Capítulo 25
Cuando la mañana llegó Abril se sentía más contenta que de costumbre y lo demostraba cantando a todo pulmón en la ducha.
Y es que me gustas tú
Tu voz tu mirada la luz que contagias
La forma en que me hablas
Adicta a la magia que tiene tu alma
Y es que me gustas tú
Me gustas tú y tú y tú
Me queda muy claro
No queda de vueltas, te quiero a mi lado…
- ¡Ya, deja de ladrar y dale espacio a tu servidora que necesita ducharse par amor a trabajar! – le dice a gritos Erika en la puerta del baño.
- ¡Ya salgo! – contesto entre risas Abril desde dentro.
Ella se sentía tan alegre que por más que quisiera disfrazarlo no podía. Sabía perfectamente que solo era cuestión de que pudiera darse cuenta que la quería, para poder, por qué no, ser una pareja. Aunque ella tenía algo que resolver y desde que empezó su relación con Santino, Mauro no paraba de insistir para estar a solas con ella. Ya no era el contrato el tema por el cuál no intimaba con él, pasaba pro otro lado, es que estaba enamorada y quería a Rivas a su lado, pero él … ¿Él la quería a su lado?
Abril no podía dejar de repetir la escena de hacia hora y la misma no dejaba de enseñarle cuán enamorados estaban… y si no era eso ¿Entonces qué? Abril se convencía que lo que Santino estaba sintiendo era amor y que solo debía darle tiempo para que pudiera asimilarlo.
- ¿Puedo preguntarte algo? – le dice ella luego de esa jornada de sexo salvaje y él asiente. - ¿Por qué desiste cubrirle los ojos a Gabriel? – ella no se creía el cuento de qué era parte del contrato, ¿Acaso ser el único que puede tener para sí sus orgasmos, estaba en el contrato? No, no lo estaba y ella necesitaba saber el por qué se comportaba así.
- No sé que es lo que deseas saber exactamente. – trata de evadir la pregunta pero ella se sienta en la cama cubriendo sus pechos con la almohada.
- Eso, porque permitiste que me toque y tenga sexo conmigo si no le permitiste verme, besarme ni mucho menos ser el dueño de mis orgasmos. – él sonrió y ella creyó desmayarse con su belleza.
- ¿Qué de “ser mi esclava sexual” no has comprendido? Eres mía punto. No hay nada qué aclarar. – pero ella hace un gesto que a él le provoca preguntar - ¿Por qué? ¿A caso crees que es por otra cosa? – ella levanta su mirada para encontrar sus ojos negros y sin que él lo espere y se lo impida, se acomoda arriba suyo y posa sus manos sobre su cuello. Él se sorprende y no sabe qué hacer.
- ¿Qué sucede si el que termina enamorándose eres tu? ¿Dónde quedan tus cláusulas? –
¿a caso Santino se había puesto a pensar en qué queda ese acuerdo si se enamora? Lo que Abril no sabía es que como él era un hombre que necesitaba tener el control de todo, eso le provocaría una desestabilidad emocional tal grande que seguramente cortaría todo tipo de relación. En verdad, cuando ambos comenzaron en esta locura a él no le importaba ella como persona, como ser humano porque solo veía en Abril, la manifestación del deseo y la pasión y solo buscaría satisfacer sus sucias fantasías sexuales, pero ahora que salía todo de control, ni él sabía el por qué tenía esas actitudes para con ella y de lo que sí estaba seguro es que haría lo que sea por no caer en las redes de ella, sin saber que desde el primer momento en el que sus ojos se cruzaron por primera vez, él dejó de tener control sobre su propia existencia.
- Eso no pasará, Srta. Evans, usted debe limitarse hacer lo que le ordene – dijo y saco sus manos de su cuello. – entienda, que si lo que espera es que algo sentimental pase entre los dos, eso no sucederá nunca, así que, comience a dar de usted lo necesario para satisfacer mis deseos. – concluyó sacándola desde encima suyo.
