Capitulo XXX UN SUEÑO SE CUMPLE

Miguel, rehusó a quedarse en la fiesta de celebración, y junto con el resto, salieron hacia la calle Bello Horizonte, en el pueblo, donde Luna, se había sacrificado para que Marbelly, pudiera llevarse a su hija. Al final de la tarde, y anocheciendo, llegaron hasta la casa, y tocaron a la puerta, cuando Rodrigo, abrió y se encontró con el campeón del Decatlón, cara a cara.

Rodrigo:- ¿Es usted? – lo dijo muy emocionado

Miguel: - ¿Dónde está Luna? – lo aparto e ingreso hasta la sala

Rodrigo:- ¿Quién? – preguntó sin salir de su asombro al tener al campeón del Decatlón en su casa

Andrés:- No se haga el tonto – entró junto con el resto del grupo que ya invadían la casa – hablamos de la muchacha que se quedo con usted hoy para que Marbelly se pudiera llevar a su hija

Rodrigo:- Ah, esa muchacha – sabía que se encontraba en el patio lavando su ropa – pues ella ya no está aquí y se fue a buscarlos

Miguel:- Espero que sea cierto lo que me está diciendo, porque si no, créame que volveré por usted – lo miro fieramente

En ese instante difundían un reprís del golpe fulminante, con el cual Miguel, envió a la lona al musculoso rubio, lo que impresionó a Rodrigo, quien no tenía ni la cuarta parte del cuerpo de dicho rubio, lo que lo hizo recapacitar.

Rodrigo:- Esperen – se apresuro a que no se fueran - no estaba pensando muy bien, disculpen, es que entraron muy rápido a mi casa, y no sabía que esperar de ustedes, pero, ella está aquí

Miguel:- ¿Dónde?

En ese momento, Luna, ingresaba con un cesto lleno de ropa seca, cuando miro a todo el grupo. El cesto cayó al suelo, ante la impresión de ver a su familia y a su adorado Miguel, en el lugar. Ella corrió a abrazarlo y besarlo.

Rodrigo:- Parece que se conocen – le comentó a Andrés

Andrés:- Ella es su mujer – aquella información dejo frío a Rodrigo

Luna:- Lo siento, amor, le di mi palabra a este hombre de quedarme aquí para que dejara irse a la hija de Marbelly, y esta noche, seré su mujer en la cama

Rodrigo:- ¿Cómo? – Sabía que a ningún hombre le gustaría escuchar que su mujer era una esclava sexual de un extraño, y por tanto se descompuso por la posible reacción de Miguel – no, señorita, usted entendió mal, yo no le dije nada de eso, usted, quiso ayudarme con los quehaceres de mi hogar, pero es libre de marcharse cuando usted quiera

Jade:- ¿Oistes, amiga? Te puedes ir – la abrazo, seguida de Estela y Ruth

Luna:- ¿En serio? – volvió a mirar a Rodrigo

Rodrigo:- Claro, que sí – fingía una sonrisa por el nerviosismo en que había caído, y miraba a Miguel – jamás separaría a la señora del campeón

Miguel:- Usted es un buen hombre – cuando fue a abrazarlo, Rodrigo, se cubrió la cara como reflejo ante lo que espero sería un golpe – gracias

Rodrigo:- De nada, señor, campeón - no sabía que decir – espero que sean felices

Manuel:- Bueno, entonces, vámonos, que creo podremos asistir a la fiesta

Michael:- Si, qué bueno, vamos a bailar, cariño – tomo de la mano a Estela

Todo el grupo se marcho de la comunidad, ante el alivio de Rodrigo, quien al menos se sentía feliz de ser uno de un montón de personas que habían ganado buen dinero al apostar a favor de Miguel. En la ciudad, el grupo ingresó al hotel Miramar, ante los aplausos de los empleados, y demás personal del lugar. Ahí, como siempre, los reporteros esperaban por las primeras impresiones del nuevo campeón.

Periodista #3:- Bueno, campeón, luego de este triunfo ¿Qué piensa hacer ahora?

Miguel:- Esperar a que el señor Cheng, cumpla con su palabra de poder jugar unos minutos con los morados de Salcedo

Periodista #2:- ¿Sabía usted que el señor Cheng, está en prisión, por secuestrar a sus amigos?

Periodista #1:- ¿Y qué su programa fue cancelado ante las deudas por juego?

