Chapter 2: Libro 2: Aprehender
: Formando la idea
Sergio se despertó con el sonido de los tacos. Miró hacia su derecha, la luz del pasillo, formaba un cuadro estirado por la puerta de la habitación abierta, que golpeaba su esquinero
Porque la cama rompía su forma en el piso y trepaba por el cubrecama hasta la rodilla aproximadamente de donde estaba acostado él; menos mal que no me da en la cara esa luz, lo peor que hay es despertarse con una luz en los ojos, le hacía recordar a los interrogatorios de las películas, o a Dràcula cuando ve el sol.
Tuvo intenciones de decirle, (- Prendé la luz de la habitación si quieres) para ser bondadoso con ella, pero no lo dijo, quedó en un pensamiento abortado.
Miró hacia la izquierda, hacia las cortinas rojas de la ventana de la habitación, pero no vio reflejos, todavía estaba oscuro, era invierno.
-Buen día Mary, ¿Qué hora es?
- Las siete de la mañana, más o menos.- respondió ella con voz suave para que siguiera durmiendo, pero sin interrumpir la puesta de anillos en sus dedos, uno, dos, tres, cuatro…
(-¿Cuantos anillos se va a poner?- pensó)- ¡Dormí! Es temprano todavía.
Mary era su nueva esposa.
-¿Ya te vas?- preguntó Sergio con vos cansada, se había acostado la noche anterior a las dos de la madrugada por escribir su novela y hacer el amor. Le estaba diciendo (-¡apagà esa luz por favor!).-
-Si – respondió ella poniéndose los aros y perfume.- todavía tengo que salir de Rada Tilly para llegar a Comodoro Rivadavia y hacer las cosas.
-Seguro te vas a ver a tu otro ma cho,- era un chiste entre ellos, y enseguida agregó- ¡Sucia!
-¡Dormí! ¡Hincha cocos!- le respondió ella con otra sonrisa.
Ella se puso su abrigo, -Chau- le dijo y le dio un beso, y se escucharon nuevamente los sonidos de los tacos perderse en el pasillo, hasta la puerta del fondo, mientras apagaba las luces a su paso.
El imaginó toda la secuencia a medida que ella avanzaba, la puerta con su chillido, el clin, clan del portón de chapa cuando se corre el pasador de las puertas y el enganche al piso.
Tantas veces había hecho el mismo recorrido. Los tacos ya no se escuchaban, solo el ruido del motor de la camioneta cuando enciende, él le habló a ella con su mente (-¡dejala un ratito encendida!, que se caliente el motor, ¡deja la camioneta!, estamos en ivier….-)
Pero ella no escuchó, hacia la rutina a su manera, avanzó en reversa, frenó, puso el freno de mano, realizó el clin clan, cerró el portón chico, arrancó, todo a la velocidad de ella, y el sonido del motor se perdió en segundos por las calles.
El siempre dormía desnudo de la cintura para abajo, tenía una erección, pero no le dio importancia, se dio vuelta y se durmió nuevamente unos instantes.
Se despertó enseguida, ya había completado sus horas de descanso, pensaba
(-¡Me tengo que levantar!,! me tengo que levantar!,
-¡la pereza es un pecado!,! La pereza es un pecado!, pero que lindo es dormir,
-¡no tengo que cuestionar a Dios!,!no tengo que cuestionar a Dios!,
- si me llega a escuchar me puede hacer pomada,
-¡pero si el escucha todo!, ¡ya me escuchó!, ¡perdón Diosito!).
Empezó a tararear en su mente una canción de niño:
(-¡Arriba Juan, Arriba Juan
Hay que ir a la escuela,
¡Hay no mama!,!hay no mamá!
Me duelen las muelas.
Arriba Juan, arriba Juan
Vienen los soldados,
¡Hay si mamá, hay si mamá!
Ya estoy levantado.)
Siempre se preguntó, si esa no había sido una canción del proceso militar, ¿Quién había hecho esos versos para que los niños tengan miedo a los soldados?, tal vez los resabios de la paranoia lo estaban afectando.
Sin pensar más se levantó, pasó por la habitación de enfrente que hacía de estudio, cambiador, por la ropa en los placares, sala de música, habitación de huésped porque tenía una cama de una plaza, o Escritorio de trabajo, sacó el pent drive para que no se quemará, encendió la computadora, escuchó el ruido característico y las luces que se encendían, encendió el monitor, y sin darle importancia se fue al baño.
Andaba sin calzoncillos, descalzo, le gustaba andar así, solamente con la remera roja, podría ser cualquier color, no tenia predilección por ninguna.
Miró el celular haber si había algún mensaje, hizo un buche con enjuague bucal, lavó el cepillo de dientes en el vanitory, le puso pasta dentífrica “Colgate” y se fue para el quincho que lo utilizaban a ese espacio, como el primer living comedor diario.
