CAPÍTULO 36

—Pa-Papá, ¿por qué razón Roman no contesta el teléfono? —pregunté entre dientes, sintiendo otra contracción un poco más leve que las anteriores, respiré profundo y exhalé lentamente.

Le había marcado más de cinco veces y Roman no contestaba, lo que me parecía verdaderamente raro viniendo del. Estaba muy pendiente últimamente, sabíamos que en cualquier momento podría nacer nuestra hija.

—Fue hacer un trabajo y en ese lugar no hay mucha señal, tardara un día en volver —comentó un poco distraído, seguro estaba muy ocupado, pero haría que enloqueciera un poco.

—Va a nacer tu nieta, así que harás hasta lo imposible para que su padre en menos de media hora este en el hospital —susurré amenazante y colgué.

Alessandro me miró de reojo y frunció el ceño, sabía lo que estaba pensando y me adelante.

—No —dije firme.

—Soy su padre, Luciana —advirtió.

—Ay ¡mierda duele mucho! —grité, agarrando su brazo y apretándolo lo más fuerte que podía.

—¡Suéltame o harás que tengamos un accidente! —gruñó de vuelta.

—¡Cállate! —chillé, golpeándolo en la nuca—. No estarás en el parto, Roman es… ¡aaah! No volveré a tener sexo, no hasta que me haya operado para no ¡aaah!

Inhala, exhala, inhala, exhala.

Estar sentada hacía del dolor aún más intenso, tenía la necesidad de estar parada o en cuclillas.

—Soy el maldito padre, además soy doctor y estaré en el nacimiento de mi hija, todos se pueden ir al diablo e incluso tu —expresó en tono fuerte.

Volteó a mirarme rápidamente y sonreí, desconcertándolo al instante.

—No hay problema, ¿sabes? —envié un mensaje de texto rápidamente, sonriendo aún más—. Acabo de avisar para que lleven a tu comprometida al hospital, es la madrastra…merece estar cariño.

Detuvo el auto de golpe, mirándome como si quisiera matarme, alce una ceja retándolo, no podía hacer nada y él lo sabía.

Podría estar muriéndome del dolor, pero nunca dejaría pasar una oportunidad para hacerlo enojar y ambos sabíamos que amaba hacerlo.

—Luciana —dijo en modo de advertencia—. No empieces por favor.

Bajo del automóvil y fue donde me di cuenta que habíamos llegado. Dejé que me ayudara y rápidamente pidió una silla de ruedas.

Empezaron a llevarme a la sala de partos, mientras Alessandro daba ordenes sin parar.

Se veía malditamente sexy en ese rol.

—Llamen a la doctora Petrova y a la doctora De Luca —exigí, sintiendo como aumentaba el dolor aún más.

—Nos están esperando señorita Ivanov —asentí, Alexander les había dicho.

Para cuando llegamos todo estaba listo, mi mamá y mis tíos Fran, Anto y Luca estaban preparados y con sus ojos vidriosos.

Esperaba que dejaran al lado su maldita emoción o de lo contrario los golpearía.

En cuanto había entrado a la habitación todo paso rápido ante mis ojos, en un minuto me estaba desvistiendo, en el siguiente estaba completamente abierta y expuesta para que revisaran en cuanto estaba mi dilatación y en el otro….

—Diez de dilatación —dijo mamá, bastante emocionada—. Señores y señoras, nuestra pequeña Ivanov llegara al mundo.

La puerta de la habitación se abrió de repente, mi corazón saltó ante la expectativa de que entrara Roman, lo necesitaba a mi lado, pero desgraciadamente era Alessandro, listo para recibir a una hija que él no merecía.

Empecé a llorar al verlo, pero no de emoción sino de tristeza, él no debía de estar aquí…Debería estar mi novio.

—No te quiero aquí —intenté cerrar mis piernas—. Que se vaya, quiero a Roman no a él, mamá —supliqué con la mirada.

—Luciana —me llamó la atención tía Fran—. Roman no estará aquí, no hay manera en el mundo en que llegue a tiempo y esa bebé tiene que nacer ahora o morirá. Tú decides, podemos todos sentarnos y tomar el té o empiezas a pujar como nunca antes en tu vida para traer sana y salva a tu hija.

Tragué fuerte y abrí mis piernas, asintiendo con dolor. Mi hija era la prioridad.

—Alessandro hazte al lado de Luciana —ordenó Lena. Estaba por objetar, cuando una nueva contracción empezó—. Es el momento hija.

