ELIZABETH ES SECUESTRADA
Afortunadamente la madre de Elizabeth antes de ser llevada por la inquisición, dio aviso a una sirvienta diciéndole que vaya por su hija a decirle que se cuidara de la Iglesia que si ellos eran torturados no dirían nada del lugar donde se encontraba.
La sirvienta partió a la ciudad de Brasov dirigiendo la mirada a todos lados por temor a que los guardias de la inquisición la estuvieran siguiendo.
Ciudad de Brasov, Transilvania
Ella después de viajar por varias horas llegando a caballo, fue enseguida a la casa donde Elizabeth se encontraba para decirle que sus padres fueron llevados por la inquisición para ser interrogados.
-Señorita Elizabeth, ¡sus padres fueron llevados por la Iglesia para ser investigados! La están buscando por todos los rincones de Transilvania, su madre me dijo que estaba dispuesta a morir con tal que nadie sepa donde se encuentra escondida. –Las palabras de la sirvienta eran con voz agitada y desesperada.
-¡No! Mis padres no pueden ser acusados de algo que nunca hicieron. ¡Dios mío ten misericordia! –Elizabeth lloraba desconsoladamente al entender que sus padres serían torturados hasta la muerte por la inquisición.
Cerrando los ojos por unos instantes decidió entregarse voluntariamente a sus perseguidores, a cambio pediría la libertad de sus padres, aquella decisión no la aprobó su tío ni su familia, pero Elizabeth haciendo caso omiso viajaría de regreso a Sibiu para ir a las autoridades competentes para que empiece el proceso de interrogación.
Ciudad de Sibiu, Transilvania
Los padres de Elizabeth estando a punto de ser llevados a las cámaras de la tortura por el inquisidor Juan de Acebedo, alguien golpeó la puerta desesperadamente cuando abrieron, eran las autoridades de Sibiu diciendo que en el despacho central, se encontraba la joven que con tanta insistencia la habían buscado sin hallarla por ninguna de las ciudades de Transilvania.
El rostro de Juan de Acebedo cambió drásticamente, su mirada proyectaba lujuria, perversión y obsesión por la desnudez de la doncella.
-Autoridades de Sibiu, ¿la joven que ese ha entregado voluntariamente viste de rojo y tiene una medalla en forma de corazón en su cuello? –Juan de Acebedo preguntó con cierta cautela esperando que la respuesta de las autoridades fuese positiva.
-¡Si excelencia!, es la misma joven que usted ha descrito, en este mismo instante la enviaremos resguardada por los guardias de la ciudad para traerla ante su presencia. –Contestó la autoridad competente con gesto reverente al malévolo inquisidor.
No tardaron dos horas y Elizabeth llegó custodiada por tres guardias, Juan de Acebedo al ver de lejos a la hermosa doncella, el corazón se le aceleró de la desesperación.
-¡Al fin hemos dado con la concubina del demonio señorita Elizabeth! Quién iba a pensar que una mujer con la reputación de santidad y virtud tuviera relaciones carnales con el maligno. –Sus palabras eran llenas de acusaciones-. No me sorprendo en nada, si satanás siendo un ángel hermoso y lleno de virtudes, se corrompió convirtiéndose en un ser de lujuria y maldad.
-¡Llevad a la acusada al Santo Tribunal! Se escuchaba desde lejos una voz ronca, era el cardenal Filippo.
Elizabeth parándose firme sin tenerles miedo a sus acusadores, se dirigió con estas palabras:
-Inquisidores ya que supuestamente han hallado a la amante del demonio, ¡liberar a mis padres que no tienen nada que ver con este asunto!
Juan de Acebedo y Filippo Sega hicieron una señal para que liberasen a los padres de Elizabeth. Ambos parecían Caifás y Anás cuando acusaron falsamente a Cristo por envidia y celos, sino que en esta ocasión estos dos perversos hombres buscaban profanar la virginidad y la pureza de una inocente mujer.
Cuando los padres de Elizabeth la vieron, dieron gritos de desesperación al ver a su hija atada las manos y custodiaba por los guardias como una verdadera criminal.
-¡Hija mía! ¡Elizabeth! No era que vengas por nosotros, tú eres inocente de las acusaciones falsas. –Lloraba con desesperación su madre al pronunciar estas palabras angustiosas.
