Acción de gracias Parte 1

— Jaque Mate.

Sentí la tensión en el ambiente.

— Fuiste tú.

Sonreí y giré la silla para estar frente a él. — ¿Cómo llegaste aquí? — La satisfacción que sentía en este momento era increíble. — Encerré a Yuri en una cajuela y lo deje en un estacionamiento. — Me reí. — Fue muy fácil. — Si estaba enojado no lo demostró. — Así que robas a tu propio padre, luego viajas a Rusia y encierras a tu hermano en la cajuela de un auto y por último viajas hasta Australia para echarle en cara a tu padre que lo robaste. — Me reí de nuevo mientras asentía. — ¿No es genial?

— ¿Crees que esto no tendrá consecuencias?

— ¿Qué harás, llamar a la policía y decirles que tu hija te robo varios millones de tus negocios legales? Se demasiado sobre tus otros negocios y tú me entrenaste para convertirme en el mejor mercenario que el dinero podría pagar. ¿Qué dirá la policía de Nueva York cuando se entere de tus verdaderos negocios? ¿Qué dirá el mundo? — Me levanté mientras decía esa última frase.

— Estás jugando un juego demasiado peligroso.

— El juego ya terminó, Nikolai y tú perdiste. Ahora quiero que me dejes en paz porque no te necesito, no después de todo el dinero que te robe. Puedo formar mi propio imperio con eso.

— Te lo concedo, pero aun no estas lista.

— Yo nací lista y tú lo sabes. Ahora tengo que irme, paseare un rato por esta maravillosa ciudad con mis amigos. Aún tengo un poco de tiempo antes del siguiente trabajo y la universidad.

Tome las llaves de mi bolsillo y se las ofrecí. — Te enviare los diarios por correo en cuanto los lea, sin duda estoy algo intrigada por saber lo asqueroso que eras cuando lo hacías con tu propia hermana y ahora si quiero leerlos.

Tomo las llaves sin decir nada y yo Salí de la oficina para encontrarme con los chicos. Se sentía tan bien poder darle un golpe y destruirlo de verdad. Ahora todos sabrían que no deberían meterse en mi camino.

Tomaba tantas joyas como podía y las ponía en mi mochila lo más rápido posible. Cuando Grace se tardó unos segundos más de lo planeado en eliminar el sistema de seguridad me asuste un poco pero lo consiguió y entramos sin problemas. Los escuche moverse a mí alrededor en medio de la oscuridad y espere que se movieran tan rápido como yo, este tendría que ser un gran golpe porque sin duda no le entregaría todo al que nos contrató. Siempre debíamos guardar algo para nosotros por si las cosas salían mal, ya tenía los contactos suficientes para vender algunas de las joyas por nuestra cuenta y así me aseguraría de recibir algo si el cliente quería ponerse astuto, obviamente lo destruiría y me quedaría con todo pero para empezar siempre era mejor tener un seguro.

Un celular comenzó a sonar y todos apuntamos las linternas hacia el sonido. Paul hacía que su celular saltara de una mano a otra tratando de callar el sonido. — ¿Qué demonios haces? Apaga eso, les dije que sin celulares. — Puso el teléfono en su oído el muy maldito. — ¿Hola? — Susurro fuerte. — Eres tú… no lo sé… estamos eh… jugando a las escondidas sexuales. — ¡Maldito! ¿Con quién hablaba? — Con el nuevo novio de Scarlett y sus amigos. — Salte hacia él tratando de quitarle el teléfono pero huyo de mí, Connor y Grace volvieron al trabajo mientras se reían.

— ¿La cena? No lo sé, déjame preguntarle. — Puso su mano sobre el teléfono. — Marshall pregunta que si iremos a la cena de acción de gracias mañana. — Tuve que asentir para que colgara. — Dice que sí, estamos ocupados, adiós. — Escuche un grito enfurecido antes de que colgara, Jack debió escuchar lo de las escondidas ¡Diablos!

