Capitulo XVIII. ESTELA APRENDE ALGO
Ruth, no pudo convencer al recepcionista del hotel, que ella era huésped del lugar, pues su nombre no se encontraba en los registros, solo el de Manuel, así que no le quedo más remedio que sentarse en el Lobby, a esperar que éste apareciera. Sin embargo, Manuel, se encontraba haciendo compras en diferentes almacenes, que eran parte de los pedidos de don Pepe, y otras personas en la Isla, así que no regresaría pronto. Mientras tanto, en el Restaurante, una agotada Estela, sentía muy pesados sus brazos, y mal tratada sus manos y las cuidadas uñas por la acción del detergente y el agua. Se limpiaba el sudor, pero todo su esfuerzo no era bien visto por el encargado de cocina, al observar que la chica no era eficiente, y que habían platos que aunque lavados, presentaban rastros de suciedad, por lo que se los devolvían a la pila, ante su congoja.
Encargado de cocina:- Muchacha, nos estás atrasando; por dios, lava bien los platos. Hay muchos pedidos en fila, los cocineros necesitan esos platos y esas copas, así que apúrate
Estela:- Hago lo que puedo – lloraba
Encargado de cocina:- Y deja de llorar, que ensucias los platos con tus lágrimas
Todos los que estaban presentes en ese sector se rieron de Estela, quien se sentía muy mal, por tener que realizar una labor que a sus ojos, era lo más humillante, ya que jamás lo había efectuado en su propia casa. Como tenía hambre, de vez en cuando, se asomaba a la cocina y se esperaba a que nadie la viera, para tomar algo de las charolas de los desperdicios con porciones de comida que no eran consumidas por los invitados, y se las metía en las bolsas del delantal, y luego de poco a poco mientras lavaba, sacaba una pequeña cantidad y se la metía en la boca, así que masticaba y lavaba. Dejaba de masticar cuando alguien se presentaba a la pila.
Ruth, también tenía hambre y por los efectos del sol y cansancio se había quedado dormida en uno de los sofás del lobby del hotel. Así, que el botones, a pedido de uno de los encargados de la recepción, la fue a despertar. Ella, abrió los ojos y se acomodaba para guardar la compostura. Al rato, ingresó Manuel, al Hotel, ante la alegría de ella.
Ruth:- Licenciado, que bueno que regreso
Manuel:- ¿Qué haces aquí?
Recepcionista:- ¿La señorita esta registrado con usted?
Manuel:- Si, claro que sí – le respondió
Ruth:- Mi hermana Estela, está perdida – le dijo sin demora
Manuel- ¿Cómo que está perdida? – La sujeto de los hombros con fuerza -¿Qué hicieron en mi ausencia?
Ruth:- Es que ella se desespero con la idea de regresar a la Isla, y se marcho – muy angustiada
Manuel:- Demonios, les dije que se quedaran en la habitación, debí haberlas encerrado bajo llave. ¿Y a qué hora fue eso?
Ruth:- A penas usted salió de la habitación en la mañana
Manuel:- Eso fue hace muchas horas – estaba enojado – y sin saber a donde pudo haberse ido
Ruth:- La verdad es que yo salí también con ella
Manuel:- ¿Cómo? – La volvió a mirar buscando una explicación a todo lo que estaba escuchando - ¿Y a dónde fueron?
Ruth:- Ella quiso entrar a un lugar por comida, y yo me quede con las maletas afuera y…
Manuel:- ¿Anduvieron con maletas en esta ciudad? – le interrumpió
Ruth:- Si, y desaparecieron, licenciado – sollozó
Manuel:- Era lógico muchacha – era increíble lo que estaba escuchando
Ruth:- Y tuve que ir al baño, y cuando hablé con ella, todavía estaba sentada en la mesa, y salí enojada con ella, pero cuando regrese ya no estaba
Manuel:- ¿O sea que no la vistes salir de ese lugar?
