Capitulo XIII. TODOS AL BAILONGO
Ruth, se había quedado en el camarote, mientras que Estela, aceptó la invitación de Manuel, para cenar en el comedor. Ella, aún no se perdonaba lo que le habían hecho a Luna. Sentía que había sellado un futuro incierto a la pobre muchacha, por un capricho de su hermana, quien siempre habría mostrado esa terquedad de ser la mejor; la primera y de conseguir todo lo que ella quería, máximo si sabía que había alguien más que apetecía lo que ella deseaba. Ruth, sentía que en nada ella compartía ese afán de su hermana de hacer un daño a los demás con tal de lograr sus propósitos. Sus pensamientos estaban con sus padres, pero al mismo tiempo con Luna, a quien amaba a escondidas, deseando que donde ella se encontrará, no estuviera sufriendo, y como hablando con el viento, le enviaba repetidamente desde su cama, una sola palabra que entre sollozos exhalaba: Perdón.
0-0-0-
A la hora indicada, llegó el Tuerto, por los dos hombres, quienes se habían bañado, y estaban listos para acudir a la reunión con quienes creían eran Katia, Jade y Luna. El Tuerto, los esperaba en el lobby, de la Divina Providencia. Como él sabía que los hombres no utilizaban desodorante, para la ocasión, les llevo una colonia de las que él usaba, para que la conquista con las mujeres que él deseaba que los hombres ligaran, fuera todo un éxito. Pero no deseaba de modo alguno, ofender a Miguel o a Andrés, así que tendría que echar mano a sus conocimientos que gracias a su amistad con el “licenciado” Manuel, poseía sobre las costumbres de la Isla.
Tuerto:- ¡Pero, que hombres más apuestos estos isleños!
Miguel:- Gracias, don Tuerto
Tuerto:- Solo díganme Tuerto, no don Tuerto
Andrés:- Bien, Tuerto, así le llamaremos. Pues, ya estamos listo, así que si quiere nos vamos ya
Miguel:- ¿Las consiguió, Tuerto?
Tuerto:- Por favor, hombre, ¿Estas dudando de mi?
Miguel:- No, disculpe usted, claro que no, solo es que las ansias me comen
Tuerto:- Pues, tranquilo. Es más miren que para esta ocasión, es importante un poco de agua “milagrosa”
Andrés:- ¿Agua milagrosa? ¿Pues, qué es eso?
Tuerto:- Aquí en la ciudad es costumbre que en todo evento los hombres tengan un aroma especial en las noches de luna. Y hoy hay una preciosa luna llena
Miguel:- Ah, no lo sabíamos ¿Verdad, compadre?
Andrés:- Claro, que no. ¿Y qué debemos hacer?
Tuerto:- Miren, aquí les voy a compartir un poco de mi colección personal
Miguel:- ¿En serio, Tuerto? Usted sí que es un “sorongondongo”
Tuerto, con el rostro torcido por aquella rareza:- ¿Perdón, un qué?
Andrés:- Si, es cierto, un magnifico “sorongondongo”
Tuerto:- Mientras no me estén mentando a mi madre - susurro para sí mismo – Bueno muchas gracias muchachos, también ustedes son unos “gorondigos” ó “sorompolon”
Miguel:- Sorongondongo, Tuerto – le corrigió gozando por la tergiversación de la palabra
Tuerto:- Eso mismo, ahora échense un poco de esta agua milagrosa en el cuello
Andrés:- A ver, permítame – tomo un poco con la mano y se lo froto en el cuello
Miguel:- Huele raro eso, Compadre
Tuerto:- Use también un poco usted – dirigiéndose a Miguel
Miguel:- Bueno no me gusta rechazar los ofrecimientos, así que voy a probar también de esa agua milagrosa
Tuerto:- Bien, ahora si ya podemos irnos
Los tres subieron al vehículo, y los isleños, volvieron a agarrarse fuerte de donde podían, mientras el carro avanzaba.
Tuerto:- Vean señores, vamos a ir a un centro nocturno por aquí cerca. Está en la terraza de un edificio, y además de comida y bebidas, hay un bailongo, para que puedan mover sus cuerpos con sus mujeres
Andrés: - ¿Qué es un bailongo?
