Capitulo XXIII. LA COMPETENCIA EN PISTA
El presentador, inmediatamente explicó a la audiencia, que las diez pruebas que conformaban el Decatlón, se harían en diferentes localidades, incluso fuera de las instalaciones de los Estudios, sin que nadie se pudiera perder el desarrollo de las mismas, ya que se habían instalado en el lugar varias pantallas gigantes de televisión. Además, cada disciplina había sido escogida por los productores del programa, y debidamente aceptada por escrito por cada uno de los participantes, quienes fueron sometidos a innumerables pruebas médicas, para garantizar que todos estuvieran en excelente estado de salud. Finalmente, explicó que el ganador absoluto del Decatlón, será quien más cantidad de disciplina de las diez, hubiere ganado. En caso, de empate, se decidirá por quien en menos tiempo hubiere realizado la última prueba. Todos aplaudían frenéticamente, y gritaban los nombres de los jugadores.
Tomás, Eduardo, Fernando, Alejandro y Miguel, se encontraba de pie, sobre una pequeña tarima, en frente de un pequeño autobús, y seguidamente a la voz del presentador, ellos subieron al transporte, mientras saludaban a la audiencia, y fueron llevados, a una pista olímpica, muy cerca de ahí, debidamente dispuesta para las primeras pruebas. En el vehículo, cada uno de los participantes, iban serios y concentrados, menos Miguel, que tenía en su mente el sueño de jugar con los Morados de Salcedo. Del otro lado, estaba Fernando, quien mostraba un rostro muy rígido.
Miguel:- Este bote es mucho más grande que el del licenciado – quiso romper el hielo con Fernando, pero éste lo miro con desdén y aparto su vista para mirar el paisaje
Tomás:- Él, desde que llego es así, parece que tanto esteroide en el cuerpo lo mantiene antisocial – Detrás de él viajaba el futuro Ingeniero Civil, quien al ver lo que había sucedido, no le gusto el trato de su compañero a Miguel – Me llamo Tomás, y entiendo que eres Miguel
Miguel:- Así es – se puso de rodillas sobre la silla para mirar mejor a Tomás - ¿Es tu primera vez en esta competencia?
Tomás:- No, Miguel, es como la número diez o algo así, ya he perdido la cuenta en realidad ¿Y tú, qué me dices?
Miguel:- Es mi primera vez
Alejandro:- Oye, viejo – desde el fondo el hombre venía íngrimo y callado, pero la sola presencia de Miguel, lo trastornaba – porque no nos hace un favor a todos, y te vas para el lugar de donde vinistes, que solo das lástima y nos pone en ridículo a todos
Miguel:- ¿Serán también por los esteroides, esos que dijistes? – le preguntó a Tomás, quien hizo una mueca con los labios ante lo que considero un pésima comentario por lo que significaba el uso de drogas en atletas
Alejandro:- ¿Qué diablos dijistes, vejete? – Sus ojos tiraban chispas – ¿Qué insinúas?
Tomás:- Cálmate, que aparentemente el hombre no lo dijo con esa intención – quiso abogar a favor de Miguel
Alejandro:- Tú cállate, sabandija – y volvió a mirar a Miguel – te di la mejor oportunidad de tu vida para que te fueras a tu casa, pero si te cruzas en mi camino durante los juegos, sabes, que los accidentes pueden pasar – y sonrió con un aire de maldad
Tomás:- Cuídate amigo – le dijo a Miguel – ese es un tipo peligroso
Miguel:- ¿Y yo qué dije? – se preguntaba Miguel, ingenuamente, porque no había entendido que significo todo aquello entre él y Alejandro
Al fin llegaron hasta el campo, en donde lo esperaban las cámaras de televisión y los jueces del primer encuentro. Se trataba de una pista ovalada con cinco carriles, y la idea era recorrer la misma diez veces. Cada vuelta significaba seiscientos metros. Sin embargo, cada dos vueltas, el grupo de producción, agregarían diferentes obstáculos para complicar la misma. Por rifa, se le asignó un carril a cada uno, quedando Miguel, con el número 5, corriendo por dentro de la pista. Todos en la Isla, cantaban, aplaudían, coreaban el nombre de Miguel, ansiosos de que saliera triunfador en esa primera prueba. En las graderías del Estudio, una situación igual se vivía entre quienes apoyaban a Tomás, Fernando, Eduardo o Alejandro, y solo en el balcón de invitados especiales, al igual que unos pocos niños, los isleños, miraban las pantallas gigantes, enviándoles buenas vibras a su campeón.
