Capítulo 8

Todo el mundo comentaba el asunto de la chica nueva, la mañana apenas comenzaba y la escuela ya parecía alguna editorial de revista de prensa rosa luego de algún escándalo de famoso. Todos corrían de un lado para otro tratando de captar algún chisme sobre la chica. Lo peor de todo es que al parecer hizo enojar a Rose y ahora era enemigo público en la escuela y en toda la ciudad.

¿Por qué tenía que ser una Thompson?

Eso sin duda, es lo peor de todo. Generalmente las Thompson no se van, las pocas que se van siempre regresan o envían a sus retoños para que la familia las crie. Que una Thompson adolescente de la que nadie sabía llegue a la ciudad es lo más grande que ha pasado en años. La nueva celebridad de Gardenville. Maldita ciudad pequeña.

Traté de ignorar todo el alboroto pero a medida que las clases pasaban todo se hacía peor y peor.

Traté de ir a orinar entre clase y clase pero como siempre, estas malditas muletas me estorbaban, no podía hacer mis cosas de hombre mientras sostenía dos muletas y hacía equilibrio en una pierna, tarde más de lo debido y justo ahora voy tarde. — Espera, hola. ¿Podrías ayudarme a…? O eres tú. — Me detuve para ver quién me hablaba y me gire. Me parecía conocida pero no sabía dónde la había visto antes, pero aun así no es de por aquí.

¡No es de por aquí!

— No, no puedo. — Volví a girarme y continúe mi camino. — Es lo menos que puedes hacer luego de espiarme mientras iba al baño en ese árbol. — Maldición, la chica de la fiesta. — Estoy perdida y nadie quiere ayudarme a encontrar mis clases. — Seguí caminando mientras ella me perseguía casi gritándome. Tomó una de mis muletas y evitó que siguiera moviéndome. — Déjame en paz, si Rose me ve hablando contigo no va a volver conmigo jamás.

— ¿A quién le importa lo que haga esa vaca idiota? Por mi puede irse a la mierda. — Oh no, ella no lo dijo. — ¿Disculpa? Si es así como te expresas de tu familia, no quiero saber cómo te expresas de alguien más. — Hizo una mueca. — ¿Cómo sabes que es mi familia? — En este lugar todo se sabe, no hay secretos. Pueblo chico, infierno grande.

— ¿Por qué parece que todos le tienen miedo a esa loca? Ella no puede gobernar la vida de nadie.

— Ella es mi novia y no vas a hablar así de ella.

— ¿Enserio? Que modernos son aquí, la vi besándose con otro chico hace un rato. — Se burló de eso y se burló más cuando se dio cuenta de mi expresión. — Así que es tu novia pero ella no lo sabe.

— ¡Kimberly! — Me estremecí al escuchar su voz. — ¿Qué demonios haces perdiendo el tiempo con un Morgan? Te ordené que no te acercaras a ninguno, especialmente a Tristan Morgan y es justo lo que estás haciendo. — Logre quitarle mi muleta a la chica y me di la vuelta otra vez, comenzaba a marearme. — Rose, yo no quería hablarle, te lo juro. Ella se me acercó y…

— ¿No fue suficiente con engañarme a mí con tus mentiras y ahora vas tras mis primas?

— Yo no te mentí en ningún momento, me dejaste porque no te dije algo que no sabía.

— Kimberly, la maestra me envió a buscarte, no me hagas perder el tiempo.

— No quieras darme órdenes, yo no soy uno de estos estúpidos pueblerinos. Si no estoy en clase es porque tú, la reina loca, ordenó que nadie me hablara. No puedo encontrar mis clases y nadie quiere ayudarme.

Rose se acercó a ella lentamente. Mierda, esto iba a ser un gran problema. — ¿De verdad crees que duraras aquí con esa actitud? Todo lo que hago es por el bien de la familia y cuando mi familia no deja que las cuide hay problemas. Pregúntale a Trip sobre Lisi, después de todo es muy probable que sea el padre.

— ¡Eso es falso y lo sabes! ¿Cómo te atreves a decir algo así, Rose?

