MATSSON

En la oscuridad de la habitación me dejo caer en una silla y fijo la vista en el techo.

—¿Has hablado con ella? —pregunto a Gian, sí me ha seguido lo mínimo que espero es una verdadera conversación.

—Si, la Reina me lo ha pedido.

Hay algo en su voz que me hace mirarlo, su silueta se enmarca gracias a la luz detrás de él, pero su rostro permanece en penumbras.

—¿Ella de verdad está bien? —pregunto comenzando a preocuparme—. Gian, ya tiene casi tres meses allí y ese no es su mundo.

—Te sorprendería lo bien que se está adaptando—replica con la voz cargada de fría acidez, me pregunto la razón—. La he llamado para recordarle su posición, su título noble y su clase social, recordarle que ella no es parte de la plebe que vive en esa miserable ciudad.

No puedo evitar levantarme mirándolo con sorpresa, él jamás se ha preocupado de lo que hace o deja de hacer su hermana, y ahora, parece que ella ha provocado deshonra y vergüenza a su familia.

—Emma sabe lo que hace, no tienes que…

Su afilada voz me corta a mitad de la frase.

—No sabes lo que dices. Emma ha olvidado quien es y lo que eso implica.

—Te equivocas, ella jamás…

—Ya no sigas, Veena. No te diré el gran problema que nos está causando esa estúpida, pero tampoco dejaré que justifiques sus errores.

Levanto ambas manos en señal de derrota, lo menos que quiero es pelear de nuevo con él.

—Bien, bien… Es tu hermana, después de todo.

Permanecemos callados un momento, oyendo las voces emocionadas en el salón principal. Al fin Gian abandona su lugar en la puerta y viene hacia mí, me toma de la cintura con una mano y con la otra me jala del pelo, obligándome a levantar la cabeza.

—¿Te duele? —su voz suena ronca.

No es necesario preguntarle de qué habla.

—Un poco.

Acomoda la palma en el hueco de mi espalda, sus labios acarician los míos suavemente, pero sin llegar a besarme.

—Excelente, porque después de la fiesta me reuniré con mi padre y esos viejos—dice suspirando en mi mejilla—, será una larga asamblea. Veena, cuanto quisiera enterrarme en tu cálido interior y follarte duro toda la noche, sacarte gritos de dolor y gemidos de placer—inhala profundamente y yo tiemblo apretando las piernas. ¿Por qué rayos sus palabras me excitan tanto? —, y quizá, algunos lloriqueos tuyos junto con súplicas llenas de lágrimas no estarían de más. ¿Te imaginas? Tú, de espaldas en la cama con las manos atadas, ahogando tus gritos y llantos contra la almohada mientras yo arremeto en tu dulce…

Trago saliva justo antes de que se interrumpa bruscamente, ambos volteamos a la puerta y miramos con el ceño fruncido a mi Primera.

—Lam-ento la-a interrupción—dice, tartamudeando.

Gian me suelta y se gira con los brazos cruzados sobre el pecho.

—¿Qué quiere, señorita Ivanov? —espeta sin reprimir su frustración.

Fanny tiembla en la puerta.

—Hablar con la Princesa, Majestad.

Matsson, el nombre del chico salta de inmediato a mi mente y enseguida pongo una mano en el brazo de Gian.

—Yo le pedí venir—explico, mirándolo a los ojos.

Durante unos segundos nos sostenemos la mirada sin parpadear, desafiándonos a una discusión.

—Da igual—dice al final dándole la espalda a Fanny—, mañana te mostraré el contenido del otro portafolio—vuelve a envolverme en sus brazos y de un tirón me pega a él, presiona su miembro erecto contra mi pelvis sin importarle la presencia de mi doncella—. Es tarde, ve a la cama. De todas maneras, esta fiesta está por acabarse, algunos invitados se quedarán en De Silvanus hasta mañana, así que podrás conocerlos. Yo subiré hasta la madrugada.

Asiento mordiéndome el labio inferior, Gian tuerce la boca en una media sonrisa al verme tan excitada y sin pudor empuja discretamente, mueve las caderas una vez. La sensación me arranca un gemido entre dientes.

