Chapter 38: CAPÍTULO 37

Un día después.

Habían traído a Mia conmigo, todo estaba bien con ella así que en un par de horas estaríamos en casa, descansando.

Sonreí inconscientemente al verla, estaba entre mis brazos y dormía plácidamente, no podía parar de observarla, se me era imposible no tener mis ojos puestos en ella, era tan perfecta que dolía.

—Eres tan hermosa —susurré con lágrimas en mis ojos.

Fue justo en ese momento donde supe que nada era más importante en mi vida que ella, que el amor que había tenido en relaciones anteriores no se comparaba con el amor que tenía por esta bebé, no había un amor en la tierra que lo sobrepasara, podría dar mi vida por ella.

Fue algo tan difícil saber que estaba embarazada, pensaba que no podría, que no estaba en mí el instinto materno, pero, me alegraba tanto haber dado ese paso y tener el coraje para negarme a lo que mi padre quería.

Se sentía raro también, porque debería estar mi héroe junto con nosotras, la noche anterior había llorado tanto imaginando y deseando con todo mi corazón que él estuviera junto a su hermana, esperando por mí. Era un dolor demasiado intenso, ese vacío seguía ahí, no podía hacer nada para llenarlo, no sabía qué hacer para que dejara de doler.

Limpié rápidamente mis lágrimas cuando la puerta fue abierta, sonreí inmediatamente al verlo.

—Oh cariño —vino rápidamente hasta mí y me besó, para después perderse en Mia, sus ojos se llenaron de lágrimas que no tardó en derramar—. Lo lamento tanto, enserio no sabes cuánto mis princesas.

—No importa —susurré sonriendo—. Ya estás aquí, es lo importante.

—Te prometo que no volveré a irme, era un trabajo muy importante y solo tu padre confiaba en mi para hacerlo, al ver que te sentías tan bien pensé que tal vez aún faltaba dos días o más para la llegada de nuestra pequeña —explicó tan rápido, que me mareé al escucharlo, estaba nervioso.

¿Acaso pensaba que no era comprensiva?

—Amor, tranquilo entiendo —sonreí y miré a nuestra hija, que se había despertado en cuanto escucho su voz—. Hay alguien que quería conocerte.

Este rio, aún más nervioso y extendió sus brazos para cargarla.

Era una imagen muy linda.

—Es tan…perfecta —murmuró maravillado—. No puedo creer que sea mi hija.

—Exactamente, porque no es tu hija —cerré mis ojos y maldije para mis adentros.

¿Qué hacia él aquí?

Roman se giró con su ceño fruncido a Alessandro, quien se encontraba furioso al verlo con Mia.

—¿Qué? —cuestionó.

—No es tu hija, es mi hija y suéltala —ordenó amenazante.

—No quiero una discusión con Mia presente —dije seriamente, advirtiéndoles a ambos—. Alessandro vete, no tienes nada que hacer aquí, tal vez haya otra embarazada que debas revisar o una maldita operación.

—¿Es enserio? —inquirió ofendido—. Me dices a mí que me vayan cuando tiene que ser él.

—¿Qué sucede Luciana? —preguntó Roman.

Cuando me decía Luciana lo odiaba, pues sabía que era bastante serio el tema o estaba enojado conmigo.

—Te lo explicaré después, amor —intenté sonreír—. Él es mi pareja Alessandro, tan simple como eso.

Lo fulminé con la mirada, no podía atreverse, él no lo diría, él…

—Al parecer aun nadie te lo dice —sonrió, una maldita sonrisa de arrogancia—. No eres el padre de Mia, soy yo y tu “pareja” lo supo desde hace varios meses —Roman frunció su ceño y me miró de una forma que…me dolió al saber cuánto lo había afectado—. Oh no lo sabias, ¿cierto? lo siento mucho pensé que se decían las cosas y no tenían secretos entre ustedes dos.

—Y no los tenemos —aclaré rápidamente—. Tú no estarás en la vida de Mia, solo eres alguien que puso esperma y ya, el padre de ella es Roman y creo que deberías irte.

Sabía que iba a empeorar todo y no podría dejar que la confianza y relación que habíamos cultivado durante estos meses se fuera por la borda por su culpa.

Tu hiciste que su prometida le terminara —me recordó mi maldito subconsciente.

—No, espera —me detuvo Roman—. Sé que existía la posibilidad así que inevitablemente me venía preparando para este momento. No tengo ningún problema contigo Alessandro —esta vez se dirigió a él—. Eres el padre biológico de Mia y nada podrá cambiarlo, pero estoy con Luciana, somos una familia y estaré en la vida de Mia lo quieras o no, ella también me vera como una figura paterna. Tienes todo el derecho en estar en su vida y tal vez Luciana no quiere que lo estés por mí, por que tuvieron un pasado, pero creo fielmente en mi mujer y sé que no sería capaz de estar nuevamente contigo porque sencillamente me quiere a mí, así que tus visitas las hablaremos después.

¿Ven por qué lo amaba?

—¿Por qué eres tan perfecto? —pregunté sonriendo.

—Defíneme querer —maldita sea, ¿Por qué no se callaba?

—Alessandro —dije entre dientes—. Basta, ya es suficiente y lo mejor es que te vayas.

—No Luciana déjalo, quiero me diga que trata de insinuar —dejo a Mia en la cuna al lado de mi cama—. Ahora dime.

Duelo de titanes.

—Cuando quieres a una persona no te besas con otra o haces que su ex termine con su prometida solo por celos —comentó, viéndome fijamente con las mismas ganas que tenía yo de matarlo—. No entiendo tu forma de amar, Luciana. Claro si es que sabes que es amar.