Ya estaba harto, me pelee con Spike por ella, quise darle una lección y hacer que entrara en razón pero cada día se hacía más mala. Muy bien, es el final de esto. No puedo decir que no volveré a caer si ella me dice que me ama, pero puedo prometerme a mí mismo que tratare de seguir adelante, no por mi familia sino por mí mismo.

Spike tenía razón y yo debía seguir adelante, salir con alguien más y esperar que el tiempo curara mi corazón roto. Tal vez Rose se daría cuenta que de verdad me está perdiendo y se arrepentiría o seguiría siendo malvada y mandona, lo que significa que yo seguiría adelante sin ella. Pero no me importa. Soy demasiado joven para sufrir tanto por una chica.

— Lo has conseguido, Rose. Ya no daré más oportunidades, fui bueno por demasiado tiempo y no funciono, fui malo y solo te volviste aún más malvada. Ahora ya no seré nada para ti, no volveré a buscarte.

Comencé a caminar lejos de estas mujeres, si iban a discutir no quería estar en medio de eso, no le daría más armas y argumentos a Rose para que me humille. — ¿Huyes como un cobarde? — Maldita sea, esa mujer no dejaba que nada se hiciera de la manera fácil. — No, escapo de tu toxicidad, mujer. Perdiste a la única persona que te quiere, porque al parecer ni tu propia familia te quiere. ¿No es verdad prima de Rose? — La chica nueva soltó una carcajada pero no me quede para ver el final de la discusión.

Para el final de las clases las redes sociales estaban a reventar con comentarios sobre los dos temas del momento, ninguno parecía ser más importante que el otro, pero esa chica le estaba robando la atención a mi gran obra maestra. El rave estuvo genial, todo el mundo la pasó bien y no hubo problemas que solucionar.

Estaba molesto pero no por el rave y la chica nueva, quería dejar atrás a Rose pero me preocupaba que no pudiera lograrlo, toda mi vida hasta ahora había girado en torno a ella, insistí porque no tenía nada más, me deje llevar por los sentimientos de niño y todo lo que hacía era por y para ella. ¿Ahora que iba a hacer con mi vida?

Traté de llegar a la parada del autobús, ya que no tenía a Spike para transportarme tendría que movilizarme como un adolescente normal. En el maldito servicio público. ¿A quién más iba a perder ahora? Al parecer ella no era la que se quedaba sola. Nadie me quería cerca ¿Por qué? Porque estaba muy ocupado siendo el saco de boxeo emocional de Rose.

— ¿A dónde diablos vas? Detente.

— Llegaré tarde a mi terapia física.

— Llegarás tarde si no subes al auto ahora.

— Tengo que tomar el autobús.

— Deja de actuar como un idiota y vamos al auto. Sabes que lo que te dije fue verdad, además ya sé que la pusiste en su lugar. Nadie lo grabo pero hay rumores de algo en el pasillo entre la nueva y ustedes dos.

¿Por qué todos en esta asquerosa ciudad son tan chismosos? Deberían conseguir vidas propias y dejar la mía en paz. Esto no es una maldita telenovela. — Jimmy, no tengo tiempo para tonterías. Tengo que llegar a mi terapia, me insultaste y no quiero estar contigo en un espacio pequeño. — Me siguió hasta la parada del autobús, en silencio por unos segundos, no sé qué pensaba pero no iba a tolerar más mierda de nadie, solo lo soportaba si venía de Rose, pero mi paciencia por fin se acabó. — Así que ahora soy Jimmy, entonces una chica te pisotea y tú te desquitas con tu primo y mejor amigo. He estado contigo desde siempre, soy como tú hermano mayor, te he cuidado, limpie tus malditos mocos cuando estabas resfriado y por tu culpa me perdí la fiesta de cumpleaños de Sarah Parker cuando me contagiaste.

La pase bien en la fiesta. Nunca le conté que Sara Parker me dio un beso en los labios mientras Rose me dejaba para montar en el pony que los padres de Sarah alquilaron para la fiesta. Ella tiene la edad de Spike y aun así yo le gustaba. Qué bueno que nadie nos vio y que Spike nunca lo supo porque le dije que realmente me aburrí mucho. Lo que pasó fue que luego del beso estuve aterrorizado de que Rose lo supiera y no pude disfrutar el resto de la fiesta, pero antes de eso la estaba pasando muy bien.