Juan de Acebedo ordenó a los guardias que sacaren a los padres de Elizabeth lo más pronto posible. De hecho fueron tratados mal siendo arrojados lejos en el campo donde no podían hacer nada por su hija.
El momento llegó, Juan de Acebedo fue caminando tranquilamente hacia Elizabeth mirándole morbosamente de pies a cabeza, antes de hacerle la primera pregunta varios emisarios del papa llegaron urgentemente para decir que los musulmanes se han levantado en contra de Roma, haciendo una revuelta en toda Italia, que necesitaban que todos los cardenales e inquisidores regresaran a la catedral de Pedro a orar en conjunto para evitar una nueva guerra contra el debilitado imperio Otomano.
Bastante molesto el cardenal Filippo y Juan de Acebedo, salieron con los clérigos dirigiéndose a Roma sin antes dejar indicando a los guardias que cuidaren de Elizabeth, que nadie la tocase y que la trataran bien.
Catedral de Pedro, Roma Italia.
Miles de miles de soldados de infantería, caballería, escudería y arquería rodeaban todas las fronteras de Italia, desde lejos legiones de infieles (musulmanes) venían con furia para atacar a los italianos.
La batalla dio comienzo, unos a otros se mataban sin clemencia, italianos como musulmanes teñían de sangre los campos a lo largo de varios kilómetros. El combate fue brutal ninguno de ambos bandos cedían la derrota.
Mientras tanto en la catedral de Pedro el papa reunido con cardenales, arzobispos, obispos, inquisidores y todo el clérigo rezaban de rodillas al señor.
Señor escucha nuestras plegarias, ¡salva nuestra iglesia siempre santa y católica!
Los infieles han decidido conquistar nuestra tierra, ¡Ten misericordia de nosotros y envía tu ángel protector para darnos la victoria!
El Cielo no podía escuchar las plegarías de esta gente hipócrita, que daba apariencia de santidad pero por dentro eran sepulcros blanqueados.
La batalla continúo, los musulmanes llegaron con nuevos refuerzos para doblegar la resistencia romana. Los terribles jenízaros masacraron a la caballería, las noticias corrieron en Nápoles, Milán y especialmente Roma que los musulmanes venían a conquistar a la Iglesia.
La desesperación del Papa hizo que saliera huyendo junto con los guardias reales, lamentablemente para ellos fue demasiado tarde, los musulmanes entraron a la ciudad de la siete colinas para arrasar con todos.
Las mitras de los obispos caían al piso debido a que fueron decapitados por los jenízaros, era el turno de los arzobispos siendo ellos cazados con flechas, uno a uno fueron derribados.
El grito de los infieles fue:
HAÇLILARI VE ONLARIN KILISELERINI YOK ETME ZAMANIDIR, YAŞASIN ALA, ÇOK YAŞA MUHAMMED!
(Es hora de aniquilar a los cruzados y su iglesia, ¡Viva Ala, viva Mahoma!)
El cardenal Filippo en su desesperación sacó joyas de oro puro y diamantes para ofrecer a los musulmanes a cambio de su vida. Fue en vano sus lisonjas, ya que fue cogido por cuatro jenízaros descuartizándolo por completo.
Juan de Acebedo huyendo a las partes más altas de la catedral se escondió en el campanario, los gritos de agonía de los clérigos se escuchaban por todas partes, el fuego fue prendido en toda Roma.
La bandera con el signo de la luna fue astada en la parte más alta de la catedral de Pedro, el fin de la Iglesia Católica Apostólica Romana estaba cerca.
Los musulmanes incendiaron toda la parte alta de la catedral, sin percatarse Juan de Acebedo estaba ahí escondido empezando a ser consumido por el fuego. Su final había llegado, en su desesperación salió corriendo por una de las ventanas arrojándose hacia abajo.
¡Justo fue el Señor en juzgar a la Gran Ramera por sus crímenes abominables! ¡Tantos inocentes que fueron asesinados por su lujuria y locura por la carne! ¡Con fuego eliminó con fuego fue eliminada!
Horas después los españoles, ingleses y germanos vinieron para hacer retroceder a los musulmanes, lo lograron pero a cambio de muchas muertes. Roma ahora estaba en manos de los germanos llamándose el “Sacro Imperio Romano Germánico”.
Castillo de Gyula, Békés Hungría
Sorpresivamente los padres de Elizabeth fueron al castillo de Gyula a buscar ayuda al duque Cyrano.