Tuerto:- Es una fiesta para la “chusma”, digo, para la gente muy trabajadora de los alrededores de estas vecindades
Miguel:- ¡Qué bueno, estaremos todos en una fiesta! – estaba muy emocionado
De repente sonó el celular del Tuerto, y los hombres, comenzaron a buscar en todo el interior del automóvil, de donde provenía aquel sonido intermitente, hasta que el Tuerto, lo extrajo de uno de los bolsillos de su pantalón.
Tuerto:- Si, señor Cheng, todo va como viento en popa – bajo la voz para no ser escuchado – los voy a llevar a un bailongo que hay esta noche en la barriada – le sonreía a Miguel, que lo llevaba sentado a su lado - ¿Cómo?, ah, es que ellos quieren tener acción con unas mujeres, y usted sabe que las únicas que se asemejan al nivel de ellos, son las pobretonas de estos lados –y se rió a carcajadas – bueno mañana nos hablamos entonces, si, si, nos vemos en su oficina, adiós – y colgó
Andrés:- ¿Ya vamos a llegar?
Tuerto:- Veo que están muy ansiosos ¿ah?, No se preocupen que es a la vuelta de esa esquina
Miguel:- Compadre, ya las vamos a ver – le dijo con la cara feliz a Andrés
0-0-0-
Luna y Jade, solo le permitieron a Marbelly, que les pusiera en sus rostros un poco de color en la mejilla y sobre los parpados, así como un tipo de brillo en los labios, pero no se quitaron las blusas que ella les había prestado para salir durante el día, en cambio, Marbelly, se mudó con un vestido corto bien atrevido, ya que el escote era muy revelador, además de unos zapatos de tacones bien altos, y suficiente maquillaje en el rostro, que las chicas estaban asombradas por lo tan ataviada que iba su nueva amiga. Mientras Marbelly, finalizaba de darse los últimos toques, Luna, revisaba sus gavetas, en las que iba encontrando sostenes y tangas.
Luna:- ¿Te pones todo esto?
Marbelly:- Claro que si, Luna. Y todas las mujeres de la ciudad desde que comienzan a tener “bubis” – se toca los pechos - gastan mucho dinero en esas prendas.
Jade:- ¿Y todavía deben pagar por usarlas?
Marbelly:- Viéndolo así suena algo extraño – se sonrió
Luna:- ¿No sientes mucho calor ahí abajo?
Marbelly:- Hasta sudo como un cerdo, amiga
Luna:- ¿Entonces, por qué lo usas?
Marbelly:- Para que nadie me vea lo que hay detrás de la ropa interior
Jade:- ¿Te avergüenzas por lo que tienes?
Marbelly:- Nuestra cultura nos ha obligado a sentirnos mal si otros nos observan desnudas ¿Comprendes?
Luna:- No, no comprendo, porque al mundo todos llegan desnudos ¿no?
Marbelly:- Bueno, sí, pero cuando eres muy pequeña no tienes “bubis”, ni vellos, así que solo usas vestiditos, pero ya más grande debes usar los sostenes, las toallas sanitarias, y pues, dicen que por salud e higiene
Jade:- Tu cultura es muy complicada. Le tienen miedo a los cambios
Marbelly:- ¿A cuáles cambios te refieres?
Jade:- Naces desnuda, pero desde pequeña te van cubriendo cuando según ustedes, no tienen nada que esconder, pero a medida que la madre naturaleza va cambiando sus cuerpos, entonces les dicen que deben sentir vergüenza por las cosas con las que ella les han dotado, así que con toda seguridad, amiga, han sido ustedes los que inventaron todo ese miedo y esa vergüenza sobre lo que son
Marbelly, quedo con la boca abierta, ante lo que le pareció un locuaz análisis por parte de Jade, del porqué por más de 22 años ha tenido que estar usando algún tipo de vestimenta para esconder su desnudez, pero que era redituable para su trabajo.
Luna:- ¿No te gusta cómo eres?