— Había reptiles exóticos en esa fiesta, viejo. ¡Reptiles exóticos!

— Nadie te pidió que me limpiaras los mocos.

— Nadie te pidió que te juntaras con la peor Thompson, pero lo hiciste. Ahora la estas dejando. Solo tenemos que averiguar cómo hacer que la envíen lejos o la encierren, no tiene que ser un reformatorio o un manicomio. Podemos encontrar la manera de convencer a las Thompson de que la envíen a un internado en algún lugar muy lejos, como en África… no, demasiado lejos. Un internado en Europa estaría bien, no podrían venir los fines de semana, solo en verano. Todos seriamos felices.

— Acabo de terminar con ella. ¿Puedes ser un poco más hijo de puta?

— No, terminaron al inicio del verano, discutieron durante todo el embarazo de Lisi ¿Cuál es el maldito problema? Se terminó, vamos al auto. Además debo entregarte tu parte. — Las ganancias del Rave. Me había olvidado de eso. — Está bien. — Asintió y me siguió a paso lento. — Pero nada de Jimmy.

Para cuando llegamos a casa luego de mi terapia todos estaban esperando la cena. Los que estábamos en preparatoria nos quedamos en silencio hasta que el abuelo se dio cuenta que algo pasaba y nos hizo hablar. Nadie quería hablar de la nueva Thompson en la mesa, no queríamos que el abuelo comenzara a despotricar o algo peor, pero él no iba a darse por vencido.

— No les pido que hablen sobre lo que les sucede, les estoy ordenando. — Cada vez hablaba una octava más alto, en algún momento se quitaría el cinturón y nos daría una paliza, uno por uno. — Hay una nueva Thompson en la escuela. — Russell soltó la lengua. — ¿Qué? Iba a darnos una paliza ¿Prefieren irse a la cama llenos de moretones?

— ¿Una nueva Thompson? — Como pensábamos, se veía bastante alterado. — ¿Qué quieren decir? — Todos nos miramos intentando evitar ser el que hablara. — Russell. Fuiste el primero en abrir la boca, no vas a cerrarla ahora, muchacho. — Russ hizo una mueca y comenzó a hablar, no sabía mucho sobre ella, en realidad nadie lo sabía. Ella y sus primas fueron lo suficientemente discretas como para que no se supiera mucho. — Su nombre es Kimberly y parece que viene de Seattle. Su padre es viudo y su madre era una Thompson.

— ¿Kimberly? ¿Cómo puede ser una Thompson si no tiene nombre de flor? Tal vez es solo alguien con el mismo apellido pero no de la misma familia. — Fue lo que pensé pero Rose confirmó que son primas. — Si es una Thompson. Rose lo dijo hoy. — El abuelo me miró bastante enojado olvidándose de su cena. — ¿Sigues detrás de esa pequeña arpía? Te dije que te alejaras, no voy a permitir que ninguno de ustedes se relacione con alguna de ellas. Saben que los Morgan y las Thompson no se juntan. Son brujas, ladronas, mentirosas… y mucho más.

— ¿Qué hay de embarazar a alguna?

¡Michael!

Un día va a hacer que nos maten a todos. El abuelo lo miró furioso. — ¿Te metiste en los pantalones de una de ellas sin precaución? Es el siglo XXI y todavía no saben ponerse un maldito condón o se lo ponen en la cabeza equivocada llenos de agua por sus estúpidos retos de internet. — Se levantó de la mesa furioso. — Nunca dije que embarace a alguien, pero estoy seguro de que alguien en esta mesa tiene sus secretos. Debería comenzar a hablar y ser un hombre de verdad.

Vi a Jonathan temblar. ¿Por qué las cenas en esta casa siempre terminaban siendo peor que la guerra fría? Estúpido Michael. — Cierra la boca, muchacho. No sabes de lo que hablas. Ningún hombre en esta mesa ha embarazado a una Thompson. ¿Está claro? — La mesa se quedó en silencio, incluso los menores se asustaron más de papá que del abuelo. — ¡¿Esta malditamente claro?! — Jonathan fue el único que no respondió en coro con todos nosotros.

