Chapter 33 - DULCE VENGANZA -.

EDER SHANE NARRA:

Sé que esta mal de mi parte, lo entiendo y lo acepto. Pero ver a George y Carish Jeffrey amarrados a un posta, en ropa interior ambos y con los ojos abiertos me causa una felicidad absurda.

—Despierta, dormilón, llego tu sorpresa— Verónica golpeaba las mejillas de George, estaba sentada en su regazo y, lejos de enojarme, me puso curioso. Por lo que busqué una silla y me senté en un punto de la habitación donde ninguno pudiese verme, ella sabía que no estaba sola y sentía seguridad a mi lado, no me perdería mi primera fila en el show que mi mujer, mi dulce caramelo, había planeado para él.

—¿Qué mierda...— por fin abrió los ojos y enfocó una furiosa mirada en mi Candy— TÚ, puta de mierda. Debí matarte cuando tuve oportunidad, maldita traidora.

Ella le sonrió, desde mi asiento pude ver sus ojos brillando con maldad y aunque era la primera vez que veía esa mirada en su rostro lejos de algo sexual, era inquietantemente curioso.

—No, nene. No se traiciona lo que nunca se ha apoyado— su uña rodaba por la sien y mejilla de George mientras él se sacudía. Tenía los brazos, las muñecas, la frente y los pies atados, realmente debía asegurarme que no pudiese tocarla para permitir esta locura.

—Te voy a picar en pedazos. Puta. Eres una sucia.

Plaf. La cachetada retumbó y debo decir que sonó dolorosa, esa mano de mi chica debía arder y sentí pena por ella, aunque sonreía grandemente cuando un hilo muy fino de sangre salió por la mejilla de Jeffrey.

—Amo que me hables malo— ronroneo, se estaba burlando de él en su rostro. Acercó su cara a la de él y, al muy imbécil le pareció prudente escupir la cara de Verónica. Tom me sentó cuando me moví de golpe, por orden previa - y petición de ella- no podía permitirme mover por nada del mundo. Ella se movió y el escupitajo cayó en su clavícula, igual me sentí furioso, ese bastardo se atrevía a humillarla. Apreté los puños y me mordí el interior de la mejilla para poder resistir hasta el final, ahí es cuando empezaba mi acción.— ¡Bien, Daddy!- lo felicitó ella aplaudiendo y sonriente, era tenebroso— ahora me toca a mi— escupió como conductor de autobús y debo decir que tuve que tapar mi boca para no carcajearme. Era tan loca y demente que daba risa.

—¡Maldita!— Sí que tenía puntería y escupió justo en el ojo del bastardo. No dudó en encestarle un golpe con su puño en el mismo lugar y me preocupé por la mueca de dolor que hizo, recordé sus hermosas uñas

—Debes aprender a tratar a una mujer, tienes serios problemas. ¿Sabes que pienso? Que traes unos problemas maternales horrorosos y que eres un homosexual reprimido y traumado. ¿A que papi te azotaba?— ella se burlaba y George se retorcía. Agradecí el hecho de que tuviese muchísimas sogas muy bien atadas a su cuerpo, sin contar las esposas y cadenas.

—Te dije que tu machismo psicópata te acabaría matando— Esa voz. Esa cantarina y estruendosa voz. Carish había despertado y ¿Qué hacía? Joder a su hermano. Sonreí para mis adentros, ella sería mía. Por eso debía esperar que Verónica saliera de la habitación. Ese fue nuestro trato: George por Carish y los dos aceptamos encantados.

—¿Lo ves? Hasta tu hermosa hermana lo sabe— le dijo Verónica caminándose hasta estar frente a la loca. No me di cuenta hasta ahora que sus pies estaban descalzos. Se levantó dejando a los otros en una postura muchísimo menor que la suya y Carish la miraba con burla aún así, sintiéndose superior, cómo si fuese posible.

—¿A mi también me vas a matar?— Vero se encogió de hombros e hizo un gesto como si no lo hubiese pensado— ¿Sabías que me cogí a tu hombre? Sí. Eder me lo hizo delicioso aquellas veces... Hmmm, aún lo recuerdo. ¿Crees que puedas darme su número? Lo perdí— se reía estruendosamente y de nuevo, Tom tuvo que devolverme a la silla. Pero mi chica no se inmutó. Se puso en cuclillas y habló en el oído de la enferma Jeffrey. Ella también estaba atada como su hermano por si las dudas, era una jodida loca.

