CAPÍTULO 39
Estaba verdaderamente feliz mientras caminaba por el hospital, Elian seria mi hijo, claro que sí o me dejaba de llamar Luciana Ivanov, quería darle esta oportunidad y esperaba que él me la diera a mí, ambos sanaríamos nuestras heridas.
Unos gritos se empezaron a escuchar y maldije internamente, sabía de quien se trataba, incluso Mia quien estaba dormida y ahora tenía sus ojos completamente abiertos a la espera del estúpido.
Caminé más rápido para no toparnos, pero jamás tenía suerte en esta vida.
Alessandro venia gritándole a unos pobres internos, esperaba que nunca me gritaran o no sabría lo que podía pasar.
—¡Casi se muere con un procedimiento tan malditamente fácil! ¡¿Qué es lo que hacen la facultad?! ¡No puedo pasar en alto esta…! —nuestras miradas se conectaron y se calló abruptamente—. Vayan hacer tactos, a ver si no desgarran a nadie.
Estos corrieron despavoridos.
Que pesar.
—Oh, pero si es mi princesa —se acercó hasta el coche y sacó a Mia, su ceño fruncido ya no estaba, ahora sonreía feliz mente al verla—. Pero si estas más hermosa cada día.
Mia hacia ruidos extraños y no dejaba de mirarlo.
Hasta ella era débil.
—Debemos irnos —dije incomoda mientras miraba a los lados. No podía seguir un minuto más junto con él.
—¿Por qué? —me miró confundido—. No la veía hace días, no puedes hacer esto.
—Oye si quieres verla, habla con Roman y ambos arreglaran el día y tal vez él te lleve a la niña…no sé, tengo que irme —estiré las manos para que me pasara a Mia, pero negó.
—Trataré contigo, tú eres la mamá —frunció su ceño—. ¿Acaso te dijo que no estuvieras a mi lado? Es por eso que estas incomoda y no dejas de mirar a los lados.
Sí.
—Ningún hombre me dice que hacer —quise reírme.
—Haremos como que te creo —empezó a caminar y me miró—. Vamos a mi consultorio, es mejor y no nos van a ver.
Alerta roja, corre corre.
—¿Aprovechas la situación para estar a solas conmigo? —alcé una ceja y sonreí de lado.
Estaba por sonreír, claro que lo iba hacer, pero apretó sus labios y siguió caminando.
—Idiota —susurré lo suficiente alto como para que escuchara.
—No más que tú, nena.
Ok, era la primera vez que me decía algo como eso, mi estúpido y traicionero bobo de mi corazón se aceleró al escucharlo.
Agarré fuerte el coche y suspiré, solo estaría un tiempo con su hija y me iría…nada más sucedería.
Cuando llegamos a su consultorio me ofreció sentarme en uno de los muebles y lo hice, contuve mi aliento cuando se sentó al lado.
¿Por qué no me había sentado en el pequeño?
—Mia es muy hermosa —dijo, viéndola embobado—. Solo hay que mirar a su padre para darse cuenta.
Lo miré sin dar crédito a lo que decía. ¿Dónde quedaba yo?
—¿Perdón? —inquirí demasiado ofendida—. Gracias a mi vientre y a mi es así, no te tomes atribuciones que no te pertenecen.
Volteó a mirarme con su ceño fruncido y me recorrió con su mirada para después encogerse de hombros.
—Como sea, nuestra hija es la más hermosa y te digo yo que he visto infinidad de bebes.
—Y vaginas —murmuré y disimulé una falsa tos.
—No te imaginarias los diferentes tipos de vaginas que se encuentra —lo miré asombrada y se encogió de hombros...nuevamente.
—Pero solo una me ha causado fascinación, es perfecta y podría tener todo el tiempo mi boca en ella —Abrí mis ojos sorprendida. ¿Qué mierda? —. ¿No me preguntaras cual vagina es?