A la par de Miguel, corría Eduardo, luego Tomás, Fernando y en primer lugar, Alejandro. El Juez oficial, les instruyó a todos que debían esperar hasta que sonara el disparo de salida, para que comenzaran a correr, y en caso de desobediencia, serían descalificados de esa prueba inmediatamente. Miguel, estaba más concentrado en esperar el disparo que en ver hacia adelante como los demás hacían.
Miguel:- Disculpa, ¿Quién tiene hacer ese disparo del que hablar el señor? – le preguntó un poco nervioso a Eduardo
Eduardo:- Pues, quien va a hacer, hombre, el Juez – le dijo perturbado por la pregunta inoportuna
Miguel:- ¿Y cuándo será? – no deseaba perder la oportunidad de conseguir el trabajo por no escuchar el disparo
Eduardo:- ¿Y cuándo será qué? – ya molesto le preguntó a Miguel, cuando de pronto el Juez hizo el disparo
Los tres primeros salieron, menos Eduardo, que perdió preciosos segundos por hablar con Miguel, y un poco perturbado, inicio la carrera. Miguel, los veía como se alejaban de la raya de salida
Juez:- ¿Y usted, no piensa correr? – se le acerco sorprendido porque Miguel, solo miraba
Miguel:- ¿Ya es el momento? – volvió a preguntarle al Juez
Juez:- Si, señor, vaya – lo alentó a iniciar su carrera, ante la burla de los televidentes, y la gente en los Estudios, al ver aquella patética imagen de Miguel, en la zona de salida. Cheng y el Tuerto, solo se tapaban los ojos.
Miguel, le agradeció al Juez, y salió detrás del grupo. Él, podía sentir que el suelo de arcilla roja, no era tan pesada como la arena blanca en la que hundía sus pisadas en la Isla, desde que era niño, por lo que ante la mirada atónita de todos los presentes, no podían creer que él, se acercaba a Tomás, que iba de último, y quien correr en ese tipo de suelo, le era muy difícil. Se le aproximo, pero no lo dejo, sino que iba junto a él.
Tomás:- ¿Qué haces? – le pregunto sorprendido
Miguel:- Vas de último Tomás, no puedes estar solo – le dijo serenamente
Tomás:- ¿Qué dices? – Lo miraba y por la mirada de aquel, veía que era un buen hombre pero que no entendía el espíritu de la competencia – No, Miguel, debes de alcanzar a todos y ser el primero, si quieres ganar esta prueba – le aconsejo con poco aliento
Miguel:- ¿Debo hacerlo? – no quería dejar solo al hombre que sentía necesitaba de más apoyo por ser el último
Tomás:- Hazlo Miguel, hazlo – le grito
Miguel, se aferró a su paso, y pronto a la mitad de la segunda vuelta, alcanzo a Eduardo, quien sudaba copiosamente, y lo dejo. En la gradería de los estudios, alguien, de repente, se levantó y comenzó a gritar por Miguel. “Tú lo logras”, dijo, y luego otros más lo imitaron, ante la sorpresa de los que estaban presentes. Ya iniciando la tercera vuelta, vio como había unas vallas impidiendo su camino, así que las brinco con la misma determinación y velocidad que él llevaba.
Miguel:- Alguien olvido quitar estas cosas de aquí – se dijo asimismo mientras la seguía saltando, pero no dejaba de hacerlo
Al finalizar la cuarta vuelta, iba pisándole los talones a Fernando, quien por un momento miro detrás de su espalda y se convenció que Miguel, estaba justo detrás. Y de pronto, se encontró frente a él con una hilera de pequeñas paredes de madera, que había que escalarla para atravesarlas. Miguel, las vio, y al igual que con las vallas, no detuvo su paso ni su ritmo y como un gato salvaje, brincó sobre la primera pared, la trepo y sin tiempo alguno se dejó caer al piso nuevamente para continuar su camino, que fueron los instantes que dejo detrás a Fernando, que bajo con más cuidado para evitar lesiones. El grupo deliraba del desempeño de Miguel, en la carrera. Luna, no dejaba de aplaudir desde el balcón. Cheng, y el Tuerto, se miraban entre ellos, ante la sorpresa del día.
