CAPÍTULO 40

Salí corriendo del hospital, rogando a Dios que Roman aun estuviera, era el único que podría llevarme donde estaba mi padre y advertirle sobre lo que sucedería.

—¡Roman! —grité, al verlo aun en el estacionamiento. Hablaba por teléfono—. Por favor, necesitamos tu ayuda.

Se despidió rápidamente y colgó, viéndome impresionado al verme aquí.

—No quiero verte Luciana, ve y pídesela a Alessandro —abrió la puerta del auto y la cerré—. ¡Aléjate!

—Todo lo que dije fue para salvar a mi padre —aclaré rápidamente, él tenía que saber la verdad—. Pero ahora resulta que no valió la pena porque Alessandro no me creyó y ahora nos matara.

Este frunció su ceño, viéndome como si estuviera loca.

—¿Escuchas lo que dices? No entiendo nada.

—Mi padre mató al padre de Alessandro —sus ojos se abrieron con sorpresa—. Todo este tiempo ha estado buscando el asesino y hoy lo sabrá, lo que significa que ira hasta donde mi padre y sé que sabe en donde se encuentra por la sencilla razón que esta con mi tío y él trabaja para mi tío.

Dije desesperadamente, me subí en su automóvil y segundos después lo hizo él.

—Te ayudaré porque trabajo para tu padre y lo estimo mucho, no lo hago por ti… ¿entiendes? Después de esto no quiero que me vuelvas a buscar Luciana.

—Roman, entiende tuve que decirlo para que no saliera del hospital y no supiera quien había matado a su padre —expliqué, nuevamente desesperada.

No quería perderlo, era tan egoísta cuando se trataba de él.

—¡Entiende tú! —gritó, golpeando el volante—. Entiende por favor, no puedes querer a dos personas y no me quedaré a esperar como al final decides quedarte con Alessandro, te lo advertí y no hiciste caso. ¡No soy tan idiota!

Mis ojos se llenaron de lágrimas mientras negaba levemente.

—Pero —me interrumpió rápidamente.

—No sigas, nada de lo que digas hará que cambie de opinión —sus ojos también se llenaron de lágrimas—. Esto me duele más que a ti, con ustedes dos dejo mi corazón, así que no te atrevas hablar, no hagas que me duela más…no hagas nada más por favor.

Cerré mis ojos y me tragué mi llanto, mi corazón palpitaba tan rápido, quería solo estar entre sus brazos y que todo esto fuera un sueño.

Me odié aún más, porque había dañado las más bueno que había llegado a mi vida, no supe cómo mantenerlo, tenía oro en mis manos y lo solté.

Me sequé la lagrimas que cayeron y no dije absolutamente nada durante todo el camino, la tensión se respiraba en el ambiente.

Tenía tantas cosas por preocuparme, no sabía ni en quien pensar.

Mi pierna se movía una y otra vez, tenía miedo y sentía una opresión en mi pecho, algo muy malo sucedería y esperaba llegar a tiempo para evitar la masacre.

Cuando el auto se detuvo en lo que parecía ser una bodega, lo volteé a ver confundido.

—¿Dónde estamos? —pregunté.

—Este es uno de los cinco lugares donde tu familia se reúne a planear —se quitó el cinturón y abrió la puerta—. Ahora quédate aquí, yo les avisaré.

Aun enojado se preocupaba por mí, mi corazón dolía un poco más.

—Seguir las reglas nunca fue una opción —respondí.

También me bajé junto con él. Rodo los ojos y suspiró.

—¿Qué haces aquí Roman? —preguntó de la nada un grandulón.

¿De dónde había salido él?

—Venimos a ver al señor Ivanov —explicó tranquilamente.

—No pueden pasar, están en una reunión muy importante —Roman iba a hablar, pero lo enmudeció—. No insistas y por favor váyanse, necesito estar en mi lugar de trabajo.