Volver a casa se sentía extraño, nunca tuve a donde volver y luego de casi tres meses en Stanford volver a Nueva York se sentía como si todo fuera totalmente diferente. Eso es algo bueno, creo. California tiene un clima maravilloso, muchas playas y Stanford es una de las mejores universidades y la elección perfecta, especialmente porque está al otro lado del país y porque su programa de ingeniería electrónica es uno de los mejores. Cuando decidí trabajar en la réplica del MagLev la ingeniería electrónica llamo bastante mi atención y fue la carrera que decidí tomar.

Salí del ascensor y encontré a Vanessa dormida sobre la mesa del comedor que estaba en medio de la sala, junto a ella había verduras a medio picar y su enorme barriga la hacía ver extraña el bebé debía estar a punto de nacer y ya se había tardado. — Vanessa… — Se despertó gritando y apretando el cuchillo en sus manos y amenazándome. — Ah eres tú. — Volvió a poner la cabeza sobre la mesa y a quedarse dormida. ¿Qué hacía despierta y con un cuchillo en su mano rodeada de verduras a las cuatro de la mañana? Escuche ruido en la cocina, supongo que Marshall estaba preparando el pavo.

Seguí mi camino hacia la habitación. Fue difícil llegar aquí porque los aeropuertos eran un caos y ya que no compramos boletos antes, tuvimos que recurrir a un conocido que nos trajo en su avioneta. Creo que iba a recoger o ya llevaba un cargamento a algún lugar, California estaba llena de laboratorios de drogas y era mejor no preguntar. Subimos a ese avión casi una hora después de salir de la joyería y aquí estaba. Los demás llegarían más tarde porque querían descansar y Paul quería ver a Tyler antes de venir a la cena.

Entre al cuarto y lo encontré durmiendo boca abajo, con su trasero al aire. Sonreí, esta era una gran oportunidad y no iba a dejarla pasar. Había vuelto a dormir desnudo ahora que no dormía conmigo. Me acerque y subí a la cama para luego darle una gran bofetada en su trasero. Gruño muy fuerte y trato de cubrirse pero le di otra mientras me reía.

— ¡Déjame dormir, maldición!

No le hice caso y seguí golpeándolo y el gruñendo, casi lloriqueando. — ¡Demonios, Scarlett! Déjame dormir, es muy temprano. — Cuando se dio cuenta de que no le haría caso trato de levantarse pero no iba a permitírselo, él solo podía gritar y discutir pero entonces fui lanzada fuera de la cama y Marshall saltó sobre él llorando.

— ¿Qué haces aquí? Ve a preparar la cena, no vas a arruinar mi cena por alguna de tus estupideces, Marshall.

— Le escribí para decirle que la esperaba y ella dijo que Joshua y ella estarían encantados de venir. — Marshall se aferraba a Jack como si se le fuera la vida en ello. — Te lo advertí, ahora vuelve a la cocina. — Marshall solo lloro y bebió de la botella que trajo con él. — ¡Volverás a beber! Pensé que ya habías terminado con eso.

— ¡Que no soy alcohólico! Pero aún no es tarde. Nadie me ama.

— Eso es porque eres un bastardo narcisista que arruina las vidas de todos porque tiene baja autoestima y envidia de los demás.

— ¡Cállate Polly Pocket con tetas! Nadie te preguntó nada.

Decidí irme mientras Marshall lloraba y Jack trataba de librarse de él. La mañana llegó pronto y comenzaron a aparecer personajes muy extraños, a parte de mis amigos. El pavo seguía sin estar en el horno y ya eran casi las siete, lo que evitaría que estuviera listo a tiempo. En algún momento llegaron mis amigos de la universidad, Joy y Stephen y trajeron un montón de adornos que repartieron por toda la casa, los invite cuando supe que no irían a ningún lado

y se quedarían en Silicon Valley solos. No sé cómo llegaron a Nueva York tan rápido pero estaban aquí.