—¿Piensas que me gustaría saber esa información? ¿Qué mal hay contigo? ¿Cómo pude tener una hija contigo?
—Tú vagina Luciana, es perfecta y a simple vista parece un colchón ortopédico, es lo suficiente rellena y cómoda para habitar en ella.
¿Qué acababa de escuchar?
Ambos nos miramos fijamente por varios segundos hasta que empezamos a reírnos sin parar.
No podía con él.
—Eres realmente idiota, Alessandro —tenía mis mejillas calientes—. ¡Estúpido!
Solo ladeó su cabeza mientras me miraba fijamente.
—Solo soy sincero —asentí lentamente y suspiré—. Te ves linda sonriendo.
—El tiempo se acaba, así que aprovéchalo y mira a tu hij..
Estrelló sus labios con los míos abruptamente. Abrí mis ojos sorprendida por el arrebato que había tenido y me alejé de inmediato.
—Qué sea la última vez —exigí enojada, él no podía hacerlo.
—Ambos sabemos que no lo será Luciana, te besaré cada vez que quiera y tu podrás hacer lo mismo conmigo. Ahora pasemos un momento agradable en familia, estoy muy feliz y no quiero que lo dañes.
—¿Feliz? ¿Por qué? —quise saber. Había admitido que estaba feliz, tenía que saber la razón.
—En un par de horas sabré quien es el asesino de mi padre —me congelé en mi sitio al escucharlo—. Después de matarlo podré darle un futuro a mi hija y a ti.
—¿Ma-Matarlo? ¿Cómo sabes que es el asesino? —inquirí, respiré profundo tratando de tranquilizarme, no podía notar mis nervios.
—Tengo a personas trabajando para mí y hoy después de tanto sabré quien mató a mi padre —jamás lo había visto sonreír de esa manera—. Quería decírmelo, pero no quería enterarme estando acá…donde él trabajo y ya esperé muchos años… ¿Qué son tres horas? Además, necesitaba esperar a un grupo de hombres que me ayudaran.
—¿Tres horas? ¿Cuándo te vayas lo sabrás? —asintió.
Por primera vez en mi vida no supe que hacer, estaba entre la espada y la pared. Él no podía saber que era mi padre y que yo lo sabía todo este tiempo, mierda.
Tenía que elegir.
¿Familia o amor?
Le quite a Mia de sus brazos y la puse en su coche, decidida hacer hasta lo imposible para que nadie muriera.
—Venganza o nosotras, Alessandro —dije firme, viendo como la sorpresa pasaba por su rostro. Se levantó de inmediato.
—¿Qué?
—¿Venganza o nosotras? —pregunté, alzando una ceja—. Si eliges venganza tenlo por seguro que jamás en tu vida nos vas a ver, pero, si nos eliges…dejaré a Roman y nos iremos hoy mismo, ahora, los tres…cuatro, después te explicaré…elige.
—¿Estas loca? —quiso saber—. ¿De qué se trata todo esto? ¿Qué pasa? ¿Acaso serias capaz de dejar a Roman por mí?
Jamás sería capaz de dejar a Roman, pero no quería que nadie muriera y esta era la única opción.
—Responde —insistí.
—Mataré al asesino de mi padre, después nos iremos —negué.
—¡Malditasea! Elige porque yo lo estoy haciendo justo ahora —empezaba a entrar en pánico.
Si le daba aviso a mi familia era muy probable que lo mataran y si dejaba que él descubriera quien era el asesino mataría a mi padre.
¡No podía permitir ninguna de esas dos muertes!
—¿Por qué me pones a elegir con esto? —cuestionó, se veía turbado—. Sabes cuánto deseo matar a ese Rey, no descansaré hasta hacerlo. ¡Me quitó a mi padre! ¡¿Entiendes eso?!
—No grites o Mia se asustará —advertí, viéndola de reojo—. Entiendo que te duela, pero tienes que dejar el pasado, ya perdiste a tu prometida, ahora también nos perderás a nosotras dos, esa venganza te está consumiendo.