Cuando terminamos la cena, todos se levantaron para hacer sus cosas, pero Jonathan me detuvo. — Tengo el turno nocturno y quiero que me acompañes. — Pensé que se refería a alguien más pero me estaba mirando. — ¿Estás loco? Mañana es día de escuela.

— Cuando te ha detenido eso.

— No es mi culpa que Spike me arrastre a todos lados.

— Vamos, papá está de acuerdo.

Me siguió hasta su patrulla y espero a que me subiera para luego subirse él. Ninguno de los dos hablamos, nos mantuvimos en silencio por un rato pero entonces tuve que hablar. — Una de las enfermeras ha estado preguntando por ti. — No dijo nada. — Quiere saber por qué la has ignorado desde hace tiempo. — Lo vi apretar el volante. — Deberías verla, o por lo menos llamarla.

— ¿Por qué querría yo hablar con esa mujer?

Me encogí de hombros sin darle una respuesta. Este asunto era demasiado complicado para que pudiera procesarlo y lidiar con él. No sé cómo se manejan estas cosas, mi hermano es un pervertido de mierda que prefiere a las chicas jóvenes. ¿Cómo se soluciona eso? No puedo encontrar una respuesta y tampoco puedo delatarlo. Los adultos que deberían estar encargándose de este asunto no lo saben lo que solo lo hace una carga más pesada, quisiera saber que decirle para que por fin haga lo correcto.

— La estabas viendo, hace poco la estabas viendo pero la dejaste ¿Qué diablos estabas pensando? ¿Por qué lo hiciste?

— ¿Lisi y la bebé están bien?

Lo miro intentando encontrar sentido a sus palabras, a su pregunta pero esta tenso y es lo único que puedo deducir. Esta conversación lo pone tenso, pero no puedo ver el hilo de pensamientos que lo llevó a meternos en ella. — ¿Cómo voy a saberlo? — Vuelve a apretar el volante. — Pensé que ibas todas las noches para verlas.

— Sí, eso fue hasta que Rose salió con su escopeta y comenzó a dispararnos a Troy y a mí.

— Si Tammy estuviera aquí, ella sabría qué hacer.

— Pero está en los Ángeles dirigiendo la compañía, mientras nosotros estamos aquí en Idaho en medio de la nada lidiando con nuestros propios problemas y con el abuelo y papá.

— ¿No sabes nada de ellas?

— ¿Qué parte de Rose nos disparó a Troy y a mí no entendiste?

— Bien.

Giro el volante y la patrulla patino en la carretera hasta que giramos en dirección contraria. La puso en marcha otra vez excediendo el límite de velocidad y se apresuró a la casa grande. — Si vas a llevarme a casa, será mejor que lo hagas en una pieza.

— Ya estás a medio armar ¿Qué podría ser peor?

— Idiota.

Se apresuró pero en cuanto llegamos al camino tomó la bifurcación que lleva a los terrenos Thompson. — ¿Qué demonios haces? Yo no quiero un balazo. — No dijo nada. Siguió adelante hasta que vi la mansión Thompson aparecer frente a nosotros. — Tranquilo, niño. Solo haré una inspección de rutina. — Se detuvo y apagó el auto, pensé que podría quedarme con las llaves o algo así para evitar que hiciera otra estupidez pero las tomo y se las guardó en uno de sus bolsillos. Vi salir a La señora Laurel y detrás de ella a Rose, llevaba su escopeta. Baje del auto y tome mis muletas lo más rápido que pude mientras él se acercaba a la casa lentamente.

— ¿Qué quieres aquí de nuevo, John? Nadie llamó a la policía.

— Es solo una inspección rutinaria, ya sabe cómo son estas cosas, señora Thompson.

— Has venido todos los días durante dos semanas, es la primera vez que vienes en la noche.

Ha estado viniendo todos los días desde hace tiempo. Se salió de control y ser ayudante del Sheriff no ayuda. Se le subió el poder a la cabeza. — Es mi deber asegurarme de que todo esté en orden en los alrededores.

