Cap. 51 Preparativos para reflexionar

Eloísa partió a la noche siguiente después de haber finiquitado todo. El lugar asignado para nuestro paso más delicado, sería una isla en los límites territoriales en el mar de Japón, una cordillera de pequeñas islas y arrecifes bajo el océano con piedras altamente filosas, según Oliver, un suicidio para todo aquel que ose cruzar esas aguas, le llamaban el triángulo del diablo. Y la isla que proponía Oliver, quedaba justo en medio y la más grande. Era perfecta. Enviar a estas personas por mar, tardarían meses en llegar. ─ Que sea por avión ─ propuse. ─ ¿Quién los recibiría? ─ preguntó Silvana. ─ Oliver ─ pero él quiso protestar y no lo dejé. ─ Si propones ese lugar, es porque lo conoces y sabes como llegar. Si dejo a alguien más a cargo, podrían suceder sorpresas y es lo que no quiero. Enviaremos pequeños grupos de personas por avión. Una vez establecidos todos los civiles, te reagruparás conmigo en Venezuela ─ ¿Y yo donde quedó? ─ ¿Aun está la oferta en pie? ─ Declinaste la oferta, ¿Pretendes retractarte?, te advertí… ─ Si no has llevado mi negativa de la propuesta, quiere decir que aun no es tarde ─ Elisa ─ advirtió Oliver, pero lo ignoré. ─ No le voy a rendir lealtades a nadie, ni mucho menos me estoy vendiendo, si estoy aceptando es porque le tengo un mejor uso a ese dinero ─ contesté sin darle la cara a Oliver, al contrario, toda mi atención se hallaba volcada sobre Silvana. Silvana guardó silencio por un latido para luego agregar: ─ Tendrías que viajar y entrevistarte con mi creador ─ Y es lo que pretendo hacer, pero no ahora, será cuando ambos pueblos estén en un solo punto. En ese momento es que iré. Antes no ─ ¿Esa será tu respuesta? ─ asentí, Silvana se levantó y se fue.

Todo estaba encajando en su lugar, pero no era hora de celebrar, no era el momento, celebraré cuando comience a ver los resultados de mi obra. ─ ¿Nos mandó llamar, mi Führer? ─ preguntó Bach haciendo acto de presencia junto con Madeleine. Wendt y las demás aun seguían haciendo de las diligencias que les encargué con Zimmerman y su colega. ─ Si Bach, pasen y cierren la puerta ─ Oliver se hallaba a mi lado, supongo que desde que había aceptado la oferta del maestro del Silvana estaba molesto conmigo, pero eso me traía sin cuidado, no me había dirigido la palabra en lo que iba en estas dos noches. ─ Los mandé a llamar porque les tengo una encomienda ─ Usted dirá ─ contestó Madeleine tomando asiento junto con Bach. ─ Más que una encomienda es… una oportunidad para ustedes ─ Mi Führer, con el debido respeto, no veo justo que nos tilde como posibles traidores, Madeleine no tiene la culpa que hayan manipulado su mente para extraerle tal información ─ Tienes razón Bach, pero ten en cuenta que en este momento estoy jugando con cartas muy peligrosas, un paso mal dado y todos estaremos muertos ─ eso captó la atención de Bach y la de Madeleine tensándose. ─ Lo que quiero decir es que… esta oportunidad solo la puedo dejar en manos competentes, y si Madeleine considera que este encargo es para arreglar las cosas consigo misma, este sería la oportunidad perfecta para ella ─ señalé y ella asintió. ─ ¿De que se trata, mi Führer? ─ preguntó Madeleine dispuesta a cumplir con lo que sea que tuviera en mente. ─ Necesito que tu y Bach organicen a estas personas para iniciar un éxodo en masa, pero no todos a la vez. Es preferible que sea… gradual, que se vea casual ─ ¿Cómo se haría? ─ preguntó Madeleine y les expliqué el plan.