En la Isla, aquello era una locura, todos deseaban introducirse en la pantalla, para invisiblemente empujar a Miguel, a continuar. Muchos se abrazaban entre sí, al ver que su atleta se encaminaba a alcanzar al primer lugar. Sin embargo, Alejandro, llevaba muy buena proyección en su andar, con el que terminaba sin mucha complicación la sexta vuelta. Y aún Miguel, le faltaban cinco paredes más que cruzar. En la sétima vuelta, los productores, incluyeron unos trampolines para saltar unos muros de ladrillos que invadían la pista, y caer en un pozo de agua de poco fondo. Para el primer intento, Alejandro, ante la vista de todos los que lo miraban, se detuvo por un instante para medir el impulso y concentrarse en que podría cruzar ese muro. Miro hacia atrás, y miro a Miguel, aproximarse, así que corrió y saltó sobre el trampolín, y de ahí con dificultad sobre el muro y cayo de rodillas en el charco de agua, y volvió a levantarse para correr al siguiente trampolín. Miguel, bajo de la última pared de madera, y se detuvo porque no entendía que pasaba en la pista. Uno de los Jueces de campo se le acercó para preguntar si sentía bien.
Miguel:- ¿Tengo que saltar ese muro? – señalaba al objeto
Juez:- Tiene que utilizar el trampolín, para que le dé mejor impulso, señor, porque no puede poner un pie en el muro
Miguel, se sonrió, porque aquello le parecía un juego nuevo. Así, que sin mucho impulso, corrió al trampolín y por un instante se quedó saltando sobre él, disfrutando de lo alto que llegaba. El público que lo venía apoyando le gritaba que siguiera, veían lo inconcebible de la ventaja que había ganado para que se pusiera a jugar.
Juez:- Sé que es muy divertido, señor, pero creo que debería avanzar – le sugirió luego de que igual sonriera ante la ocurrencia de Miguel
Miguel:- En la Isla, muchos le gustaran tener algo como esto – le contesto con una amplia sonrisa
Dio unos pasos hacia atrás, y con la mirada al muro, saltó en el trampolín y atravesó el muro, y cayo de pie fuera del charco de agua, para estupor de todos los que miraban, y acto seguido siguió corriendo con el mismo procedimiento, que le daba el resultado esperado para llegar hasta el final de la octava vuelta, la cual tuvo que ser suspendida, ante el atraso del resto de competidores que no permitían cambiar la utilería. Alejandro, trataba de respirar por lo cansado y duro de la competencia, y Miguel, simplemente sudaba pero no se borraba su característica sonrisa de sus labios. Una vez, que las cosas podían reanudarse, los jueces, permitieron que Alejandro, saliera, y reponerle el tiempo que él ya llevaba, para que luego lo hiciera Miguel, y así el resto de los participantes. La última vuelta, era la más difícil, cada uno debía saltar dentro de varias argollas rodeada de fuego, dispuesta a lo largo de la pista.
Miguel:- Un “chungatuca” – le dijo a un Tomás, que ya no tenía aliento para hablar
Tomás:- ¿Un qué? – mientras exhalaba
Miguel:- Un juego de fuego que se hace en la playa de la Isla, cuando el mar ha sido generoso y las tortugas llegan a desovar cada cinco años, pero nosotros cruzamos cinco seguidas, no de una en una
Tomás:- ¡Dios! ¿Qué clase de juego es ese? – inclinado con los brazos a sus rodillas, tomando aire, no podía creer que Miguel, considerará aquello una diversión
En la Isla, al ver, a lo que se iba enfrentar Miguel, exclamaron al unísono: - CHUNGATUCA
Aunque, Alejandro, llevaba una inmensa ventaja, ya en dos argollas, se había quemado los brazos, lo que le obligaban a disminuir el paso, y cuidar más las orillas de los aros, sin que a esas alturas, le preocupara sus adversarios, ya que consideraba que les llevaba mucha distancia. Pero, cuando el Juez, le dio la salida a Miguel, éste sin detenerse a mirar los obstáculos, se abalanzó sobre el primero como un verdadero felino amaestrado, que luego de atravesar rodaba por el suelo para reincorporarse, y continuar a paso veloz, ante la ruidosa bulla, del público que miraban aquella proeza por sus televisores, vitoreando el nombre de Miguel.
