El cariño
Cuando la madre de Darlene trató de correr Darlene la empujó con fuerza haciéndola caer al suelo dándose un fuerte golpe. Darlene caminó hasta pasar por encima del cuerpo de la mujer. Bajó y dejó un pie sobre su cabeza. La respiración de la madre de Darlene era errática, sabía que sería lo siguiente porque esa sed de sangre que vio en su mirada aquel día no fue su imaginación. Sabía que algo había cambiado, pero pensó que era solo su imaginación, ahora estaba pagando las consecuencias de no dejarse guiar por su instinto, ese que nunca le fallaba, pero por terca había ignorado.
Sus manos fueron a los tobillos del pie sobre su cabeza intentando quitarlo, pero Darlene presionó con fuerza haciéndola chillar del dolor. La risa de esa maniática se escuchó por todo el lugar, era la primera vez que se sentía como la presa y no como la cazadora que infringía miedo como siempre. Darlene Petrova fue el peor error que puedo concebir este mundo.
Miro las partes de Debby sobre el suelo y las náuseas regresaron a ella. Alguien tomó sus piernas y gritó cuando de un fuerte jalón estaba de cabeza al suelo. Maddox amarró cuerdas a sus tobillos y la subió para que Darlene la vea.
—De cabeza, aun cuando pareces más alta que yo me rindes respeto mamá—la mujer la miró con el corazón latiendo fuerte dentro de su pecho.
—Darlene, soy tu madre… tu única familia… eres mi bebita—murmuró mirándola con falso amor.
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—Debes saber que soy mejor que tú manipulando madre, ¿o crees que Maddox me sigue como idiota solo por mis encantos?—cuestionó comenzando a dar pasos, rodeándola tal y como lo había hecho con sus otras presas.
La madre de Darlene no mencionó una palabra, estaba más concentrada intentando soltarse de la cuerda que la sujetaba. Maddox sonrió sabiendo que ella no podría liberarse porque él había hecho un buen trabajo atándola.
—Hija… te amo—murmuró y Darlene siguió caminando haciendo un sonido extraño con la lengua que le puso los pelos de punta.
En el pozo cayó
La luz nunca vio
Quedó enterrado el niño
Que muy mal se portó
Darlene entonó la canción que en su pueblo los padres les cantaban a los niños cuando se portaban mal. Muchas veces su madre la encerró en lugares oscuros cuando Debby hacia algo y le echaba la culpa a ella, claro que luego de una gran golpiza ella la encerraba. Cuando en su espalda resbalaba sangre por los fuertes latigazos.
El diablo lo persigue
Por ser mal niño
Nunca seas desobediente
O morirás como el niño
Darlene se detuvo tomando en tabla con clavos incrustados de manera aleatoria. Lo levantó y la madre de Darlene soltó el grito cuando sintió su piel abrirse a causa de los clavos que Darlene con un fuerte golpe había incrustado en su cuerpo. Jadeó asustada antes de sentir el líquido caliente de su sangre comenzar a deslizarse por su cuerpo.
—Darlene… señor Maddox, ayúdeme, por favor. Mi hija a enloquecido, no sé qué le pasa… por favor—suplicó y Darlene se carcajeó.
—Es raro porque yo también te supliqué madre, muchas veces, demasiada. Te supliqué un poco de amor, te supliqué para que no me golpearas, te supliqué que me trataras con el afecto falso que tratabas a Debby—Darlene tomó el pelo de su madre con fuerza y la mujer sentía que gracias a la posición en cualquier momento se desmayaría.
>> Pero soy yo ahora quien tiene el control de todo aquí, porque en el momento que volviste tu misma ordenaste las fichas para convertirte en una. Simplemente estuve planeando todo. Como cuando casi caes por las escaleras, o como cuando por poco enloquecemos a Debby—Darlene se hizo la pensativa—también esa vez donde mi querido padre tuvo ese trágico accidente. ¿Sabías que violaba mujeres inocentes? De seguro que lo sabes, después de todo ustedes se llevaban muy bien—Darlene sonrió—él murió primero. Abusaba de jovencitas, pero se desmayó cuando lo hicieron con él, era una basura que no servía para nada.
—Estas totalmente loca… maldita bastarda no sé cómo diablos te crie—Maddox cortó la cuerda y la mujer buscando no caer de cabeza se dobló, todos escucharon como el hueso de su hombro se fracturaron en el impactó. Darlene hizo una mueca e Maddox sentó a la mujer en una silla ahora amarrándola. Ambas manos en los brazos de la silla.
—Pero si te demuestro cariño madre, que cruel eres conmigo—Darlene negó con un enorme suspiro mientras la escuchaba llorar del dolor—para que te quede claro, te amo tanto que hoy te demostraré la manera retorcida que Maddox me enseñó del amor—Maddox la hizo sentarse frente a la mujer—cariño, ven y diviértete con la mano derecha—la risa de Maddox fue fuerte. Acercándose frente a la mujer que maquinaba como escapar, dándose cuenta de que no había posibilidad de salir con vida. Maddox tomó el rostro de Darlene besándola con fuerza y metiendo su lengua en la boca de la chica que jadeó gustosa de sentirlo de esa manera.
—¿Por qué no comenzamos buscando en su mente?—preguntó Maddox—te dije que te tengo una buena sorpresa de parte de tu madre, estoy seguro que te encantará tanto como me gustó a mi cuando lo descubrí. Después de todo tenemos gustos muy similares cariño—Darlene se separó y lamió sus labios antes de tomarlo por la nuca y unir sus labios con salvajismo.
Maddox la encendía de tal manera que pensar que nunca más volviera a sentirlo a ella de esa manera la hacía sentir extraña. Ambos se deseaban con locura, aunque Maddox la tenía como reina de su juego seguía atento a los pasos de Darlene. Porque sabía que, aunque ella llegara a amarlo con locura, eso no impediría que Darlene lo acatara, de esa manera era en que ambos funcionaban.
Ambos se separaron y cuando miraron a la mujer sonrieron. Maddox fue el primero en tomar la cuchilla y acercarla a un dedo de la mujer. Sin ningún tacto y sin removerle en lo más mínimo algo comenzó su labor de arrancarle las uñas de la mano derecha.
Darlene sonrió, Maddox sonrió.
Ambos disfrutando de ese sádico momento.