Capitulo XXIX EL GRAN DESENLACE

La policía había acudido al llamado de Marbelly. Todos se extendieron a lo largo de la bodega, en que mantenían retenidos a los isleños y amigos. Una vez que el capitán a cargo de las acciones, pudo constatar por la ventana la veracidad de la denuncia, movilizo a su equipo anti secuestro, tanto en el techo, como las tres puertas de acceso. A la voz de mando que otorgaba luz verde para ingresar, todos los cuerpos policiales profesionales, destruyeron los candados, y los cerrojos, así como al mismo tiempo, otros lanzaban bombas lacrimógenas al interior, por las ventanas. El ruido y la conmoción, asustaron al Tuerto y a Cheng, quienes miraban a todos lados alterados, mientras la policía élite, les apuntaba con sus rifles de asalto gritándolos que se tiraran al suelo. Los rehenes, estaban confundidos y afectados por los gases. La policía redujo a la impotencia a los dos hombres, y liberaron a los secuestrados, quienes fueron auxiliados por los paramédicos que esperaban en las afueras.

Marbelly, se les unió a ellos, abrazando a Jade y a Katia. Luego, Estela, la miro, y sabiendo que no se habían llevado bien desde un inicio, la abrazo, y le beso en la mejilla, como muestra de cariño y amistad. Ruth, las abrazo a las dos y las tres se unieron en un fuerte abrazo. Michael, y Manuel, eran atendidos por los médicos, con mascarillas de oxígenos.

Katia:- Vamos, muchachas, tenemos que avisarle a Andrés, que ya estamos libres

Jade:- ¿Pero, Marbelly, dónde está Luna? – miraba hacia todos lodos buscando a su amiga

Marbelly:- Es una larga historia, amiga, que luego te contare, pero primero debemos ayudar a Miguel

Todos salieron corriendo hacia el muelle, pero el capitán de la policía les informó que los competidores se encontraban en otro lugar, y se ofreció en llevarlos hacia allá. Todos aceptaron y en dos patrullas con sirena al aire, recorrieron los kilómetros que los separaban de su amigo. Mientras tanto, el tiempo ya había transcurrido, y Tony, quien se sentía más feliz, por el rendimiento de Alejandro, anunciaba la gran final. Se trataba del Tsunami, en donde los competidores, debían enfrentar primero las grandes olas y surfear, luego correr a campo traviesa, llegar hasta unas bicicletas y subir las montañas para finalmente, enfrentarse a luchadores profesionales. Una vez que se explicaron los detalles de la competencia final, todos estaban en ascuas ante lo que consideraban la mayor de las proezas, en que el cuerpo desgastado por las anteriores disciplinas, se pondrían a su mayor reto.

Como Miguel, estaba sentado sobre las tablas de surf, no pudo ver cuando el grupo de Isleño llegó hasta ese punto, y se reunían con Andrés, quien estaba contento de verlos llegar a todos, y al igual que Jade, preguntó por Luna. Marbelly, tuvo que contarles a ellos, lo que había sucedido al momento de que ella fue a recoger a su hijita. Pero, todos pospusieron resolver la situación, una vez que Miguel, se les uniera, para ir por ella. El Juez de campo, en un bote, disparo para que cada competidor escogiera una ola, y se deslizaran lo antes posible. Miguel, no estaba con muchas ganas, a pesar de que el Surf era su deporte favorito. Saturnino, en la Isla, tenía la plena confianza de que su amigo, sería el ganador de esa primera etapa, y así lo comentaba con gran orgullo a todos los presentes. El disparo sonó, e inmediatamente todos se acostaron con sus estómagos sobre la tabla y remaron con sus brazos, buscando la mejor ola. Miguel, debía esperar a que todos salieran primero, para darles la mayor ventaja y de esa forma cumplir con lo que los “secuestradores” habían solicitado.

Sin embargo, para sorpresa de él mismo, al escoger la última ola, esta fue la más grande y violenta, que él hubiera enfrentado, por lo que los ojos se posaron sobre la imagen impresionante de aquel hombre moreno, montado sobre aquella tabla enfrentando una enorme ola, deslizándose en un túnel cerrado de un torbellino de agua, que congelaban la sangre del más valiente. Saturnino, estaba extasiado viendo a su amigo domando aquella ola, con una destreza, que los fotógrafos con sus miras telescópicas, captaban aquella batalla del hombre contra la naturaleza acuática. Se notaba una impasibilidad en su semblante, y sus brazos abiertos, describían una sobria línea invisible como una danza soberbia sobre la tabla, que parecía flotar acariciando sutilmente el agua, como si estuviera volando sobre una alfombra mágica. Todos quedaron con la boca abierta ante tal hazaña demostrada por aquel isleño, que al llegar a la orilla, todos reventaron en aplausos, silbidos y gritos. Había conquistado más que la enorme ola, los corazones de los que lo miraban.

