45-
Cada noche, después de la cena, recibía el menú del harén y escogía una o varias compañeras sin que valieran argumentos en contra —nada de distraerse con sus ruiseñores o jugando mahjong— porque la prosperidad de la nación se medía por el número de hijos que concebía: el deber patriótico era ineludible. Para garantizar su entusiasmo y buena disposición, contaba con un equipo de médicos, acupunturistas y expertos en afrodisíacos encargados de estimularlo con cuanto método existiera en esa tradición milenaria. La comida era un componente esencial, no solo los ingredientes, sino las combinaciones que aumentaban la potencia viril. Más de un cocinero fue decapitado sin preámbulos porque su sopa de nidos de golondrina no surtió el efecto deseado en el emperador. Una vez terminada la cena, ingeridas las y erbas de los médicos, insertadas las agujas del acupunturista de turno y hojeados los « libros de almohada» , primorosos manuales en miniatura con explícitas ilustraciones eróticas, aparecía ante el emperador la afortunada —suponemos— esposa o concubina de esa noche. Lo que seguía no era un encuentro privado, sino un asunto de máxima importancia y seguridad para el Imperio, presenciado por varios testigos. Un notario registraba las veladas amorosas, así podían calcular con exactitud los días de la gestación de cada niño. Si las fechas no coincidían con los nueve meses habituales en estos casos, la cabeza de la madre acusada de adulterio iba a reunirse con la del cocinero en el patíbulo. De la misma manera se anotaba cada bocado del emperador en su orden y cantidad. Con tantas mujeres a su disposición, solo podía atender a cada una, en el mejor de los casos, una vez al año. Las concubinas permanecían al margen de esta preocupación, pero como eran mujeres jóvenes y ociosas no necesitaban alimentos afrodisíacos. ¿En qué otra cosa podían pensar? Se consolaban unas a otras con recursos febriles y la prodigiosa inventiva de los eunucos, capaces de los máximos desafueros y de darles más placer del que el emperador, con todas sus y erbas milagrosas y sus guisos de tortuga, podía ofrecerles. La castración no abolía el deseo y, si bien no podían tener hijos, a los eunucos se les atribuían extraordinarias dotes como amantes. Se creía que después que una mujer probaba un eunuco, ningún hombre completo podía satisfacerla. Esta tradición no ha llegado hasta los hogares occidentales: los eunucos son muy escasos en este lado del mundo. Sin embargo, la sabiduría china de los afrodisíacos y la comida erótica no se ha perdido.
28-
En todas las culturas a los huevos se les atribuy en poderes eróticos y reconstituy entes; se supone que dan bríos a los viejos, curan la indiferencia y regeneran el vientre seco de las mujeres infértiles. En El jardín perfumado, un negro llamado Mimún —¡cuán orgulloso estaba de su hazaña!— estuvo practicando el juego del amor por sesenta días sin hartarse, porque solo se alimentó de y emas de huevo y pan. No hay que ser un genio para ver la relación entre los huevos y la fertilidad, por eso siempre han sido los favoritos de la cocina erótica, desde el caviar, minúsculos huevos de pescado cuy o valor en el mercado los hace aún más afrodisíacos, hasta el enorme huevo de avestruz, capaz de alimentar a una familia completa. En Chile existe la tradición de comer huevos
« a la ostra» , es decir crudos, como estimulante de la virilidad y para componer el cuerpo y recuperar la memoria al despertar de una borrachera. Después que di a luz a cada uno de mis hijos, mi suegra me preparaba un batido diario de cerveza con huevos crudos y miel, antiguo tónico casero de gran prestigio para la lactancia. Yo lo bebía obediente, sin fijarme en las calorías ni en el hecho irrefutable de que me estaba volviendo amarilla y las rodillas apenas me sostenían. Para devolver el vigor a los hombres decaídos, en algunos pueblos de Europa los atosigan de y emas crudas batidas con coñac, exactamente la misma poción que usamos en Chile para lavarnos el cabello. Los huevos se prestan para toda clase de juegos traviesos: duros se pueden echar a rodar en la cama; revueltos se sirven sin tenedor en la palma de la mano; con merengue se cubren los senos para que los lama el amante goloso…
La forma más noble de preparar los huevos para un encuentro erótico es también la más clásica y simple: una omelette, es decir, una manera elegante y francesa de servir huevos revueltos con innumerables variantes, desde hierbas
del jardín y especias, hasta verduras y carnes picadas. Para una buena omelette se necesita una sartén de hierro grueso, donde los huevos se cocinen parejos y después se desprendan sin dolor. Tal como un peluquero cuida sus tij eras, un
cocinero cuida su sartén y no permite que se use para ningún otro fin. Jamás se
lava, solo se limpia con un paño, y a medida que transcurre su noble vida, se va tornando oscura y sabia.