-Duque Cyrano, ¡por amor de Dios tenga piedad de nosotros! Nuestra hija Elizabeth fue llevada ante la inquisición siendo acusada falsamente de algo que no cometió. –Ellos cayeron de rodillas a los pies del duque exclamando a gritos misericordia.
-¿Qué es lo que sucedió con mi amada Elizabeth? –Preguntó el duque con el semblante consternado.
-Venga con nosotros duque Cyrano ya que por su influencia en la corte real ella pueda quedar libre. –Respondieron con un mar de lágrimas en los ojos.
Cyrano emprendió el viaje a Sibiu junto con los padres de Elizabeth, viajando lo más pronto posible llegaron con la sorpresa al ver toda la ciudad vestidos de luto y rezando el rosario.
Era la primera vez que veían a todo mundo vestidos de luto, Cyrano acercándose a una anciana le pregunto:
-Venerable anciana, ¿Qué ha sucedido en Sibiu que están todos vestidos de luto?
-Mi señor, los musulmanes asesinaron al Papa y toda la iglesia, casi nadie quedó con vida. -El semblante de la anciana era deplorable.
Cyrano sabía que ganaba un poco de tiempo al enterarse de la noticia en Roma, diciendo a los padres de Elizabeth que iba a resolver el problema se alejó de ellos.
Era de madrugada todos dormían en la ciudad, solo los guardias de turno vigilaban las mazmorras y las cárceles donde en una de ellas se hallaba Elizabeth orando al Señor.
Gritos se escucharon en el lugar donde se encontraban los guardias, una bestia terrible los atacó todo fueron asesinados sin piedad, aquella bestia iba de celda en celda buscando a alguien, era Cyrano que decidió secuestrar a Elizabeth llevándola a su morada.
Cuando llegó a la celda otros guardias lo atacaron con fusiles, Cyrano un tanto herido se abalanzó sobre todos ellos masacrándolos. Elizabeth se horrorizó al ver por segunda vez en la vida un ser sobrenatural, la primera vez fue cuando al caminar en la noche por las solitarias calles de Sibiu, se encontró con dos vampiresas que casi la atacan, afortunadamente un sacerdote logró protegerla alejando a las hijas de la noche del lugar.
Cyrano conteniendo su ira al estar convertido en licántropo y con uno de los brazos sangrando, rompió los tubos de la cárcel donde Elizabeth se hallaba, pegando un grito el licántropo la secuestró llevándola entre los brazos.
Corriendo a toda velocidad Cyrano salió del lugar perdiéndose por los bosques en la oscuridad de la madrugada, Elizabeth estaba desmayada.
Amaneciendo los guardias del turno de la mañana se dieron cuenta que algo andaba mal, ni uno de sus colegas se encontraban listo para el cambio. Ellos al entrar se espantaron al ver brazos mutilados y cabezas decapitadas.
Dos de ellos vomitaron al ver semejante acto siniestro, los otros cuatro fueron a las celdas a ver si había más muertos. Todos los presos estaban en sus calabozos a excepción de Elizabeth, cinco guardias muertos tendidos en el suelo.
Las alarmas se dieron en toda la ciudad, 8 hombres fueron asesinados cruelmente por un sanguinario homicida. Toda la población se horrorizó gritando que el fin del mundo estaba cerca:
-¡Cayó Roma!, ¡cayó el santo papa! y ahora los demonios del infierno son desatados en la Tierra. ¡Es el fin del mundo! ¡Es el fin del mundo!
La locura invadió todas partes, los ladrones aprovecharon la situación asaltando en toda la ciudad, incendios se prendieron en las calles.
Castillo de Gyula, Békés Hungría
El duque Cyrano acababa de llegar al castillo de Gyula en su forma humana, tenía a Elizabeth entre sus brazos llevándola enseguida a una de las habitaciones reales.
A su orden los lacayos y siervos dieron toda la ayuda necesaria a la desmayada doncella, nadie entendía lo que había sucedido. Cyrano preocupado decidió mantener a Elizabeth por poco tiempo en el castillo antes que llegasen las noticias que fue secuestrada por una bestia en la cárcel de Sibiu. Todo lo tenía planificado y al momento que ella recupere la conciencia, la llevará a su morada secreta diciéndole que ahí va a estar protegida de la inquisición y de aquella bestia que la secuestró.