El señor Witzmore, se levantó de su silla, al igual que lo hicieron sus más cercanos colaboradores que lo acompañaban en el palco presidencial, ante aquella hazaña que frente a él se estaba llevando a cabo por parte de Miguel, quien con destreza y habilidad, se encontraba a dos argollas de Alejandro.
Witzmore:- Vamos, Alejandro, ya estas a punto de llegar, no te detengas, mueve ese gran trasero – le gritaba como si aquel pudiera realmente escucharlo
En cambio en las graderías, ya no sólo los niños del orfanatorio, sino nuevos adeptos, coreaban el nombre de Miguel, cuando ante sus ojos, aquel hombre, llego a una argolla de distancia con Alejandro, y a menos de tres para alcanzar la meta. Todos se levantaron en la audiencia. En el balcón, Andrés, levantaba su brazo, para apoyar a su compadre. Katia y Jade, se comían las uñas viendo aquel instante en que poco a poco, Miguel, alcanzaba a Alejandro. Luna, era la única que juntaba sus dos manos para tapar su boca y no dejar salir ningún ruido con la esperanza de gritar a todo pulmón cuando aquella faena finalizara con un resultado positivo.
En la isla, la gente dejo de comer y beber, habían dejado sus asientos, ya que nadie deseaba perderse el final de la primera prueba del Decatlón. Cada par de ojos, estaba enfocado en aquellas pantallas de televisión, que acortaban la distancia entre tierra firme y la Isla, gracias a la señal de satélite que don Pepe, había adquirido para su negocio y que hoy estaba siendo aprovechado por todos.
Alejandro, sentía el ardor en sus brazos por las leves quemaduras, y en su mente, el temor de serias lesiones, se anidaba con las pocas argollas que debía enfrentar para llegar a su meta, cuando al lado de él, miro a un Miguel, completamente decidido a terminar la prueba, así que su orgullo no le podía permitir quedar mal ante tanta gente, incluyendo su familia, y por tanto hizo lo impensable, en la penúltima argolla, a toda velocidad se lanzó sin disminuir su paso frente a ella, como anteriormente venía haciendo por precaución, pero al sentir la velocidad del impulso y salir del aro de fuego, cayo pesadamente al suelo, deslizándose boca arriba unos pocos metros, ante la frustración del señor Witzmore, Cheng, el Tuerto, y quienes habían apostado por él. Miguel, en el último obstáculo, salió con una voltereta más y cruzó la meta ante el aplauso de los nuevos fanáticos y el silencio del resto. Luna, dejo escapar toda su emoción en un fuerte grito que llevaba un solo nombre: Miguel.
Ya no interesaba, que los otros competidores, llegaran a la meta, pues era una de las reglas del evento, que cuando uno alcanzara terminar la prueba, se daba por finalizada completamente la misma. Y fue lo que ocurrió, Tomás, Fernando, Eduardo y Alejandro, fueron auxiliados por personal de la cruz roja y miembros de la producción, para asegurarse que se encontraban todos bien, mientras la pantalla mostraba a un Miguel, exhausto, pero feliz, ante los gritos y aplausos de todos los presentes. Cheng y el Tuerto, por compromiso aplaudían, pues no salían del asombro ante la primera victoria del isleño. Ya la radio anunciaba los resultados de la primera disciplina, y señalaban el triunfo de Miguel. En cambio, la televisión, se encontraba con los acostumbrados anuncios de los patrocinadores. La gente murmuraba que todo había sido producto de la suerte de principiante que había ayudado a Miguel. Lo cierto, es que el participante con menos posibilidades se convertía en una celebridad.
Una vez, que se verifico que los gladiadores, podían continuar, fueron trasladados nuevamente a los Estudios Centrales. En el camino, Alejandro, desde su siento, no dejada de mirar a Miguel, quien amenamente venía conversando con Tomás, y ya un Fernando, se les había un poco más amable, sin embargo, Eduardo, se encontraba resentido, ya que por culpa de Miguel, había salido tarde de la guardarraya. Se les condujo a todos, a una bodega completamente techada, donde les esperaba la siguiente disciplina. Se trataba de tres etapas. En la primera, desde un podio en lo alto, cada uno se lanzaría a agarrar una serie de argollas que pendían de un techo móvil, mientras eran bombardeados de agua por una manguera a presión, para llegar hasta otro podio. Desde ahí, utilizarían con sus manos unos pedales, para hacer girar una pequeña rueda que corría sobre un cable de acero, y llegar a la tercera etapa. En esa última, cada concursante debía deslizarse por un tubo y llegar al suelo, para luego volver a subir por una cuerda de cabuya mojada de combustible, a la que se le prendería fuego, una vez que el jugador iniciara su ascenso. Gana el primero en llegar a tocar una campana en lo alto de la bodega y antes que el fuego alcance su cuerpo.
