Caras conocidas

En el laberinto de la vida solemos encontrar a personas con las cuales compartiremos tiempo y camino pero en algún punto nos separaremos mientras que con otras solo pasaremos de largo sin siquiera saludar pero cuando las volvamos a cruzar sentiremos esa sensación de haberla conocido o visto en algún lugar.

Los caminos algunas veces duelen como las separaciones pero esto es algo que no se puede evitar, algunas veces duele no haber conocido a alguien o el no poder evitar perderlo pero es algo que debe de suceder y se debe de aceptar.

Esto Sara lo comprendía bien más cuando el laberinto que a ella le había tocado era uno demasiado complicado y con demasiados obstáculos a los cuales enfrentarse para poder seguir, sin olvidar el hecho de que la compañía por ese sendero sería imposible en todos los sentidos.

Y es por eso que la peliblanca no entendía por qué las personas se cruzaban en el mismo laberinto que ella, sabiendo que solo les esperaba un gran sufrimiento confirmándolo con lo que tenía enfrente, o mejor dicho a quienes tenía enfrenté.

-¿Ustedes qué hacen aquí?-, preguntó la omega algo confundida al ver a esos dos chicos ahí.

La sangre terminó de ser asaltada por los dos nuevos asesinos en la habitación los cuales al escuchar la pregunta pero precisamente la voz de la emisora de está no reaccionaron de buena forma.

-Mucho tiempo sin vernos-, saludo el de cabellos cobrizos que poseía una mirada un tanto curiosa al tener un ojo de cada color, celeste y verde.-No esperábamos encontrarte aquí.

-Te volveré a preguntar una vez más-, dijo enojada por haberle quitado sus presas.-¿Qué hacen aquí?

-Pues lo que siempre hemos hecho Sara-, y apuntando una daga hacia ella soltó.-Asesinar.

Eso era cierto aunque no lo quisiera admitir, sin importar que, la sangre de otras personas seguirán manchando sus manos como sus cuerpo y sabían bien que jamás podrían dejar ese camino a no ser que murieran.

Por eso estaban de nuevo en esa situación, repletos de cadáveres pero era extraño ya que las personas que los controlaban no estaban y la peliblanca sabía bien que las dos personas que tenía enfrente, poseían sueños y admiraciones entonces porque aun estaban haciendo esto?

-Para quién?-, preguntó está vez deseando que no le dijeran lo que ella no quería pero que era obvio.

-Lo sabes muy bien Sara-, al decir eso el leve olor a sangre y muerte características de cinco pululo por la habitación.

Él no estaba ahí eso era seguro, entonces el olor solo puede ser del que aún no se daba vuelta pero que podía reconocer quién era solo con ver su forma de trabajar.

-No puede ser-, hablo con sorpresa cuando el viento movió levemente el cabello rubio mostrando una cicatriz en su cuello revelándole lo horrible de su género secundario.

La alarma sonó con todo haciéndoles entender a todos de que ya habían sido descubiertos y de que sus cabezas pronto rodarían si no salían de ese lugar cuanto antes.

Sara con una mirada señaló a los dos chicos salir, los cuales cuestionaron un poco está decisión pero ella les había dicho que siempre debían seguir lo que les ordenara sin rechistar porque si no podrían morir.

Así que como ella ordenó se lanzaron por la ventana siendo observados por los otros dos.-Ni lo pienses-, dijo viendo las intenciones del rubio el cual antes estas palabras solo se detuvo.-Pronto llegarán los guardias, y ninguno de los dos se ha movido por lo que deben estar cubiertos no es así?-, ninguno de los dos contestó pero no era necesario que lo hicieran porque era obvio.

La omega sonrió tristemente y corrió hacia la ventana para lanzarse sabiendo bien que ninguno de los dos haría algo para detenerla ya que sabían bien que de nada serviría.

-Crees que se haya dado cuenta?-, dijo tocándose la nuca el rubio.

-Es lo más probable.

Corrieron entre la multitud desesperada por salir hasta el auto donde apenas entraron arrancaron dejando atrás la gran mansión como lo hicieron todos los demás invitados.

Los dos chicos tenían muchas dudas de sobre quienes eran los que habían aparecido y el porque Sara había evitado que se enfrentarán a ellos, pero no podían cuestionar la pero necesitaban saber.

-Se que tienen varias dudas-, soltó la peliblanca sorprendiéndolos.-Pero ahora mismo no puedo contestarles a ustedes ni a nadie por lo que les pido que no digan nada de esto a sus jefes.

