Mientras yo dormía

No sé si es verdad, ni quiero leer noticias al respecto, ni ver fotos desfavorecedoras en ningún periódico, pero cuando desperté, luego de una larga noche de dar golpes a la nada y patalear hasta quedarme dormido, el gringo me dijo que, tal como me había dicho el niño, la noticia había salido en los diarios de hoy y él la había leído.

El gringo se acercó a mí y con su mejor cara de consejero religioso me resumió lo que había leído. Me dijo que lo de mi ex no fue más que una mala jugada del destino que le recordaba a esas tragedias griegas donde sus protagonistas van por la vida felices mientras la desgracia los acecha y estos no pueden hacer nada al respecto porque el fin de cada uno llega de forma cruenta e inevitable.

Según sus palabras, a mi ex la mató un muchachito del grupo que nos abordó el día que él cargaba su franela del Che. Que había sido justamente el que no logramos ver, pero del que escuchamos hablar. Resultó que ese jovencito comenzó a sentirse mal porque sus compañeros de andanzas le decían que era un débil, un agazapado y que seguro era así porque le gustaban los hombres.

Uno de esos días en que el muchacho fue blanco de burlas, mi ex había ido a llevar unas invitaciones para la famosa encrucijada de ese pueblo, ella ya solía ir sola porque todo el mundo sabía de sus labores caritativas y nadie se metía con ella. Para desgracia de ambos, el muchacho pensó que si hacía algo realmente imponente y temerario dejaría de ser el objeto de burla de sus compañeros, así que cuando notó que ella iba hacia la encrucijada salió corriendo a su casa y tomó del cuarto de su mamá uno de esos cuchillos que él creía que nunca usaban en su casa y la siguió.

Cuando ya ella estaba en la encrucijada, el muchacho, como no se veía nadie cerca, salió corriendo detrás de ella y le clavó el cuchillo en la espalda, luego en el cuello y después en el pecho; entonces, quizá movido por la culpa, decidió arrastrar el cuerpo de mi ex para esconderlo en el matadero de chivos, pero cuando faltaban como tres metros para llegar hasta allá, vio a un niño que trabajaba raspando cuero para ayudar con algo de dinero a su mamá. El otrora envalentonado, al darse cuenta de que lo habían visto, dejó a mi ex tirada en un charco que se formó de su propia sangre, tiró el cuchillo lo más lejos que pudo y le dijo al niño que si le decía a alguien iba a volver a cortarle la lengua y hacer sopa con los huesos de su mamá.

Lo más interesante, según el gringo, es que descubrieron quién había sido el culpable porque la mamá del ahora asesino se puso a buscar algo en la cocina y se dio cuenta de que le faltaba un cuchillo. Esta amenazó con no cocinar más hasta que su cuchillo apareciese, pero después, como nadie en su casa decía nada, la mujer dijo que iba a meterse en los cuartos y le iba a prender candela a lo que fuese hasta que alguien hablase, de las cinco personas que vivían en esa casa, solo el chico en cuestión no tenía excusas que decir cuando su hermana menor afirmó haberlo visto con el cuchillo.

El joven dijo que él se lo había llevado para la encrucijada porque le habían ofrecido trabajar con la carne de chivo pero que estando allí y mientras esperaba al que le ofreció trabajo, un tipo armado le había robado lo que llevaba y entre eso estaba el cuchillo. La mamá del muchacho, sudando rabia y profiriendo insultos, agarró a su muchacho por una de las orejas y lo llevó para la encrucijada porque, como afirmaba ella, fuese quien fuese, le iban a devolver su cuchillo que era bien caro era porque era de los buenos y su hijo le iba a mostrar quién había sido el muerto de hambre que le había robado.

Una cosa llevó a la otra, el niño que había sido testigo habló, aunque en un principio había dicho que el culpable era un tipo cuya descripción encajaba conmigo; además, el muchacho también terminó confesándole a su mamá lo que había pasado y la policía tenía el cuchillo que la mujer finalmente identificó.

Supuestamente, a mí me vinieron a interrogar porque fui la última persona con la que mi ex intentó comunicarse y porque se había corrido el rumor de que alguien como yo había visitado la encrucijada por esos días.

El gringo siguió dando detalles y yo no paraba de pensar en que todo esto se supo mientras yo dormía.