Luego se inclina para susurrarme al oído con voz seductora:

—Mañana a las diez debes estar en el comedor de nuestras habitaciones, te quiero en bragas y con el cabello atado.

La explícita orden hace que tiemble.

—¿Y qué si no voy? —susurro por mera curiosidad.

Sin previo aviso me toma por el cuello con una poderosa mano grande, suelto un grito de sorpresa y oigo a Fanny proferir otro.

—Te aconsejo no averiguarlo—musita con los ojos centelleantes de poder.

Me da un brusco beso antes de liberarme, Fanny se apresura a acercarse al tiempo que Gian da media vuelta y desaparece, mezclándose con sus invitados en el salón

principal.

—¿Te lastimó? —su voz resuma preocupación.

Niego con una mano en la garganta; si hubiera querido lastimarme, habría apretado con más fuerza, esta es sólo una amenaza suya, de muchas. No quiero ni imaginar que me hará sí se entera de mi búsqueda acerca de la chica Visconti, o de mi infidelidad con Jade; probablemente mi imaginación no baste para graficar la gravedad de mi castigo.

—Estoy bien. Ahora llévame con Mattson.

Fanny exageró en las precauciones, tenemos que recorrer interminables pasillos, salones libres de invitados y empleados, hasta por fin llegar al extremo sur del palacio. Dentro de una pequeña sala casi vacía está el señor Matsson, tiene las manos unidas detrás de la espalda y mira al bosque que se extiende más allá de los ventanales.

—Señor Matsson—saludo y él se gira enseguida—, un placer volver a verlo.

Sorprendido por mi repentina llegada se inclina en una torpe reverencia.

—Alteza, el placer es mío.

Fanny cierra las puertas discretamente y asegura el pestillo.

—Lamento mucho haberle sacado de la fiesta—digo sin moverme—, pero es urgente que hablemos.

Y de la nada una chica sale de las sombras para unirse a Matsson, doy un respingo y Fanny se me acerca con la cabeza gacha.

—Es la señorita Marsell—susurra en mi oído al tiempo que la chica se acerca a Matsson con altanería—, no posee título, ni apellido, mucho menos fortuna o posición. Vino a la fiesta como compañera de Matsson, es todo.

Estudio un momento a la chica, por la forma en la que nos mira a Fanny y a mí es obvio que no le agradamos y recela de nosotras, una chica noble no levantaría la cabeza con altivez ni mucho menos nos miraría con firmeza. Y me agrada enseguida, ella es como yo, ha subido al gran mundo anclada a un hombre poderoso, aunque seguro ella si ama a Matsson.

El chico enseguida se interpone entre ella y yo, un tanto preocupado.

—Disculpe Alteza, ella es mi novia e insistió en venir hasta aquí conmigo.

Asiento sin dejar de mirarla.

—Un gusto conocerla, señorita Marsell—la saludo amablemente.

Arruga la frente.

—Miranda, me llamo Miranda—su voz es firme y resuelta, me recuerda a mis amigas de la niñez.

Fanny suelta un bufido indignado.

—¿Qué le pasa, señorita Miranda? —los ojos negros de la chica vuelan y se clavan en mi doncella igual a dardos, pero Fanny no se ablanda y endereza la espalda—. Está frente a la esposa de Gian Creel y próxima reina de Pangea, usted podría morir por hablarle con tanta altanería a una Princesa—su forma de defenderme me hace ocultar una sonrisa, Fanny sabe que yo no soy una dama y mucho menos alguien con clase, mi vocabulario es tan altanero y altivo como el de Miranda.

Matsson aprieta los labios con angustia.

—Alteza, dígame que quiere de mí—se apresura a hablar antes que su novia diga algo que les cueste a ambos—. El Príncipe me ordenó no volver a dirigirle la palabra, no

quiere que esté cerca de usted.

Miranda y Fanny dejan de fulminarse para clavar dos pares de ojos en mí, tomo un respiro y les hago un gesto para que nos sentemos.