El alfa y el beta se cuestionaron un poco lo pedido pero después se dieron una mirada de aprobación mutua y soltaron un está bien, le debían mucho a la de ojos carmesí la cual miraba la ventana perdida en sus pensamientos preocupándolos.

Llegaron a la escuela donde dos impacientes alfas estaban esperándolos en la puerta, cuestión que Sara sólo ignoró y se fue a su cuarto dejando a los dos mayores con las palabras en la boca.

Estaba enojada, confundida y triste, y aparte de todo eso la culpa reinaba en su interior por el simple hecho de que si no hubiera cambiado nada todos podrían haber conocido la felicidad y habrían cumplido sus sueños aunque ella debiera sacrificarse para ello.

No lograba entender porque la vida la jodia tanto como lo estaba haciendo y constantemente le repetía que ella era el problema de todo y eso la agobiaba, si alguien solo le hubiera enseñado a manejar sus emociones no estaría en esa situación donde solo golpear uno de los árboles de roble oscuro hasta reventarse los nudillos era la única solución a sus problemas.

Realmente no había ido a su cuarto ni siquiera había entrado al edificio ya que una vez que esa idea se había metido en su cabeza por alguna razón su cuerpo no podía apagar lo que sentía como siempre lo hacía y por eso estaba allí.

Quería cansarse, quería dejar de pensar en ello una y otra vez pero era imposible, su cuerpo se curaba evitando poder sentir el dolor que le gustaría sentir en ese momento y su energía parecía no acabarse.

El sol empezó a calentar más la espalda de la omega dándole a entender que ya era mediodía y ella no paraba de golpear dejando un hueco en la corteza que se teñía de sangre seca y de un rojo vibrante recién sacado del cuerpo.

“Has que se detenga”

Era lo que repetía su loba una y otra vez como si pidiera auxilio a alguien por lo que estaba haciendo la peliblanca con su cuerpo en ese momento, pero nadie la escucharía porque no podía salir.

Hasta que unos brazos y un olor familiar rodearon a la de ojos carmesí sacándola del trance en el que ni siquiera se había dado cuenta que estaba, y cayendo para atrás ve lo que había hecho.

Su cabeza cayó como si algo se hubiese apagado, después la levantó tomando una gran bocanada de aire llenando sus pulmones de ese olor a crema volviendo a recuperar la conciencia.

-Sara-, dice el alfa pelinegro viendo la con preocupación por cada una de las acciones que presenció.

-Suéltame-, dictaminó la loba algo molesta de repente.

Alan aflojo el agarre algo confundido por el tono repentino de la peliblanca y gracias a eso ella se liberó de golpe levantándose en el proceso dejando un frío en el cuerpo del pelinegro.

-Gracias pero no te necesito-, dijo abrazándose a sí misma como queriendo borrar el calor de la otra persona.

-Deberías ir a la enfermería-, soltó Alan dejando de lado lo anterior.

-Te lo he dicho, no necesito eso-, contestó.

El lobo aún seguía en el suelo y Sara aún le seguía dando la espalda, ninguno de los dos parecía saber qué hacer bien pero el repentino olor a café con pie de limón que empezó a emanar la peliblanca fue algo que llamó la atención del chico.

Desde ese día en la dirección cuando la vio con su verdadera forma no pudo volver a sentir ese aroma hasta hoy.

Era como volver a recuperar lo que había perdido antes.

-Tú, porque…-, hablo dudoso levantándose del suelo queriendo ver si ahora era de nuevo la verdadera Sara que él conocía, así que estirando su mano agarró el brazo de ella haciendo que la miré.

-No me toques-, rezongó soltándose bruscamente retrocediendo unos pasos.

Los ojos afilados como si fuera un animal, sus uñas algo puntiagudas y sus colmillos crecidos le hicieron ver a Alan que a quién tenía enfrente no era a Sara si no, su lobo.

El olor se intensificó más como si llamará a alguien, esto molesto al alfa era su instinto el sentirse asqueado por lo que estaba pasando, cómo era posible que estuviera llamando a otro cuando él está justo enfrente.

Era momento de ser racional pero él se dejó ser por su instinto cuando vio que su omega no lo quería, entonces empezó a intensificar su olor que se volvió más fuerte y amenazador asustando a la loba porque empezaba a tapar el olor de ella.

La lucha empezó y el que iba ganando era Alan pero la peliblanca no dejaba de llamar aún cuando sus ojos se estaban llenando de lágrimas.

-Porque sigues?-, dijo haciendo ver su enojo en cada letra pronunciada.

