Chapter 31 - EL SHOW -.

George me tenía atada a la silla, en un sentido metafórico. Sólo podía mirar mis manos y, por más que Carish insistiera en unirme a sus chistes tontos, no podía responder ni una mirada. No es que lo quisiera, realmente.

Un mesero cubierto por un diminuto bóxer de cuero y una máscara del mismo material en el rostro se acerco a nuestra mesa y, arrodillándose, entregó dos menú, uno para cada Amo.

—Hmm— Carish examinaba el menú mientras su sumiso se arrodillaba a verla con ojos de admiración, me sentí horrorizada, ¿Qué mierda le pasaba a ese hombre? Sé, gracias a mi trabajo y a todo lo que Eder me ha enseñado, que hay gente que le gusta ser humillada, se sienten bien así, y pues, si aquel pobre hombre se sentía completo mirando a Carish y queriendo tatuarse su cara en una nalga, allá él.

—Dos cócteles de camarones y una botella de champagne para mí— George ni miró, sólo mantenía sus ojos puestos en mi de una manera amenazante, quería ver si realmente iba a obedecerlo o me aprovecharía de la situación para burlarme de él junto con su hermana. Vaya autoestima tiene este tipo—Verónica— me habló y yo lo miré, el camarero se había ido y las luces estaban bajando de a poco para crear un ambiente intimo.

—Amos y sumisos, ha llegado la hora— una voz que venía de algún lado empezó a retumbar— El espectáculo de la noche.

Los murmullos suaves y las miradas emocionadas me crispaban la piel, sabía que quién quiera que fuese a aparecer en esa tarima iba a estar en sus cinco sentidos y aceptado todo consensualmente, más sin embargo, no podía evitar ponerme nerviosa.

De pronto, la luz de un reflector iluminó nuestra mesa y creo que me puse más blanca que un papel, George me apretó la mano, me sentía helada y cuando su ceño fruncido se dirigió a mí, Carish se levantó de la mesa con paso lento, meneando sus caderas con cada movimiento. Usaba un vestido muy corto y ajustado de color rojo con escote en forma de corazón y espalda descubierta, una versión más puta del vestido de la mujer de Roger Rabbit, y su cabello suelto y acabado en ligeras ondas la hacían ver más angelical de lo que realmente era, puso un collar de cuero y tachuelas en el cuello de su sumiso, el cual ahora podía ver mejor. Se arrastraba en cuatro patas con su torso descubierto, tenía dos argollas en sus tetillas y muchas marcas desiguales en su espalda, algunas recientes, otras no tanto. Sus pies estaban descalzos y nada cubría su piel por lo que su pene se movía con cada gateada que daba. En su ano estaba un dilatador de color dorado y, pues, no se veía muy cómodo. Pero él parecía animado y seguía a la mujer a paso rápido.

No puedo describir la calma que sentí cuando el reflector los siguió a ellos y mi respiración se calmó un poco. La comida llegó y cuando el mesero estaba sirviendo las dos copas de champagne para dejar la botella a un lado, George apretó la parte interna de mi muslo.

—Luego tal vez vengamos y demos el espectáculo nosotros, cariño, ¿Qué piensas? Recordar viejos tiempos, cómo en Nirvana— se estaba burlando de mí, ¿No es así? Por favor, Eder, llega ya.

—Sí, amor, sería genial— traté de no sonar ni muy triste ni muy animada, no quería provocarlo de ninguna manera y su mente tan inestable trataba como amenaza cualquier alteración en mi voz.

—Bueno, come— ordenó y asentí cortamente para obedecerlo, aunque me tomé la copa de golpe y levantó una ceja, sólo le regale una sonrisa inocente y él la rellenó de nuevo.

Mientras comía un poco vi como por fin Carish y su "mascota" llegaron al escenario. Ella lo amarró en cada punto de la X de madera y ese pene desdichado parecía muy erecto y animado. En su abdomen habían varias marcas circulares y otras finas y largas. No me imagino todo lo que Carish se ha divertido con él. Y él con ella.

Una mesa alargada y al parecer llena llegó de algún lado al costado de la X, ella se acercó al oído del sumiso y murmuró algo que lo hizo asentir con ánimo. La acción comenzó cuando fueron iluminados por pequeñas luces amarillas desde el suelo que daba un aspecto tenebroso y, junto a la canción Fetish de Selena Gómez, todo empezó.

Carish agarró lo que parecía ser pinzas de corriente conectadas a una pequeña batería, puso cada una en las argollas del pecho de su sumiso, quién no podía mover la cabeza dado que el collar en su cuello estaba atado a la equis también. Dio vuelta a un pequeño círculo y el cuerpo del hombre empezó a temblar con la energía corriendo por él. Suaves quejidos salían de su boca e inundaban el espacio y ni una mosca sonaba más allá, todos parecían embelesados en aquellos dos.