—Cuando cuentes tres empezaras a pujar —ordenó Anto—. 1, 2

—¡Aaah! —ningún entrenamiento doloroso de tío Nikon se comparaba con este dolor, no podría, moriría teniendo a esa bomba—. ¡Nadie me dijo que dolería tanto! ¡Aaah!

Agarré del brazo Alessandro y lo apreté lo más fuerte que podía. Apretó sus labios para contenerse.

—Si dices algo te mato —amenacé, este asintió rápidamente.

—Vamos, tú puedes —dijeron al unísono, se podía notar la emoción en sus voces, claro a ellos no les salía de su pequeña vagina un ¡bebé!

—¡Se que tengo que pujar! —grité desesperada—. ¡Malditos los hombres! ¡malditos sus penes! ¡maldita ginecóloga!

—Ya salió la cabeza —anunció Fran—. No sigas pujando más, sé que tendrás la necesidad, pero te aguantas o tendrás un desgarro perineal.

Abrí mis ojos de golpe y asentí, intentando aguantar las perras ganas que tenia de expulsar a esa bomba atómica fuera de mí, ni loca tendría ese tan doloroso desgarro.

—Tú puedes cariño, si has podido con hombres armados, podrás con esto —intentó consolarme, lográndolo para mi mala suerte.

¿Quién se creía él para decirme eso?

—¡Ahora! ¡puja! —gritaron y eso fue lo que hice, puje con todas mis fuerzas, sintiéndome en el paraíso cuando ella salía por completo de mí.

Me recosté de golpe y suspiré, sonreí sin poder evitarlo —Lo había logrado— fruncí mi ceño al solo escuchar murmullos y no al llanto de mi hija y las felicitaciones, mi sonrisa se cerró de golpe.

Me erguí como pude para saber que mierda sucedía con ella.

—¿Qué pasa? ¿Por qué no llora? —Alessandro fue rápidamente hasta la esquina, donde estaba Luca y Fran—. ¿Mamá por qué mi bebé no llora?

Mis ojos se aguaron de inmediato y baje mis piernas para sentarme y así mirar la manera para llegar hasta donde esa pequeña.

—No puedes levantarte, mi nieta solo tuvo una complicación —me recostó de nuevo, mientras los miraba impaciente. Mi pequeña estaba luchando y no podía hacer nada, no me podía sentir más miserable—. Solo necesita ayuda para respirar, la escucharas llorar en cualquier momento.

Eso no me calmó para nada, si tenía problemas para ventilar el oxígeno podría desarrollar varias enfermedades.

—Mi bebé, ¡Necesito escucharla! ¡tiene que llorar! ¡ya ha pasado mucho tiempo! —empecé a llorar sin parar—. ¡Alessandro has algo!

Este desesperado también, la cargó rápidamente y dio leves golpes en su pecho, mientras le ordenaba con voz fuerte.

—Princesa, ya estuvo bueno, llora y deja de preocupar a tu madre —le dio una nalgueada y eso fue el detonante para que empezara a llorar.

Su primer regaño y presentía que tendría muchos más cuando estuviera en la adolescencia.

Que pulmones —pensé, sonriendo mientras estiraba mis brazos para cargarla.

—Oh por dios —susurre entre lágrimas, mientras la recibía en mis brazos—. Lo había dicho, hago todo bien, sabía que sería lo más hermoso de este mundo y no me equivoque.

Me incliné y respiré profundo, llenando de su aroma todos mis pulmones, era lo mejor que jamás había olido, era la bebé más perfecta y era completamente mía.

Tenerla en mis brazos, viendo como con sus grandes ojos me observaba de una manera tan intensa, me hacía sentir mariposas en todo mi cuerpo… era como si me estuviera detallando, grabando mi rostro, justo lo que yo hacía con ella.

Empecé a sentir un vacío dentro de mí y lloré muchísimo más, la llevé hasta mi pecho, recostándola para que sintiera mis latidos.

—De-Debería estar —murmuré viendo a Alessandro, quien aguantaba las ganas que tenia de llorar—. Él…

Este se inclinó a mi altura, viendo a nuestra hija con una mirada cargada de tanto amor, que me debilito por completo.

—Esta, claro lo que esta…en nuestros corazones, donde jamás se ira —expresó, entrelazando mi mano con la suya y dándole un leve apretón.

Posiblemente eran las palabras más sinceras, cursis y románticas que me había dicho en todo nuestro tiempo de conocernos.

Asentí, no dije nada más.