Al salir del agua, un grupo cercano gritaban su nombre, y aquellas voces le eran muy conocidas, por lo que al dirigir su mirada hacia el lugar de donde ellas provenían, sus ojos se iluminaron, al constatar que sus amigos estaban ahí frente a él, sanos y salvos, y todos ellos al unísono le gritaban que debía ganar. Era tanta la emoción que no reparo que entre ellos no estaba su adorada Luna. De tal forma, que comenzó a correr, para alcanzar a los demás, ante el aplauso de todos que le daban su total apoyo incondicional. El último era Eduardo, quien al mirar por encima de su hombro izquierdo, no pudo dar crédito que Miguel, lo alcanzaba, por lo que trato de aligerar su paso, pero realmente, no fue posible, y solo se limito a verlo alejarse de él, y detrás de Fernando. Witzmore, tenía un mal presentimiento al observar la pasión con lo que aquel hombre, imprimía cada paso que daba sobre el asfalto. Fernando, se mostraba muy cansado, por lo que no fue difícil que Miguel, lo alcanzara y lo dejara, siendo un blanco fácil.

En la isla, todos gritaban extasiado por el avance de Miguel, muchos niños, fingían correr para emular a su héroe. Todos habían perdido la cabeza, que saltaban sobre las sillas, o subían a las palmeras para lanzar gritos. Aquello era como una fiesta nacional. El público en el estudio, estaban frenéticos, y cada televidente, no dejaban de saltar de la alegría al ver como Miguel, alcanzaba a Tomás, quien hacía todo lo posible por mantener el paso. Sin embargo, se alegro al mirar que su amigo, ya estaba junto a él, por lo que le sonrió y le guiño un ojo.

Tomás:- Ve por ese engreído, amigo – fue su frase de batalla

Las mujeres, de todas las edades, estaban encantada de mirar las tan poderosas y musculosas piernas de Miguel, que se observaban en las pantallas de televisión, que muchas de ellas, se mordían las manos, y algunas otras, con sonrisas picaras, se miraban entre sí, y pretendían desmayarse de la emoción ante la vista atlética de aquel moreno bien formado. De esa forma, Miguel, logro alcanzar a Alejandro, que al observar el avance de su rival, comenzó a impedirle el paso, moviéndose de un lado a otro, lo cual no fue bien recibido incluso por sus propios familiares y amigos en la audiencia. Así de esa forma, ambos llegaron hasta el punto en que debían tomar las bicicletas. Unos asistentes, le echaron agua sobre sus cabezas para refrescarlos. Y Miguel, sin necesidad de acomodarse, la hizo correr mientras iba al lado y luego de un salto, se subió para pedalear sin sentarse, lo que le ayudo a ganar distancia en relación con Alejandro.

Los otros tres, habían llegado a las bicicletas, y como era normal, era el fuerte de cada uno de ellos, por lo que se dieron a la tarea de llegar en grupo cerca de Alejandro. Y a menos de un kilometro de Miguel, quien se aseguraba mantener la distancia para ahorrar energías. Desde ahí, todos llegaron al punto donde el cerro se elevaba, lo cual implicaba un gran esfuerzo para los participantes, excepto Miguel, quien todos los días debía de escalar algo más empinado que ese cerro, para ir a dejar los encargos de doña Teresa, por lo que al iniciar el ascenso se sintió fresco, por la poca resistencia que encontraba, así que el margen de distancia poco a poco se fue ampliando, hasta el extremo de que fue el primero en llegar a la cima, desde donde pudo apreciar toda aquella ciudad en su esplendor. Se tomo su tiempo para apreciar el paisaje por unos instantes. El viento acariciaba su rostro, que lo invito a cerrar sus ojos, y llevar sus pensamientos hacia su difunta esposa, a quien miraba sonriendo mientras corrían tomados de las manos, y descalzos por la playa. Pilar, era una chica, entregada a él, y muy comprometida, que solo buscaba hacerlo feliz.

Miguel:- Amor, te extraño mucho – mantenía sus ojos cerrados, mientras algunas lágrimas rodaban por sus mejillas - ¿Por qué te fuistes, Pilar?