Carish apagó la batería y dirigió sus manos a las bolas del sumiso. Besó su cuello y el hombre cerró los ojos con placer, las pinzas seguían en sus argollas. Volvió a subirse la electricidad, esta vez eran un poco más fuertes sus temblores y sus sollozos no tardaron en sonar. Se apagó luego de más de un minuto y se veía que respiraba con rapidez. Carish volvió a la mesa y puso un dedo en su boca como si estuviese pensando qué hacer ahora, cuando volvió al lado del hombre, tenía una cubeta de hierro con un largo trozo de hielo en ella. Lo sujetó con sus dedos y empezó a pasarlo por los labios del hombre, quien tenía los ojos cerrados y la boca entreabierta. El hielo bajo por su cuello y el trataba de retorcerse, luego bajó por sus pezones, quienes fueron liberados de las pinzas y con su boca acarició la piel ahora mojada, él gimió roncamente y vi como varias mujeres se mordían los labios, sin diferenciar Amas de sumisas.

George tenía cara de aburrimiento y tomaba varios tragos de su copa

—Daddy, ¿No te gusta?— pregunté curiosa, él me miró y se encogió de hombros

—Lo de la electricidad fue entretenido, pero no me interesa ver como llena de placer al sumiso. Me gustan más los suaves gritos de dolor que terminan en explosiones de placer. ¿Terminaste de comer?— cambió radicalmente de tema y pestañeé un poco sosteniendo el peso de sus palabras.

—Sí, señor— murmuré y acarició mis labios, dejando un suave pico en ellos como premio.

—Oh, mira, un poco de diversión, por fin— dijo con un deje de gusto en la voz, volteé mi vista al escenario, en algún momento el sumiso termino de espaldas en la cruz, exhibiéndonos el dilatador de su ano y sus redonditas y blancas nalgas. En la mano de Carish estaba una navaja, pequeña y de un cromado femenino, jugando en los omóplatos de el hombre. Bajó en líneas verticales por la espalda dejando pequeños hilos rojos que suponía eran sangre, él sollozaba pero era un llanto extraño, casi como le gustara y le doliera. Miré a mi alrededor y habían varios hombres dándose pajas, dos mujeres besándose apasionadamente y otra jugando con... Un vibrador. Me asusté por un segundo, luego recordé que en el mundo de los Jeffrey todo podía pasar.

De un momento al otro Carish sacó el dilatador anal del cuerpo de su sumiso y este soltó un brinco involuntario, ella murmuró cosas en su oído que lo hicieron calmar y desde mi asiento podía ver que el aparato había cumplido su función. Ella paseó su mano de nuevo por la espalda, esta vez sin la hoja filosa, y empezó a dar círculos con sus perfectas uñas sobre el ano dilatado mientras su lengua acariciaba la mejilla del sumiso. Cuando los gritos de placer empezaron a escucharse un poco más fuerte se retiró y sólo la violenta respiración masculina se oía. Ella volvió a la mesa y tomó un látigo fino y con muchas puntas, conté unas siete.

Los latigazos se hicieron sentir, él lloraba/gemía/reía/sollozaba y mis nervios se alteraban cada vez con cada golpe, puesto que me imaginaba que así de maltratada se debía ver mi piel cuando ese hombre a mi lado empezaba a hacerme lo mismo, los surcos rojos mezclándose con los violetas y uno que otro verde sobresalían de la piel blanca y unas pequeñas líneas rojas como las de su espalda me hacían saber que sangraba, aún así le gustaba, la diferencia- y enorme diferencia- es que él no piensa como su hermana, no, no busca el mutuo placer ni piensa en la consensualidad que aquel acto deberían desbordar. Sólo su placer cuenta, sólo su fantasía y ganas de ver llorar y quebrar a una mujer hasta el punto de rogar.

En el tiempo que llevaba informándome y adentrándome en el mundo BDSM -gracias a mi trabajo y mi gran sentido de curiosidad- no llegué a ver jamás, ni una sola persona, que no lo disfrutara. Que no me dijera "sí, me golpea, me escupe, me caga, me orina, pero a mi me gusta y se lo permito. Tenemos esto aclarado de antemano", no. Él hace las cosas a su manera y a su interés, desde la primera noche en Nirvana me lo hizo saber y eso era algo que no cambiaría, George estaba enfermo como la mierda y ni el mismo Dios podría cambiar a ese demonio por eso cada segundo a su lado me confirmaba que él no era un Dominante, el hombre era un sociópata. Y de la peor clase: La clase poderosa.

