CAPITULO 53
- ¿Estas lista? – preguntó Nick doce horas después aparcados en un auto alquilado en la acera opuesta de la torre Lighters. Lykar y Ferz ya estaban casi en su posición, solo faltaba nuestra entrada.
Me gire a verlo, reuniendo toda la valentía que tenía para esconder el pesar en mi rostro, más que mis nervios.
- Todavía hay tiempo de arrepentirse y buscar una mejor oportunidad para acercarte. Cuando estés en mejor estado. – aseguró sin presiones o juicios, girándose al frente y observando la calle iluminada por las luces del ir y venir del tráfico y la enorme torre dorada que expandía su esplendor por toda la zona como si quisiera ahuyentar la oscuridad.
Era perfecta, inmaculada e imponente, como debería de ser cada Lighters. Una torre de al menos 100 pisos. Y con un poco de suerte de nuestro lado, la haríamos añicos.
- No, tiene que ser ahora. – respiré profundamente y dejé salir el aire antes de enfrentarlo, colocando una mano en su hombro: – no intentes presionar a los guardias para entrar, ellos también tienen dones similares y son más fuertes y más experimentados. Sigue tu plan y si algo sale mal vete y no mires atrás, no esperes por mí. Y ten, absolutamente, cuidado con Vidra. Ella es todo lo bueno que me queda. pero no se dejara convencer fácil.
Se giró a verme y le dejé en claro todo lo en serio que iba al respecto.
- ¿Así que es por eso que me envías por ella? ¿Crees que lo mataría de solo verlo? – preguntó con fastidio pero en la manera en que apretó sus manos contra los volantes sabía que te-nía razón al respecto en mantenerlo alejado de Henry.
- No, creo que te cegarías del resto de la misión, se lo apasionado que eres. Lo he sentido. – dije tocándome el cuello rememorando las huellas que había dejado por su temperamento.
Frunció el ceño, dispuesto a contrariarme pero se lo pensó mejor, relajando su agarre del volan-te.
- La traeré de vuelta. Lo prometo. – dijo con sinceridad y compromiso en sus ojos. – solo asegúrate de enviarle recuerdos al Maximus de mi parte.
Sonrió de medio lado y abrió la puerta del auto listo para irse. Le di un leve asentimiento y Lo observé marcharse vestido con un atuendo de sirviente calle arriba donde tomaría otra entrada.
Me quede atrás unos 10 minutos más hasta que escuché por la radio del coche que los tres estaban en posición.
Salí del auto unos minutos después y crucé la calle hasta la entrada principal. Lykar salía, encorvado y vestido con ropa sucia y desarreglada, haciéndose pasar por un mensajero de la primera línea en las fronteras. Era señal de que había cumplido con su primera parte del plan.
Seguí adelante hasta que dos de los guardias de la entrada repararon en mí y me detuve a escasos centímetros de uno de ellos, acercándome a su oído para decirle.
- envía un mensaje arriba, dile al Maximus que Gris ha venido a rendirse.
El guardia me dio una mirada de pies a cabeza y me dejó entrar a la recepción donde esperé rodeada de tres guardias que se mantenía a una prudente distancia a que él pasara el mensaje, 5 minutos después del ascensor salieron tres guardias más, dos de ellos Smooker y juntos a tres guardias de seguridad se pusieron en un círculo alrededor de mí.
Un hombre vestido de negro, con las insignias de la SS me observó directamente al rostro y pude reconocerlo, era uno de los internos personales de Henry; Darrell. Jack se lo había regalado hace unos cuantos años. Tenía la habilidad de matar a las personas de un ataque al corazón con solo un chasquido de los dedos.
Sus ojos purpuras me mantuvieron la miraba antes de sonreír.
- Esto sí que es una sorpresa, ¿cómo quieres hacerlo? - preguntó colocando una mano sobre su arma, acto seguido todos los guardias alrededor desenfundaron las suyas y me apuntaron. No era un sentimiento ajeno o incómodo. Levanté las manos sobre mi cabeza.
- Quiero verlo, estoy desarmada.
- Hasta donde recuerdo, nunca has necesitado llevar un arma encima.
- Y hasta donde yo recuerdo, eras lo suficiente bueno haciendo lo tuyo, ¿o te has oxidado en el tiempo que he estado fuera? – contraataqué frunciéndole el ceño.
Sonrió más ancho colocando su mano sobre mi cuello, aun cuando no estaba apretando podía sentir como si me jalaran al suelo y sin tener control de ello caí de rodillas, con la mente nublada de dolor, el corazón retorciéndoseme de tal manera que pensé que moriría.