Marbelly:- Claro que sí, porque a pesar del embarazo, tengo un buen cuerpo. De no ser así ya la patrona me hubiera tirado a la calle
Luna:- Entonces, ¿Sé tú misma? Y no lo que otros quieren que tú seas
Marbelly:- Pero entonces todo hombre que encuentre en la calle querrá acostarse conmigo; o tal vez violarme, o la policía me detiene y me lleva preso por inmoral ¿No lo creen?
Luna:- Un hombre querrá tener sexo contigo, estés con ropa o sin ella. Igual lo harán en contra de tu voluntad aunque estés vestida, o ¿No?, y la policía actúa porque otros se lo ordenan, pero ellos son hombres, que estarían de acuerdo a que no se gaste mucho dinero en ocultar su desnudez y ahorrarlo para algo más provechoso
Marbelly:- Me convencieron muchachas, voy a salir con ustedes, sin sostén ni tanga – acto seguido se desprendió de todas ellas mientras sonreía y las demás aplaudían celebrando la “liberación” de su amiga
Jade:- Haz dado el primer paso para ser tú misma, amiga
Marbelly:- Bueno, ahora con esa energía y alegría que demuestran, vámonos al bailongo
Luna:- Iremos contigo a donde sea – y se rió junto a Jade
Ya en la terraza, la gente poco a poco iba concurriendo al bailongo, entre ellos, el Tuerto, Miguel y Andrés. Éstos últimos, miraban a todos lados buscando a las isleñas.
Miguel:- Tuerto, ¿Dónde están?
Tuerto:- Ya vendrán, hombre, tranquilo
Andrés:- Pero usted dijo que ellas estarían aquí
Tuerto:- Y van a estar, les aseguro que ellas llegaran –y miraba su reloj, mientras susurraba para él - ¿A dónde estarán estas malditas perras que les dije que llegaran a las 7?
Miguel:- ¿Todo está bien?
Tuerto:- Claro, claro. Solo estoy viendo que todavía es muy temprano, así que vamos a tomar algo a la mesa
Andrés:- Buena idea, porque me siento un poco nervioso, como si fuera la primera vez
Tuerto:- Es muy normal, siempre todo parece como si fuera la primera vez
De pronto se oyeron unos gritos al otro extremo del salón, y se podían escuchar claramente que llamaban a los isleños.
Miguel: ¿Son ellas? – trataba de mirar entre la muchedumbre, hasta que determino quienes eran las que gritaban sus nombres, lo cual borró su sonrisa del rostro
Marcela:- Hola, Miguelito, que bueno que vinieron
Andrés:- ¿A ti también te invitaron a este evento?
Marcela:- Vamos, muchachos, yo les dije sobre este bailongo ahora en la mañana ¿No lo recuerdan?
Miguel:- Ah, sí es cierto – y saco el pedazo de servilleta que Marcela les habían entregado y pudo constatar que se trataba de la misma dirección y la misma terraza.
Serena:- Hola, Andrés – le saludo vestida con una llamativa blusa muy corta, y un pantalón muy ajustado del mismo color rosa, dejando ver su bien trabajado vientre y ombligo, además de un par de zapatos blanco con tacones
Andrés:- Hola – no la dejaba de mirar –perdón pero no recuerdo tu nombre
Serena:- Oh, disculpa, pero no te lo había dado, es Serena
Andrés:- ¡Serena! ¡Qué lindo nombre!
Marcela:- Oigan muchachos, esto se está llenando, vamos a escoger rápido una mesa para que no nos quedamos de pie
Miguel:- Bueno, vamos, entonces
Andrés:- Venga conmigo Serenita – y la tomo del brazo izquierdo, mientras ella sonreía
Marcela:- ¿Y usted no me va a tomar de la mano, Miguelito?
Miguel:- Pues, sí señora claro que sí
Marcela:- Vengase mi morenazo
Miguel:- Andamos con un amigo, y debo decirle donde vamos a estar, así que ya regreso
Se fue a buscar al Tuerto, quien terminaba de realizar una llamada en su celular, para confirmar que las prostitutas que él había conseguido, no le quedaran mal, pero nadie le contestaba.