Una fresca brisa, de pronto, como salido de la nada, invadió sus sentidos, que secaron sus lágrimas, y una bella tonada en el viento, parecía que le susurraban al oído. Por un momento, pudo identificar la voz de Pilar, quien dulcemente le dijo que ella siempre estaría con él. De pronto una sensación de tranquilidad lo lleno completamente, y una sonrisa se dibujo en su rostro. De pronto abrió sus ojos, y miro el paisaje, y luego hacia atrás y observo a Alejandro y al resto del grupo, a muy poca distancia, por lo que reanudo el pedaleo cuesta abajo, siendo el primero en atravesar la línea de llegada, seguido por el resto del grupo.

A cada uno se les coloco unos guantes de boxeo, y por sorteo, se les asignaron el turno que cada jugador enfrentaría a su contendor. Era la última etapa de la última gran prueba. Había un silencio de suspenso en el ambiente, pero el señor Witzmore, considero ese preciso momento como el ideal para exhibir el último bloque de anuncios comerciales, ante el enojo del público entero. Los atletas fueron pesados en una báscula, para equiparlos a los rivales con quienes se enfrentarían a dos únicos rounds. Miguel, no entendía porque se le colocaban esos guantes en sus manos, así que solicito la asistencia de su amigo Andrés.

Miguel:- Compadre ¿Usted cree que podre nadar o atrapar algo con estas cosas? – mostrándole sus guantes

Andrés:- No lo sé, compadre, pero lo voy a ir averiguar espéreme aquí.

En esos momentos, todos fueron llamados para que ocuparan sus posiciones. Hasta el momento, Alejandro tenía la victoria en el surf, por llegar primero, pero Miguel, había ganado las siguientes dos etapas, por lo que era posible un empate en caso de que Alejandro, ganara en el boxeo, o tal vez, Miguel, sería quien se alce con la copa, si fuera él quien pudiera salir vencedor de esta última etapa. Tomás, subió al ring, y un potentado vikingo, se convirtió en su contendiente. La campana sonó, y Tomás, trató de dar sus mejores golpes, pero no hacían mella alguna en aquella muralla, por lo que casi finalizando los dos minutos, un golpe de gracia, en el mentón de Tomás, lo envió a la lona, de la cual no se pudo levantar, llegando el conteo hasta el número diez. De su esquina, brincaron a ayudarle a levantarse, quedando fuera de la competencia.

Luego fue el turno de Fernando, quien miró como un imponente muchacho de raza negra, cabello ensortijado, subía como un gladiador al cuadrilátero. Aquello, asusto un poco a Fernando. Sin embargo, se persigno y espero el sonido de la campana. Miguel, no entendía porque aquellos hombres atacaban a sus compañeros.

Miguel:- Compadre ¿Qué averiguo?

Andrés:- Estos tipos le llaman boxeo, donde se demuestra quien es bueno con esas almohadas en las manos

Miguel:- ¿Y para eso hay que golpear al otro?

Andrés:- No lo sé, compadre, pero entiendo que cada quien debe demostrar que tan suave es en la cara del otro, o algo así

Miguel:- Ya entiendo, pero que dolor debe sentir el pobre Tomás, que casi no pudo levantarse solo

Fernando, resistió el primer round. Pero, en la esquina, le pidió a sus asistentes que no permitieran que le hicieran más daño, pues tenía una herida sobre su ceja derecha, y el pómulo del mismo sector estaba hinchado. Así, que al llegar el segundo round, un primer golpe en la costilla, le saco el aire más de lo que pensaba, gracias al agotamiento de todos los ejercicios que ya había realizado con las etapas anteriores, por lo que antepuso sus dos brazos frente a su rostro para evitar una mayor golpiza, pero se le conecto un bajo en el estomago, que le hizo bajar la guardia, lo que aprovecho el rival para atacar nuevamente su rostro. De tal forma que su esquina tiro la toalla para protegerlo, dando por terminado el encuentro. El turno era para Eduardo, quien, observo que su rival sería un muchacho de ojos rasgados y tez amarilla. Se sintió muy confiado al ver la contextura delgada y lo bajo de su estatura, para no solo aguantar el primer round, sino también finalizar el segundo round, sin poder noquear al contrincante.