- Bueno. – y guardó silencio. En verdad no le creía y pensaba que quizás si se lo decía, él se daría cuenta de ello, que no puede negar sus sentimientos – pues, yo creo que no quiere aceptar lo que le pasa.- él la mira sin comprender y hasta con un poco de miedo. Era la primera vez que sentía eso.
- Y según usted ¿Qué me pasa? – pregunta desafiante
- Que a usted le pasan cosas conmigo. – él abrió sus ojos ¿Qué decía esa mujer? Y comenzó a negar – aunque lo niegue, se que no solo le gustó para el sexo – dice sonriendo.
- ¿De dónde saca usted esas tontas conclusiones? Está loca. – y entonces ella se vuelve a subir encima suyo y toma su rostro con ambas manos tomándolo por sorpresa
- Quizás tenga razón – y comienza acercarse a sus labios – pero considero que ambos estamos iguales – observa bien sus ojos y su boca entreabierta – locos el uno por el otro. – y lo besó.
Ella estaba perfectamente segura de que él se había enamorado de ella, solo que le costaba aceptarlo. Ese beso le había demostrado que lo que pensaba era lo cierto y que haría lo que fuese por que él se lo admita a sí mismo.
- ¿Por qué tanta alegría? – le pregunta Erika antes de entrar a bañarse.
- Porque la vida es bella. – admite con una gran sonrisa entonces su amiga comprendió.
- Esa esta cara de quien esta bien follada. - y ambas estallaron en risas y como no hacerlo, si erika era capaz de decir cualquier barbaridad y que suene gracioso.
- ¿envidia? – pregunto sonriendo.
- Siempre, amiga, siempre. – admitió entrando a bañarse. – ¡pero nada se compara con el papito de mi jefe! – gritó a todo pulmón haciendo que Abril se detenga.
- ¡¿cómo es eso?! ¡tienes que contarme! – pero ahora es ella quien comienza a cantar.
Erika trabajaba en una oficina contable como secretaria y hacía una semana el dueño había muerto heredando la empresa su hijo mayor, quien le llevaba diez años y aunque era todo lo contrario que Santino, el hombre era homosexual y todas las mujeres que trabajaban allí, estaban locas de amor por él.
No era raro que ella lo desnudara con la mirada más de una vez y que se imaginara tocándola, pero lo cierto es que jamás podría verla con otros ojos, no porque no fuera atractiva, de echo era hermosa, pero no le gustaban las mujeres. Era más probable que le atrajera un hombre como Mauro o Santino, sexualmente hablando, que alguien como ella. Simplemente era su amor platónico y en eso quedaba, porque por más deseos que tenga de estar con él, A Facundo Dewey no le movía un solo pelo.
Mientras Abril subía las escaleras del nuevo edificio hasta el segundo piso, lo hacía tarareando la misma canción con la que se estaba bañando esa misma mañana, cuando por fin llegó a la puerta de la oficina y justo cuando iba abrirla, una voz la detiene.
- Pero tu me has dicho.. - pero él no le permitió continuar, porque enseguida habla encima de ella.
- Yo sé lo que te dije, pero me retracto. – pero ahora era ella quien lo interrumpía.
- ¿Es por ella verdad? – el solo levanto una ceja ¿de quién se refería? – Abril Evans ¿Por ella es que ya no quieres estar conmigo? –
Una de las cosas que más le generó dudas, fue la manera en la que ambos se hablaban. No conocía a Santino hace mucho, pero hasta donde sabía, no era del tipo de hombres que le gustara que lo tutearan, de hecho, más de una vez le corrigió la forma en la cual debía dirigirse a él y escucharlos tratarse de tu no solo le intrigaba, sino que le daba celos. Además, qué tenía ella que ver con todo aquello.
- No es necesario que metas a la Srta Evans en este asunto. – pero ella lo interrumpe.
- Sí, sí que lo es ¿acaso fui yo quien lo busco hace unos días? – él negó – viniste a mí con la intención de retomar lo que tuvimos hace unos meses y resulta que ahora no te interesa estar conmigo ¿a qué juegas Santino? – le reprochó muy molesta.
¿qué relación hablaban? ¿será que fue su esclava en algún momento? Cada palabra que escuchaba le generaba dudas y algo que no quería sentir. Dolor.