George metió una mano en el interior de mi muslo y maldije la idea de ponerme una tanga de encaje tan fino, pero no podía usar nada más que dañara la figura del vestido. No me acarició ni me calentó, sólo pellizcaba mi clítoris con fuerza con ganas de hacerme llorar, yo mordí mi labio inferior y seguí mirando el show, no le daría el gusto por más intimidada que me hiciera sentir.

Me concentré en la loca de Carish, el sumiso gritaba el número 18 y ella parecía muy animada. Algo debió de pasar con ellos para que ambos fueran tan... Sádicos. Nadie llegaba a amar tanto el dolor si no lo había sufrido de primera mano hasta el punto de dañar su psicología, algo esta mal con ellos y de alguna manera puedo llegar a sentir lástima por esas personas. Pero mi puta sed de venganza era mayor. Nunca olvidaría que aquellos hermanos eran los causantes de que mi hijo no estuviese creciendo en mi interior, los dueños de las pesadillas que nos acompañaban en las noches a Eder y a mi. Dos violadores, sádicos, enfermos y malditos que debían pagar y lo harían. Hasta con intereses les cobraría.

El sumiso estaba siendo bajado con ayuda extra dado su nivel de debilidad y que la Ama era una persona no muy corpulenta aunque sí alta, ella se apartó e hizo señas para que lo sentaran en la silla de ataduras, una en cada mano y otro par en los tobillos, la cadena del cuello fue retirada y ella lamió la piel maltratada por el cuello, causando que el hombre hiciera una vergonzosa cara de placer con la boca en O.

La silla era realmente baja, con la altura de esas reclinables que se usan en la playa, por lo que combinándose con la altura de Carish en tacones, le daba el alcance perfecto para que, cuando se puso sobre él dejándole saborear su vagina, pareciese un sediento frente a un litro de limonada fría. Se comía y devoraba la entrepierna de su Ama como si no hubiese mañana, Carish mordía su labio y pude ver a mi alrededor que la mayoría de las mujeres dominantes en la sala tenían a sus sumisos- hombres o mujeres- practicándoles sexo oral mientras los hombres miraban con perversión. Todos excepto mi acompañante quién tenía una cara prácticamente de asco.

Claro, era su hermana a la que le comían el coño.

Cuando el cuerpo de Carish empezó a temblar y cerró sus ojos por el placer que la atravesaba, una fuerte cachetada sonó aún sin la ayuda de los amplificadores de sonido que los rodeaban, él no se inmutó, parece que el golpe lo animó a más y segundos más tardes ella se arreguindaba de su cabello corto y dejaba su peso completamente caer sobre el sumiso. No dejaba de agredirlo de una u otra manera y cuando atravesaba el clímax una mano viajó a la entrepierna masculina sobreexcitada y claramente goteante y dio varios jalones de ella, haciéndolo acabar segundos después que ella. Los dos estaban sofocados y Carish se retiró de la boca masculina poniéndose de pie, tenía equilibro, yo no aguantaría pararme sobre esos tacos de aguja luego de un orgasmo tan épico, y terminó besando con salvajismo esa boca que acababa de hacerla ver estrellas. La sangre cayó por el mentón del sumiso mientras le sonreía agradecido y embobado. Las luces del escenario se apagaron y los aplausos sonaron por todos lados mientras la suave música de ambiente volvía a escucharse desde todos los puntos de la sala.

Algunos comían, otros hablaban mientras reían y tomaban alcohol. Unos cuantos se besaban apasionadamente y varios dominantes practicaban flagelaciones a sus sumisos bien sea con sus manos, cinturones, tablas de madera planas o látigos. El plaz plaz sonaba por todos lados y tragué grueso cuando George me miró con maldad en esos claros ojos suyos. Quise correr en ese mismo momento, cuando su teléfono sonó con una llamada.

Su ceño se arrugó al instante y tomó el teléfono dándome una mirada antes.

— ¿Bueno?— lo oí decir con fastidio. Su rostro pasó a sorpresa y luego vi la ira brillar en esos iris peligrosos, se puso de pie de inmediato y su hermana, quién iba llegando a la mesa con una copa de vino tinto y sin acompañante, levantó una ceja en su dirección al verlo agarrar un tono rojizo de piel, realmente estaba enojado. Colgó el aparato con fuerza luego de lanzar un— Vamos para allá.

— ¿Estás bien, hermanito?— preguntó Carish, él la miró mientras me agarraba la muñeca para levantarme de la silla, yo no chisté.

— Tenemos que ir al Taller. Algo pasó, parece que hay varios muertos.