¿Qué mierda quería decir con eso?

—¿Terminaste? —preguntó Roman—. Porque si ya lo hiciste te puedes ir.

¿No diría nada? Imposible, sé que estaba enojado por su postura y el tono en su voz, se estaba conteniendo y de la mejor manera.

—Sí, terminé —respondió enojado, vio a mía una última vez y salió de la habitación.

Tragué fuerte para prepararme para lo que venía, pero Roman solo estaba ahí, parado y mirando a la puerta.

Inhaló profundamente y se volteó a verme.

—Acabas de tener a un bebé, aun esta débil…ya habrá tiempo para hablar sobre esto, ¿está bien?

—No es lo que crees, nada es lo que parece…solo confía en mi por favor —intenté medio explicar, no sabía que debería de hacer.

—No te preocupes —hizo un intento de sonrisa—. Alístate, yo cuidaré de Mia.

[…]

—Bueno, creo que ya es momento de hablar.

Roman se sentó en la cama y sonrió, habíamos llegado hace seis horas y solo había tenido en mis brazos a Mia como cuatro veces y no porque quisiera, claro que no, solo porque necesitaba de mamá o de su fuente de alimento, fuente que estaba completamente adolorida.

Si hubiera sabido que dolería tanto, habría puesto a Roman desde hace mucho a succionar.

Ahora estaba en algún lugar de la casa con Luciano, quien parecía un chicle pegado en todo momento a Mia a tal punto, en que no quería que nadie más la tuviera en brazos, solo él.

—Está bien, pregunta —me recosté en el respaldar de la cama y suspiré.

—¿Toda tu familia sabía que yo no era el padre?

Uf, empezamos con lo más difícil.

—En el hospital no se hace ningún procedimiento sin que los doctores de la familia se enteren, así que todos los médicos lo sabían y por consecuencia también lo supo mi papá y mis hermanos, pero no opinaron sobre ello…en realidad no tenían por qué.

Este asintió lentamente, estaba dirigiendo todo de una muy buena manera.

—¿Por qué no me dijiste?

—No quería que ese resultado cambiara, tal vez pensé que sería diferente si supieras que Mia es hija de Alessandro —confesé sinceramente, no podía mentir, no ahora.

—¿Acaso aun no me conoces? —cuestionó.

—Estos meses aprendí hacerlo —este asintió y se levantó, como si la siguiente pregunta le costara, empezó a caminar de un lado a otro un poco preocupado.

No me gustaba verlo así.

—¿Amas todavía Alessandro? —preguntó de repente, sin anestesia y viéndome fijamente, cualquier gesto mío le confirmaría o negaría.

—¿Todavía? —me reí sin gracia por tal estupidez—. Amar es una palabra muy grande, ¿te enteras?

—Luciana, ambos sabemos que estabas enamorada de él y quiero saber si aún lo estas.

No supe que decir, me quedé congelada mientras me hacia esa misma pregunta. No podría y si aceptaba que alguna vez lo amé, no podía seguir haciéndolo.

No podía seguir queriendo a estos dos hombres en mi vida, esto no era el mundo de Zeynep.

Ay Zeynep.

—¿Por qué lo preguntas?

—Hiciste que terminara con su prometida y antes te besaste con él, ¿necesitas más razones?

—El beso fue antes de irnos, me dijo que sería una despedida, que me dejaría y que ya no se interpondría en nada, renunció a Mia y él ahora quiere aparentar que ese día nunca sucedió. ¿Ves por qué no podemos permitirle estar cerca de nuestra hija?

—¿Por qué te entrometiste en su compromiso?

—¿Acaso lo que te dije no es importante? —inquirí ofendida.

—Responde y después tendrás respuesta a lo que me dijiste —aclaró tranquilamente.

Roman sabia controlar muy bien su ira o era un hombre demasiado maduro como para manejar esta situación tan tranquilo, bueno me llevaba más de seis años, era normal seguro.

—No estoy segura, pero quería que supiera que ese hombre lo fue infiel conmigo y con otras, no era justo que se casara con alguien quien la había engañado —expresé ofendida—. Entre nosotras debemos de ayudarnos.

—¿Entonces debo estar feliz porque Alessandro me conto lo que hiciste y terminar contigo? —cuestionó alzando su ceja.

—Claro que no, Roman —suspiré y asentí—. Te quiero a ti, quiero ser tu esposa, quiero hacer todo esto contigo, pero a la vez, quiero tenerlo presente en mi vida…no teniendo una relación, claro que no solo…es divertido como nuestras personalidades chocan.

—¿Estas escuchándote? —estaba incrédulo ante mis palabras, pero no podía mentirle, no a él.

—Soy una idiota y lo lamento tanto, pero esa es la razón por la que lo quiero lejos, no dejaré que nada dañe esto tan hermoso que tenemos, no quiero que desconfíes de mí.

Este asintió levemente.

—Te amo, te amo tanto Luciana, pero quiero que hagas algo por el bien de nosotros, por el bien de nuestra hija.

—¿Qué cosa?

—No quiero que hables ni por teléfono y mucho menos en persona con Alessandro, lo harás solo si yo estoy presente porque si haces lo contrario, esto entre nosotros terminará —lo miré atónita ante la actitud que había tomado y la frialdad con que decía cada palabra—. Puedo entender muchas cosas, puedo dejar pasar otras, pero no dejare que me veas la cara de estúpido. Quiero pensar que ya maduraste y dejaste esa época.

—Roman…

—No te equivoques, porque no habrá regreso si lo haces —fue lo último que dijo antes de salir y azotar la puerta.

Ok, ya había llegado a su límite.