¿Acaso él no sabía quiénes éramos?

—¿No sabes quién soy? —pregunté enojada, no tenía tiempo para estúpidos—. Soy la hija de Alexander y hermana de Noah, ¿sabes eso en que me convierte? ¿sabes si quiera que puedo hacer si no abres la maldita puerta?

Este me vio totalmente sorprendido y miró al hombre a mi lado, quien asintió. Corrió hacia la entrada y abrió la puerta para nosotros, sonreí falsamente y caminé rápidamente hacia dentro.

No entendía porque aún no me conocían algunos de los trabajadores de padre y hermano.

Iba a gritar para llamarlos, pero estaban al frente de mis narices sentados en una mesa en la mitad del lugar, estaban sonriendo hasta que voltearon a vernos, sus rostros mostraban confusión en la máxima expresión. No pasó mucho tiempo cuando se levantaron con cara de pocos amigos.

—¿Mataste al doctor Ángelo Sokolov? —cuestioné, viendo fijamente a mi padre. Se sorprendió por mi pregunta y rio—. Respóndeme papá, por favor, quiero escucharlo de tus labios, aun guardo la esperanza de que no lo hayas hecho.

—¿Quién es Ángelo, papá? —preguntaron Noah y Luciano al unísono.

—¿Por qué haces esas preguntas sobrina? —quiso saber Nikon, tenía una sonrisa sádica en su rostro.

—¡Papá! —grité, sabiendo que no tenía tiempo.

—Sí, lo mate antes que él lo hiciera conmigo —respondió, sin ninguna clase de arrepentimiento.

—¿Qué? —me acerqué hasta el totalmente fuera de base—. ¿Qué quieres decir con eso?

—Me enteré que contrato a unos rusos para que me mataran y así poder estar con tu madre, es simple… era él o yo y déjame decirte que a ningún maldito le dejaría a tu madre, entonces ordené su muerte —se encogió de hombros despreocupado—. ¿Por qué vienes hasta acá y me preguntas esa mierda del pasado?

Eso cambiaba las cosas, bueno eso quería creer.

—Tenía un hijo, Alessandro Sokolov, el padre de tu nieta, trabaja en la clínica y también para mi tío, el cual sabia los planes que tenía desde siempre…Matar al rey de la mafia rusia, la persona quien mandó a matar a su padre en sus narices —las lágrimas empezaron a salir, me sentía impotente con respecto a todo lo que había sucedido—. Sabe que eres tú papá y supongo que sabe que estas aquí con mi tío.

—¿Cómo es que sabias esto y no me lo habías dicho? —le exigió a su hermano, quien ahora me miraba totalmente serio.

—¿Tú también lo sabias Luciana? —inquirió Noah, asentí—. ¡¿Qué mierdas tienen en la puta cabeza ustedes dos? ¡¿Por qué exponer de esa manera la vida de mi padre?! ¡tenían que haberlo matado desde un principio.

Sacó su teléfono y empezó a teclear algo rápidamente.

—¿Qué haces? ¿a quién le escribes? —me asusté, corrí hasta él para intentar arrebatarle el teléfono—. No habrás dado la orden, ¿cierto?

—Si me pones a elegir por tu amor o mi familia, elegiré mi familia —respondió entre dientes.

—¡Y si tenías que haber decidido entre Zeynep y nosotros! ¡¿Qué habrías elegido?! —lo empujé exaltada—. Es el padre de mi hija, no pueden matarlo…papá, por favor.

Volteé a mirarlo y le supliqué con mi mirada.

—Me quiere ver muerto Luciana, no descansara hasta cumplirlo —respondió—. Roman es el padre de tu hija, nadie más.

—¡Mataran a un inocente! —grité, viéndolos a los ojos para tratar de que entendieran— ¡Mataron a su padre! ¡era solo un niño y tuvo que verlo todo! ¡¿Qué esperan que hiciera cuando grande?!