Miguel:- ¿Qué quiere decir eso? – estaba confundido

Periodista #3: - Qué no hay forma de que él pueda ayudarle a hacer su sueño realidad

Lord Gerald: - ¿Aún se siente con energía para jugar con el equipo esta misma noche?

Miguel, no podía creerlo. Ante él, estaba el dueño del equipo los Morados de Salcedo.

Miguel:- ¿Pero, ellos jugaron hoy al medio día señor?

Lord Gerald:- No fue así, Miguel, gracias a usted y ese Decatlón, pasaron el partido para las 8 de la noche, es decir, en 15 minutos. Claro, si aún todavía quisiera cumplir ese sueño

Miguel, volvió a mirar a Luna, luego a Andrés, y a Manuel, y nuevamente a Lord Gerald.

Lord Gerald:- ¿Entonces, qué dice?

Miguel:- Si, señor, aún quiero intentarlo

Lord Gerald:- Bien, entonces, vamos, el microbús está afuera, y podremos llegar al estadio para que participe del partido de esta noche

Aún cuando el Decatlón, había finalizado, los televidentes seguían con sumo interés, como si fuera un “reality show”, el sueño que Miguel, deseaba cumplir con el equipo de sus amores. Parecía que todo lo relacionado con él, era una gran noticia, que muchas compañías de televisión, se mantuvieron a partir de ahí en cadena para seguir al microbús, durante su recorrido de 30 kilómetros, hasta el estadio nacional. La gente salía a la calle, para saludar a la nueva figura internacional. No solo Miguel, sino el resto de su grupo, saludaban a todos a quienes iban encontrando durante el camino. Al llegar al Estadio, ya había empezado el partido. Sin embargo, por primera vez, todos, incluso los rivales de los Morados de Salcedo, sintonizaron el juego a la espera de ver aparecer a Miguel, en la grama del Estadio.

Miguel, fue conducido hasta los camerinos, aunque muchas jóvenes, le solicitaban un beso o un autógrafo. Él, simplemente complacía a todos, colocando cualquier garabato o impregnando un beso en las mejillas o en los labios de las chicas y las mujeres maduras. Otros, lo que hacían es buscar una fotografía al lado de él. Miguel, siempre buscaba que Luna, estuviera a su lado para las imágenes. Ya en el camerino, junto a Lord Gerald, y el utilero, se le entrego a Miguel, una singular sorpresa. Su uniforme personalizado, con su nombre y con el número correspondiente a su edad, el 42. Miguel, se quedo paralizado, contemplando aquel traje morado, con el logo blanco. El resto del grupo fue llevado al palco presidencial. Miguel, se tomo su tiempo para vestirse, mientras se escuchaba el ruido ensordecedor de las graderías, pues al correr la noticia de que él jugaría esa noche, el Estadio, prácticamente fue atiborrado de más público de lo que normalmente concurrían a ver los partidos del equipo.

Aquella emoción era indescribible en el corazón de Miguel. Su sonrisa era eterna, en cada prenda que se colocaba. Los largos calcetines color morado, y luego, los zapatos de fútbol, aunque se sentía un poco incomodo por utilizarlos la primera vez. Se miró al espejo, y su porte era impresionante. Era claro que había nacido para vestir esa casaca morada. Y esa noche su sueño se hacía realidad. Faltando 15 minutos para la finalización del primer tiempo, Lord Gerald, dispuso que no saliera hasta luego del medio tiempo. Así, que desde el camerino, él pudo ver las acciones del primer tiempo. Los rivales habían anotado dos goles al finalizar ese tiempo. Los jugadores ingresaron al camerino, ante la alegría de Miguel, que ahora podía personalmente compartir con sus ídolos. Miraba enojado al “pato” costeño, por el pobre resultado; al “pipiolo” Lara; al “manotas”, el portero, aquella constelación de estrellas, era más de lo que podía pedir.

“El Chunche” Contreras:- ¿Tú no eres el tipo que gano ese programa en televisión?