─ Ambas tareas, aunque se vean por separado, van de la mano y cuando una llegue a su punto muerto, es decir, cuando todas estas personas hayan salido de Orphan y El Viñedo, saltará automáticamente el segundo paso ─ ambos asintieron totalmente en silencio, no habían perdido detalle alguno de mis palabras. ─ Esto era a lo que me refería con la guerra que les comenté hace muchos años, Eloísa estará trabajando desde Alemania, ustedes aquí, yo me regresaré para Venezuela a seguir lo acordado con Steineer y los demás, Oliver los estará esperando en el aeropuerto de Hokkaido en Japón ─ ¿Y la señorita Wendt? ─ preguntó Bach preocupado por mi vinculada y eso me enterneció, si la vida hubiera otorgado para ambas un hermano, hubiera elegido a alguien como Bach. ─ Ellas viajarán dos días después que yo me haya marchado, tiempo suficiente para que Steineer haya enviado a cuatro de sus muchachos ─ ¿No cree que es demasiado, mi Führer? ─ No cuando se trata de mi hermana, Madeleine. Ya la han secuestrado una vez y no quiero que se vuelva a repetir ─ el gruñir de Bach fue notable mostrando sus colmillos. ─ ¿Tocaron a la pequeña Führer? ─ gruño. Que gracioso, le dijo del mismo modo que Steineer, no debería sorprenderme, siempre le han dicho así a sus espaldas, y las mías, pero no de forma despectiva, ni ofensiva, al contrario, cada vez que lo decían, era con orgullo y mucho cariño.

La explicación que le di no le agradó para nada, mis muchachos eran extremadamente celosos con mi vinculada, y si eran los allegados, lo eran aun más. ─ Mi Führer, le tengo una petición ─ Dime, Bach ─ Cuando todo esto termine… déme la imagen o la esencia de quien le haya hecho tal crimen a mi Wendt, usted sabe que soy un excelente rastreador, lo fui como humano, y ahora como Errante soy aun mejor ─ Así se hará Bach, pero antes enfoquémonos en lo inmediato ─ Si, mi Führer ─ ambos se dirigieron hacia la puerta. ─ Esta vez, Bach. Madeleine, los errores no son excusables ─ con esas palabras se detuvieron en seco, se dieron media vuelta para encontrarse con mis ojos amarillos y mis colmillos alargados, una advertencia de mi parte.

Los documentos fueron realizados y las nuevas apariencias de Wendt y las demás fue notable, no eran las mismas, Olga y Wendt eran rubias y Ruth tenía su cabello castaño, sus nombres, aunque sonaron diferentes, dejaron un apellido o un segundo nombre para hacer notar el parentesco lejano con la persona que una vez fueron, Wendt, ahora se llamaba María Teresa Carvajal Linares, Ruth se llamaba Elizabeth Isabela Croft Williamson y Olga… Raiza Odelia Richter Schäfer, ¿Y yo?, porque, también, me hicieron un pasaporte nuevo, mi nueva identidad era Alejandra Estefanía Mariara Uzcategui. Tuve que cortarme el cabello, alisarlo y teñirlo con un color cobrizo, algunas de las muchachas les facilitaron anteojos para terminar de completar la apariencia y dentaduras falsas, como dije, la apariencia había cambiado totalmente. ─ ¿Cuándo partimos, madre? ─ Dentro de dos días. Yo partiré mañana en la noche ─ ¿Por qué, mi Führer? ─ preguntó Olga muy intrigada. ─ Es necesario, Olga, cualquier cosa que las vincule conmigo, será peligroso. Contactaré con Steineer para que envíe a cuatro de sus muchachos, las quiero vigiladas día y noche, y ustedes deben actuar como si ellos no existieran. Si toman el vuelo hacia Burnemouth, estarán pronto aquí con sus vinculados ─ las tres asintieron, sabían que no quería sorpresas, ellos serían la escolta a distancia y ellas sabían que debían actuar como si nada.

