CAPÍTULO 34
POV ALESSANDRO
Respiré profundo y me contuve de detenerla, no podía hacerlo, era lo mejor para ellas estar alejadas de mí, lo único que haría es que sufrieran o en el peor de los casos que sus vidas corrieran peligro, tenía que estar lo más alejado posi…
A la mierda, claro que no lo haría.
¿Dejar a mi hija y a esa mujer malditamente loca?
Ni siquiera era una maldita opción y ella misma lo sabía, pero si pensaba que iba a ir tras ella y detenerla no lo haría…jamás. Volveríamos a encontrarnos, tal vez no dentro de una semana, tal vez en un año, mierda no estaba seguro, pero de lo que sí estaba, era que sucedería, tarde o temprano.
Mataría más pronto de lo que pensaba al puto rey de la mafia Rusa, claro que lo haría.
Mi teléfono vibró y lo saque rápidamente, al ver quien era hizo que mi mal humor creciera, lo odiaba y esperaba matarlo.
—Señor Ivanov —saludé al bastardo de Nikon.
—Te encargaras de la entrega de mañana —ordenó, apreté mi mano libre y respiré profundo, tratando de encontrar calma y no mandarlo a la mierda.
—Pensé que habíamos quedado en algo —recordé, para que tuviera presente la conversación que habíamos tenido ese día en el hospital—. No haré nada de entregas, no quiero involucrarme, además la entrega de mañana será muy importante.
—La verdad es que tu quedaste en algo, pero yo no dije absolutamente nada, solo escuché.
—Y asintió, estando de acuerdo —hablé rápidamente, mientras me dirigía de nuevo a la facultad.
—¿Qué? —hubo silencio en la línea por varios segundos—. Fue inconscientemente, en ese momento pensaba en como matar a un chico que está detrás de mi primogénita.
Enserio era un sádico.
—¿Lo mató? —quise saber.
—Aun no sé quién es —se escuchó su maldita risa y al fondo unas maldiciones—. He tachado todas las opciones, he estado buscando al hijo de puta, pero no sé quién sea.
—Ha estado dirigiendo su mirada en el punto equivocado, tal vez ese chico no sea tan lejano a ella, quiero decir…al ver que es su hija y no cualquier hombre se acerca a ella, tiene que ser alguien de su entorno.
—¿Entorno? —preguntó, su tono de voz fue distante—. Los únicos malditos hombres de su entorno son sus primos y…
Escuché un fuerte grito, aturdiéndome al instante, retiré el teléfono de mi oído.
¡MIA!
Fue lo último que escuché antes de que colgara. Quedé confundido, pero no era importante, algo que me decía que estaría lo suficientemente ocupado como para dejarme respirar y seguir con mis planes.
Fui hasta mi automóvil y me dirigí hasta mi apartamento, ayer había tenido una larga guardia e ir a la universidad no me había dado tiempo para descansar.
Maldije por lo bajo cuando supe que en la noche debía reunirme con Nikon, tenía que ponerlo al tanto de los trabajos en Venecia.
[…]
No había terminado de entrar por completo, cuando unos brazos me rodearon fuertemente.
Ese aroma…
Mierda.
—¿Ava? —la alejé sutilmente de mí, confirmado si era ella o no. Doble mierda—. ¿Q-Qué haces…aquí?
Era la última persona que esperaba ver considerando que, se suponía debía de estar en Estados Unidos, no aquí en Rusa, en mi maldito apartamento.
Entré por completo y cerré la puerta, esperando aun su respuesta.
—¿No te alegra ver a tu prometida? —cuestionó, cruzándose de brazos—. Pensé que estarías feliz de verme, después de todo hace meses no nos veíamos… ¡Ni siquiera contestas mis llamadas! ¡Eres un estúpido!
Sus ojos se llenaron de lágrimas, lo que me alertó. Era horriblemente irritante cuando lloraba, odiaba verla llorar, aunque que, por algún extraño motivo, me gustaba ver sus labios hincharse y…
—Me tomaste por sorpresa, ¿está bien? —agarré sus brazos, tratando que me entendiera—. Dijiste que me esperarías los años de mi especialización, allá en tu país, haciendo tu especialización por igual, ¿Qué cambió?
—¿Enserio lo preguntas? —se apartó bruscamente—. De repente dejaste de contestar mis llamadas, ni siquiera me escribes, era como si te hubieras olvidado de mí y lo estoy rectificando, te olvidaste Alessandro. ¿Hay una chica?