Miguel:- Hola, mi nombre es Miguel

“Pato” Costeño:- ¿Y sabes algo de Fútbol? –seguía molesto

Miguel:- Jugaba en la isla desde pequeño

“Manotas”: - ¿O sea? ¿A nivel aficionado no has jugado en ningún equipo? – sentía que aquel hombre no aportaría nada al equipo

Ivan: - Bueno, todos se aproximan aquí por favor – era el Director del equipo, quien como siempre, sabía que esa noche sería otro trámite más para continuar en el campeonato – todos han estado haciendo las cosas a medias, y de esa forma jamás vamos a ganar, así que creo que mantendremos la misma táctica; las mismas posiciones, y esperemos que el cansancio del segundo tiempo, nos permita un contra ataque sorpresa

“Pato” Costeño:- No sé qué nos pasa, muchachos, parece que estamos contento con estar en el segundo lugar. Si hoy no ganamos ya no habrá oportunidad de sumar puntos y menos de alcanzar la clasificación de este grupo

Miguel:- Bien dicho – todos volvieron a mirar al isleño – yo los veo siempre en la Isla, y sé que son buenos jugadores, y no entiendo porque dejan que otros se lleven el triunfo

“Manotas”:- ¿Y tú qué sabes? Esto no es un programa de televisión, esta es la realidad, hombre – creían que el Decatlón, simplemente era un espectáculo arreglado y le restaban valor a la participación de Miguel

Ivan:- Bueno, descansen, hidrátense, y prepárense para el segundo tiempo – volvió a mirar a Miguel – ya el patrón me hablo de usted, y quiero que ahora salgas para los aplausos, y te sientes al lado mío en la banca para que puedas ver lo que resta del partido sin que te vayan a dañar

Aquello decepcionó a Miguel, porque parecía que no tendría la posibilidad de poder jugar unos minutos con su equipo, así que bebió un poco de agua, y se sentó, ante la falta de un buen recibimiento de sus héroes. El árbitro central, con el silbato llamó a los jugadores para que salieran al campo. Como era de esperarse, todos los ojos del mundo estaban ante el ingreso de Miguel, lo cual ocurrió bajo una lluvia de aplausos, silbidos y gritos, cuando del túnel del Estadio, aquel hombre elegantemente apareció vestido con los colores del equipo morado. Él agradeció los aplausos, y seguidamente corrió a la cancha, ante su asombro de lo grande y espectacular que se veía todo aquello. El público, las luces, la grama verde, el ruido ensordecedor, todo aquello era simplemente era un sueño real. Estaba emocionado. En la isla, su pueblo le aplaudía desde lejos, y algunas mujeres lloraban porque sabían lo que aquello significaba para él.

El cuarto árbitro, llegó a informarle a Miguel, que debía salir de la cancha, y dirigirse al sector donde estaban el director técnico y los suplentes, no sin antes sin felicitarlo por su reciente victoria en el Decatlón. Él se sentó, y el partido arrancó su segundo tiempo. A los 70 minutos, las cosas se habían estancado y el dos a cero, se imponía en el marcador a favor de los visitantes. El público, de pronto, comenzó a mencionar el nombre de Miguel, lo cual se multiplico en todo el Estadio, llegando a los oídos al palco presidencial. Lord Gerald, tomo el teléfono y llamó abajo, donde se comunicaba al celular del director técnico. La orden era directa, se debía dejar jugar a Miguel. Ante esa disyuntiva, lo único que él podía hacer era, sacar a un delantero, para no debilitar su sistema defensivo. Espero 5 minutos más, aunque la llamada del señor Presidente del equipo, lo obligaron a hacer el cambio. Instruyo al preparador para que Miguel, calentara antes de entrar, lo cual hizo en uno de los laterales de la cancha, ante los gritos del público al mirar que sus peticiones fueron escuchadas.

Ronaldo, el mejor delantero, fue el escogido para salir, en vista de su bajo rendimiento esa noche. Aunque se mostró incomodo por la decisión del técnico, no opuso resistencia y tranquilamente salió del terreno de juego, sin querer darle la mano a Miguel, quien le sonrió por tratarse de uno de sus ídolos. Miguel, corrió hacia la misma posición en que se encontraba Ronaldo, mientras su corazón latía fuertemente, y el público se puso de pie, al considerar que aquel hombre había viajado en el vasto océano para llegar al fin, cumplir un sueño, gracias a su esfuerzo en ayudar a los niños pobres, quienes, al igual que lo hicieron en el Decatlón, lo siguieron al Estadio. A menos de 15 minutos de finalizar el partido, nadie quería entregarle el balón a Miguel, quien corría en espera de esa grandiosa oportunidad. Todos en el Estadio, les gritaban improperios a los demás jugadores por lo evidente de su desdén en no permitir jugar a la camiseta 42.

