Chapter 39: CAPÍTULO 38

Una semana después.

—¿Todo va bien con la niña? —le pregunté a mamá.

Hoy ambas teníamos revisión y todo estaba bien conmigo, así que ahora revisaba muy feliz a su nieta.

—Todo muy bien —empezó a besar sus mejillas sin parar—. Mi nieta es una niña muy saludable.

—Que bien —sonreí, viéndolas ambas—. ¿Puedes vestirla tu?

Esta asintió sin ningún problema.

—Tú no estás bien —dijo, volteándome a ver con su ceño fruncido—. ¿Qué ha pasado?

Me sentía un poco incomoda hablar con mamá sobre mi vida amorosa, jamás habíamos tenido ese tipo de confianza tan fuerte con respecto a ese ámbito, como para que lo hiciera.

—Es que…

La puerta del consultorio abriéndose abruptamente me interrumpió, por ella entró una enfermera y parecía estresada con un recién nacido en brazos.

—¿Qué es esa manera de entrar? —reprendió mamá, terminando de vestir a Mia y cargarla para calmar el llanto que empezaba hacerse más fuerte.

Ella odiaba los ruidos así de repente.

—¿Acaso no sabes que debes tocar? —cuestioné enojada—. Mira lo que hiciste, ahora mi hija llora.

—Lo siento —susurró apenada—. Es urgente, la leche de su madre ya se acabó y no quiere recibir formula, no hay más leche materna congelada.

Fruncí mi ceño confundida y volteé a ver a mamá.

—Nació el mismo día que Mia y su mamá murió tres días después, tenía una enfermedad terminal. Ahora lo tenemos a cargo hasta que encuentre una familia adoptiva o de paso —me explicó, solo asentí levemente.

Fui hasta él niño que lloraba sin parar y lo cargué, Mia no se enojaría si compartiera un poco de su banco de leche.

Me senté y descubrí la manta que tapaba su rostro. Abrí mis ojos sorprendida al ver al bebé, era muy hermoso…divino y sus ojos… oh sus ojos me recordaban a los de Noah y mi padre.

Aparté los botones de mi blusa y saqué mi seno derecho y lo acerqué a su boca, apreté mis labios por el dolor que causaba, succionaba muchísimo más fuerte que Mia.

—Duele —susurré, cerrando mis ojos y tratando de tranquilizarme.

—Los niños lo hacen aún más fuerte —respondió la enfermera, parecía feliz—. Gracias.

Solo asentí y continué observándolo. Era realmente hermoso y no podía parar de verlo.

—¿Cómo se llama? —pregunté, acariciando su mejilla.

—Elián —respondió mi madre un poco tensa—. Caroline, por favor ya llévalo y sácale los gases, resolveré el asunto.

—¿Qué? no aun no —me negué, atrayendo más a Elián a mi—. Aún no termina de comer, ¿Qué te pasa mamá? ¿acaso no te da lástima este bebé? Tiene hambre y no ha encontrado nada más que leche por medio de un maldito biberón, necesita esto.

—Vete, yo lo llevaré —se dirigió a Caroline, esta sorprendida asintió y se fue—. Lo que tú necesitas es agarrar a Mia e irte a casa, lo que pase en mi hospital yo lo soluciono.

¿Qué sucedida con ella?

—¿Qué te molesta? ¿acaso es malo que haga esto? —negó levemente—. ¿Entonces?

—Vi como lo miraste Luciana —susurró, viéndome fijamente a los ojos—. Nació el mismo día que Mia, es un niño y está solo en este mundo…no hay que ser bobos para saber que te afectó.

Bajé mi rostro, sintiendo ganas de llorar de repente.

—Solo es un niño que necesita leche, y se la daré si puedo hacerlo —insistí.

—Sabes que es más que eso —respondió, sentándose a mi lado.

Vi a mía en sus brazos y después miré a Elián, aunque parecía locura ambos tenían cierto parecido…incluso en el color de sus ojos.

—¿Qué estas tratando de decir? Sé clara.

—Es tu vida, sé que ya tienes una familia, pero no es conveniente que pienses en adoptar a este niño, con Mia basta, aun eres muy joven, aun no terminas tu carrera y con dos niños seria complicado.