- Creo que quien se ha oxidado eres tú, Gris. Arréstenla. – dijo, y no puse resistencia mientras dos guardias me tomaban las manos detrás de la espalda y me ponían un par de esposas especiales. Unos minutos después venia el collar de shock eléctricos. Darrell quería utilizar todas las medidas de seguridad posible, no podía culparlo.
Dejé que me palparan por armas de forma agresiva, sedada con la ayuda de la influencia del Smooker que mantenía mi ritmo cardiaco bajo, controlable. Así no podría utilizar mis propios dones a menos que quisiera que mi corazón se detuviera.
Quería asegurarse que no atentaría contra su vida, y que no tendría que causarme daño permanente.
Me arrastraron hacia arriba y parpadeé un par de veces sintiendo la tensión ceder un poco mientras me guiaban a los ascensores, ya habíamos causado suficiente alboroto en el piso.
En el ascensor solo podían entras cinco a la vez, así que el resto se quedó atrás, siguiendo las orden de Darrell de aumentar la seguridad.
Una enemiga del estado estaba aquí después de todo.
Nos detuvimos en el último piso de la gran y brillante torre unos minutos después y una docena de guardias nos recibieron, observándome con asombro mientras nos conducían por un largo tramo hasta llegar al final del pasillo y esperar la mayoría afuera. Darrell se puso frente a mí antes de continuar, arreglando la liviana camisa de seda blanca que me había puesto, suficiente para dejar ver que no escondía armas. Era un buen gesto, pero inútil ya que eso no hacía nada para mejorar el aspecto derrotado que tenía.
- Será mejor que te comportes, odiaría regresarte a casa en piezas. – masculló entre dientes, dejando leves rastros de energía sobre mi cuello haciéndome retroceder y temblar al tacto.
Asentí sin mirarlo a los ojos, oliendo su perfume fuerte hasta que su sombra desapareció sobre mí y la puerta se abrió, unos minutos después me hicieron pasar hasta la mitad de la sala y me atreví a levantar la miraba.
La sala, era una oficina amueblada sin prestar en gastos; había cuadros, jarrones, tazas con cristales de diferentes colores, todo complementado con muebles, sillas y alfombras de aspectos costosos, todos vibrando de colores fuertes y brillantes.
Era la oficina de un Rey.
Unos aplausos se escucharon desde el frente de la oficina y giré la miraba hacia allí de manera tal vez un poco demasiado precipitada. Mi corazón dio un vuelco al verlo sentado frente a su escritorio de cristal, vistiendo uno de sus caros trajes blancos y dorados, contrastando su piel bronceada y sus ojos dorados.
Henry siempre me había parecido imponente, y este no era la excepción.
- Hemos estado buscándote por medio mundo, y ahora te apareces aquí así como así. Debe de ser por que no puedes estar lejos de tu familia. – dijo con una mano apoyada sobre su cara mientras me analizaba de pies a cabeza.
Se puso de pie y rodeó la mesa acercándose lentamente. Guardé silencio, dejando que lo hiciera, y me puse de rodillas sin que me obligaran los guardias.
Lamenté la decisión que tomé, al menos por un segundo, pero no podía ser más que seguir adelante.
- Quiero hacer esto en privado si no te importa, tengo cosas que preguntarte que solo tú debes de escuchar. – le pedí levantando la miraba ligeramente, sin atreverme a verlo a los ojos.
Se detuvo a quince pasos de mi por seguridad y observó a la sala llena de guardias armados, y con habilidades superiores.
Todos muy pendientes de mis movimientos, listos para atacar.
- ¿En serio crees que nos dejarían solo?
- Es mejor que creer en la alternativa; que me tienes más miedo a mí de lo que imaginas. Y fuiste tú el que me enseñó que era mejor ser temido a ser temeroso toda la vida. Si no los retiras ahora, le dirás a estos hombres que te cuidan, y respetan, que velan que duermas en la noche, que le tienes miedo a algo. Ambos sabemos que esa no es buena idea.
Soltó una buena carcajada observándome con una pizca de orgullo, señalando con un dedo que se retiraran unos centímetros los guardias.
- Es bueno saber que recitas mis enseñanzas pero no los retiraré, ¿sabes por qué? Eres tu propia lección. Aquí, ahora, les muestras a todos y cada uno que pueden caer muy muy bajo. No eres ni una sombra de lo que eras, y los que te conocen lo saben. Mírenla, chicos, solo tiene su boca. – dijo señalándome mientras caminaba alrededor de mí, mirando a los ojos a sus guardianes.