—¿Estás diciendo que lo prefieres a él antes que a nuestro padre? —preguntó Luciano con su ceño fruncido.

Los miré asustada y negué.

—Estoy diciendo que puedo hablar con él, me escuchará, siempre hay otra manera, pero por favor, no lo maten…el entenderá, papá, no puedes hacerlo.

No estaba segura si lo lograría, pero haría hasta lo imposible.

—Hija…

Una fuerte explosión retumbo en todo el lugar, mandándonos al suelo de inmediato. Varios escombros habían caído encima de nosotros, no podía ver por causa del humo.

—¡¿Te escuchará?! —gritó Nikon irónicamente—. Así de bien escucha tu amorcito.

—Manda refuerzos —alcancé a escuchar a Noah—. Esten atentos a cualquier posible movimiento.

—¿Qué mierda? no puedo ver nada, Noah —rugió Luciano—. ¿Cómo mierdas me pides estar atento a un movimiento?

—¿Acaso te olvidas que estuvo ciego? —Nikon en verdad se estaba ganando con gusto un tiro de mi parte—. Hermano… ¡Alexander contesta! ¡No lo encuentro joder!

Mi corazón se detuvo en un solo segundo, me levanté y empecé a tantear todo cosas, en busca de papá.

—¡¿Dónde está papá?! ¡papá! —grité en llanto. Estaba pasando algo malo justo en nuestras.

—Lo buscaré —dijo Roman.

Mientras los otros empezaban a cargar sus armas y a llamar a no sé quiénes, yo corrí hacia Roman y fui con él.

—¿Crees que Alessandro se lo haya llevado? ¿Acaso hay un acceso más rápido para salir?

—Emm, no claro que… —se quedó en silencio de repente—. ¡Al suelo!

Una lluvia de disparos empezó por todo el lugar, esto estaba tornándose turbio y ¡no podía morir! ¡tenia a dos hijos esperando por mí!

—¿Qué vamos hacer? —pregunté, no tenía nada con lo que pudiera defenderme.

—Sí hay otro acceso, tal vez salieron por ahí. Agarra fuerte mi mano y no me sueltes —gritaba por encima del ruido.

—Nunca.

Empezamos a correr como si no hubiera un mañana, me dejé guiar sin cuestionar, confiaba en él con todo mi corazón.

Llegamos hasta una puerta algo pequeña, pero estaba trancada. Le disparó a la cerradura y abrió la puerta de un golpe.

Ahogué un grito al ver la escena.

Roman reacciono colocándome detrás del, pero no era una opción esconderme cuando ambos amores se desafiaban y apuntaban sus armas al otro.

—¡No! —grité, corriendo hasta ellos, colocándome justamente en el medio, dispuesta a recibir esos disparos por ellos—. Por favor.

—Luciana quítate —gritaron al unísono. Cargando sus armas.

—Papá, es el padre de mi bebé —dije desesperada—. Mamá no te perdonara y yo tampoco.

—Luciana —gruñó.

Volteé a ver a Alessandro, quien tenía sus ojos rojos.

—Sé que mató a tu padre y lo siento muchísimo, de verdad, pero…era él o tu padre y decidió vivir…actuó más rápido que tu Angelo. Por favor perdónalo, es mi padre, por favor —apretó aún más el arma en su mano, ni siquiera me veía a mí, solo aniquilaba con la mirada a mi padre—. Alessandro tienes a una hija, ¿quieres que crezca sin padre, así como tú lo hiciste? —esa pregunta lo había desestabilizado, pues por un segundo tuve toda su atención, pero volvió a mirar a su objetivo.

—No quiero que hables, no quiero que me mires, no quiero nada contigo —exclamó de una manera tan sofría, me asuste al escucharlo—. ¿Te burlabas de mi a mis espaldas? El idiota encontrando el asesino de su padre y tu sabiéndolo desde siempre, ¡Eres tan sínica! ¡Me propusiste ayudarme a encontrar al asesino cuando siempre lo tuviste al lado!