Abrí mis ojos sorprendida por lo que escuchaba.

¿Se había hecho toda esa película en este poco tiempo? ¿Acaso estaba loca?

—¿Te das cuenta que si mi héroe habría nacido serian dos? —inquirí—. Tendría que saber cuidar a dos bebes sin descuidar mi carrera, lo tendría que hacer, así que no veo porque dices eso —estaba por hablar, pero me adelanté—. Pero no había pensado en adoptar a Elián.

—¿No lo pensaste? —cuestionó aliviada, pero al ver mi sonrisa suspiró resignada—. No lo pensaste hasta que lo dije, ¿cierto?

—Sí —sonreí, viendo como soltaba mi pezón, lo levanté y lo llevé hasta mi hombro para sacar sus gases—. ¿Y si queda con una familia que no pueda darle todo lo que necesita? Yo puedo darle todo y mucho más, además creo que Roman no le importaría tener otro bebe...y es tan pequeño y perfecto. Será un secreto de familia, nadie excepto nosotros sabrá que es adoptado, tampoco él lo sabrá.

—No lo sé Luciana, te prometo que me encargaré de que lo adopte una familia que le dará amor verdadero, pero tu no.

—¿Por qué no?

—Tu relación no pasa por el mejor momento y siendo sincera, no creo que dures con Roman, aunque él te ame y tú a él, te gusta otro tipo de amor cariño. Eres igual que yo.

—Defíneme igual —dije un tanto insegura.

—Luciana, creo que es momento de hablarte un poco sobre como éramos nosotros con Alexander cuando éramos novios.

—Nunca lo dicen, ¿Por qué ahora me dirás?

—Mira, tu padre era irritable y no estaba acostumbrado a una relación así que la mayoría de veces quería matarme, no lo decía, pero lo sabía —se rio recordando—. Él era poco paciente, yo demasiado toxica…vivíamos al límite, después supe que era un mafioso así que entendí que el matarme era literal y aun así lo acepte porque lo amaba, además muy dentro de mí me gustaba vivir así, no ser como una pareja normal, tener esa adrenalina siempre en tu interior sin saber que pasara el día de mañana o mientras duermes.

Fruncí mi ceño confundida.

¿Cómo esos dos habían podido seguir hasta ahora?

—¿Cómo lo lograron? —quise saber demasiado interesada.

—Porque éramos el complemento exacto del otro, además cada día era un día totalmente diferente…aun lo sigue haciendo y eso hace que no se apague la llama del amor.

—Es una bonita historia —sonreí, mirando de reojo al pequeño. Estaba dormido—. Quiero a dos hombres y no es que sea inmadura, no puedo evitar que mi corazón lata por ellos dos. Amo a Roman, él es el hombre que siempre soñé con tener y ahora que lo tengo no puedo dejar de pensar en otro hombre, mamá. ¿Qué hago?

—El papá de Alessandro gustaba de mí, mi maldito jefe que hizo de mi internado una mierda, ¿puedes creer que era su manera de expresar su amor hacia mí?

—¿Quién expresa el amor de esa manera? —pregunté, callándome de inmediato cuando su maldito hijo vino a mi mente—. Alessandro también lo hace, aunque lo niegue sé que me quiere y…oh mamá ha sido tan intenso con él, me apuntó con un arma, me dejó atada a un árbol por casi un día entero, me amarró, tuve que tirarme por las escaleras, después pelear con él…

—Espera, espera…alto Luciana —su mirada estaba horrorizada—. ¿En qué momento pasó todo eso? ¿acaso vives en una película? ¿Acaso ese idiota quiere que lo mate?

Empezaba alterarse cada vez más, tenía que calmarse o mi hija lloraría.

—El me hace vivir en una película de acción cada día que paso con él.

Ambas nos miramos sorprendías por lo que había salido de mi boca.

¿Ay por qué humillarme de esa manera?

—Es lo más cursi que ha salido de tu boca —sonrió abiertamente, picándome la costilla con su mano libre—. Mi hija está enamorada, enamorada ¡Oh por dios! ¡no puedes estar enamorada de dos hombres!

Los niños empezaron a llorar y la miré mal, odiaba que lloraran por algo así.