- Pero no se confíen en cualquier cosa que salga de ella, yo la he educado. He creído en ella. ha sido una lástima que tu oscura percepción del mundo arruinara el conocimiento que he construido en ti. además, Has olvidado que es el miedo lo que nos empuja de una manera u otra. Todo lo que hacemos, lo que protegemos y creamos es para no tener miedo.
Dio una vuelta completa a mi alrededor y me encogí sobre mi misma tocando con la frente mis rodillas, más que para soportar escucharlo, soportar su miraba sobre mí. Era tan familiar ese sentimiento, el de querer someterme a su voz… Tenía ese poder y carácter de quererme hacer débil y estúpida frente a él.
Ahora lo veía.
Era la forma natural en que las cosas eran antes de…
El pie de uno de los guardias se estrelló contra mi espalda y chillé de dolor siendo empujada hacia un lado, intentando retroceder y alejarme.
Levanté la miraba para verlo, con su sonrisa brillante y sus ojos orgullosos antes de que una som-bra oscura me girara el rostro de una fuerte bofetada.
- Espera, Dominic… ¿Que siente? – preguntó deteniendo la paliza que me estaban dando.
- Nada, no hay dolor. – dijo uno de sus escoltas personales, tal vez aquellos buenos en leer los sentimientos de las personas.
Estuve tentada en quedarme resollando en el piso, no queriendo tentar al dolor que sabía que sentiría al estirar la espalda pero contra ese deseo me puse de rodillas de nuevo levantando la miraba frágilmente.
- Quiero hablar contigo a sola… Solo eso. – mascullé apenas entendible por la rabia que sentía.
- No, no quiero escucharte. No ahora. – me rechazó con un manoteo en su mano. – tienes que ser preparada para tu extradición.
- he venido en buena voluntad, a entregarme. Solo para que me conteste un par de preguntas y dudo que quieras que lo hago frente a ellos. - le aseguré mirándolo a la cara, con la cabeza bien alta a pesar de la presión del cinturón sobre mi cuello, quería que viera la desesperación en mis palabras, en mis ojos, la necesidad. Antes de que los guardias intentaran llevarme.
Me observó intrigado, ladeando ligeramente la cabeza para verme. Podía ver la duda en sus ojos así que tenía que hacer algo rápido.
- Padre, por favor. No pondré resistencia… Solo respóndeme. – le mantuve la miraba lo suficiente esperando que cediera, rogando que lo hiciera y confiara un poco en mí.
Henry era un hombre inteligente, tal vez podría verlo como la trampa que era. Pero también sabia de todos los secretos de estado que guardaba y por muy confiables que eran los hombres y mujeres a su alrededor para proteger su vida, dudaba que se mantuvieran inocuos a las cosas que ambos habíamos cometido para llegar aquí.
Al final, levantó su mano en un gesto que hizo moverse hacia la salida a la mayoría de los guardias, dejando su escolta personal de Smooker y Lighters sobre mí. Un numero de cuatro que valía lo de una docena, sus más confiables.
- responderé a tus preguntas si tú respondes a esto. - se acercó y desabrochándose los dos botones principales del traje se acuclilló frente a mí. Su olor tan limpio y agradable me rememoró a la primera vez que se acercó a mí, libro en mano, y me leyó algo que no era sobre guerras o números. Era una historia de fantasía donde había héroes y finales felices, había esperanza.
Creía que de los dos, él era el puro y bueno. Solo porque blandía el conocimiento en vez de las armas... Cuan equivocada estaba.
- ¿por qué nos diste la espalda? ¿Por qué te has ido? ¿Acaso no te lo dimos todo? - me interrogó buscando mis ojos pero bajé la miraba avergonzada, pero a la vez sintiendo la ira rugir en mi interior como un animal enjaulado.
- eso no era todo, no podía serlo. Tú le hablas a todo el mundo sobre buscar su propia libertad pero a mí me la negaron por mucho tiempo, les ayude a construir un paraíso, a mantener el control sobre el caos del mundo y lo único que pedí a cambio...Me lo negaron.
- así que es eso ¿eh? - dijo tomando mi rostro con una mano y observando los moretones y rasguños, y bajando su miraba hacia la marca oscura en mi cuello con desagrado. - y mira como el mundo te ha tratado. No me digas que no has tenido deseos de convertirlo en cenizas, me mentirías.
Me deshice de su agarre sin querer responderle. Chasqueó la lengua algo decepcionado dejando caer su mano.