En algún momento llegaron los amigos de Jack y Marshall de la universidad, entre ellos una tipa extraña que parecía bastante irritable. — Oh vaya, me encantan las fiestas de Jack. Es como en la universidad de nuevo, un montón de fenómenos y mucho drama. — Miraba a todos por encima del hombro con una sonrisa condescendiente. Parecía que estaba en un circo pero en su defensa, aunque no me agradara, Joy y Stephen hacían un baile extraño en medio de la sala como si estuvieran haciendo una danza para llamar a la lluvia o algo así y estaban disfrazados de algo aún más extraño que no tenía sentido mientras David y los demás aplaudían.

Bueno, por lo menos nos divertiríamos aunque no comiéramos pavo relleno. — Lorna, querida, gracias por donar los pavos y los chefs. — La abuela de Jack salió de la cocina. Esto no era bueno, esto no estaba pasando. Este día terminaría en desastre. — No es nada, todos amamos a Jack y siempre estamos dispuestos a ayudar, supe que tuvieron un inconveniente con el chef de la casa y sabía que mucha gente vendría a la fiesta, como siempre. Los chefs prepararan todos los pavos y también las otras comidas y degustaciones del día.

¿Quién se creía esa mujer? Entró aquí como si fuera su casa. — ¿Sabes si sigue soltero? Patrick y yo estamos en proceso de… ya sabes. — La anciana sonrió mientras me miraba. — Veremos qué podemos hacer, ha estado encaprichado con alguien pero parece que no irá a ningún lado.

La anciana me miró con malicia mientras sonreía, ahora me odiaba y probablemente intentaría quitarme del medio porque sabotee los negocios ilícitos de su familia, casi arruinó a la mafia irlandesa y secuestre a su nieto favorito, lo golpee y luego le envié un video de eso y un mensaje diciéndole que si no dejaba a Jack fuera de sus asuntos ilegales y los asuntos familiares que él tanto detesta, entonces yo comenzaría a enviarle a su nieto por partes. Pobre Chancey, cuando vio el cuchillo con el que pensaba cortarle un dedo se orinó encima y se desmayó. Este último verano fue un buen verano, bastante productivo en cuanto a negocios. Ahora Jack estaba fuera de la mafia y la anciana lo convenció que él era tan inútil que no podía encargarse de una mafia, él solo se apartó sin hacer muchas preguntas.

Ahora mi preocupación era que la anciana intentara ayudarle a esa mujer a conquistar a Jack.

¡Sobre mi cadáver putrefacto!

— A Marshall no le gusta que se metan con su cocina, Jack la odia maldita urraca y no entendiendo porque usted viene a nuestra casa y se apodera de todo como si fuera la suya.

— Que adorable. Pronto podríamos ser cuñadas, deberíamos ayudarnos una a la otra querida. — Iba a lanzarme hacia ella cuando la tipa por la que Marshall lloraba entró a la casa del brazo de otro de los amigos de Jack y Lorna cambió su enorme sonrisa tensa y manipuladora por una expresión de sorpresa. — Joshua, Stacey, que bueno verlos. ¿Regresaron por milésima vez? — Comenzó a reírse a carcajadas.

Creo que ver a Joshua con Stacey era suficiente castigo, me aleje de ahí buscando a Jack y lo encontré arrastrando a Marshall por el pasillo. Y cuando llego a la sala se dio cuenta que el lugar estaba lleno de gente. — ¿Cómo van las cosas en Stanford? — Me voltee para mirar a mis amigos. — ¿Cómo van las cosas en Julliard? — Le pregunté a Zack. — Excelente. Como espero que te vaya a ti, aunque veo que así es porque tus amigos son geniales. — Sonreí. Ese par son bastante extraños aun para mí pero son muy agradables, no podía dejarlos solos en Silicon Valley… quien sabe que encontraría cuando regresara luego de acción de gracias.

