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Capítulo 22 – cinco horas de libertad.

Bastián.

Arremeto contra Jeremy, me acerco a él y el hombre da un par de pasos hacia atrás, está asustado, puedo verlo en sus ojos, en la manera en la que me mira y en la forma en la que intenta alejarse de mí, pero yo no voy a dejarlo escapar, este mal nacido va a apagar todas las cosas que le ha hecho a mi madre, todos los demonios que me ha metido en la cabeza y cada gota de llanto de Lena se la voy a hacer pagar con sangre.

– Bastián, hijo, ven aquí – me llama mi madre, pero yo la ignoro – cariño, dale un abrazo a mamá – me pide, como si yo tuviera cinco años y no veintiuno recién cumplidos.

Termino de acortar el espacio entre Jeremy y yo y encajo el primer puño en su mandíbula, el hombre se tambalea y entonces lo golpeo por el otro lado, él se queda estático, como si estuviera viendo a un fantasma y yo aprovecho que no está en sus cinco sentidos para desquitarme por los últimos malditos quince años de mi vida.

Jeremy se mantiene en pie, pero dobla su cuerpo cada vez que yo lo golpeo, le doy un golpe en el abdomen, que le saca el aire, y otro en la mejilla, quiero ver moretones en las mismas partes en que él acaba de golpear a mi madre, quiero que se sienta igual a como ella se ha sentido a lo largo de todos estos años, humillada, minimizada y básicamente reducida a nada.

–¡Bastián! Por amor a Dios, déjalo, yo estoy bien, cariño – grita mi madre con la voz entrecortada.

Pero ella no lo entiende, yo no lo estoy golpeando por esta noche, yo la estoy golpeando por cada una de las putas noches en que la ha maltratado, no me interesa si mi madre está bien ahora, Jeremy nos ha robado demasiado, y para su desgracia, ya yo no soy el mismo niño endeble del pasado que no era capaz de hacerle frente, la situación ha cambiado, y ahora es él quien me mira asustado mientras yo lo golpeo.

Veo que la sangre sale de su rostro, le he partido la ceja, la nariz y el labio, y ni aun asi eso es suficiente para mí, necesito más, mucho más que eso. Veo momentáneamente mis manos ensangrentadas y recuerdo en mi cabeza cada una de las palabras hirientes que Jeremy nos dijo a mi madre y a mí.

– Hijo de perra – le grito, igual a como él hizo conmigo la primera vez en que intenté defender a mi madre – eres una cualquiera, una ramera despreciable – le digo de igual forma a como él le dijo a Lena.

Cada una de las palabras están grabadas en mi cabeza y yo las traigo a colación una por una – eres un ser despreciable, eres lo peor que ha pisado el mundo, deberías estar muerto, no mereces mas que dolor, todo lo que pasa es tu culpa, te golpeo porque eres una zorra y lo mereces – gruño, todo lo que él en alguna ocasión nos dijo a nosotros.

–¡Bastián Jones! ¡No más! – mi madre grita con fuerza y me agarra de los hombros para detenerme.

Yo no quiero golpearla, asi que dejo de agitar mis manos, lo que le da tiempo a Jeremy de salir corriendo como la rata de alcantarilla que es. El hombre se escabulle a un lado de mí y corre hacia las escaleras.

– Lo siento, mamá – me suelto del agarre de Lena y la persecución comienza.

Corro detrás de Jeremy y no me cuesta alcanzarlo, Jeremy es un viejo regordete que tiene un estado físico del asco a causa de toda la cerveza que toma, y yo siempre he sido alguien ágil y perspicaz. Lo persigo hasta que lo detengo en la escalera y Jeremy intenta agarrarme por las solapas de la chaqueta.

Yo siento que pierdo el equilibrio y para no caer, lo empujo a él.

Escucho los pasos de mi madre acercarse detrás de mí y entonces ambos nos quedamos viendo lo que está sucediendo en las escaleras de la gran casa, Jeremy está cayendo a través de ella, y dudo mucho que pueda sobrevivir el impacto del montón de escalones.

Mientras veo su cuerpo golpearse contra los peldaños siento que un fresco me atraviesa el alma, lo he logrado, he liberado a mi madre de una prisión en que el idiota ese la tenía viviendo.

– Bastián, ¿Qué hiciste? – susurra mi madre a mi lado.

– Te he dado libertad – respondo.

Las luces parpadeantes azules y rojas se encienden a través de la cortina, es la policía, las sirenas suenan con fuerza y me pregunto quién habrá sido el idiota que los llamo.

– Bastián, tienes que irte – me pide mi madre – vete antes de que empiecen a hacer preguntas – yo la miro a los ojos a verdes iguales que los míos y me doy cuenta del jodido problema en el que acabo de meterme. Irme no hará que nada cambie, solo meterá en mas problemas a mi madre, y es precisamente a ella a quien quiero proteger.

– No quiero volver a verte en la cárcel, hijo – ella acaricia mi mejilla.

Yo la acerco a mi cuerpo y la abrazo con fuerza.

– No iré a la cárcel si dices la verdad – digo – solo tienes que decirles que fue en defensa propia.

Ella solloza en el hueco de mi cuello y no me dice nada, Lena Jones es la mujer que prefirió aguantarse los golpes durante quince años y después cubrirlos con maquillaje, que decir la verdad al mundo, y es momento de que eso se termine, justo ahora, si es que ella de verdad no quiere verme en la cárcel entonces le pondrá la cara a un juez y le dirá que yo, Bastián, mate a Jeremy para protegerla.

Los policías rompen las cerraduras de nuestra casa e irrumpen aquí, yo no despego los ojos de mi madre ni un solo segundo, en parte porque la amo y me alegra que ya no tenga que preocuparse por Jeremy, y en parte porque me recuerda a Annabelle, los bonitos ojos asustados de mi madre me recuerdan aquella primera vez en que ella me miro.

Creo que no había querido darme cuenta, pero yo soy el Jeremy de Annabelle, soy su cárcel. Ahora entiendo porque ella no quiere verme, puedo comprender aun si ella quisiera acabar conmigo como yo lo hice con Jeremy.

– Señor Jones, queda detenido por el presunto homicidio de Jeremy King – dice un policía, mientras pone mis manos tras la espalda y las asegura con las esposas.

Que irónico, ni siquiera dure cinco horas en libertad.

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