Tía Anto me pidió a mi hija, explicándome que tenían que llevársela y ponerla unas horas en la incubadora, a lo que me negué inmediatamente, no quería estar lejos de ella, pero después tuve que ceder y sentir como me quitaban una gran parte de mi al llevarla. No quería dejarla sola.

—Luciana —me llamó mamá, dándome un fuerte abrazo—. Eres la mujer más valiente y fuerte que conozco, lo hiciste muy bien cariño…Felicidades mamá, sé que lo harás muchísimo mejor que yo.

—Eres la mejor madre que he conocido y te agradezco, mamá —ok, estaba muy sentimental.

Aborten misión, neuronas actívense.

[…]

Ya me encontraba en una nueva habitación, toda mi familia había venido a visitarme y ahora íbamos todos juntos a ver a mi pequeña, aún estaba en la incubadora para mi mala suerte.

—¿Duele mucho Luciana? —preguntó Mia.

Inmediatamente todos la voltearon a mirar, su padre solo gruñó.

—Aunque planifiques, usa el maldito condón porque duele muchísimo, el dolor causado por los entrenamientos de tu papá no es nada comparado con que te salga un bebé, de tu pequeña y estrecha vagina —todos me miraron con el ceño fruncido y solo pude encogerme de hombros.

Mia trago fuerte y asintió.

La miré por varios segundos más, aprovechando que estaba en silla de ruedas y llegué a la clara conclusión de que esa mujer ocultaba algo.

Que me cortaran una teta si no.

Le pedí ayuda Alessandro para poder levantarme de la silla y ver a mi niña. Todos estaban con una sonrisa en su rostro, incluso Noah.

—Pero miren, si es la bebé más bella del mundo —expresó contento Luciano—. Ya quiero tenerla entre mis brazos.

—Es toda una hermosura —susurro Noah.

—Felicidades —se acercó Nikon hasta nosotros y sonrió sádicamente—. Mi sobrina es muy bella.

Asentí y solo miré a otro lado, especialmente donde estaba mi padre quien aguantaba las ganas de llorar que tenía, sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—Papá —lo llamé, este volteó a verme de inmediato—. El pasado queda en el pasado, ahora este es el presente y lo que hagamos de ahora en adelante es lo que importa. Disfruta de tu hermosa nieta, jamás tendrás a una como ella. Sin ofender hermanos.

Estos solo se rieron y negaron.

—¿Cuándo podemos cargarla? —preguntaron Sofía y Rose al unísono.

—Mañana mis niñas —llegó Nicole, saludándolas de beso en la frente—. Les daremos el alta para mañana —Eso eran buenas noticias—. Ahora todos se tienen que ir, excepto los padres, ellos se pueden quedar un rato más, los acompaño a la salida.

Uno por uno empezó a despedirse hasta que solo quedamos Alessandro y yo.

—¿Por qué no esta tu prometida? —pregunté curiosa—. Pensé que estaría aquí para conocer a su hijastra.

Me miró como si estuviera loca y solo rio, sin dejar de mirarme como si fuera un espécimen de otro planeta.

—Ella no sabía de ti y mucho menos que tuviera una hija, así que no creerías que estaría aquí —dijo obvio, suspiró negando al recordarse de algo —. Le rompiste el corazón a una persona inocente, me acaba de dejar y por tu culpa no cumpliré con una promesa.

—¿Estas enojado conmigo? —negó levemente, viendo a la pequeña—. ¿Por qué no?

Chasqueó su lengua y me miró exasperado.

—Cállate y agradece que no lo estoy —lo miré incrédula. Idiota.

—¿Qué me calle? ¡¿Quién te crees tú?!

—¿No crees que tuvimos suficiente con tus gritos hace un par de hora? —preguntó—. Ni siquiera escucho bien, me dejaste sordo. Lo mínimo que puedes hacer es callarte y no hablar por el resto del día.

—Ja, si serás idiota —me crucé de brazos enojada—. E incluso el decirte Idiota hace que insulte a la palabra, no a ti porque eres peor que eso.

—¿Yo soy el idiota? —se señaló burlón—. Me parece que tú eres un poco más, ¿Qué clase de madre no tiene un nombre para su hija? No importa, se lo pongo yo.

Me eché a reír sin parar, pero me arrepentí al instante en que me dolió mi abdomen bajo y sentí que se me salía todo.

—Claro que lo tiene, estúpido —volteé a ver a mi pequeña, quien se encontraba muy tranquila viniendo de sus padres—. Se llamará Mia.

—Mia Sokolov —susurró sonriente.

—En tus sueños —respondí.