—Sé que lo forzaste a que te lo metiera, sé lo de las esposas, la crema, sé todo, cariño. Lástima que no me conociste antes a mi, pudimos haber hecho un delicioso trío sin necesidad de que fuese forzado— lamió el oído de Carish y la muy perra cerró los ojos aún con el gesto lleno de confusión

—Pero igual... Cogiste conmigo, no entiendo, eres una maldita estúpida.

Candy se puso de pie riéndose como si fuese el mejor chiste que hubiese escuchado mientras George se retorcía y miraba enojado mientras gruñía

—Maldita, te la cogiste, te ordené que no lo hicieras. Maldita traidora de mierda, te voy a matar con mis manos, sucia rata.

¿A quién carajos le hablaba? Quería ir a preguntarle. Porque si era a su hermana no me importaba, pero si estaba hablándole así a MI mujer, no sabía lo que hacía. Me agarré de los brazos de la silla mientras sentía la presencia de Tom justo detrás. Que bien, tengo custodio.

Vero la miraba con diversión y alzó su pierna con mucho impulso, dándole una patada a Carish que le cayó en la cabeza, gritó de la sorpresa pero Verónica no le dio mucho tiempo, le dio una serie de patadas que cayeron en sus costillas, brazos, muslos, cabeza, cuello. Carish sollozaba

—¿Qué pasó? No te gusta el dolor ¿Eh?— se agachó de nuevo y metió sus dedos dentro de la vagina de esa perra. Me causaba molestia que tocara a esa asquerosa— No estás mojada, preciosa, ¿No te excito?— Debió de haberle apretado el clítoris a Carish con demasiada fuerza sin soltarlo pues ella hizo un gesto de una O perfecta con su boca y las lágrimas corrieron por sus mejillas hasta que a mi mujer le dio la gana de levantarse— ¿Sabes qué? Te dejaré tranquila, para ti vendrán otros juegos— le guiñó el ojo y caminó hasta donde George estaba aún luchando con sus ataduras— ¿Qué sucede, cielo?¿No te gusta estar atado? Es extraño... Si te encanta verme así— le propinó una patada que cayó en su mandíbula entre abierta, el gesto fue muy doloroso, espléndido.

Verónica se puso creativa, nunca la había visto fumar pero encendió un cigarrillo con el único propósito de quemar la piel de George que ya ni gritaba ni se estremecía, sólo la miraba con ojos fríos. Admiré la fuerza de mi caramelo, no le temblaba el pulso ni se incomodaba.

De un momento al otro ella se puso de pie y caminó en mi dirección, en su mejilla había manchas de sangre y sus manos y cuello tenían ligeras gotas.

— ¿Tu navaja?— su tono era muy bajo y clavé mi mirada en sus ojos, se veía tan oscuro ese café que me mataba... Llevé por puro instinto mis dedos a sus labios y cerró los ojos con mi toque. Su respiración estaba acelerada y me acerqué para besarla cuando puse entre nuestros labios la hojilla afilada. Ella la tomó con ojos divertidos, prometiendo una aventura al finalizar la noche. O el día dado que hace horas había amanecido.

Volvió al frente de George con una sonrisa en sus labios y la navaja en sus dedos delicados. Se veía completamente fuera de control y francamente amaba verla así.

"Recuerda siempre que una verdadera princesa es la que actúa como guerrera antes sus propias adversidades". Cuando mi madre me dijo esas palabras yo era muy pequeño, hoy veo que tenía toda la razón del mundo.

Los gritos masculinos llegaron a mis oídos y me alarmé un poco pero después vi con un poco de miedo y sorpresa, Verónica hacía cortes en la ingle de Jeffrey.

— No te lo arrancaré, no temas— decía — Sólo es un poco de dolor, lo que tanto te gusta— Agarró un bol con lo que descubrí era sal. George gritaba a todo pulmón y no pude evitar encogerme con angustia. Esa mierda debía doler.

— YAAAA. MÁTAME DE UNA PUTA VEZ— gritaba mientras mi dulce mujer llenaba de sal las heridas con sus manos.

— No, esa no será mi tarea, amor— le decía ella sonriendo. De verdad lo estaba gozando.

— Déjalo ya, te pagaremos lo que sea, sólo suéltanos— suplicaba una hasta ahora callada Carish, el miedo la tenía encogida. Vero ni se inmutó. Siguió mirando como George se retorcía del dolor y ardor que estaba sintiendo.

Agarró de nuevo la navaja y acarició el rostro del hombre agonizante causándole una larga línea en la mejilla para luego ponerse de pie y caminar en mi dirección.