Todo se había ejecutado al pie de la letra, yo partí antes que ellas y tomé el vuelo para Venezuela como habíamos quedado, con escala, para llegar en la noche a mí país y no tener problemas, tuvimos que hacer limpieza por la carretera merendando unos cuantos vándalos. Steineer fue quien me recibió en el aeropuerto de Maiquetía. Wendt y las demás hicieron lo mismo tomando puestos diferentes, pero dentro del rango de vigilancia de mis muchachos con sus vinculados, lo sé, porque durante el vuelo de Wendt, estuve dentro de ella todo el tiempo. Oliver partió la misma noche en que yo partí para Venezuela, no le gustaba separarse de mi, pero no había opción, era la única manera. Al llegar las chicas a Venezuela, no se hizo esperar a proceder las lecturas de los testamentos, haciéndolas acreedoras de todo lo que habían construido, la cara de los niños eran un total poema al volverlas a ver, pero no las habían reconocido, y ellos se encontraban renuentes en hacerles caso a sus nuevas tutoras. Después de las lecturas e instadas en sus nuevas casas, la verdad fue revelada, la cara de alegría de ellos… no tengo palabras para describirlas. Lágrimas de felicidad y sorpresas llenas de gritos y abrazos, era lo menos que podían hacer, y como la hermandad que eran, guardaron silencio absoluto de ello. Ellos también eran cuidadosamente vigilados en la distancia por mis muchachos con sus vinculados, hombres y mujeres muy bien entrenados por Steineer.

Una noche, visité la celda donde se quedaba Luis Carlos, el encargo que le tenía, sería uno de los más peligrosos, pero vitales en todo este asunto. ─ Hola Luis ─ saludé en voz baja, y por su cara… se podría decir que no me esperaba que me apareciese en mitad de la noche y sin levantar revuelo entre los oficiales y guardias. Con un dedo en mis labios insté en que debía guardar silencio, él, con su rostro lleno de sorpresas e interrogantes y su corazón martillando a mil por segundo, asintió. Me inserté en su mente haciéndole ver que había traspasado los barrotes sin problemas, me acerqué a su camastro y le hablé. ─ Necesito que hagas algo por mi, Luis ─ él con mirada impasible y mentón tenso, volvió asentir. ─ Sé que no te gustará lo que te pediré, pero… es necesario para el plan que tengo en mente y tu serás pieza clave ─ guardé silencio para que asimilara mis palabras, aunque con la velocidad en que volaban sus latidos, pensaría que pediría su vida a cambio. ─ Necesito que te conviertas en el más peligroso y asesino narcotraficante del continente suramericano ─ por su cara, estuvo a punto de dar un grito al cielo en un “no” rotundo. ─ Solo escucha, ¿Okay? Si lo haces, me estarás dando la información de todas esas personas despreciables que tanto quiero matar, serás mi conexión con ellos y yo les daré caza, ¿Quieres inmortalidad? Ese es mi precio ¿Quieres ver a todos esos hijos de puta muertos? Ese es mi precio, y no tienes que preocuparte por protección, mis hombres te estarán cuidando constantemente, día y noche. No estarás solo ─ Luis guardó silencio un par de buenos minutos, hasta que por fin preguntó susurrando: ─ ¿Y mi hermana? ─ Ella estará muy bien protegida, de eso que no te quepa duda ─ ¿Es todo lo que haré? ¿Volverme el más brutal y asesino de los narcotraficantes? ─ Y darme toda la información que puedas recolectar. Y para ello, se la darás a uno en especial, enviaré a un agente con el que hablarás en total confidencialidad, ese agente en especial, me traerá la información a mi y yo haré el resto ─ el volvió a guardar silencio, luego sonrió viciosamente, Dios, este niño lo debe conocer Eloísa. ─ Desataré el infierno sobre las cabezas y almas corruptas, Luis ─ De acuerdo ─ aceptó con ardua firmeza, era su determinación y el odio en vilo, si, definitivamente Luis sería el Michael Meyer venezolano. Acto seguido desaparecí de la celda y de su vista en una bruma, atenuando mi imagen delante de él.