Miguel:- Tuerto, mire, vamos a estar sentado por aquel lado, así que cualquier cosa que…
Tuerto:- Si, sí, claro que si, a penas las mujeres estén aquí, para allá se las llevo
Miguel:- Gracias
Tuerto:- Vayan, vayan, que me quedare por aquí, esperando a esas putas
Miguel:- ¿Perdón? – le preguntó para corroborar lo que había escuchado
Tuerto:- Que las “rutas”, eso – tratando de salir del tropiezo – que las rutas de los autobuses deben estar impidiendo que ellas lleguen a tiempo
Miguel:- ¿Qué son rutas, tuerto? ¿Y qué es eso de autobuses? – le cuestionó porque no había entendido nada
Tuerto:- Simplemente lo que intento decir, es que, ya pronto llegaran las mujeres ¿Si?
Miguel:- Bien, gracias, allá vamos a estar para que no nos pierda
Tuerto:- Vaya, vaya – cuando vio que se alejaba se sintió aliviado – ay, que par de idiotas estos, solo porque éste tiene un golpe de mula que no es jugando me los aguanto, porque si no, los mando a la chingada
Miguel, regresó a la mesa junto a su amigo, Marcela y Serena, en el punto alto del bailongo cuando ya éste estaba muy lleno, y la música de la discomóvil estaba bien alta que podía escucharse a una cuadra a la redonda, incluyendo el mismo edificio de 7 pisos, en donde se estaba desarrollando la fiesta. En el quinto nivel, del mismo edificio, Bernadette, y Katia, habían terminado de cenar, y la primera se fue a la preciosa sala cuyas ventanas estaban dispuestas hacia la calle, llevando consigo un gordo gato angora color blanco, con un collar alrededor de su cuello, donde colgaba un pequeño cascabel. Katia, se había comprometido a lavar los platos, y desde la cocina, no podía dejar de escuchar el estruendoso ruido que provenía desde la azotea. Luego, se unió a Bernadette.
Katia:- ¿Qué es lo que pasa allá arriba, Bernadette?
Bernadette:- Es la fiesta mensual del barrio, un bailongo
Katia:- ¿Un qué?
Bernadette:- Una actividad para alegrar a la clase trabajadora, organizada por las autoridades de la ciudad. Aquí, te entretienen con música de discomóvil y licor barato, mientras que ellos asisten a lujosas reuniones con buena comida y licor del más costoso
Katia:- ¿Usted ha ido a uno de esos bailongos?
Bernadette:- Empezaron hace cuatro años, y realmente, ya me había acostumbrado a vivir sola y a no salir a ningún lado. Me siento feliz estar aquí en mi hogar, con “Mielosa” mi pequeñita gatita. Gracias a dios, que hoy ella regresó solita porque pensé que me la habían robado, por eso fui ante esos idiotas policías, que de por sí no te ayudan en nada
Katia:- Espero que funcione para encontrar a mi hija
Bernadette:- Aparecerá, mi niña, tranquila. Oye, tú eres aún una mujer joven, ¿por qué no vas a distraerte un poco en el bailongo?
Katia:- ¿Usted cree que servirá de algo?
Bernadette:- ¿Te gusta bailar?
Katia:- Pues no hay ninguna isleña que no le guste bailar
Bernadette:- Te das cuenta, así que usa uno de mis vestidos si quieres, y ve un rato, te voy a dar la llave para que entres cuando ya desees regresar
Katia:- Gracias, Bernadette, voy a seguir su sugerencia para sacarme la angustia por mi hija, si no me voy a volver loca
Bernadette:- Lo entiendo, pues bien, vamos a mi dormitorio para ver que te puede quedar
Las dos mujeres, fueron al dormitorio de Bernadette, la cual parecía un camerino glamoroso de algún lujoso teatro internacional. Había fotografías de su esposo y ella, así como de su etapa como artista. Algunos galardones y reconocimientos por su paso en las tablas. Y en su armario, podían notarse muchos vestidos largos y elegantes, así como bufandas y algunos chalet, y muchos tipos de zapatos, y botas altas. Era como que en ese pequeño lugar el tiempo se hubiera detenido. Katia, acepto sustituir su kiput y tipit por un vestido largo de una sola pieza, pero sin ropa interior, así que resaltaban sus pezones.