— Si crees que vas a entrar a mi casa estas muy equivocado. — Rose le apuntó con la escopeta. ¿Qué hago? — Baja esa arma niña, traje a tu novio conmigo, ve a entretenerlo un rato mientras yo hago mi trabajo. — No bajó la escopeta. — Si no obedeces me veré obligado a encerrarte por desacato y por portar un arma, siendo una menor de edad. También podría llevarme a tu madre y a todos los adultos aquí. ¿Quién va a cuidar de las chicas mientras todas ustedes estén encerradas?

— Llamaré al sheriff.

— Adelante, llama a mi hermano y empeora las cosas. No quieres chismes volando en la ciudad sobre una gran fiesta en tu casa a la que solo asistieron chicos Morgan.

Bajo el arma pero de inmediato se dirigió a mí y él tuvo que detenerla. — No te atrevas a lastimarlo porque si le haces algo podrías empeorar su pie y eso te saldría muy caro. Cálmate y ve a jugar con él un rato.

Ella se alejó de un tirón pero no hizo nada, yo lo seguí adentro. — Rayos, eres el hermano del sheriff, espera él no lo es. — Kimberly se acercó a nosotros. — ¿Quién es esta? Nunca la habia visto. — Preguntó él sin verdadero interés. — Es Kimberly. — Esta vez dejó su inspección de la casa en busca de Lisi y la bebé y la miró con curiosidad. — Así que tú eres la nueva Thompson. ¿De dónde rayos la sacaron?

No espero una respuesta, simplemente comenzó a caminar por el lugar. — No es el sheriff pero nuestro hermano sí. — Respondí a la pregunta que ella hizo antes. — Un pueblo dominado por una familia de hombres salvajes. Este lugar comienza a parecerme un poco interesante, no mucho. — Dijo en un tono extraño y con una sonrisa aún más extraña.

— ¡Kimberly!

Rose gritó y me aleje de la chica instintivamente. — Te dije que tendríamos problemas si seguías gritándome. — Rose se cruzó de brazos. — Apégate a las reglas, no tienes a nadie a quien acudir, haz lo que te ordeno y seguirás teniendo un techo sobre tu estúpida cabeza.

Me interpuse entre ellas.

— No puedes entrar ahí, ¡Rose!

La señora Petunia gritó y todos corrimos a ver qué sucedía. Tuve que lastimar mi pie mientras me apresuraba a subir las escaleras. Ella estaba parada frente a una puerta cerrada, mientras Jonathan le ordenaba que se hiciera a un lado. — Regresa abajo ahora mismo, ningún Morrigan entrara a ese cuarto, Jonathan.

— Escucha, mocosa. No tengo paciencia y menos cuando se trata de niños siendo irrespetuosos. Dile a tu tía que se haga a un lado y no me den más problemas. — Se salió de control, fue demasiado lejos y también me culparían porque me trajo hasta aquí.

— Cálmate, Jonathan. A papá y el abuelo no les gustara esto y mucho menos a Troy. Vas a arruinarnos a todos.

— ¡Silencio! Ya les dije que se hicieran a un lado y me dejaran hacer mi trabajo.

— ¿Mamá? ¿Qué pasa, puedo salir ya?

La voz de Lisi se escuchó a través de la puerta y también un llanto muy bajo. Jonathan palideció y pareció crecen un poco cuando respiro hondo. — ¡La tienen encerrada! ¿Qué demonios le están haciendo? — Apartó a la señora Petunia de un empujón y abrió la puerta, entro al cuarto apresuradamente y tuve que seguirlo a pesar del dolor en mi pie.

— Lisianthus.

Ella se quedó en silencio y en shock y un segundo después comenzó a llorar encogiéndose con el bebé en brazos. Él trató de acercarse pero Rose entró y traía otra vez su escopeta. — Sal de aquí ahora o te vuelo los sesos, Jonathan. — Me acerque a ella para intentar calmarla antes de que sucediera una tragedia. — Deja eso, Rose. Hay un bebé en el cuarto. Alguien puede salir herido.

— Enciérrate en el baño, Lisianthus. — Lisi siguió llorando y no se movió. — ¡Lisianthus! — El grito de Rose la hizo dar un salto en su lugar y temí que dejará caer a la bebé que ahora lloraba muy fuerte. — ¡Obedéceme! — Esta vez reacciono y trato de ir al baño pero Jonathan se movió para tomarla y Rose disparo.