Jack se acercó a nosotros enojado mientras aún arrastraba a Marshall. — ¿Qué demonios hacen aquí todos ustedes? Deberían estar con sus familias. — Cada uno comenzó a responderle empezando por Zack. — Soy la vergüenza de la familia y no me quieren ahí. — El siguiente fue Stevo. — Mis padres llegaron a casa, me dieron dos mil dólares y me dijeron que desapareciera hasta el lunes. Por cierto, señor M, me quedare a dormir hasta el lunes. — Me cubrí el rostro con esa respuesta, pero no fue peor que la de David. — Los míos se fueron en un crucero por el caribe y me dejaron solo en casa por tres meses. — La vena en la sien de Jack comenzó a palpitar, ya estaba rojo por la pelea con Marshall así que no podía ser peor.

— ¿Quiénes son esos dos?

— ¡Nos invitaron! ¿Quiere unirse al baile del espíritu sagrado de las fiestas estúpidas de blancos? Lo llamamos Dasaspid Whities*. — Luego de eso ya nada podía ser peor. — ¿Y quiénes son estos? ¿Por qué trajiste a tantos locos de Stanford, Scarlett? — Mire a un grupo de gente que estaba toda reunida y muy pegaditos unos a otros, tres hombres y una chica de mi edad o tal vez menor que yo. Todos tenían una enorme sonrisa y parecían… dementes.

— Esos no son míos.

A todos nos intrigó ver a estas personas, pero no parecían malas personas. Uno de los hombres, el más joven, que también parecía cercano a mi edad, se acercó a Jack y tomo su mano. — Un placer conocerte por fin, nos alegra tanto estar aquí y poder verte en persona. Esperamos mucho para venir.

— ¿Quiénes son? — Todos se miraron mientras el chico seguía estrujando la mano de Jack. — Somos tus hermanos.

¡Hijo de puta!

Esto iba a salir muy mal, no había duda. Lo vi palidecer y luego cambiar de colores, lo vi desorientarse. Jack no tenía hermanos, eso esperaba yo, Jack no podía tener hermanos. Todos en la sala se quedaron en silencio, sintieron la tensión y estaban locos por la expectativa. — Jack no tiene hermanos. Fuera de aquí, ratas caza fortunas. — Marshall balbuceo desde donde se encontraba tirado en el suelo, comenzó a levantarse pero en cuanto vio a Stacey y Joshua corrió tambaleándose hacia él y trató de atacarlo. Tuve que ir a detenerlo.

— Es hora de que te pongas sobrio y resuelvas esto. — Trato de empujarme y me aparte cuando vi que se fijaba en la mano de Stacey. — ¿Van a… van a casarse? — Joshua la abrazó y ambos sonrieron, los demás amigos de Jack que estaba por todo el lugar hablando o comiendo aperitivos se acercaron a felicitarlos, pero Jack seguía de pie en el mismo lugar mirando a esas personas que decían ser sus hermanos.

En ese momento una pareja entró a la casa. — Chicos, ¿A qué lugar nos trajeron? Pudimos pasar un día en familia en Austin y no aquí rodeados de descono… — La mujer dejó de prestarle atención a su abrigo y se puso pálida, parecía aterrada, parecía que Jack le aterraba. — ¡Madre!

¡Mierda!

— Hora de irnos. — Dijo la mujer con la voz llena de terror. — Chicos, vamos a casa. — Trato de salir pero su esposo la detuvo. — Abby, amor ¿Qué está ocurriendo? — Ella negó mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Esto se iba a poner feo.

Jack

Esa mujer estaba de pie a unos pasos de mí, tan cerca. Después de tantos años la tenía en frente y seguía siendo la misma cobarde de siempre. Ni siquiera podía mirarme a los ojos. — Abby, qué gusto verte. ¿Cómo te trata la vida, querida? — La abuela preguntó con saña, pero esta no era su pelea, no era su verdad para descubrir, era mía y por primera vez en veinte años sentí que todo encajaba en su lugar.

