si siempre tuviera muchas más oportunidades a pesar de jugar con aventuras peligrosas, mi corazón latía rápido y duro que hacia doler mi pecho intensamente, mis lágrimas todavía seguían cayendo a la medida que más nos acercábamos a casa y las tuve que reprimir cuando vi en la puerta la perfecta silueta de Ana L. Ella corrió hacia a mi y me rodeo con sus brazos preocupada.
- ¿Qué fue lo que te paso? ¿por qué saliste corriendo dejando los paquetes en el pasillo? -pregunto suavemente para arrullarme entre su compresión.
Donald al ver que no hablaba contesto por mí-está bien, no te preocupes por eso cariño, ella nos escuchó discutir cuando le decía que dejases así la confusión del otro día en la habitación, destrozada por hacernos pelear huyo -beso mi cabeza y le dio un beso a mamá apasionadamente que pude escuchar el movimiento de sus lenguas.
-Todo está arreglado -me pareció escucharle decir al oído. Donald se aclaró la garganta y hablo fuerte y claro -ya no habrá problemas, hablé con ella y luego de que se disculpara conmigo le prometí ser el padre que le hace falta.
-Oh, eso me ilusiona tanto. Yo quiero que los tres seamos una familia -admitió ella convencida, cayendo en la red de mentiras de ese hombre fácilmente y sentí dolor al creer que Donald tenia razón, mamá era una estúpida que no se daba cuenta de la realidad.
Las pesadillas seguían cada vez más constantes, ojos que me miraban, manos que me tocaban y esa respiración húmeda que acariciaba mi piel todas las noches cuando dormía en mi habitación, ya muchas veces no lo hacía, aquella noche me fue imposible hacerlo pues aquella presencia invisible se hacía real cada día. A las cuatro de la madrugada pude escuchar un toqueteo mi puerta, erguí mi cuerpo como si fuera un sistema de defensa personal, con mi piel fría y un sudor fino en mi cuerpo me cubrí completamente como una niña asustada. Sabía que Donald estaba del otro lado, aunque no escuche sus pasos fantasmales. Mi cuerpo temblaba completamente y con mis ojos cerrados solo entone una oración con deseos de que una especie de salvador llegara y me salvara de ese martirio.
Ese fin de semana prometía ser muy largo, agotada y con un gran dolor de cabeza abro la puerta para encontrar una rosa roja marchita con una tarjeta pequeña y blanca que tenía un fino sello impresa en ella, la rosa parecía estar enredada en una cruz con las puntas doblada y varias espinas encima de estas. Al reverso una letra fina y cursiva con tinta negra me deseaba los buenos días, la firma de Donald apareció plasmada con gran sarcasmo, arrugue con mis manos la pequeña tarjeta y lance por el inodoro esa rosa mórbida sin entender su simbolismo.