El técnico sabía que aquello significaría una reprimenda por parte de la directiva y del propio presidente del equipo, así que instruyó a sus jugadores en que le pasaran a Miguel, el balón aunque sea una vez. Y la misma llegó. La defensa frenó un avance de los atacantes rivales, y pasaron el balón por el extremo izquierdo, donde se ubicaba Miguel. Éste, no espero a que se lo pasaran sino que bajo a la media cancha, por él. El “Pato” Costeño, lo vio, y finalmente le entregó el balón. Éste, se sintió feliz, y lo primero que debía hacer, era encarar a dos rivales que corrían frente a él. Como si fuera una película, en su mente, en rápidos segundos, recordaba su infancia en la playa, con su padre y hermano mayor, jugando a la pelota, esquivando obstáculos. Entonces, miró a aquellos dos hombres, aunque sus compañeros le gritaban que pasara el balón, y se enfilo a enfrentarlos. A pocos pasos, apretó el balón con sus dos pies, y lo levanto hacia atrás en el aire, y lo cruzo por encima de él y los otros dos rivales, mientras continuó corriendo, encontrándose nuevamente con el esférico, y dejando burlado a sus marcadores. La gente enloqueció con esa jugada, al igual que dejo con la boca abierta a sus compañeros.

En un pressing de un defensa, él detuvo el balón pisando su pie sobre él, “durmiéndolo” mientras continuó su carrera, llevándose al rival, por lo que regreso a buscar el balón, y con la esquina del primer gran rectángulo, disparó hacia el extremo contrario que defendía el portero rival, quien se lanzo inmediatamente a atraparlo, estirándose todo lo que pudo, y sus largos dedos lo tocaron, pero la fuerza del mismo, reventaron las redes hasta el fondo, ante el grito ensordecedor del público y de los narradores de la televisión y del propio estadio, un gol, que le trajo la alegría a los aficionados de los morados de Salcedo. Miguel, muy solo, al igual que veía como otros celebraban las anotaciones, corrió hacia una esquina, con los brazos abiertos y gritando él mismo por la celebración de ese gol. Los compañeros, despertaron del letargo hipnótico de lo que habían visto, y se lanzaron a felicitar a Miguel. El portero rival, pateaba la grama, levantando pedazos de piedras al aire, como señal de enojo.

Al sacar, los compañeros de Miguel, habían cambiado de opinión, y luego de la extraordinaria jugada mostrada por él, decidieron confiar más en el recién llegado. Así, que todos gritaban su nombre, para que participara de las jugadas. Miguel, demostró ser un buen defensa, pues, en varias ocasiones, en los tiros de esquina en su propia área, alcanzaba brincar más alto que los atacantes rivales, y desviar el balón lejos del marco. Sin conocer la estrategia definida por el técnico, él se quedo, casi junto al portero, en el último tiro de esquina, en lugar de regresar a su posición adelante. A falta de 4 minutos, él le solicito el balón a “Manotas”, éste le sonrió, y a pesar que otros más arriba le pedían el esférico, no tuvo reparo en entregarlo en corto a Miguel. Éste, corrió a enfrentar a los primeros delanteros, y aprovecho la jugada de “pared”, con “El Chunche”, quien se la devolvió, y en una recepción magistral, continuó su marcha, mirando que se le aproximaba un medio rival, dio la vuelta y de espalda lo confronto defendiendo el balón, y con el talón, cruzo el balón entre las piernas de aquel, y continuó su travesía a toda carrera, driblando a dos más, y haciendo un pase corto al “Pato” Costeño, quien ante la fuerte marca contra él, la devolvió a Miguel, momentos en que el más salvaje de la defensa, lo derribó dentro de la media luna, frente a la portería, provocando una falta con tiro libre directo.

Él, solicitó hacer el envío directo al marco, aunque el indicado, como siempre era “El Pato” Costeño. Sin embargo, éste miro en el isleño tanta pasión, que él mismo había olvidado desde que ingreso a jugar a los 10 años de edad.

“Pato” Costeño:- Es tu noche, amigo, no importa el resultado, solo disfrutar el juego ¿No?