—Ya mi amor, todo está bien —susurré, meciéndolo suavemente—. Háblale con mucho cariño, mamá. Solo así se calma, culpa a Roman por mimarla tanto en tan poco tiempo.

—¿Es por eso que estas así? ¿no sabes con quién estar? —preguntó curiosa.

—Roman me prohibió volver hablar con Alessandro sin el presente.

—Es normal, me alegro que lo haya hecho porque si estas con él es con él, con nadie más —me reprendió—. Si estás muy confundida termínale y tomate un tiempo sola, necesitas aclarar que quieres en tu vida y teniéndolos cerca no podrás, te confundirán el corazón constantemente.

Ella tenía tanta razón, pero no podría hacerle algo como eso a Roman, yo lo amaba y él era el tipo de hombre que todas deseamos, es tan perfecto y tan hermoso, joder era él, pero… ¡maldito Sokolov!

Ese hombre me desestabilizaba y amaba cada cosa vivida con él, su maldita forma de ser era tan atrayente y amaba que fuera así. Era una masoquista.

—Roman me conviene, Alessandro no —dije.

—Ambos me agradan y cualquiera que elijas será el indicado —¿acaso eso me ayudaba en algo? —. Sabes que amamos a Roman, se ha ganado nuestro corazón y la confianza de tu papá, Alessandro aun él no sabe que es hijo de mi viejo amigo, de lo contrario creo que ya no estuviera aquí en Rusia.

—¿Sabes qué pasó con el papá de Alessandro? —pregunté, negó levemente—. Mamá está muerto, murió hace años. ¿Cómo es posible que no lo sepas hasta ahora?

Esta frunció su ceño, viéndome atónita y confundida.

—Imposible, Alessandro me dijo que estaba bien y …

—Te mintió, su padre está muerto y lo mataron delante de sus ojos, el rey de la mafia rusa, tu esposo.

Su cara se puso pálida de inmediato y cerró sus ojos por unos segundos, cuando los abrió, me asombre no ver lágrimas, en lugar de eso había mucha ira contenida.

Dejó a Mia en su coche y me miró una última vez antes de salir de su consultorio.

—Dejaré dicho para que empiecen los trámites de adopción, pero por ahora tienes que dejarlo aquí —estiró sus brazos para cargarlo y se lo di.

—Está bien mamá, ¿pero a dónde vas? —me levanté—. No puedes decirle a mi padre, es capaz de matarlo y no dejaré que lo haga.

—¿Alessandro sabe que tu padre era el Rey? —negué levemente—. No lo puede saber o es capaz de matarlo…no sé.

—Él no lo sabrá jamás, no podría en riesgo a mi padre.

POV DESCONOCIDO.

—Oh por dios

Apretó con fuerza los auriculares para asegurarse de que era real lo que escuchaba, tanto tiempo escuchando estúpidas y aburridas conversaciones que casi se daba por vencido con la doctora Petrova, de toda la familia Ivanov ella era la que menos podía tener alguna clase de información.

Aunque claro, ella no pensaba eso, pero su jefe Alessandro le había asegurado que era una pérdida de tiempo escuchar las conversaciones que se tenían en su consultorio, pues solo en el recibía pacientes, no como en su oficina, lugar donde Alessandro no había podido instalar el micrófono aún.

Tenía la información que tanto estaba buscando y se sentía feliz, porque después de esto él odiaría a Luciana, quien aun sabiendo todo, lo había estado engañado todo este tiempo en su propia cara.

Algo que Alessandro no perdonaba era la mentira.

—Y que gran mentira —susurró, marcando rápidamente su número—. Sé quién es el rey de la mafia rusa…o bueno era.

Dijo tan rápidamente, que Alessandro tuvo que detenerse un momento para procesarlo.

—¿Qué? —su voz se escuchaba distante y supo que estaba sorprendido, tal vez pensaba que ella no era capaz, pero se equivocaba, estaba tan enamorada del que haría hasta lo imposible por mostrarle que era mejor que la idiota e inmadura de la zorra Ivanov, como ella la llamaba en su mente.

—Sé quién es el asesino de tu padre y no creerás quien lo supo todo este tiempo —su sonrisa se ensanchó y apretó sus muslos por la excitación del momento.

Estas acabada Luciana.