Ruth:- No, licenciado, yo estaba afuera en la salida, y no sé si hay otra puerta en otra parte
Manuel:- Vamos, Ruth, llévame rápido a ese lugar – la tomo del brazo y salieron
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Miguel, y su grupo, se enrumbaron a la casa del Tuerto. El teléfono de Marbelly, sonó de repente. Se trataba de su “patrona”, así que tuvo que contestar, aunque prudentemente en voz baja, por ir al lado de la ventana, para que nadie le escuchara. La llamada obedecía porque era la segunda noche que faltaba al trabajo. La primera con justificación y ésta vez, sin una sola. Ella, trataba de inventarle algo. Y recordó que el Tuerto, le había adelantado un pago por un trabajo que no hizo en el bailongo, así que lo utilizo para su beneficio, y le informó a su patrona que esa noche, había sido contactada por un cliente especial, y estaría toda la noche trabajando afuera, pero que le llevaría el dinero al día siguiente.
Eso alegro a la patrona, y la conversación finalizo.
Tuerto:- Bueno, ya llegamos. Todos abajo por favor
Andrés:- ¡Qué lugar más grande, compadre!
Miguel:- Y viera, tiene un charco grande en el patio
Tuerto:- Es una piscina, Miguel
Miguel:- ¿Podemos usarla, Tuerto?
Tuerto:- ¿Ahora? ¿No es muy noche?
Todo el grupo se le quedo mirando.
Tuerto:- Bueno, creo que está bien – no deseaba discutir con su “estrella” - no hay problema, pueden usarla
Todos salieron corriendo, con Miguel a la cabeza. Al llegar, a la piscina, todos se quitaron los trajes y los vestidos, y salvo Marbelly, todos se tiraron desnudos a nadar. Marbelly, veía como todas aquellas personas, se sentían liberadas, sin pudor alguno, a nadar bajo la luz de la luna. Así, que se contagio de ese mismo espíritu, y se desprendió de su vestido y también se lanzo a nadar. Desde el balcón del segundo piso, precisamente de la alcoba matrimonial, Zahiro, veía horrorizada como toda aquella gente desnuda se divertía en la alberca.
Tuerto:- Hola, amor, ya vine – le quiso besar una mejilla, pero ella se aparto
Zahiro:- Me puedes explicar ¿Qué diablos es eso?
Tuerto:- Por hoy y este fin de semana, son nuestros invitados, ya el lunes todos ellos se irán de aquí
Zahiro:- ¿Y por qué, si se puede saber?
Tuerto:- Es parte de un negocio con tu hermano
Zahiro:- ¿Cheng, está detrás de todo esto? – pregunto malhumorada
Tuerto:- Si, amor, pero no te pongas así – la trato de abrazar pero ella comenzó a caminar dentro de la habitación
Zahiro:- No sé qué clase de negocios tengan ustedes planeado, pero esta es una casa respetable, y quiero que bajes ahora mismo y le digas a esos salvajes sin educación, que salgan de mi piscina inmediatamente
Tuerto:- Amor, déjalos un rato que no le hacen daño a nadie – se quito los zapatos sentado en el borde de la cama
Zahiro:- O sea ¿Qué no vas a hacer lo que te digo?
Tuerto:- Mujer, siempre lo he hecho, todo lo que me has pedido lo he hecho – le hablo resignadamente – pero ahora estoy muy cansado para discutir contigo, así que prefiero dejarlos que se bañen un rato y mañana si quieres desinfectamos toda la piscina de la mugre que hoy ellos dejen ¿Está bien?
Zahiro:- Si no me vas a complacer, será mejor que duermas en otro lugar, pero no aquí en este inmaculado lecho matrimonial
El Tuerto, no tuvo más remedio que tomar unas sabanas y una almohada, y salir afuera del dormitorio a busca otro de los cuatro cuartos de la casa para dormir. Ahí se encerró, apago las luces y se durmió.
En el Restaurante, Manuel, pidió hablar con el Gerente, y se espero a que éste saliera. Desafortunadamente, el Gerente ya había salido hacia su hogar. Entonces, le preguntó al valet, si recordaba haber atendido a Estela, pero se trataba de otro muchacho del segundo turno, y no podía darle información alguna. Manuel, estaba muy preocupado porque era responsabilidad de él, cuidar a ambas muchachas.
Manuel:- ¿Y ahora qué hacemos, Ruth? – estaba en una encrucijada
Ruth:- Será buscarla, licenciado
Manuel:- ¿En esta ciudad, Ruth? Mira a tu alrededor, esta ciudad nunca duerme y hay miles de personas, kilómetros de calles y carreteras, y cientos de lugares donde ella pudiera estar, si es que no le ha pasado nada
Ruth:- No diga eso licenciado, por favor – comenzó a llorar
Manuel:- No quise decir eso, Ruth, disculpa – la abrazo – pero será mejor acudir a la policía y esperar
Ruth: Estela, hermana ¿Dónde estás? – preguntó al viento
En la pila, uno de los ayudantes de cocina, que en los tantos intentos de Estela, la había visto “robar” comida, se le aproximo a la media noche, y le llevo un plato de la cena que se estaba sirviendo en esos momentos, durante el descanso de Estela.