Lo que vino a continuación en los siguientes años, fue lo mejor que pudo haber pasado, Wendt se hizo cada vez más rica, mis muchachos cuidaban de ella veinticuatro siete, gracias a los vinculados, y yo dentro de ella en mis letargos. Para evitar cualquier cosa que nos relacionara en su nueva vida, me tuve que quedar en casa de Steineer, él y sus muchachos hacían un maravilloso trabajo quirúrgico con lo que les había encargado. Búsqueda de información y marcaje. Si les dijera hasta donde habían llegado, no me lo creerían, y supongo que Eloísa de igual forma había hecho lo mismo, si quería que le surtiera de sus especímenes…

Steineer había abierto varios centros nocturnos para recaudar fondos de toda clase, incluso hasta información, y recuerden que el escuadrón Carvajal no solo estaba conformado por hombres, habían mujeres en nuestras filas, y en especial ellas, hacían el papel de mujerzuelas, ¿y saben lo más chistoso?, que las que hacían de ese trabajo, eran susurradoras e ilusionistas; llevaban a sus víctimas a un lugar en los baños y les hacían ver y sentir cosas que en realidad nunca pasó, sin contar que les sacaban un buen dinero y una buena información, ¿y ellos?, salían como los propios machos alfas con sus rostros llenos de satisfacción en haberse llevado a semejante hembra y haberlas hecho gritar como nunca, ¡ja!, solo en sus mentes pendejos.

En algunos días de mis letargos, aprovechaba de estar dentro del cuerpo de Wendt, a veces se reunía con sus amigas en un simple desayuno, otras ocasiones se encontraba ella sola sumergida en sus pensamientos, muy temerosa de un posible secuestro, pero decidida en cumplirme y hacerme sentir orgullosa. Si supiera que yo ya me sentía orgullosa de ella de mucho antes. Como venía diciendo; en esos días disfrutaba de un buen desayuno bien sea acompañada o sola. En su trabajo… tuvo que realizar varios ajustes, pero ninguno de sus buenos empleados fueron despedidos, ella buscaba de recompensar a sus buenos trabajadores, ella los medía por su rendimiento, en las juntas fue donde ella más se esforzó en volver a ser la implacable de antes, ¿Por qué?, resulta que en cada junta, ella veía a todas esas personas como posibles amenazas, posibles cómplices de nuestros enemigos que nos querían ver muertas, aspirantes a ser seguidores de los precursores sin saberlo, hasta que por fin se fue desenvolviendo como era antes, decidida, firme en sus decisiones… segura de si misma. Steineer tuvo la gentileza de realizar instalaciones de cámaras de seguridad después de haber mudado las oficinas a otro lugar. A Sabana Grande. Claro, no teníamos la gran cantidad de pisos que tenemos en este momento, empezamos con dos en los pisos más altos.

Pero una mañana, ella yacía en un local tomándose un café con normalidad como de costumbre, yo me encontraba luchando contra mi letargo para no sumergirme de lleno, solo la suficiente conciencia por si acaso. En los momentos donde sabía que estaba segura, era en esos momentos donde me sumergía de lleno en su ser, que eran en su oficina, porque habían cámaras que la comunicaban con los vinculados de mis muchachos y su escolta personal la pasaba a recoger siempre a la misma hora. Nadie tenía acceso en su oficina, igual habían cámaras con sonido en las salas de juntas y donde ella realizaba las entrevistas, un sonido no agradable o una actitud sospechosa y mis muchachos entrarían en acción, pero no crean que solo era con Wendt tanta seguridad, con Olga y Ruth era lo mismo, solo que yo no tenía conexión con ellas como la tenía con Wendt. En mi mano reposaba un interruptor, una… especie de alarma que pondría a mis muchachos en alerta por si una emergencia, por eso eran mis luchas para no sumergirme de lleno en los letargos, créanme, era muy difícil no caer, las veces que me pasaba, como me odiaba y me reprendía por tan garrafal descuido. Pero como mencioné, esa mañana, algo no iba bien, algo sucedió.

