Viaje

Claudia abrió los ojos y sonrió al ver el rostro dormido de Matt. ¡Se veía tan lindo! Se acurrucó sobre su gran y firme torso e inhaló su delicioso olor. Su esposo era muy atractivo y otra mujer se estaría lamentando por el gran desperdicio. ¿Quién duerme al lado de semejante hombre sin que nada suceda? Acarició su mejilla con ternura y besó su frente. Él abrió los ojos lentamente y sonrió al verla. La atrajo hacia él para tener más contacto con su piel y besó su mejilla.

—Buenos días, reinita. ¿Cómo amaneciste?

—Bien, grandulón. Siempre que esté a tu lado, estaré bien.

—No, amor. Debes estar bien, aunque yo no esté. —Acarició su mejilla y le regaló una mirada llena de amor.

—Matt... —Bajó la mirada con tristeza—, lo siento... yo... —Dos lágrimas bajaron por sus mejillas.

—Está bien, preciosa. Poco a poco. —Besó su frente con ternura y la abrazó con fuerza.

Matt estaba en el baño, en cambio Claudia ya estaba lista esperándolo. El celular de ella sonó y notó que era una llamada en conferencia de sus hermanas y Laura. Respiró profundo antes de contestar, pues se imaginaba la razón de la llamada.

—Dime que ya desvestiste al santo y bueno, por ende, dejó su santidad. —Esa fue la voz de Jimena.

—¡Qué manera tan extraña de preguntar si ya tuvo coito! —Cecilia reprochó.

—Cecilia y sus términos aburridos. —Claudia se imaginó a Jimena entornando los ojos.

—¡Ustedes no la dejan hablar! —Esa fue la voz de Laura.

—¿Y entonces? —Jimena preguntó con impaciencia—. Tan intenso fue que ni puedes hablar —bromeó. Cecilia soltó una carcajada, mientras que Laura la reprendió. Claudia se debatía entre responder o cerrar la llamada. Le daba pesar decirles que sus esfuerzos fueron en vano.

—Chicas... —Su voz salió chillona y las lágrimas cubrieron su rostro—. No pude. —Hubo un silencio. Todas se sintieron culpables por haberla presionado.

—Lo lamento. No debimos presionarte. —Laura se disculpó con voz apagada.

—No te preocupes, Clau, poco a poco lo podrás superar. —Esa fue Cecilia—. Disfruta cada contacto físico con él y ve experimentando y descubriendo las diferentes formas de gozar tu sexualidad.

—Sí, Clau. Lo importante es que ustedes se aman y están juntos. Yo sé que lo lograrán. Además, con lo buenote que está mi cuñado, será cuestión de tiempo para que te le tires encima y lo devores. —Jimena dijo con picardía.

—¡Escuché lo de buenote! —Esa fue la voz de Pablo que se escuchó a distancia.

—Atiende a lo tuyo, amor, y deja de husmear en conversaciones ajenas. —Jimena le recriminó.

—Chicas, hablamos luego. —Claudia se despidió con voz apagada. Todas asintieron y ella cerró la llamada; entonces, tomó la almohada para ahogar su llanto.

Claudia y Matt iban en el auto de él por la carretera que los conduciría al hermoso pueblo donde él creció. Había alquilado una casa en una finca rodeada de la naturaleza y como el pueblo estaba cerca de la playa, tendrían a su disposición río y mar. La madre de Matt había muerto cuando él era un adolescente, por lo tanto, este vivió con su padre y tías hasta que cumplió su mayoría de edad.

Matt no tomó clases físicas ni casos por dos meses para poder estar ese tiempo apartado de su rutina con su esposa. Según las instrucciones de la terapeuta, trabajarían la técnica de relajación y exposición. Así que él decidió apartarse con ella un tiempo para enfocarse en su terapia y al mismo tiempo, tomar unas largas vacaciones. Sí daría asesoría y clases vía Skype, porque él no era rico y necesitaba producir, pero no le dedicaría mucho tiempo. Claudia dejó la tienda a cargo de Lisa y un socio diseñador. Entonces, ella se encargaría de la tienda en línea mientras estuviera en la finca.

Dos horas de carretera fueron suficientes para que Claudia se cayera rendida sobre el asiento. Matt la miraba entretenido cada cierto tiempo. Le encantaba esa rubia con mirada angelical. No recordaba haberse enamorado tan profundamente de una mujer, ni siquiera de aquella arpía que lo humilló y que le causó tanto sufrimiento.

—Reinita... —Matt susurró sobre su oído. Él había abierto la puerta del asiento de Claudia y ni así se despertó. Él besó sus labios y ella abrió los ojos confundida—. Bella durmiente, llegamos —anunció con una gran sonrisa. Claudia se frotó los ojos y dejó salir un bostezo. Su esposo le extendió la mano y ella se sostuvo de él.