Michael:- Hola – le saludo sonriendo
Estela:- ¿Qué quieres? – le pregunto muy grosera
Michael:- Desde que te hicistes cargo de la pila, no has parado de lavar y lavar. Y pues ya es muy tarde, y sé que no te dieron nada durante la cena, lo que fue hace horas, así que te trae este plato para que comas
Estela:- ¿Y quién te dijo que tengo hambre? – le pregunto sin dejar de ver el plato
Michael:- Tienes razón, nadie me lo dijo – se preparo a marcharse
Estela:- Espera – le gritó
Michael:- ¿Qué pasa? – sabía que ella era orgullosa, así que pretendió irse aunque esa no era su intención
Estela:- Si nadie quiere ese plato, y además no tengo que pagarlo
Michael:- No, tranquila, esto es solo para ti
Y sin decir más, lo tomo, y sin cubiertos, comenzó a comer el pollo, la salsa que le acompañaba, las papas fritas, y la ensalada, y aquello era un deleite para el muchacho de 21 años, viendo a Estela, como desesperadamente masticaba y tragaba cada pedazo de pollo y papas fritas. Michael, extrajo de uno de sus bolsillos, una pajilla y una pequeña botella de refresco, y se lo abrió para ella. Estela, lo tomo, como si recién saliera del desierto, y bebió desmesuradamente el contenido del recipiente. Michael, se limitó a verla con una mirada apacible y una sonrisa. Estela, ya tenía sucia toda la boca de rastros de comida.
Estela:- ¿Qué me miras? – le preguntó un poco intrigada
Michael:- Me gusta ver como comes – les respondió cálidamente
Estela:- Debo verme como un cerdo ¿Verdad? – y avergonzada se sonrojo
Michael:- No, para nada, simplemente es grato para un cocinero que alguien aprecie su comida – fue su respuesta jovial
Estela:- ¿Y tú no vas a comer?
Michael:- Parece extraño pero uno cuando cocina prueba todo lo que prepara, para estar seguro que todo está bien, que de un pronto a otro, se llena el estomago
Estela:- ¿En serio?
Michael:- Toma esta servilleta, límpiate un poco los labios – se lo extendió y ella lo tomo despacio y luego se lo llevo a su boca
Estela:- ¿Cómo te llamas?
Michael:- Michael, ¿y tú?
Estela:- Estela – le dijo un poco seria, aunque se sentía una sensación extraña al mirar a los ojos cafés del muchacho
Michael:- Pues mucho gusto, Estela ¿Vives cerca de aquí?
Estela:- Estoy con mi hermana en un hotel, pero por un problema aquí en el restaurante no he podido reunirme con ella
Michael:- Si, ya me contaron la historia de lo que sucedió con la cuenta
Estela:- ¡Qué vergüenza!
Michael:- No, más bien se necesita tener valor, para poder entrar a un lugar de éstos y llenar sus necesidades. Hay otras personas que lo que hacen es robar, o cometer un delito para conseguir dinero. Tener hambre no es un delito
Estela, le resulto algo sensato, pero al mismo tiempo no podía dejar de mirar a los ojos ni menos a los labios de Michael, mientras éste conversaba, que incluso dejaba de comer. En eso, entro el encargado de la cocina, y les llamo la atención a la pareja para que reanudaran sus labores. Estela, se suponía que saldría en dos horas más, y con ello pagaría su deuda, pero aún estaba el asunto de volver al Hotel, y enfrentar la ira de Manuel.
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Ya cansados por los “juegos náuticos”, los isleños y Marbelly, uno a uno fue saliendo de la piscina, y se vistieron, para luego bajo la dirección de Miguel y Luna, ir a la cocina, donde se prepararon unos emparedados con todo lo que encontraron, tanto en las alacenas como en el refrigerador.