Alguien había saludado a Wendt y casi perdí conexión con ella. Esa sensación había vuelto, pero casi imperceptible, como un murmullo hueco, un eco ininteligible. Ella levantó la vista y se quedó embelesada en… ¿él?, (dientes apretados) era el hijo de puta latino de mierda, no sabía a ciencia cierta si era puertorriqueño, mexicano, cubano, solo sabía que era un latino Errante. Debió haber sido mi carga neural causada por mi ira (arrechera) que le hizo reaccionar a duras penas, y con desespero comencé a presionar la alarma, era para lo único que me daba el cuerpo, aun era nueva en esto. ─ ¡Maldita sea, Wendt!, ¡reacciona! ─ gritaba en su mente, a veces ella titubeaba, él buscaba de inducirle en su mente que eran conocidos, le hacía ver que ella estaba interesada en él, razón para que ella no dudara de sus palabras.

Otra carga neural y ella espabiló y fue cuando todo pasó. Un auto se frena de golpe y una balacera comienza a desatarse, el latino ese hijo de puta fue muy rápido, salió escabulléndose a la carrera aprovechando que la mañana no se encontraba muy soleada, portaba lentes de sol y muy abrigado. Wendt es tirada al suelo por protección, supongo que como era de día, el latino se encontraba en desventaja al igual que yo al no tener en toda su capacidad sus habilidades. Mis muchachos la sujetaron y se la llevaron a toda prisa al auto, más disparos se intercambian y Wendt era cubierta por una lona especial antibalas. Cortesía a los negocios sucios en los que se había envuelto Steineer, un traficante de armas con muy buena reputación e información para mis planes. Ella no sabía la razón, aun estaba bajo los influjos de ese ser, Wendt quería ir tras él, hacerle preguntas, sentirse segura con la basura esa, pero mis muchachos no se lo permitieron, mi carga neural la hizo trastabillar por tan miserable jugada y volvió a pisar tierra rompiendo con el influjo. Para cuando todo pasó, ella se encontraba temblando a más no poder, su mente y su cuerpo se transportaron en aquel momento que fue secuestrada por primera vez.

Ella no prestaba atención a las palabras de aquellos hombres. Yo si. Reportaban la novedad de camino a la casa de Steineer a lo más alto de bello monte, el auto corría a toda prisa. Me sentí aliviada al saber que ya estaba a salvo que no pude evitar sumergirme en el letargo y quedar de lleno en su cuerpo. Los vinculados le ofrecieron algo de beber después de haber llegado a la casa, supongo que un whisky doble para ayudarle a bajar los nervios. Su mano temblaba descontroladamente que a veces una gota más que otra se le escapaba del vaso, ella deseaba con todas sus fuerzas ser convertida, se aferraba a mi promesa, y por ello trataba de transmitirle mi tranquilidad a ella, en… calmarla. Si fuesen humanos normales los que intentasen secuestrarla o hacerle daño, ella los enfrentaría sin problemas, pero cuando era un Errante quien lo intentaba… la cosa cambiaba drásticamente. Wendt imploraba, me llamaba con todas sus fuerzas en su mente y yo aun seguía buscando la forma de hacerle sentir por el vínculo mis intentos de calmarla, de hacerle ver que estaba con ella. ─ ¿Por qué no se recuesta mejor, señorita?, ya está a salvo ─ afirmó uno de los vinculados, ella lo miró y con un mohín asintió, pero no cerró un ojo, lo bueno de todo esto, es que los vinculados pudieron darle confirmación del objetivo a mis muchachos, solo sería cuestión de regresar en la noche en busca de su esencia y yo me encargaría de mostrárselos, incluyendo a Steinner.