—Ya lo suponía y lamento muchos los problemas que ha tenido por mi culpa, señor Matsson—empiezo cuando todos tomamos lugar; yo y Fanny en sillones individuales, y Matsson y su novia en un sofá—. Pero necesito que acabemos esa conversación y que conteste a algunas preguntas mías. Prometo que nada sabrá Gian, y que, si sucede, yo recibiré todas las represalias de mi marido—claro, si se lo permito, porque no dejaré que Gian me toque un pelo — y de usted nada sabrá.

Miranda tuerce la boca con suspicacia, en cambio Matsson frunce la frente en una expresión indecisa.

—Es importante para mí saber quién es Julieta Visconti—agrego con voz suplicante y abandonando toda formalidad, yo no soy Emma y yo no negocio con mi dulce amabilidad y posición—. Fabian, no me hagas rogarte—el tono de mi voz hace que la pareja me mire con sorpresa—. Dime quien es ella y te daré lo que quieras, ahora tengo el mundo entero en la chequera, el dinero no es problema.

Él se remueve incómodo y baja la cabeza, Miranda le susurra al oído, pero sin quitarme los ojos de encima. Fanny toma mi mano y yo se la aprieto; ahora ella es mi única amiga en este palacio, mi única aliada y confidente.

—Primero, dígame, ¿por qué quiere saber quién es ella? Yo la conocí—dice mirándome de nuevo, es la misma mirada resuelta que me mostró en el castillo Cianí—, pero si voy a hablarle de ella debo saber que pretende.

—Me parece justo—aliso la falda de vestido antes de seguir—. Fabian, estoy segura que Julieta tiene un pasado problemático con los Creel y creo que tiene que ver con Gian…

—Si cree que entre ellos podría haber algo, se equivoca—dice Miranda—. Julieta no arruinará su matrimonio, si eso es lo que teme…

—No le temo a eso, señorita Miranda—la interrumpo igualando su firme tono de voz. La chica y su novio fruncen el ceño con desconcierto mientras yo les sostengo la mirada—. Yo quiero eso.

Sus semblantes se tornan estupefactos, la perplejidad hace que Matsson abra y cierre la boca como un pez.

—Para ser precisos, quiero saber qué pasó entre Julieta y los Creel durante la estancia de ella en el castillo Cianí—aclaro—. Quiero saber si el conflicto entre ella y la familia real fue a causa de mi marido. Matsson, Gian te prohibió hablar conmigo porque sabe que haré lo que sea por averiguar quién es Visconti, y si no desea que yo sepa de esa chica, debe ser por algo muy delicado. Le preocupa que yo me enteré de su pasado y tú me dirás qué es ese pasado.

Fabian pestañea varias veces antes de balbucear:

—Yo… No sé... qué decirle. Entiendo que quiera saber de ella, pero todavía no me ha dicho sus razones.

Suelto un resoplido exasperado.

—¿No te parece obvio por qué? —pregunto secamente—. Quiero encontrar el talón de Aquiles del próximo Rey, y estoy segura que está en su pasado en el castillo Cianí. Quiero saber qué es eso que tanto lo molesta de ese lugar para así tener armas contra él y poder librarme de este matrimonio por mi propia mano—aprieto los labios levantándome del sillón bruscamente y soltando la mano de Fanny—. Es un secreto a voces que Gian es un tirano, un hombre insensible y frío. No soportaré vivir toda la vida con él, necesito algo que me ayude a largarme de aquí cuanto antes y para siempre—termino con la mirada llena de rabia contenida y frustración helada.

Se hace un largo silencio, Fabian ha vuelto a bajar la cabeza y a murmurar en voz baja con su recelosa novia, Fanny ha corrido a la puerta y la cuida como un amaestrado perro guardián. Yo vuelvo a mi sillón y me dejo caer en él totalmente cansada; les he dicho mis miedos y preocupaciones, ahora ellos deben decidir si me ayudaran o me abandonaran a mi suerte, o tal vez, decidan empujarme a mi muerte diciéndole todo a Gian.