Marbelly:- Me he divertido como nunca, ¡dios mío! Ni siquiera necesite estar tan borracha para hacer lo que he hecho en una sola noche – reía mientras probaba un bocado de unos de los emparedados de pavo que Katia y Jade, prepararon
Jade:- Gracias por ti, Marbelly, porque nos cuidastes y nos protegistes de cualquier peligro
Marbelly:- Fue todo un placer para mi
Miguel:- Ya me contó Luna, como la defendistes de esos marineros locos
Andrés:- Yo no sé ustedes pero ya estoy muy cansado, y me retiro a dormir – volvió a ver pícaramente a Katia
Katia:- Ah, si, - que había comprendido el mensaje – estamos muy cansados
Andrés:- Si nos disculpan, nos retiramos a dormir
Luna:- Les voy a enseñar el camino a los cuartos – sonrió comprendiendo que ellos deseaban estar solos
Jade:- Buenas noches papi, mami
Luna, subió las escaleras y les mostro en el corredor, varios lugares para que pudieran acomodarse.
Jade:- Creo que los voy a dejar también, el ejercicio del charco me agoto completamente, buenas noches Marbelly – y le beso la mejilla – buenas noches Miguel
En el camino se encontró con Luna, y ella nuevamente como si fuera la anfitriona, la condujo a otro de los cuartos.
Miguel:- Lo que no sé todavía que haces en esta ciudad
Marbelly:- Soy cortesana
Miguel:- Debe ser algo bueno ¿no?
Marbelly:- Si, muy bueno
Luna, venía llegando.
Miguel:- ¿Todo bien? – le pregunto
Luna:- Pues sí, cada uno de ellos ya está en su cuarto, y hay otro que extrañamente no pude abrir, pareciera como que algo impide que pudiera abrirla, así que solo nos queda nuestro cuarto amor
Marbelly:- No hay problema, Luna, yo me iré a mi casa
Luna:-No, nada de eso
Miguel:- Creo que Luna, tiene razón, es muy noche para que una chica camine en esta gran ciudad por la noche
Marbelly:- Pues, si. Tal vez ocupe un sofá
Luna:- Nada de eso, ven conmigo, amiga – y sonriendo la tomo de un brazo y se la llevo, haciendo también una seña con su cabeza a Miguel, indicándole que los siguiera
Ya en el cuarto, Marbelly, se maravillo de lo hermoso que era aquel dormitorio, la cama “queen” era más grande que su viejo y estropeado catre. Luna, jugaba con el apagador de la luz, de la lámpara.
Luna:- Mira, amiga, esto es algo mágico, al igual que pasa con la que está arriba en el techo del cuarto
Miguel:- En la isla hay más oscuridad que toda esta luz, en este pequeño cuarto. Es maravilloso
Marbelly, se sentó sobre el borde de la cama:- Cuando era niña, me daba mucho miedo la oscuridad
Miguel:- ¿Por qué? – se sentó a su lado
Marbelly:- No lo sé, creo que una escucha muchas historias de personas muertas y fantasmas, y que todo siempre ocurre en las noches, cuando hay oscuridad, pero también por otro lado, pienso que uno se ha acostumbrado tanto a vivir con la luz artificial, que ya nos es imprescindible – hablaba como desanimada – no lo sé, Miguel, cuanta ventaja hay en vivir en lo que llamamos civilización, si una simple cosa como la oscuridad nos llena de miedo – lo quedo mirando apesadumbrada y Luna, notaba algo extraño en su mirada hacia Miguel
Miguel:- Todos tenemos miedo de algo, eso hace que podamos sentirnos vivos. No quisiera ser un hombre que no tenga miedo, por ejemplo, a equivocarme, o hacer algo del que pueda luego arrepentirme, creo que es importante, pero te comprendo, al contrario de lo que dices en la Isla, vivimos más unidos a la naturaleza, que jamás nos habíamos puesto a pensar que cuando la noche llegaba tuviéramos sentir miedo por lo que no podía ver, cuando en realidad las cosas siempre han estado ahí en el mismo lugar, solo que no es necesario preguntarnos si todavía ahí están porque sabemos que ahí estarán
Marbelly, dibujo una sonrisa en su rostro, porque aquella explicación le pareció maravillosa, cuando escucho como la puerta del dormitorio se cerraba.
Luna:- Bueno, creo que ya es hora de dormir ¿No?
Miguel:- Si, tienes razón
Marbelly:- ¿Dónde dormiré yo?