Se sentó abatida en el piso junto a mis pies y se veía cansada, estaba agotada física y mentalmente y creo que había llegado el momento de descansar.

— No... Puta... No te vayas, aún tengo tu sorpresa— la voz ronca de George nos sacó a ambos de nuestros mundos. Ella levantó la cabeza y lo miró aún cuando desde nuestro punto él no la veía ni a mi. Se puso de pie sin mirarme y se paró delante de él con la cara contrariada. Él se rió por lo bajo, el dolor debía de ser increíble pero el hijo de perra sonreía sólo por molestarla— Revisa... El bolsillo... De mi camisa—hablaba entrecortado pero Verónica volteó al montón de ropa que dejaron los chicos al desnudarlos. Agarró la camisa de George y sacó una hoja muy doblada del bolsillo— Espero que te encante— se atrevió a decirle él. Ella lo abrió y yo no veía lo que decía, sólo la palidez en su rostro y sus ojos humedecidos al voltear a mirarme, pregunté con el ceño qué pasaba y no dijo nada,

Era suficiente, me puse de pie y salí de mi lugar en la oscuridad hasta pararme frente a ellos. Carish alzó la mirada al verme y su pánico era palpable. Por el contrario su hermano, aún me miraba con una cara de superioridad impasible. Sin decir una palabra le di un puñetazo en el ojo que tenía bueno y me aparté cuando su cabeza rebotó contra el tubo metálico al que estaba atado.

— Eso es por humillar a mi mujer— otro puño encestado en su sien contraria— Esto por violarla— uno en su nariz tan fuerte que escuché el quebrar de huesos— Este por el hijo que perdí por tu culpa— una serie de tres golpes más en su quijada y vi que se desmayaría en cualquier segundo— Y esos por atreverte a utilizar tu lazo con los Rey para destruirme.

Aún agonizante y con el rostro lleno de sangre escuché la risa mínima de George, era casi una tos inaudible. Me acerqué a mirarlo, en serio el tipo tenía cojones.

— Velo de esta forma. Te quité un hijo y ahora te di otro. No me lo agradezcas— dijo cuando me levanté y pateé su abdomen, se desmayó de inmediato. ¿Qué puta mierda quiso decir?

— No... Eder... Yo--— la voz temerosa de Carish la acallé apretando su cuello entre mis dedos— Lo siento, por favor— se estaba poniendo violeta y no me importaba, quería matarla con mis dedos.

— Yo lo siento más. Lo siento por ti, por que hayas aceptado entrar en ese mundo de mierda que vive tu hermano y tus primos. Que asco me das, te lo dije. Ahora me da placer tenerte entre mis dedos. Saber que morirás por mí— no sé de donde saqué las palabras pero sus ojos me veían aún entre lágrimas. Sabía que no la mataría de inmediato sino que la desmayaría y eso deseaba hacer. No iba a dejarla huir tan fácilmente. A ninguno de los dos.

Tres segundos más tarde se desplomó y yo solté el amarre en su cuello, si no fuese por las sogas en sus cabezas ambos estarían con las frentes en el piso.

Me di la vuelta y busqué la salida, necesitaba saber qué había puesto a Verónica así de mal. Y la encontré minutos después de buscarla como loco. El depósito de chatarras donde estábamos había sido vendido hace años, aún lo mantenía en el mismo estado, realmente lo adquirí en una borrachera luego de que un conocido de la universidad me rogara comprárselo para pagar las quimio de su hija menor. No iba a negarme.

Estaba dentro de un Escarabajo color rosa chillón, estaba golpeado y oxidado pero ella se había instalado en el asiento del conductor, me hizo gracia hasta que abrí la puerta del copiloto y vi su rostro lleno de lágrimas, supuse que era normal. No esperaba menos de ella, pero tanto dolor tenía su factura.

El papel que sacó de la camisa de Jeffrey estaba en su regazo y sus ojos estaban perdidos en él. Quise agarrarla, quise leer qué mierda la tenía así.

— ¿Nena, qué pasa? Puedes confiar en mi y lo sabes— dijo en modo de consuelo, estaba agachado sobre el suelo y con la puerta abierta. Estúpido carro pequeño. Ella posó su triste mirada en mi y luego de un momento volteó al lado contrario lanzando la hoja arrugada en mi dirección y la atrapé rápidamente.

Entendí su actitud de inmediato.

Paciente: CARISH JEFFREY Edad: 23 años

RESULTADO DEL EXAMEN: POSITIVO - 8 SEMANAS DE EMBARAZO

Maldita. Mierda.