- Tu sabías cómo eran las cosas. – trata de escusarse.
Clara, era una joven de tes morena que trabajaba para el estudio jurídico que integraba Santino hace más de diez años y de echo estaba casado con uno d ellos abogados del estaf, solo que llevaban una relación abierta, donde cada uno tenía la libertad de experimentar la sexualidad con otras personas sin problemas. Cuando ella y él se conocieron, sucedió lo mismo que con Abril, con la diferencia que fue ella quien le mostró ese mundo a él y desde entonces ella ha sido su mejor anfitriona. Ambos llegaron a obsesionarse el uno por el otro y aunque el sr. Rivas tenía como única condición el no besar ni ser besado, lo cierto es que cuando sucedió el deseo de Abril por renunciar al contrato, él se sintió con deseos de volver a ser el de antes y qué mejor que de la mano de ella, la mujer que le mostro todos este mundo de practicas sexuales. Pero lo que él no sabía es que sería en vano intentar borrarla con Clara y desconocía que haberla besado abriría en ésta. La puerta de una mujer envidiosa capaz de arruinar su carrera si decidía elegirla antes que a ella.
- Sí, pero fuiste tú el que me busco con las intenciones de volver a lo que teníamos. –
¿lo qué tenían? ¿qué estaban hablando? ¿será que ella era la culpable de su comportamiento? Esas, más miles de preguntas más daban vuelta en su cabeza, pero a ninguna podía encontrarle respuesta.
- Sé lo que te dije, pero no quiero. – entonces escuchó de sus labios aquella pregunta que deseaba o más bien se convencía de su respuesta.
- No me digas que estas enamorado de esa mujer. – Abril sentía el desprecio en sus labios, pero le interesaba más escuchar la respuesta de él y cómo si tuviera la certeza de lo que contestaría, sonrió esperado a que él continuara la conversación.
- ¿qué dices? Jamás me enamoraría y menos de una mujer como ella – soltó y ella sintió que todo lo que creyó que a él le sucedía, era producto de su imaginación.
- ¿Por qué no? – una parte de ella quería quedarse a oír, en tanto la otra quería salir huyendo de allí.
- No es mi tipo. - ¿no era su tipo? ¿a qué se refería?
- Que raro. Porque por lo que leí en el acuerdo, llevan tiempo follando. ¿Por qué lo haces si no es tu tipo? – quiso saber y ella también. Pero Abril no estaba preparada para oírlo.
- Por caridad. – soltó y sus palabras se sintieron tan frías que no supo cómo reaccionar.
- ¿caridad? – preguntó ella.
- Sí, caridad. – ella rompió en risas.
- ¿Qué ahora eres un sugar daddy? – y el negó -¿entonces?
- Entonces no te incumbe, Clara, discúlpame si me malinterpretaste, pero no quiero nada contigo. –
- En fin ¿sabes qué como yo no habrá otra ¿verdad? – le dice cuando se acerca a la puerta y toma el picaporte y aunque debía escapar, la Srta. Evans no era capaz de salir de allí.
- Quizás, pero, aunque quisiera no puedo romper el acuerdo. Ella necesita el dinero. - ¿encima la había hecho quedar como una mujerzuela? ¿qué clase de hombre era ese?
- ¿y hasta cuando tiene validez el contrato? recuerda que no puede durar más de un mes –
¿Más de un mes? ¿por qué no debía durar más de un mes? De echo ellos llevaban un mes y medio y él aun no solo no liberaba el dinero, sino que buscaba la manera de estirar el acuerdo ¿por qué lo hacía?
Escuchar aquello le dolía en el corazón. No era su tipo y solo estaba con ella por caridad ¿qué podía ser peor? Oír como la puerta se abre y los tres se miran.
- Hola. – le dice Clara sonriendo, en tanto Santino tenía una expresión indescifrable.
- Abril. – susurra y ella, sin saber cómo, paso de él y se sentó en su escritorio.
No iba a llorar y si para él lo de ambos era solo caridad, entonces se limitaría a lo que dijera el acuerdo.
Se acabó la estúpida Abril Evans.