—¡Te prohíbo que grites a mi hija! ¡¿Acaso quieres que acabe ya contigo?! —bramó mi padre.

—Permíteme reírme un momento —respondió.

Roman solo los miraba una y otra vez, sabía que estaba pensando la manera para evitar una catástrofe, él la encontraría.

—Si le disparas a mi padre, te juro que no nos volverás a ver en tu vida porque habrás elegido tu venganza por encima de nosotras y tu papá —volteé a verlo—. Si le disparas, si tú lo haces elegiré el amor antes que a mi familia.

Alessandro empezó a reírse sin parar, lo que nos desconcertó a todos. Si Alexander aún no había disparado significaba que estaba considerando la posibilidad, él no lo haría por mí.

—No tienes derecho Luciana, no alguien tan mentirosa como tú.

La puerta por la que habíamos entrado se abrió de repente y dos tiros se escucharon.

—¡No! —gritó papá y volteé a verlo, asegurándome que no estuviera herido y entendí, cuando seguí su mirada.

Noah apuntaba su arma, a la dirección de Alessandro, quien ya estaba en el suelo.

—¿Qué hiciste? —fui a golpear a Noah, pero un tercer disparo se escuchó, todo mi cuerpo estaba tensionado y no quería voltear a ver, no otra vez, no.

Sentí un bajón y me puse totalmente fría.

Los ojos de mis hermanos se abrieron como platos y fue ahí donde mi peor miedo se hizo realidad. Todos corrimos hacia mi papá, quien empezaba a votar sangre por la boca.

—Oh no, no lo hagas papá —exclamé, buscando en donde estaba la herida, todo su abdomen estaba lleno de sangre—. ¡Resiste! ¡Solo hazlo! ¡Yo te curaré, estoy estudiando para eso… ¿recuerdas?

—¡Mierda! ¡maldito! ¡Te mataré! —gritaba sin parar mi hermano mayor, pero lo detuve, agarrando su brazo y haciéndole una llave para quitarle su arma.

—¡No! Si papá no le disparó fue por algo, así que tu dejaras de joder todo y me llevaras con papá al hospital, ¡todo esto es tu maldita culpa!

Me miró sin poder creerlo y se fue.

Nikon y Luciano lo cargaron y fuimos lo más rápido que podíamos hasta los automóviles, había tantos escombros que nos retrasaban.

Mire a mi lado y Roman no estaba por ningún lado, lo que me hizo saber que estaba con Alessandro, él no lo dejaría morir, lo salvaría muy a pesar de todo.

Saqué el teléfono de mi bolsillo y marqué a mi madre, quien necesitaba tener todo listo cuando llegaremos.

—Luciana.

—Ma-Mamá…le han disparado a papá —sollocé, entrando en el automóvil y pidiendo que le quitaran la camisa—. Tiene mucha sangre y no encuentro el lugar…no sé qué hacer, ayuda…mamá, mamá contesta… ¡mamá! —grité, trayéndola de nuevamente a la realidad.

—¡Te calmaras Luciana! ¡En tus manos tienes al amor de mi vida y lo tendrás vivo hasta que lleguen aquí! ¡¿me entendiste?! —gritó, su voz era temblorosa.

—S-Sí —susurré.

—Vas a tocar y necesito que revise —la llamada se cortó de repente y grité de la frustración, tirando el celular.

Empecé a palpar hasta que pude encontrar el orificio por donde había entrado la bala y lloré aún más, mi respiración estaba siendo escaza y empezaba a marearme.

—E-Esta sa…saliendo air…aire —me asusté horrores y me quité mi camisa y la puse encima del orificio—. Papá resiste, por favor hazlo.

Si mi padre no vivía, si él me llegaba a dejar sola, yo acabaría con Alessandro, aun cuando lo amara.