A ninguno de los competidores, se les vestía con equipo de seguridad, simplemente con el traje ajustado azul con amarillo, pues la idea de los productores, era asemejar las condiciones de los verdaderos atletas griegos que solo con sus cuerpos realizaban las proezas que debían enfrentar para ganar una hoja de oliva que los acreditaba como campeones. Ya los cincos jugadores se encontraban cada uno en su respectivo podio aéreo. Esta vez, el Juez sonaría un silbato. De previo en los camerinos tanto Alejandro como Eduardo, sellaron una alianza para sabotear el esfuerzo de Miguel. Fernando, se inyectaba ciertas vitaminas y Tomás, recibía oxígeno. Miguel, solo esperaba el próximo encuentro. Cuando las cámaras volvieron al juego, Tony, el presentador anunció que ya todo estaba listo para iniciar el segundo juego, ante los aplausos de toda la audiencia y como se esperaba procedió a informar la dinámica de las acciones. Una vez que termino le dio el pase a la bodega para que el Juez, silbara la salida.
Juez:- ¿Todos listos? – le preguntó a los participantes, y al recibir una respuesta afirmativa, dio luz verde y silbó
El primero en tomar la delantera fue Fernando, seguido de Alejandro, Eduardo, Miguel y Tomás. Cada uno debía esforzarse por aguantar el bombardeo del agua, mientras sostenían el peso de su cuerpo en el aire colgado de las argollas. Uno de los chorros impacto duramente en la sien derecha de Tomás, que lo obligo a soltarse de una de las argollas, y a detener su andar, ante los gritos de las personas en la gradería, pues no se esperaba que tal evento ocurriera, y los productores no habían previsto colocar algún tipo de red, o colchón inflable para amortiguar cualquier caída, por lo que todos en el equipo de apoyo, corrían para buscar una manta o algo con que atrapar a Tomás. Éste, sentía un nudo en la garganta, y sudaba copiosamente, ante su creciente temor de no poder resistir tanto tiempo. Sentía que la fuerza de la otra mano, único bastión que lo mantenía en el aire, ya lo estaba abandonando.
El señor Witzmore, tomó el teléfono y desesperadamente se comunicaba con los encargados, para que se movilizaran con el afán de evitar una tragedia, pues eran 15 metros de altura hasta caer al vacío de concreto. Tomás, cerró sus ojos, pensó en su madre, y con el movimiento de sus dedos, deslizándose de la argolla, se dejó llevar por el peso de la gravedad hacia abajo, cuando de pronto, sintió que con fuerza le atrapaban esa misma mano evitando su caída. Levanto la mirada, y ahí estaba Miguel, como si fuera un trapecista, colgado de sus pies en las argollas y con sus dos manos sosteniéndolo a él.
Miguel:- Oye, Tomás, esta no es la forma de terminar la competencia – sus ojos vivaces le miraban fijamente para infundirle tranquilidad, pues iba a requerir de la ayuda del propio Tomás, para que éste alcanzara las argollas y continuara
Tomás:- Me siento cansado, Miguel – le replico
Miguel:- ¿Es así como deseas terminar con este juego, o con tu vida? – Le llamo la atención ante el abandono que aquel estaba mostrando – No podre sostenernos tanto tiempo, pero si te diré, Tomas, si tu caes, yo también caeré
Aquello verdaderamente asusto a Tomás, pues no estaba en sus planes, cargar con la vida de otra persona, y al bajar la mirada y mirar que las cámaras de televisión atestiguaban lo que ocurriría, se enojó consigo mismo, y comenzó a balancearse, ante los suspiros de la audiencia, y la expectativa de su propia familia en el balcón de invitados, que seguía paso a paso lo que ocurría con ambos hombres. En uno de los viajes, Tomás, logro alcanzar dos argollas, de las cuales se sujetó, ante la algarabía de los presentes, por tal logro, que incluso, se olvidaron de seguir el avance del resto de los jugadores. Una vez en camino, tanto Tomás, como Miguel, llegaron al podio segundo, donde Miguel, respiro profundamente y tomo los dos pedales y comenzó a enrollar para cruzar el cable, mientras Fernando, descendía del tubo, seguido de Alejandro y Eduardo. Tomás, desistió de continuar por el dolor en los antebrazos. En la Isla, todos gritaban el nombre de Miguel, para que no desistiera y continuara.