—No, es otra cosa Luciana —agarró su cabello y tiró del—. ¿Temes que me entere quién es? ¿acaso sabes quién mató a mi padre?
No retiré la mirada, aun con nervios lo desafié y no parpadee.
—Deja de decir estupideces.
—Estupideces las que acabas de decir, no creo que dejarías a Roman por mí. Deja de mentir.
Mis ojos se pusieron vidriosos y sabía que lo que diría sería una apuñalada a mi corazón.
—Lo dejaré —susurré. Alzo sus cejas sombrado y sonrió pedante.
—¿Acaso no es el chico perfecto? ¿acaso no lo amas? Explícate Luciana, porque no entiendo.
¿Qué más explicación necesitaba?
—No me hagas decirlo —supliqué.
—Necesito escucharlo, porque de lo contrario no podré elegirlas.
Mi papá, Mi papá.
—Es el chico perfecto, el hombre más amoroso, tierno, sincero, Rosel que hay y yo lo amo, pero no soy suficiente para él y…aunque te quiera matar la mayor parte del tiempo, la atracción y el querer estar contigo es mucho más fuerte que todo… incluso que mis sentimientos por…
—No lo digas —mi corazón se detuvo al escucharlo detrás de mí.
Miré Alessandro que seguía portando la misma sonrisa orgullosa en su rostro y volteé a verlo, todo sucedió en cámara lenta, no sentía el latir de mi corazón, estaba fría y quise morir en ese momento al ver su mirada.
—Yo…Yo —no me salía nada, las palabras habían sido llevadas por el viento.
No podría hacer ni decir nada justo en ese momento para justificar mis palabras, ni siquiera para que su valioso corazón no sangrara.
La vida de mi padre estaba en riesgo.
—Todo está claro —asintió y cuando tenía que verme con odio, con ira, no lo hizo y eso me partió aún más—. Adiós.
No, no azotó la puerta y todos sabíamos por quién.
—Sabias que estaba atrás mío y me hiciste decir palabras que no quería, me hiciste herirlo —lo miré con verdadero odio mientras lagrimas caían de mi rostro—. ¿Por qué hiciste eso?
—Porque era necesario, ¿piensas que serás feliz con ese hombre?
—En cada momento lo fui —aclaré.
—Perfecto, entonces vete con él y déjame vengar la muerte de mi padre —señaló la puerta enojado.
—Te estoy diciendo que dejaré a Roman por ti, que me di cuenta que, aunque lo ame a él, quiero estar contigo y además después de lo que escuchó jamás querrá saber de mí.
—¿Venganza o ustedes? —se preguntó asimismo y rio. No lo vi venir cuando agarró mi mandíbula apretando fuertemente y me estampo en la pared—. Quiero creer, deseo hacerlo con todas mis fuerzas Luciana, porque no soportaré enterarme que todo este tiempo tu sabías quién mató a mi padre. Tú, la madre de mi hija y la dueña de mí, no lo soportaré.
—N-No —murmuré como podía.
—Haces todo esto por encubrir a alguien y cosas de antes me hacen tener respuestas a comportamientos y acciones tuyas —unió nuestras frentes y suspiró—. Tú no dejarías a Roman, me lo dijiste. No te perdonaré Luciana y te mataré si me llegó a enterar que lo sabias, te mato sin detenerme un momento a pensar que eres para mí.
Me soltó rápidamente y se fue, dejando mi corazón a mil.
Rápidamente saqué mi teléfono móvil y marqué a mi tío Nikon quien después de cinco minutos insistiendo no me contestó, como tampoco Luciano ni Noah y ni hablar de mi padre.
Llamé a tía Anto, diciéndole que viniera a recoger a Mia, esta no se tardó y se la dejé a cargo, no sin antes preguntarle donde estaban los hombres de la familia y tener un mini infarto al saber que estaban en una reunión afueras de la ciudad.