— Si madre, ¿Cómo te trata la vida? Al parecer muy bien porque usas Prada. Quisiera saber ¿Todos esos hijos son del mismo padre o son los bastardos de tus clientes?

— ¿Cómo se atreve a insultar a mi esposa de esa manera?

El hombre que la acompañaba se abalanzo sobre mí y estaba listo para recibirlo con un buen puñetazo pero alguien se interpuso. Paul lo detuvo y lo alejo. — No le conviene acercarse a él en este momento, no le conviene.

— Así que es tu esposo y no les has hablado de tu pasado como prostituta, madre. — Dije derramando todo el veneno que pude reunir. — Bueno, ya no importa, pero imagino que si debiste contarle que tuviste un esposo y un hijo y los abandonaste porque no tenías lujos.

— ¡No voy a permitir que la insulte!

Me importo poco que más de una docena de personas estuviera viéndome, camine hacia ella y trató de retroceder pero fui más rápido y la alcance. — Dame un abrazo, madre. Abraza al hijo al que abandonaste porque eres una zorra ambiciosa.

La abrace con fuerza y no la deje ir, no la solté incluso cuando empezó a rogarme que la soltara, no la deje ir cuando dijo que no podía respirar y no pensaba dejarla ir cuando manos bruscas intentaron arrebatármela. Consiguieron alejarla pero luche. No se por cuánto tiempo, solo sé que escuchaba que Lorna me animaba y repetía Mad Celtic* una y otra vez. Solo sé que cuando al fin pudieron someterme y recupere algo de razón ya estaba atado a mi cama con las sábanas.

— ¡Hijo de puta! Es igual a Brenda, ella es igual a Brenda. Tratabas de reemplazar a tu madre, estabas con Brenda por tu jodido complejo de Edipo. ¿Por qué me jodiste la vida si querías a tu madre y a Brenda y no a mí?

Escuche a Carly gritar y volví en sí totalmente. Ella estaba sobre mí y estaba a punto de poner una almohada sobre mi rostro. Escuche desorden, risas y gritos afuera. Ese hombre le gritaba a Abby y sus hijos trataban de calmarlo.

Sus hijos.

Esa mujer se atrevió a tener hijos y darles todo lo que no me dio a mí. Todos ellos se veían tan felices y saludables. ¿Por qué no me llevo con ella? Me dejo con Charlie para que él me moliera a golpes y me dejara morir de hambre día a día.

— ¡Déjenme maldita sea! Déjenme, no me toquen. — Carly estaba gritando y solo pude forzar las ataduras, tratar de romperlas, tenía que llegar a Carly antes de que le hicieran daño.

— ¡Sédenlos! A ambos. Maldita sea, no debí beber tanto Whisky. — Marshall callo sobre mí.

— Hola pedacito de cielo, vas a sentir un leve pinchazo pero luego estarás como nuevo.

— Si le haces algo te mato.

— ¡Mi nariz, mi nariz!

— Mierda, le rompió la nariz, regreso en un momento pedacito de cielo. — Trato de irse pero yo ya había soltado una de mis manos y lo tome del cabello. — Suéltenla o él tendrá alopecia antes de tiempo.

— ¡Suéltenla! No puedo perder el cabello, he invertido mucho en productos para cuidarlo.

La soltaron y ella salió de inmediato de la habitación. — ¡Scarlett! Vuelve aquí. — No hizo caso. — Desátenme o las narices de todos estarán rotas cuando logré soltarme. — En cuanto estuve libre corrí detrás de ella, no estaba en la sala con todos los demás, solo había gente llorando y otra chismorreando sobre la gente llorando.