Encendió el televisor, estaba el mundial de futbol de sud-África, ya lo tenía medio podrido la canción del español Bisbal, a Shakira la soportaba un poco más por que por lo menos movía las caderas, la veía un poco petisa cuando la enfocaban de costado con su pollera roja y pensaba (- debe ser medio enana, pero esta buena la petisa).-
Puso CNN en español, la noticia que estaba esperando sobre el derrame de petróleo en el golfo de Mexico, no llegaba, pasó el periodista Montero, Patricia Janeot y nada.
Su boca se estaba poniendo con mucha espuma por cepillarse, sentado sobre la mesita de luz de algarrobo. Miró hacia el costado y vio la cajita de Tesoros Bíblicos, la abrió y buscó las cartulinas del medio, las más nuevas seguramente no habían sido leídas, se preguntaba ¿saco el verde? o ¿saco el naranja?, no quería que Dios lo rete, tomó un “pan de vida” y lo leyó en el decía:
“Jesús dijo: ¿Si puedes…?
¡Al que cree todo le es Posible ¡
Mr. 9:23”
¿Qué será Mr.?, ¿Marcos?, le daba un poco de rabia no recordar los capítulos y versículos de La Biblia como los teólogos, pero creía en Dios a su manera.
Pensaba si el presidente Obama había sacado la frase de allí, “yes, we can”.-
La noticia no llegaba así que levantó el volumen y regresó al baño, de allá seguía los acontecimientos periodísticos.
Se enjuagó, miró sus ojos, su pelo, el espejo, vio algunas manchas mientras pensaba, volvió a lavar el cepillo de dientes, y le puso pasta de dientes “Noc 10”, el creía que le blanqueaba los dientes, le daba una sensación que picaba, pero prefería eso a que el odontólogo le pusiera un gancho para limpieza.
Ya no sabía lo que estaba haciendo, ya era un acto rutinario nuevamente, su mente y su oreja estaban pendientes del televisor, se encontró pasando hilo dental y limpiando las manchas viejas del espejo con una toalla, de pequeñas gotas de agua cuando uno se peina, Se preguntó (-¿Qué estoy haciendo?).-
Se comenzó a afeitar, y vio una persona en el espejo que era él, que inflaba la boca, para que la hoja rasure mejor por los lugares que pasaba, mientras que con su mano iba supervisando que no quedara vestigios alguno de barba o bigote, nunca en la vida se había dejado el bigote a veces le hubiera gustado pero finos y cortos como Clark Gable.
Se le escapó una sonrisa, porque su madre lo había cargado de niño al decirle que el hombre del dibujo de las hojas de afeitar “Gillette” era su padre, el comparaba a los dos, una y otra vez sin decir nada y el parecido era similar.
Su mente se fue con la novela que estaba escribiendo y como la realizaría, se baño sin darse cuenta, cuantos minutos pasaron en la ducha pensando, solo se bañaba, se secó se puso colonia “Old Spice” en el rostro por los lugares donde se había afeitado, esa colonia siempre le había ayudado cuando besó alguna mujer en el pasado.
Miró la biblioteca, del segundo living, pero no quería tocar ningún libro, porque no se quería contaminar con ninguna idea o forma de escribir que no sea la suya.
Pensò en “La casa de los espiritus” de Isabel Allende, pero haber visto la película, le quitaba las ganas de leer ese libro, aparte lo de ella era un raconto de vida y lo que querìa hacer el era, que el lector entrara en su mente y viera lo mismo que el experimentò, para llegar a la misma conclusión. Asì que tomo el librò de filosìa y buscò lo que querìa, lo que había leído, aunque no sabìa en que pagina estaba, le enfadadaba perder una definición y volver a leer cosas.
Su mente trabajaba con una lupa imaginaria algo que lo hubiera sensibilizado, le vino a la mente la caída del avión y la muerte del presidente polaco Lech Kaczynsky con toda la comitiva, que desgracia y que honor, morir con sus compatriotas en el bosque de Katyn, el había visto la película y asociò enseguida las imágenes, los colectivos viejos, los hombres que eran ingresados al lugar, el pasillo por donde caminaban, el soldado tras de la puerta cargando la pistola, la ventana, el disparo, la muerte, tantas vidas cortadas de cuajo, tantos recuerdos esfumados, había buscado en internet, y la foto del monumento de Wroclaw le había llamado la atención, quería ver al hombre alado, era como un angel con una espada, la plaza se veìa hermosa, el verde era magestuso, el sol iluminaba los arboles, y la sombra estaba en el monumento, como si relatara la escena, se había transformado imaginariamente en un polaco en el bosque de Katyn, le hizo un zoom para tratar de ver la plaqueta recordatoria, no sabia polaco, pero podría escribir para el traductor, trataba de ver a la mujer, a sus pies, hubiese querido que la imagen fuera en tres dimensiones, que rotara a 180º .