Miguel, asintió con su cabeza, y luego coloco el balón en el punto de la falta. Luego, miró hacia la muralla que conformaban los jugadores rivales, y observo la longitud de la portería, y donde se colocaba el guardameta. En la Isla, todo el mundo cruzaban los dedos, y en el Estadios, todos se pusieron de pie. Aquel momento era crucial. Miguel, dio unos pasos hacia atrás, levanto la mirada, y corrió hasta el balón, y utilizando el empeine interior, golpeo el mismo, el cual se elevo abriéndose hacia su derecha, en una curva muy abierta, lo que parecía salía fuera de la cancha, muy lejos del marco, pero de pronto, como si una violenta corriente de aire, atravesara el campo, el balón, se incrusto dentro de la red, junto al paral izquierdo, sin que el portero le diera tiempo reaccionar. Ahí mismo, Miguel, se arrodillo, con los brazos hacia arriba, y la cara agradecida, mientras el resto de sus compañeros corrían hacia él, y lo abrazaban con sus rostros felices. El grito de gol, se podía escuchar en la boca del público, así como los aplausos frenéticos y la ola en cada gradería. El dos a dos llegaba en el mejor momento a falta de poco de dos minutos.

El equipo rival, coloco el balón en el centro del terreno de juego, y conformados con el resultado del empate, enviaron el balón hacia atrás, a mano del portero. Miguel, y los delanteros, así como el resto de los jugadores, más lleno de energías, se lanzaron a buscar el esférico. El Director Técnico, y todos lograron observar el impresionante cambio del equipo. Ya no era el mismo, todos, de un pronto a otro, se habían vuelto violentos y con ansias de anotar más goles. Tal respuesta hizo su efecto, al poner nervioso al portero, quien decidió enviar el balón a un extremo de la cancha para regalar un tiro lateral a los morados. Todo el equipo, al grito de Miguel, subió, incluyendo el portero “Manotas”. El “Chunche”, el más fuerte de todos, sería el encargado de lanzar el balón a la zona del punto de penal, desde la lateral derecha. El técnico de los visitantes, al ver esa maniobra, gritaba a su gente que bajaran para poblar esa área y evitar una sorpresa.

Tres jugadores aparte de Miguel, se situaron en el centro, y Miguel, estaba más hacia atrás, para cuando el “Chunche” se impulsó hacia atrás y lanzo el balón con todas sus fuerzas, todos los jugadores se movieron, igual Miguel, lo hizo adivinando la trayectoria del esférico. El portero rival se quedo congelado en la línea debajo del poste horizontal de su marco, ante tantos jugadores a pocos metros de él; y el movimiento de tres jugadores morados, le hicieron sombra a sus marcas, quienes junto a ellos solo saltaron sin medir bien el balón, dejando completamente solo a Miguel, quien en una chilena completa, con sus piernas girando en media luna hacia arriba, hizo contacto con el esférico, y con todas sus fuerzas lo pateo, con su pierna derecha, sin mayor posibilidad para el arquero, hundiendo el balón hasta el fondo de las redes. Esa acción, sepultaba las posibilidades del equipo visitante y le otorgaban la primera victoria del campeonato a los Morados. Miguel, corrió a celebrar gritando el gol en su garganta, seguido por el resto del equipo, mientras los rivales se tiraban sobre la grama, al escuchar el silbato del árbitro, que finalizaba el encuentro. En el balcón presidencial, Lord Gerald, sus invitados y los isleños, saltaban de alegría, y se abrazaban. Era una locura, la narración de los comentaristas deportivos que alababa la participación de Miguel, en los últimos minutos del encuentro.

El público invadió la cancha, buscando camisetas y recuerdos, de sus jugadores, pero sobre todo, llegaron hasta donde estaba Miguel, y lo subieron en hombros como un verdadero héroe, seguidos por el resto de jugadores, y le dieron una vuelta olímpica alrededor del Estadio, mientras Miguel, lloraba, recordando cada uno de los mejores momentos en su vida, jugando fútbol con su padre y su hermanos mayor, y de pronto, como si fuera posible, allá en el cielo oscuro, se iluminaba un sector en que las imágenes de los rostros de sus seres queridos, lo miraban sonriente, orgullosos de los logros alcanzados. Él simplemente estaba emocionado. Sus sueños se habían cumplido. El técnico, había saltado a la cancha a felicitar a cada jugador incluyendo a Miguel, quien le agradeció haber ayudado a levantarle el espíritu a su equipo. Ya en los camerinos, fueron visitados por Lord Gerald, quien ordenó llevar botellas de champagne y bañar a todos sus jugadores por el empeño mostrado en la cancha. Los felicito a todos y especialmente a Miguel, a quien invito a jugar con ellos, cuando quisiera, y le hizo entrega de un uniforme especial envuelto en plástico como un excelente recuerdo de esa noche tan especial.