Luna:- Esta noche, amiga, tú dormirás con Miguel y conmigo – y con una mirada picara apagó la luz del dormitorio, que se tornó en completa oscuridad
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Estela, salió del Restaurante, y se sentía desolada, sin un destino fijo a donde ir, y al observar toda aquel panorama sombrío, que implicaba los luminosos letreros, así como el ruido que generaba una ciudad con vida nocturna, mezcla de los centros nocturnos, casinos, y vehículos transitando, se sentía totalmente devastadas, y cada paso que daba, se sentían muy pesados y se abrazaba asimisma, mientras lloraba. No había avanzado cuatro cuadras, cuando una motocicleta se detuvo al lado de ella, y un hombre con casco, se bajo de la misma, ante el temor de Estela, quien retrocedía hacia la pared de un establecimiento.
Michael:- No te asustes, Estela, soy yo – se quito el casco
Estela:- ¿Michael? – recobraba el aliento
Michael:- Disculpa, Estela, no quería asustarte, pero te fuistes sin decir nada, y cuando pregunté por ti, me dijeron que ya te habías ido, así que como era mi hora de salida, pensé que tal vez quería un aventón
Estela:- ¿Me seguistes? – le preguntó extrañada
Michael:- Pues sí, espero que no te enojes – le contestó esperando que ella no le reclamara por el atrevimiento de seguirla
Estela:- No – sonrió – está bien, pues si me asustastes un poco, pero ahora que sé que eres tú, me siento un poco aliviada, digo, por tu compañía
Michael:- ¡Qué bien! Si deseas puedo llevarte a tu hotel
Estela:- No, no lo creo, ya pronto amanecerá y no quisiera molestar a nadie – se abrazaba más por el frío – creo que voy a esperar a que salga el sol
Michael:- Por dios, disculpa, estas temblando, toma – se quitó su chaqueta de cuero negra y le cubrió su espalda, ante el asombro de ella, pero que la hizo sentir de alguna forma muy bien
Estela:- Gracias
Michael:- Bien, si no quieres ir al Hotel, tengo un lugar que te puede gustar, si confías en mi – le dijo con un tono de voz apacible pero ansioso
Estela:- Si, confió en ti – le respondió luego de una pequeña pausa
Michael:- Bien, sube, y agárrate a mi muy fuerte, tratare de ir despacio – le señalo la motocicleta. Acto seguido él se subió y luego le ayudo a que ella lo hiciera y le rodeara con sus brazos su cintura, y se marcharon hacia una colina, desde la cual se tenía una bella vista de la ciudad y sus luces.
Ruth, no podía dormir, aunque estaba en la cama, su mirada estaba perdida, pensando en su hermana. Manuel, había regresado de presentar la denuncia ante la policía por la desaparición de Estela, y por el cansancio se había quedado profundamente dormido en la otra cama al lado de Ruth.
Ruth:- Dios mío, no importa lo que mi hermana haya hecho, sé que fue algo horrible, pero yo también participe de eso, y si la vas a castigar a ella, también castígame a mí, pero sé que tú no eres así, por favor, protege a mi hermana donde quiera que ella este y haz que pronto la encontremos ilesa, te lo pido por favor – se sentía muy mal porque el último recuerdo que tenía de ella fue la discusión que ambas sostuvieron en el Restaurante, lo cual la mortificaba y provoco que se le humedeciera sus ojos.
Sus oraciones de alguna forma se habían escuchado porque Estela, ya se encontraba bien acompañada y protegida por un muchacho que se había tomado la molestia de hacer el rol de su protector en esa gran ciudad.
Michael:- Así que vienes de una Isla muy lejos de aquí – parecía que llevaban rato conversando sobre Estela
Estela:- Me creerás algún tipo de muchacha pueblerina ¿Verdad?
Michael:- No, Estela, yo no haría algo así, pero si te puedo decir que veo en ti
Estela:- ¿Si? – Le preguntó intrigada - ¿Y qué ves en mí?
Estela:- Lo que veo en ti – quedo mirándola detenidamente mientras su rostro se aproximaba hacia el de ella, sin que ella quisiera apartarse – es simplemente a una linda muchacha – y tiernamente la beso en los labios con sus ojos cerrados, con cierto temor al rechazo pero ella si le correspondió cerrando también sus ojos, y luego se abrazaron, esperando los últimos minutos de la noche.