La gente veía que todo quedaría en manos de Alejandro y Miguel, quienes eran los que optaban con las mejores probabilidades de llevarse el premio final. Fue el turno de Alejandro, quien se había repuesto un poco del desgaste de las anteriores etapas, y se le miró bebiendo de un envase que él mismo llevaba para la competencia, lo cual lo animaba. Así, que al subir, comenzó a saltar por todo el cuadrilátero, ante el abucheo de los presentes, así como en el público y de los televidentes. Su rival era un fornido hombre de tez pálida, muy alto para él, y mirada destructora. Al sonar la campana, ambos hombres, saltaron al centro, e intercambiaron inmediatamente varios golpes violentos. Una cortada debajo del pómulo izquierdo del hombre fornido, volvieron histérico a Alejandro, quien lo invitaba a que se aproximara, mientras bajaba su guardia. Y cuando aquel tipo se acerco, recibió una nueva combinación de golpes, que lo hizo trastabillar ante los gritos de sus familiares en la tribuna. Cuando considero que lo tenía contra la cuerda, el gigantón, se zafó a como pudo, y comenzó a saltar de puntillas para alejarse de Alejandro. El tiempo corría, y éste se desesperaba por no impactar duramente contra su rival.

El Tuerto y Cheng, fueron encarcelados provisionalmente en la estación de policía y desde ahí podían escuchar, lo que estaba ocurriendo en los estudios, y como si fueran ellos quienes estuvieran peleando, gritaban como locos, mientras otros presos los callaban por tanto ruido que hacían. En la Isla, todos esperaban que aquel gigantón noqueara a Alejandro. En el cuadrilátero, el primer round llego a su fin, por lo que en la esquina, Alejandro, evitaba que le dieran asistencia, solo pedía su envase personal, el cual sus familiares, sabían lo que contenía, lo cual no era de su agrado. De esa forma se llego al segundo round, y salió con mayor furia que en la primera ocasión, siguiendo a su contrincante por todos lados, quien huía al sentir algo diferente en los ojos de Alejandro, que estaban completamente rojos. El tipo, le conectó muchos golpes, que no producían ningún efecto en el rostro ni en el ánimo de Alejandro. Éste, seguía pidiendo a su rival que se acercara y lo golpeara, y comenzó a llamarlo “cobarde” y seguía escenificando toda una actuación frente al público. El tiempo transcurría, y desde su esquina le gritaron que debía derribar al tipo, y su rostro se transformo totalmente, con una mirada perdida, y se lanzo contra su adversario, quien ya estaba nervioso.

Los comentaristas deportivas de otras cadenas de televisión, narraban a su teleaudiencia, lo que ellos consideraban era una muestra de furia irracional, jamás antes visto en los anales de la historia del boxeo, y que ello justificaba el por qué el contrincante le rehuía más por temor por el semblante endemoniado de Alejandro, que por el poder de sus puños. Finalmente, con los últimos segundos, ya cansado el contendor, fue acorralado entre las cuerdas, en una de las esquinas, y recibió sin piedad todos los golpes que Alejandro, le lanzaba, hasta que cayó a la lona, pero para mala suerte de aquel, el tiempo había finalizado, y se oyó la campana. Alejandro, no estuvo de acuerdo, y se quito el protector bucal y se lo lanzo a los jueces, pidiendo que hicieran el conteo. Algunos oficiales subieron para defender al rival que yacía en el suelo, y otros para sujetar a Alejandro, que había enloquecido, pidiendo a gritos que lo coronaran campeón. El público estaba completamente anonadado por el comportamiento mostrado por él.

Miguel, subió finalmente como fue sorteado, teniendo a Andrés, como su asistente en la esquina, y ante el aplauso de todos. En eso, un descomunal rubio subió por la esquina contraria ante el asombro de todos los televidentes y el público en general, pues no parecía corresponder proporcionalmente al peso de Miguel. El árbitro, llamó a Miguel y a su rival, al centro, para decirles que el primero en caer o sumar más golpes, era el triunfador, y eso haría concluir la etapa final. La campana sonó. Y Miguel, se aproximo al centro.

Miguel:- ¿Oye, no es necesario que hayan golpes, si me puedes explicar cómo arreglar esto? – trato de razonar con su adversario

Rubio:- ¿De qué demonios hablas? Pelea – le gritó enfurecidamente

Miguel:- Pero si no me has hecho nada, porque debería…

En ese instante, el hombre lo golpeo en la cara, así que Miguel, se fue caminando hasta su esquina para hablar con su amigo Andrés, ante la mirada atónita de su adversario.

Miguel:- Oiga, compadre, no sé qué le pasa a este sujeto, pero no quiere arreglar las cosas ¿Qué hago?

Andrés:- Pues sea lo que sea lo que va a hacer, hágalo rápido porque ahí viene ese fortachón

Efectivamente, el rubio lo fue a buscar a su esquina, y le lanzo un golpe, que Miguel, logro esquivarlo. Y cada vez que aquel le tiraba un nuevo golpe, Miguel, se limitaba a quitarse de su camino. Miguel, no tenía ningún estilo para boxear, no saltaba ni se movía como tal, así que solo retrocedía y se defendía. Cada vez, los golpes del rubio, chocaban en los guantes de Miguel. El final del primer round, mantuvo furioso al rubio, por la falta de técnica de Miguel, y por su constante retroceso para enfrentarlo. En la esquina, Miguel, mantenía constante comunicación con su amigo.