Claudia miró alrededor encantada. El pueblo era hermoso y colorido, rodeado del mar y la blanca arena. Fueron a un restaurante de mariscos y Matt y ella duraron más de media hora para llegar a su mesa, puesto que las personas del lugar los detenían para saludar. Al principio nadie lo reconoció hasta que el dueño del restaurante gritó su nombre con euforia, después de observarlo por varios minutos. Todos lo miraban sorprendidos por su gran cambio y lo felicitaban por la esposa que se consiguió, a la cual nombraron: “Modelo de la ciudad”.

—¡Esto está delicioso! —Claudia expresó después de probar el guiso de mariscos con arroz blanco. Matt la miró con satisfacción y una hermosa sonrisa.

—Sabía que te gustaría. Este era mi lugar favorito para comer, recuerdo que siempre ahorraba para venir aquí. Normalmente, lo hacía cada dos o tres semanas cuando trabajaba horas extras, pues, apenas conseguía para comer y costear mis estudios.

—¿Trabajabas mientras estudiabas? ¿Que no eras un adolescente? —Claudia preguntó con curiosidad, pues ella solo trabajó como modelo unos años después de que cumplió la mayoría de edad, pero eso lo hizo por gusto, no por necesidad.

—Sí. Después de que mi madre murió, no me quedó de otra que irme a vivir con mi papá, sus hermanas y mis primas, ah, y un primo vago que solo se la pasaba bebiendo y viviendo de las mujeres. Mi padre nunca me dio dinero para mis estudios o mis necesidades básicas, pues su dinero era para sus vicios y las mujeres, él era el compañero de salida de mi primo. Entonces, empecé a hacer trabajitos para terminar la secundaria y ahorrar para poder estudiar en una universidad decente. Dado que fui el mejor en mi clase conseguí una beca, fue de esa manera que pude hacer mi carrera y sobresalí tanto que me contrataron en la misma universidad donde estudié.

—¿Estudiaste en la universidad en la que ahora enseñas? —Ella preguntó con gran asombro.

—Sí. —Sonrió.

—¡Vaya! Tenemos más de un año juntos y yo ignoraba eso. Creo que sé casi nada de tu pasado, eres muy cerrado, Matt.

—Sí, tienes razón. Para mí es difícil abrirme a las personas, contigo quiero hacerlo, pero debes ser paciente conmigo.

—Claro que sí. —Ella apretó su mano que estaba sobre la mesa—. Tú me has tenido mucha paciencia a mí, es lo menos que puedo hacer por ti, amor. —Ambos se miraron con intensidad.

***

—¡Que hermosa! —Claudia corrió por todo el frente de la casa. Era una villa blanca con detalles color madera; tenía una hermosa entrada verde y un colorido y bello jardín recibía a quien entraba. Alrededor de la casa había matas colgantes y flores en jarras. Ella entró y quedó encantada. El lugar era acogedor y con un ambiente familiar y campestre. Salió al patio y brincó de la emoción al ver un columpio en forma de mueble de madera blanco. Alrededor de este había plantas entrelazadas y flores. Las ventanas de la casa eran de cristal con hermosas cortinas doradas y marrones. Había una piscina a la derecha y muchos árboles rodeaban el lugar. En el lado izquierdo se encontraba un gran portón marrón que daba paso a la finca, donde había un establo de caballos, criaderos de vacas, gallinas, patos y gansos. Además de los sembradíos de árboles frutales y vegetales. A la derecha quedaban los vecinos, dueños de una gran mansión y una pequeña finca.

—¡Matt, este lugar es asombroso! Debió costarte una fortuna el alquiler. —Claudia lo miró conmovida, pero preocupada a la vez. Matt era del tipo tradicional que le gustaba llevar la mayoría de los gastos, aunque tuviera que trabajar de más.

—No importa. Ya recuperé el dinero con la inversión que hice en línea; además, quería darte algo especial, tú te mereces lo mejor.

—Me gustaría comprar este lugar. Es maravilloso. —Claudia miró a su alrededor encantada. Realmente le gustó la finca y la paz que esta le transmitía.

—No creo que la dueña quiera vender, pero si deseas hablo con ella. —La abrazó por detrás.

—Sí, por favor. La podríamos utilizar para vacacionar y sacar provecho de la finca. Tengo casi una fortuna en el banco y no sé en qué invertirla.

—Bueno, esta sería una buena inversión, si Rosales está dispuesta a vender. Te ayudaré con eso. —Matt dijo sobre su cuello provocando que la piel se le erice. Ella se volteó y atrapó sus labios. Le encantaba la forma en que él le correspondía. Matt era un chico muy apasionado e intenso. Sus besos la transportaban a una dimensión donde solo estaban ellos dos y nada más importaba.