Ladeé mi rostro, viéndola fijamente y dándome cuenta recién que lo había hecho inconscientemente. Sí, la había olvidado y es que me prometí a mí mismo en dejar mi pasado y no traerlo a Rusia, también muy adentro sabía que Luciana tenía algo que ver, pero claro no lo admitiría.
La jalé hacia mi pecho y la abracé fuertemente, respirando su aroma y dejando que me calmara, siempre había funcionado, todo de ella me calmaba.
—Claro que me alegra verte —susurré en su oído, sintiendo como se erizaba—. Pero no te esperaba, me tomaste por sorpresa.
Me separé un poco y agarré su rostro entre mis manos, viéndola de nuevo fijamente y tratando de encontrar una respuesta a una pregunta no formulada.
—Te extrañé mucho —sus mejillas se tornaron rosadas e intento huir de mi mirada y ahí estaba mi Ava—. No me mires así.
Era la persona más cariñosa e inocente que conocía en este puto mundo de mierda, su lado bueno contrastaba con mi oscuridad, apaciguaba mis demonios internos y me daba paz.
—También yo, Ava —murmuré, trazando círculos en sus mejillas—. Mucho.
Susurré antes de atacar sus labios, casi gemí de la excitación que sentía al probarlos de nuevo.
Llevé mis manos a sus caderas y bruscamente las junté a las mías, sacándole un gemido, entrelazó sus brazos en mi cuello y saltó, aferrándose a mi cintura. Sonreí por encima del beso, siempre sabía exactamente.
Empecé hacer mi camino hasta mi habitación, mientras sentía como dejaba besos húmedos en mi cuello, logrando excitarme aún más de lo que ya estaba.
—A-Alessandro —susurró.
La recosté en la cama y abrí sus piernas, colocándome en el medio.
—¿Sí? —desabotoné su camisa y sonreí al ver a mis amigas, cuando estaba por besarlas, me detuvo.
—¿Qué tienes en el cuello? —alce una ceja confundido.
—¿Qué? no tengo nada —de nuevo, antes de besarlas me detuvo.
—Claro que tienes algo —se apartó de mí y me llevó a regañadientes al baño—. Mira, que es eso.
Vi de reojo y fruncí mi ceño.
¿Qué mierda?
Malditasea Luciana
—No lo sé, tal vez sea un salpullido. Que importa, mejor sigamos en lo nuestro —se alejó.
—¿Piensas que soy estúpida? —inquirió enojada—. Eso es un rasguño, así como los que te solía hacer al tener sexo. Claro, ahora lo entiendo todo.
Salió del baño y caminó rápidamente hasta la sala, donde tenía sus maletas.
—Ava, deja que te explique…por favor.
—¿Qué me expliques? Me vas a decir que sí, que tienes a una rusa y que estas enamorado de ella, por esa razón te olvidaste que tenías una prometida esperando por ti —empezó a llorar y traté de acercarme, pero negó.
—No hay nadie, ¿está bien? —traté de calmarla—. Hay una loca que está obsesionada conmigo y —tuve que morder mis cachetes para evitar reírme—. Salí de la universidad y se me colgó y me besó, y al alejarme bruscamente seguro me dejo esto.
Me miró fijamente y se echó a reír de repente, agarró su maleta y trató pasar por mi lado, claramente no la dejaría ir.
—Querías una maldita explicación y te la di, ahora piensas que miento…después se preguntan porque no somos sinceros —hablé seriamente, ¿acaso no era una buena excusa? —. No te iras de aquí, ahora ve y deja esa maldita maleta en la habitación y vienes para que cocinemos juntos.
Me fui a la cocina, pensando que la presencia de Ava me traería muchos problemas, no quería ponerla en peligro, tenía que irse de aquí cuanto antes, nadie debía enterarse de las personas que había dejado atrás, sanas y salvas para venir y ejecutar mi venganza.
Ni Luciana debía enterarse
Sabía que le darían celos y muy posiblemente le contaría de nosotros, ella lo haría sin pensarlo y dañaría todo. Tenía que cumplir con la última voluntad de mi madre y casarme con Ava, Luciana ni mi hija entraban en esta ecuación, pero, no podría manejarlo sin que ellas se enteraran.
¿Qué mierda haría?