Miguel:- ¿Y ahora qué hago?

Andrés:- Pues, si él no entiende compadre, hágalo entender, y vámonos de aquí que Luna la necesita

Aquella palabra, por un momento, lo desconcentro de la pelea, y le entro una electricidad en su cuerpo.

Miguel:- Compadre, ¿Qué pasa con Luna? ¿Dónde está ella? – le imploraba por información

Andrés:- Compadre, ella está retenida por un sujeto muy lejos de aquí, cuando fue con Marbelly, por su hijita. El tipo no la deja salir

Miguel:- ¿Y por qué no me lo dijo antes compadre? - En eso sonó la campana nuevamente, y el árbitro llamo a los boxeadores al último round

Andrés:- Porque no quería que usted abandonara la competencia, compadre. Recuerde que todo esto es para esos niños pobres

Miguel:- Pero mi Luna, me necesita, compadre – el Juez insistía a Miguel, que se aproximara al centro para pelear con el rubio, quien además le gritaba, lanzándole todo tipo de calificativos ofensivos, para que el isleño lo enfrentara – y yo aquí jugando con esta gente ¿No se imagina que ella puede estar en peligro?

Rubio:- Desgraciado isleño, ¿Qué esperas? Ven y golpéame – le fue a decir hasta su esquina para incitarlo a que el combate prosiguiera

Andrés:- Bueno, compadre, debe terminar primero con esto para que nos vayamos a rescatarla

Aquello era lo único que quería escuchar, y se levanto de la pequeña banca, vio al rubio con una mirada “mortal”, y sin aviso alguno, le propino un solo golpe seco entre el pómulo izquierdo y la nariz, lanzándolo inconsciente hacia la lona, del cual no se pudo despertar, por lo que el árbitro contó muy tranquilo los reglamentarios diez segundos, y luego levanto la mano derecha de Miguel, ante los gritos de todos los presentes, incluyendo los familiares del resto de competidores. Tomás, ya restablecidos, subió al ring para abrazar a su amigo. Una multitud de gente se agolpó alrededor del cuadrilátero, tratando de subir para celebrar junto al primer campeón del Decatlón. Tanto el Tuerto como Cheng, juntos lloraban en su celda, por la pérdida de sus haberes personales y familiares. El señor Witzmore, sabía que aquello era el final de toda una era al frente de uno de las más grandes empresas televisivas del mundo, pues ahora todas las casas de apuestas allegadas a él, y sus empresas, debían honrar el dinero de los apostadores, que lógicamente lo llevarían a la bancarrota.

En la isla, todo era una fiesta; todos brincaban de alegría, se saludaban y se abrazaban. Un residente de su propia comunidad, había alcanzado la gloria a nivel internacional, ubicando la isla en la mirada del mundo entero, gracias a la hazaña y humildad de uno de los suyos. Tony, el presentador oficial, anunciaba por televisión, que Miguel, se convertía en el primer y único campeón de lo que sería el final del Decatlón, en las empresas Witzmore. Y él se aproximo a Miguel, con el cheque de un millón de los grandes.

Tony:- Bueno, Miguel, usted es el primer campeón del Decatlón. Felicidades – no se encontraba muy contento por la pérdida de las apuestas de él y los suyos – y aquí tiene el premio grande, el dinero para usted y para los niños pobres que usted desea ayudar

Miguel:- Gracias – tomo el cheque – y como fue la promesa desde un inicio la mitad de este dinero es para todos los niños pobres, quienes podrán contar con comida y un techo donde dormir

La gente aplaudía con una histeria colectiva, ante aquel hombre humilde, cuya enseñanza de solidaridad, entrega, compromiso, disciplina y esfuerzo, habían calado en todos, niños y jóvenes, pero sobre todo en los hombres adultos de su edad, quienes miraron en aquel isleño, una visión diferente en que la edad no era una justificación para dejarse al abandono, y desistir en su camino a lograr su propias metas, en un mundo tan competitivo, en que la edad, ha sido un factor relevante que ha marcado la posibilidad de hombres o mujeres en acceder a un trabajo o no. A un crédito o no, o a un deporte o no. El positivismo que Miguel, inyectaba a todos los que presenciaron su proeza, lo hacían merecedor de los vitoreos y aplausos como reconocimiento a su valor y destreza.