-No te necesito-, contestó con miedo.

-Claro que…-, volvió a querer agarrarla pero ella le golpeó la mano evitándolo.

-Claro que no-, empezó a decir con rabia está vez.-Tú me rechazaste, tú decidiste que no era digna para ti y eso no lo puedes cambiar-, esas palabras cayeron como agua fría sobre él haciendo que detuviera cualquier otro movimiento.-Así que vete y déjanos en paz, tú…-, "...no mereces estar en el mismo laberinto que yo" soltó Sara desde su interior.

-Sara-, soltó dejando su instinto de un lado.-Esa no fue mi intención, déjame explicarte-, está vez fue lento queriendo sostener de forma gentil sus manos pero esta vez fue empujado por otra persona.

-Dijo que te fueras-, habló la nueva voz empujándolo.

Los ojos azules y rojos chocaron entre sí, el enojo y la molestia eran palpables en el aire, todo por la omega.

-Daimon detente-, dijo Setian cuando vio las intenciones del alfa de querer comenzar una pelea.-Esto no es bueno para ella.

Y era cierto, ahora con lo que estaban tratando no era con la peliblanca que ellos conocían si no con su lobo que era la parte más vulnerable a las feromonas por lo que debían de ser más cuidadosos.

Las feromonas se calmaron y cuando eso pasó la omega se aferró al beta suplicando el querer irse en un susurro.

-Yo la llevaré-, al decir eso quiso nuevamente acercarse pero se detuvo por la miradas brillantes llenas de sed de sangre por parte de los dos chicos.

Esa mirada era algo que había visto en Sara que tenía un gran significado para las personas que trabajaban allí, esos ojos brillantes eran los que señalaban a un verdadero asesino que no tendría ningún problema en matarte.

Pero esto no le importaba al pelinegro, el cual al ver esto solo hizo que su lobo lo viera como una provocación la cual estaba dispuesto a aceptar. Así que sin echarse para atrás se paró firme y empezó a liberar con una gran intensidad sus feromonas haciendo que los dos chicos se sorprendieran por tal acto.

Daimon también era un alfa y aunque fuera dos años mayor que el alfa de ojos rojos, y se supusiera de que no debía reaccionar, él lo haría sin importar qué, así que de está forma empezaron una guerra donde la violencia se uniría apenas alguno de los dos se moviera.

Esto a la loba no le estaba gustando mucho, apenas podía controlar sus emociones humanas como para tratar con todo lo que transmitían los dos alfas que se peleaban por ella. Debía comerse lo que sentía Sara para poder liberarla y que ella se hiciera cargo pero por alguna razón no podía.

-Por favor sácame de aquí-, susurro aferrándose más al beta.

-Sara…

-No la toques-, dijo Alan apenas vio las intenciones del beta desatando en ese momento una guerra al cruzar la línea invisible que lo separaba de Daimon.

La patada fue directo a su cabeza pero fue esquivada sin problemas por el de ojos rojos, el cual tuvo que retroceder para ello.

No hubo palabras de por medio, solo miradas que afirmaban que la contienda aún seguiría.

Pero antes de poder atacar, diferentes voces llamaron a casa uno deteniendo cualquier intención de matarse.

Sara había llamado al de ojos azules con voz casi suplicante para que detuvieran aquello que en vez de ayudarla solo complicaba las cosas.

Pero Alan había sido interceptado por Ema, Roni y Eliot los cuales apenas vieron qué se distrajeron avanzaron para poder cubrirlo y evitar que le hicieran daño.

Los dos alfas que estaban en frente miraban enojados a Daimon, quién al ver esto solo sonrió.

-No creo que quieran enfrentarse a mí-, dijo de forma altanera.-Saben bien que no me detendré aunque sean familia.

-Ya basta Daimon, por favor-, dijo Sara la cual no estaba pudiendo respirar bien por el exceso de feromonas que transmiten tantas emociones que era imposible de procesar para su pobre mente que se hunde por culpa de su lado humano.-Por favor-, volvió a repetir la peliblanca está vez con los ojos llorosos porque ya no sabia que hacer para salir de aquella situación.

Los presentes se quedaron anonadados por la apariencia tan dócil y vulnerable que estaba mostrando la omega tanto que era instintivo el querer protegerla y apoderarse de ella, aunque esto no afectaba a Ema ni a Setian los cuales al ver el aumento de feromonas de los alfas presentes decidieron hablar.