Fernando, comenzó el ascenso por la cuerda, seguido de Alejandro, y luego Eduardo, mientras Miguel bajaba por el lago tubo. Ahora, la familia de Tomás y sus seguidores estaban con Miguel, que ya había conquistado a un alto porcentaje de la audiencia en televisión y de los asistentes en la gradería.
Witzmore:- Ese tipo es único – reflexiono tirando uno de los cigarrillos al suelo
La llama corría más de prisa de lo previsto por los productores, y por el peso de Alejandro, le alcanzo primero los pies, y éste al sentir el calor, gritó, dejándose caer al vacío, pero en esa área si el colocaban un arnés, por lo que quedó suspendido en el aire, pero fuera de la competencia. Miguel, subía la cuerda, cuando la encendieron. Su agilidad como si fuera que subiera una alta palmera de coco, le facilito alejarse centímetros del fuego. Fernando, de lo húmedo y el hedor del combustible, a pocos metros de la campana, resbalo y se deslizo hacia abajo donde tuvo contacto con el fuego, gritando para que lo alejaran de la cuerda. La carrera quedaba en manos de Eduardo y Miguel. Éste, miro que Miguel, se aproximaba muy rápido, por lo que urgió de un plan inmediato. Como si se dejara vencer, utilizo la misma cuerda para impulsarse hacia en la que venía subiendo Miguel, golpeándolo en las costillas, lo que obligo que sus piernas perdieran contacto con la soga, mientras Eduardo, quedaba pendiente en el aire, sin oportunidad de concluir. Quedaba pocos centímetros para que la llama llegara a los pies de Miguel, y el público en vilo, observaba detenidamente.
Miguel, se repuso ante el asombro de Alejandro y Eduardo, y los primeros metros lo avanzo a punta de fuerza en sus brazos, para que la llama no tocara sus pies, y luego volvió al impulso original hasta llegar a la cima y tocar la campana, dejándose caer para alejarse del fuego. La mayor parte del público exploto en júbilo. Los medios de comunicación daban cobertura a la historia, más que el triunfo de una prueba, la noticia del día era la asistencia que Miguel le había prestado a Tomás, en pleno aire, a costa de su propia vida, sin pensar en el resultado adverso de la competencia, sino en la vida de un desconocido y rival, lo que muchos consideraron que esto era una muestra de nobleza, que ni siquiera los atletas de las primeras olimpiadas fueron capaces de infundir. Otros señalaban que aquél que menos poseía en estudios académicos, había probado tener más valor, compasión y solidaridad, como su mejor carta de presentación. Tomás, fue el primero en felicitar a Miguel, cuando éste bajo, y al mismo tiempo le agradeció su ayuda. Alejandro, se sentía lastimado en su orgullo propio. Fernando, se acercó a Miguel, y le estrecho la mano. Luna, no podía contener sus lágrimas de felicidad ante la hazaña realizada por su “reflejo”.
Los concursantes pasaron por una rápida revisión médica, incluyendo por primera vez a Miguel, pues Tony, el presentador ignoraba que aquel había sido recién incorporado al grupo de competidores, cuando al inicio diera la noticia de que todos habían pasado los exámenes de rigor. Por ello el abogado de Witzmore, había vaticinado que esa falta, podría meterlos en graves problemas. Por decisión del señor Witzmore, el anunciador informó que habría un descanso de quince minutos mientras los concursantes se preparaban para la siguiente competencia. Todos en el público tuvieron la oportunidad de salir a usar los sanitarios y comprar algo que comer. En el balcón de invitados especiales, unas camareras llegaron con perros calientes y hamburgueses, así como refrescos. En la isla, todos no dejaban de mencionar el heroísmo de Miguel, y lo difícil de cada etapa. Cheng, y el Tuerto, seguían aferrados a su fe de que todo pronto cambiaría en lo que restaba del día.