Par de horas más tarde, Olga y Ruth hicieron acto de presencia en la casa, era alrededor de las dos de la tarde y Wendt ya se encontraba más calmada. La orden dada era no dejarla sola y que se quedaría hasta que Steineer o yo despertáramos, ese era el protocolo sugerido en estos casos. Ya llegada la noche, tanto Steineer y mi persona, nos encontrábamos discutiendo posibles ideas sobre como darle más protección a las muchachas, con Wendt solo fue un ataque piloto, una posible prueba que si salía exitosa, sería perfecta, pero si no, era la prueba perfecta para calar cuan protegida estaban, y si era así la cosa… ─ Sugiero que Olga y Ruth se vinculen. Es una jugada arriesgada, pero no tengo opción ─ fue mi idea, Steineer y los demás estuvieron de acuerdo así que opté que ellas se vincularan con dos de las chicas del escuadrón Carvajal. Las hermanas Francine y Elide Schwarz, dos mujeres muy aguerridas, las mejores en su tipo, soldados que no escatimarían en asesinar a quien se le interponga en su camino con tal de cumplir con su trabajo, habían sido entrenadas muy bien por Steineer y Wendt en su momento y pulidas por Ruth.

Francine y Elide Schwarz, fueron unas hermanas que rescatamos en Ámsterdam, ambas habían sido objetos de abusos de toda clase de parte de todos los que allí residían, formaron parte del escuadrón al primer instante en que vieron la oportunidad, y con los entrenamientos que recibieron, sus técnicas de asesinato habían mejorado considerablemente, dos mujeres atléticas, solo con un mínimo margen de diferencia en sus edades, pero letales como ninguna, Francine había sido convertida con tan solo 19 años de edad y su hermana Elide a los 27. Dos armas perfectas para los ojos equivocados, ambas de cabello rojo, Francine tenía los ojos cafés mientras que Elide tenía los ojos negros, labios suaves y seductores, miradas sagaces y ambas de contexturas atléticas como ya mencioné, sus facciones faciales las hacían ver como si fuera mujeres de la realeza, Francine usaba su estilo de cabello un tanto emo, tapaba la mitad de su rostro, pero todos sabíamos que era para ocultar el lugar donde una vez tuvo una horrenda y gran cicatriz, que gracias a su conversión se había borrado por completo, solo que ella siempre la vería allí. Obviamente ellas no dudaron en acceder a mi petición, con tal de proteger a las personas que arduamente las entrenaron; era como querer devolver el gesto.

Olga y Ruth se vieron fascinadas por el cambio tan tremendo en sus cuerpos, ahora que ya eran vinculadas, podían tener parte de nuestros atributos y ya no era necesario el tener que beber del A.D.C.M. pero me quedaba una cosa en particular con la que lidiar y eso hizo que me formulara una pregunta muy inquietante, ¿Cómo se haría para combatir contra los influjos de los otros Errantes? Porque era más que un hecho que no era suficiente con tener parte de nuestros atributos físicos, debía buscar alguna forma de contrarrestar sus… ─ ¡Claro! Las cargas emocionales ─ ante mi epifanía, les expliqué la forma de cómo hacerlo, pero solo funcionaría durante el día, ya que los otros Errantes no podían tener todas sus capacidades a tope; esperaba que esa ley funcionara con todos o por lo menos con los más nuevos, porque en lo que si estaba segura, es que ningún maestro antiguo o sus superiores, jamás perderían el tiempo en algo como eso, se creen… los demasiado importantes para una cosa tan trivial e inmunda que es tratar con los humanos, por lo menos ellos lo ven así, prefieren dejar el trabajo sucio a los seguidores y sus lamebotas, preferiblemente a los ambiciosos capaces de asesinar niños y ofrecérselos como ofrenda para obtener más poder, aspirantes a volverse simples vinculados, pero supongo que al final, conociendo al tipo de seres que son los maestros antiguos, los terminan volviendo sirvientes, caras lindas que necesitan mostrarle al mundo para sus fines.