-Chicos este no es el momento para que hagan esto-, soltó la de ojos lilas tapándose la nariz por el fuerte olor que había, esto hizo que los chicos desviaron sus miradas avergonzados por su comportamiento.

-Daimon, tú también para-, dijo el beta ya enojado por la actitud de su compañero.-Vámonos ahora antes que esto empeore-, y con eso dicho ayudo a Sara a moverse para poder salir dando una mirada de advertencia a todos si querían hacer algo.

Los cuatro se quedaron quietos por unos segundos tratando de entender todo lo que había pasado y del raro comportamiento que vieron en la peli blanca la cual no parecía estar del todo bien.

Alan estaba enojado consigo mismo, cada cosa que le había dicho la omega eran verdad y por mucho que doliera no podía hacer nada ya que su instinto y su lobo lo habían condenado a eso.

Roni y Eliot estaban confundidos por la forma dócil en la que se comportó el alfa mayor de ojos azules, ya que Daimon sin más hubiera ido a la pelea antes de mantenerse quieto y esperar, pero lo más sorprendente era que le hizo caso a una persona inferior a él sin rechistar, y por un momento pensaron que era otra persona.

El tiempo pasó y ya era de noche, Sara se había pasado durmiendo todo ese tiempo ya que estaba completamente exhausta por todo.

Los otros dos estaban en su puerta haciendo guardia para evitar que alguien la molestara y eso fue una buena idea, ya que, tanto Ley, Mia y Seth quisieron entrar pero ellos se mantuvieron firmes y hasta Daimon tomó su forma de lobo para alejarlos después de tanta insistencia.

-¿Qué crees que le haya pasado?-, preguntó Daimon al beta.

-No lo se-, respondió.-Solo se que tenemos que apoyarla y defenderla hasta que se calme.

-Tienes razón-, dijo el de ojos azules antes de que se asomara una sonrisa en su cara.-Aunque no me molestaría que se mantuviera así de dócil por siempre.

-Quieres que te mate, verdad?-, soltó con enojo el de ojos grises provocando que el contrario se riera.-Deja de decir estupideces y vuelve a tú forma humana.

-Porque?- cuestionó el lobo de pelaje rubio oscuro de dos metros y medio que cubría la puerta.-Es cómodo estar así tú también deberías hacerlo.

-No gracias, prefiero estar así-, dijo con un tono de voz algo triste.

-Ahora que lo pienso-, soltó al notar el leve cambio.-Ni siquiera en los en los entrenamientos te has transformado-, cuestiono de repente haciendo que el contrario se tensara.-Oye cuéntame, que ocurre?-, pregunto parándose y acercándose al beta con lo que parecía una sonrisa.

-Eso no es de tú incumbencia-, contestó algo nervioso al tenerlo tan cerca.

-Oh vamos, no me digas que no puedes transformarte porque si es así no puedo entender porque Sara te eligió si cuando estemos heridos tú ni siquiera vas a poder sacarnos a los dos-, soltó sin piedad.-Además uno de los requisitos para entrar es poder convertirte para salir de problemas, no me digas que falsificaste ese hecho? dejando eso de lado, eres literalmente una carga.

-Cállate-, dijo está vez enfurecido con sus ojos brillando de rabia y sed de sangre.

-¿Quieres pelear?-, soltó el lobo también enfurecido por la mirada del menor.-Pues vamos transfórmate o perderás antes de siquiera empezar.

-No te creas mucho, solo eres un perro sin correa-, dichas estas palabras Daimon gruño y se lanzó al menor el cual estaba preparado con dos dagas para poder pelear, pero antes de que pudieran tocarse la puerta se abrió con todo deteniéndolos.

-¿Qué creen que hacen?-, dijo una peliblanca aun cansada.

-Sara-, habló feliz Setian olvidándose por completo de lo que había pasado.-Es bueno verte mejor.- y dicho esto guardó sus armas.

Daimon volvió a su forma humana y también sonrió por la recuperación de la omega pero no iba a olvidar lo del beta en cuestión.

-Será mejor que nos apresuremos a ir a la oficina-, soltó de repente la de ojos carmesí.-Hay que hacer un reporte y terminar con esto.

A Sara ya no le importaba, se había comido la cabeza por algo que a ella ni le debía de importar, su vida siempre había sido así y todos sabían lo que les esperaba al entrar a su laberinto de tortura sin salida.

“Si no querían esto debieron dejarme en paz”

Y con ese pensamiento se dirigieron hacia la oficina donde con cada paso ignoraría a cada persona que se cruzara para evitar que se conviertan en caras conocidas.