En el mismo Jardín perfumado donde Mimún hacía como los conejos, el
piadoso jeque Nefzawi, quien no había oído hablar del colesterol, dedica varios párrafos al poder afrodisíaco de los huevos:
Quien se alimente por varios días de huevos cocidos con mirra, canela y pimienta, verá aumentado el vigor de su erección y su capacidad para el coito, su miembro estará tan túrgido que parecerá que nunca podrá volver a su estado de reposo. (¡Que Alá en su grandeza lo preserve hasta el día de la resurrección!). Quien desee operar una noche completa y, debido al súbito deseo no ha podido hacer los preparativos antes mencionados, podrá recurrir a lo siguiente: freirá un buen número de huevos en grasa fresca y mantequilla, y cuando estén bien cocidos, los mezclará con miel. Si come lo más que pueda de esto, con un pedazo de pan, podrá acariciar y consolar por toda la noche.
(Con la ayuda de Alá. Que Él vierta sus bendiciones en su Profeta y nos otorgue salvación y misericordia).
Los huevos de codorniz —pequeños, con manchas oscuras y sin colesterol— se venden como afrodisíacos. Su tamaño los hace ideales para hors d’oeuvre y para decoración. Personalmente prefiero el caviar, por supuesto, y se me ocurren mil maneras pornográficas de servirlo, pero como es tan caro, solo lo como en ocasiones especiales, cuando debo recurrir a excesos de astucia y sensualidad para lograr el objetivo amoroso que me ocupa. También suelo probarlo invitada en viajes de primera clase. No es fácil juguetear con caviar en un vuelo comercial: la azafata siempre está vigilando. Como alternativa más modesta, también me gusta un huevo crudo, servido en el ombligo de mi amado, con cebollines picados, pimienta, sal, limón y una gota de tabasco, pero este último ingrediente no siempre puedo usarlo: mi hombre es alérgico al picante. El caviar es uno de los afrodisíacos más caros del mundo, casi tanto como los famosos nidos de golondrina, célebres en China. Se extrae de la hembra
(lógicamente) del esturión, no del centurión, como creía y o en mi juventud. Este
pez de mares fríos, uno de los animales más antiguos del planeta, suele alcanzar hasta cuatro metros de largo. El precio del caviar varía según la calidad y esta se mide por la escasez, de acuerdo a la ley natural de que mientras más difícil es obtener algo, más empeño ponemos en desearlo. Los granos más grandes, llamados beluga, son los más caros y provienen de las hembras de may or tamaño. La calidad superior de beluga prácticamente no se conoce fuera de
Rusia, es consumida en su totalidad por los jerarcas políticos y el ballet Bolshoi. Ossetra son los huevos medianos y sevruga los más pequeños. En las factorías rusas se emplea un « catador» , cuy o hígado adquiere con el correr del tiempo la invulnerabilidad del acorazado Potemkin. Este experto prueba el caviar para clasificarlo y determinar cuánta sal se le agrega; como los catadores de vino, lo paladea y enseguida lo escupe. Habrá algunos adictos, sin embargo, que devoran cantidades fabulosas de este intenso manjar entre grandes sorbos de té caliente.