Mientras tanto, Marbelly, Luna y Jade, llegaban a la azotea, viendo toda aquella cantidad de gente, bailando al ritmo de música desconocida para las isleñas, pero que hacían vibrar su cuerpo. Habían jóvenes, adultos, y de la tercera edad, todos reunidos para el bailongo. Unos tres chicos que vieron llegar a las mujeres, las abordaron para invitarlas a bailar.
Marbelly:- Vamos, chicas, vinimos a bailar
Jade:- Bueno, está bien
Las tres parejas fueron a la pista atestada de gente bailando a lo loco, por la música estridente y las luces multicolores que giraban en el centro, que mareaban a las mujeres. Pero Jade y Luna, dieron una muestra de baile sensual, lleno de flexibilidad y coordinación, que dejaron asombrados a sus parejas, incluyendo a Marbelly. El Tuerto, que estaba desesperado porque no llegaban las prostitutas que había contratado, pudo reconocer a Marbelly, como una de las muchachas que él conocía, laboraba en el burdel “El mejor Descanso” y sus ojos se iluminaron, ya que una magnífica idea le había brotado de repente y corrió a la pista, desde donde saco a la chica, jalada del brazo hasta una esquina del lugar.
Marbelly:- Hola, licenciado ¿Cómo está usted?
Tuerto:- Bien, bien. Pero ahora me alegra verte mucho, corazón, en estos momentos
Marbelly:- ¿Ah, sí? ¿Por qué?
Tuerto:- Necesito que me hagas un trabajo en este momento, te pagaré muy bien
Marbelly:- Ahorita no estoy trabajando, licenciado, lo siento
Tuerto:- Te pagaré tres veces la paga normal
Marbelly:- ¿tres veces? ¿Qué tengo que hacer?
Tuerto:- Hay un par de tipos que quieren pasarla bien, tu sabes, bailar, tomar y un poco de acción en la cama
Marbelly:- ¿Dos hombres?
Tuerto:- ¿Vienes sola?
Marbelly:- No, estoy acompañada por dos amigas
Tuerto:- Mejor aún. A cada una les pagaré por sus servicios
Marbelly:- Pero, es que ellas…
Tuerto:- ¿Se van a poner con trabas mi muñeca? – se molesto un poco - ¿Qué? ¿Acaso no crees que a tus amigas no les serviría ganar un poco de dinero fácil?
Aquellas palabras la hicieron reflexionar, porque en verdad que tanto Jade y Luna, no poseían mucho dinero para regresar a su hogar, y ya que ellas no veían como algo malo el sexo por el sexo, pensó que tal vez, no les ofendería plantearles el negocio de aprovechar esa noche, para estar con un par de desconocidos. Ella misma se preguntaba asimisma, que por sí habían llegado al bailongo a divertirse, comer, tomar y bailar, por qué no agregarle un poco de acción en la cama, y ganar buen dinero.
Marbelly:- Acepto licenciado ¿Quiénes son?
Tuerto:- Aquellos dos que están bailando con la vieja gorda y la linda rubia de ojos azules – les señaló donde estaban Miguel y Andrés bailando con Marcela y Serena
Marbelly:- ¿Y esas mujeres son sus acompañantes?
Tuerto:- No, claro que no, no sé quiénes son, pero ellos andan solos
Marbelly:- Licenciado ¿Me puede pagar por adelantado por favor?
Tuerto:- Claro, claro – de su bolsillo extrajo la billetera y le pago a ella
Marbelly:- Bien, voy a hablar con mis compañeras e iremos a hacer el trabajo. Descuide, se sentirá muy complacido con nuestros servicios.
Tuerto:- Gracias, linda, me acabas de salvar el trasero – se sintió más aliviado.
Por otro lado, Katia, venía en ese instante ingresando a la terraza, muy bien vestida.