- ella esta abajo por si te interesa. Siempre le tuviste envidia, querías ser tan buena como ella, tan especial. Por eso aceptaste todo lo que te hacíamos. Pero solo podías ser tan mala como tú, por eso te movías tan bien entre las sombras, entre la sangre. - se puso de pie limpiándose las manos en el pantalón. - me preguntó... ¿qué penitencia seria la adecuada para ti? ya estas bastante acostumbrada al dolor, al miedo. Meterte en una celda vacía no será más que un alivio...Enviarte al campo, demasiada liberación y posiblemente podrás escapar pero tal vez...
- Dalilah Cortier... - mascullé con los dientes apretados interrumpiendo su meditación. Lo miré a los ojos y supe que había captado ese nombre salir de mi boca, pero ninguna ex-presión dibujo su rostro.
- ¿disculpa?
- Dalilah Cortier. Hace 9 años. ¿Qué paso? - le pregunté, aunque sonó más una exigencia de mi parte.
Henry me mantuvo la miraba un largo minuto con ojos fríos e imperturbable antes de chasquear la lengua y con un ademan de mano señalar que me tomaran de los brazos.
- terminamos. Pudiste escoger miles de vías: llorar, intentar rogar... Pero si lo que intentas es estafarme, extorsionarme con un fantasma. Adiós. No has aprendido nada de mi todo este tiempo.
- en realidad lo he hecho. - dos de los guardias se giraron cuando la puerta se abrió y un mensajero con dos paquetes entró. Los hombres bajaron la guardia un segundo observando el paquete marrón con la doble insignia Smooker y la firma especial de Jack y fue más que suficiente. Me deshice del agarre de los guardias y me tiré al piso cuando la bomba oculta que traía el mensajero explotó lanzando a todo el mundo al piso.
El zumbido, lo suficiente fuerte para estallar el tímpano de un ser humano común y corriente, sonó por dos largos minutos en los que me alejé y robé una de las dagas de los guardias clavándose en el estómago cuando intentó arrebatármela, la jale hacia atrás en un fuerte tirón para luego cortar el collar en mi cuello poniéndome de pie en un salto antes de que el ruido se detuviera, y le lancé el cuchillo al Smooker más grande, esquivando el disparo de uno de los otros guardias saltando de un pie a otro hasta llegar frente a él y estirar mis manos sujetadas por las cadenas para envolverlas sobre su cuello y jalarlo al piso.
Solo quedaban dos más y uno de ellos lo sentía apretar mi corazón de tal forma que sentía que iba a derretirse en mi interior.
Me di la vuelta hacia Darrell, que luchaba con una rodilla sobre el piso y las manos cubriéndole los oídos intentando sobreponerse y me incliné hasta apretar en un punto exacto en mi muslo donde estaba oculto el segundo interruptor haciendo que otra carga de sonido se liberara dándome unos segundos de mas donde me puse de pie tomando el arma de uno de los guardias mientras Darrell se cubría los oídos gritando en absoluta agonía, esa era mi entrada.
Levantó la miraba y utilicé lo poco que había quedado de mi don para tomar su mente y darle una simple pero rotunda orden.
Las pupilas del Smooker se dilataron hasta volverse completamente negras y bajó sus manos de sus oídos poniéndose de pie, totalmente convencido. Le entregué el arma y como una maniquí, se dirigió al cuerpo de su último compañero convaleciente disparándole dos veces en el rostro y dirigiéndose a la salida, donde el resto de los guardias esperaba en el pasillo sin poder entrar por el bloqueo de seguridad de la puerta. No tuvo necesidad de salir, lo observé como colocaba su mano sobre la puerta y concentrarse hasta que el golpeteo cedió.
Asentí conformé y lo observé darse la vuelta convulsionando, sus ojos y nariz sangraban mientras intentaba repeler lo que le había hecho. Estaba jadeando como un animal, con las manos en la cabeza intentando liberarse. Así que se lo facilité.
Tomé el arma del compañero que hace unos segundos había matado y le disparé cuatro veces en la cabeza hasta que cayó a un lado de la puerta sin vida, con el rostro abierto y sangrante por todos los disparos. Me acerqué a Henry quien se había tirado al suelo cubriéndose la cabeza con ambas manos para aguantar el choque de sonido, quitandome los dos tapones especiales en mis oídos y con un poco de fuerza rompí por la mitad las esposas que ya estaban algo astilladas luego de romperle el cuello al guardia.
Lo apunté con el arma removiéndolo hasta que levantó la miraba con la cara roja y los ojos cristalinos.
- ahora, hablemos en serio.