Corrí hacia la puerta y fui directo a las escaleras. — ¡Scarlett! Si corres será peor. Baje lo más rápido que pude pero solo logre alcanzarla cuando llegamos al vestíbulo donde había varias personas reunidas. Afortunadamente logré saltar sobre ella y ambos caímos al suelo pero se resistió así que la giré como pude y la bese para que se calmara.

— ¡Mahoney!

Deje sus labios de inmediato al escuchar a Anderson. Esto no podía estar pasando. — ¿Qué está haciendo? — ¿Qué iba a decirle ahora? — Olvídelo, esto es un secreto a voces, ya no es una estudiante… ¡Pero es menor, mucho menor y su hermana!

— No de sangre.

Claro, genio. Termina de empeorar las cosas. No de sangre ¿Qué importaba eso? A veces me sorprendo a mí mismo con esta clase de estupideces. — Tranquilo, ambos tienen mi permiso y van a casarse pronto. — El ruso intervino y mientras Yuri trataba de ayudar a Scarlett para salir de debajo de mi pero me di cuenta a tiempo y golpee su mano. Entonces sentí un rodillazo en mi entrepierna. Y ella me hizo a un lado con facilidad.

— Las… puertas. — Dije en un susurro y uno de los hombres de seguridad que salieron de la habitación de las cámaras corrió a cerrarlas con llave.

— Abre esa puerta o voy a patearte el trasero.

— Ordenes son órdenes.

— Muy bien, te ordeno que abras esa puerta y te quites de mi camino o tus bolas terminaran peor que las suyas. — Me señaló con rabia. — Scarlett ¿Qué haces? Necesitamos estas para hacer hijos. — Hable entre susurros. — ¿Todos se volvieron locos? No puedo permitir que le hagan esto a una menor, voy a… — Nikolai le quitó el celular de las manos a Anderson. — Tendrá un yate, un rolex y una cuenta nueva en el paraíso fiscal de su elección esperándolo mañana, le aconsejo que sea un paraíso fiscal para que pueda disfrutar de su yate cuando se jubile.

— Hecho. — Se dieron la mano, Anderson ni siquiera lo pensó y yo que creí que era insobornable. — Hay aperitivos y bebida arriba… sean bienvenidos y pásenla muy bien. — Dije mientras terminaba de recuperarme. Y mientras el pobre seguridad maniatado me pedía ayuda para quitarle a Scarlett de encima.

Me levante aun adolorido mientras ellos entraban al ascensor y salte sobre Scarlett. — Ven aquí mujer. ¿Crees que puedes escapar? Sobre mi cadáver, te dije que de mí no te librabas. — La arrastre hacia las escaleras. — El tercer piso esta libre, no hay nadie rentándolo esta semana. — ¿Libre? ¿De qué rayos hablaba? — ¿Rentamos pisos? — El asintió. — Sí señor. Les llevaré shampoo, jabón y secador de cabello para cuando terminen. — Asentí en agradecimiento mientras trataba de arrastrarla y ella intentaba sacarme los ojos. — ¿Tienen hambre? Pidan algo a la fiesta.

— Ya tenemos comida y bebida señor, no se preocupe.

— ¿Alcohólicas? No los quiero ebrios.

— No señor, nada de alcohol.

— Bien. Scarlett, no me ayudas.

Como pude logré llegar con ella al tercer piso pero ya no había tiempo. — Lo siento mujer, pero no lograre llegar a una cama. — Parecía muy enojada. — ¿Crees que voy a acostarme contigo luego de hoy? — No sé lo que dijo, solo escuche “acostarme contigo” y volví a perder la razón. Un segundo después ella estaba empotrada contra la pared, de espaldas a mí y pidiéndome más mientras gemía y gruñía y yo no podía negarme a sus peticiones. Aún tenía mucha ropa y como pude terminé de quitársela y cargarla hacia la puerta del apartamento. Unos segundos después estábamos sobre un sofá.