Pensò en la película de Clint Eastwood, “Gran Torino” y su final, como había derrotado a los malos sacando su dedo largo de la campera con su pistola, pero los finales felices solo pasaban en Estados Unidos.
El querìa una conclusión, de los argumentos concatenados, para llegar al mismo resultado.
Tardò un poco, pero al fin lo había encontrado y decía …“todo raciocinio se compone de juicios, y todo juicio de ideas, debemos distinguir tres operaciones intelectuales específicamente diferentes:
1. Aprehender, es decir concebir la idea
2. Juzgar, es decir afirmar o negar una relación entre dos ideas.
3. Razonar, es decir, de dos o màs juicios dados deducir otro juicio que de ellos se sigue necesariamente….”
La política
Llegamos cantando a la casa con mi hermano:
-Los muchachos peronistas
Todos unidos triunfaremos
Y como siempre daremos
Un grito de corazón
¡Viva Perón!, ¡Viva Per..,- no alcanzamos a terminar la frase, porque mi madre nos estaba mirando mal.
-¿De dónde sacaron eso?- pregunto con cara de enojada.-
-Deeee… los altoparlantes,-respondimos con preocupación- los pasan a cada rato, es una canción y aparte dicen:
-Campora al gobierno
Perón al poder…
-Si, si, si, si- interrumpió mi madre cortante- es una marcha, y no quiero que anden cantando esa cagada en la casa, ¿me escucharon?
-Si mami- dijimos nosotros mirándonos sin entender, porque estaba enojada. Y siguió despotricando.-
-Lo único que me falta, que tenga dos peronistas en la casa- se sentó en la silla abatida, para volver a incorporarse y gritarnos nuevamente- ¡Peronistas de mierda! Y ¡guay! Con que los vea comer en cueros en la mesa por que los voy a cagar a golpes, ¡Descamisados! Le voy a dar a Ustedes- descansaba un poco, pensaba y seguía con la reprimenda- ¡después cuando sean grandes van a vender el voto por la sidra y el pan dulce!- se quedó un rato en silencio y me miro de arriba a abajo.
-El viernes…. Vos- y me apuntò con el dedo índice a la cara- me acompañàs al Comité de la Unión Cívica Radical.
- y vossss – hablando a mi hermano, señalándolo con el mismo dedo que a mí - te aprendes para mañana o pasado la marcha de los radicales, la de Don Hipólito Irigoyen.
- A ver seguirme:
-Adelaaaante Radicales/Adelante sin cesar/Viva Hipoooolito Irigoyen/Y el partido Radical
Ella movía su mano derecha a medida que cantaba, sentada en la silla, o más bien su cuatro dedos, con la palma hacia arriba marcándole el compás, para que la siguiera.
El estaba parado entre sus piernas y ella lo sujetaba con la mano izquierda del hombro,
La otra mano seguía marcando el compás, el solo repetía
–Adelante Ra dicaaaaa les- mirando de reojo la mano que marcaba el compas, esperando que no se transformara en una cachetada.
A ella la llenaba de felicidad y asentía con la cabeza y balbuceaba cuando el cantaba integrándose con un:
-laaante – hasta que entendió que el repetía lo mismo y no comprendía lo que seguía.
-Pero, !cantà!,!Boludo de mierda!- dijo zamarreándolo del hombro con la mano izquierda- me estás haciendo cantar a mí como una boluda. ¡Más vale que te la aprendas a la marcha!
¿Me escuchastes?- preguntó.-
-Si mami- respondió el.
Por las dudas, los días subsiguientes no cantamos la marcha pegadiza, para no enojar a nuestra madre.
Ese viernes, mi madre me llevo hasta el Comité Radical, ella tenía la llave para abrir, estaba al lado del centro Catamarqueño Fray Mamerto Esquiu.
Era una puerta ciega de chapa, la ventana estaba tapiada, prendió las luces, habían muchas sillas alrededor de la pared, un escritorio de chapa con papeles encima, con un escudo atrás del sillon,
Subió la temperatura del calefactor que estaba en piloto, prendió la luz del baño y la cocina.
Encendió el Anafe y puso la pava a calentar.
-¿Te gusta?- me preguntó, inclinando su cuerpo, con la mano izquierda en mi hombro, casi atrás mío, y desde esa posición inclinada, con nuestras cabezas equiparadas, tratando de tener mi perspectiva señaló una foto en un cuadro, de un hombre con anteojos y cara de chino, tenía a sus costados ornamentaciones rojas y blancas.-
Los dos cuadros y los arreglos equilibraban el escudo, ya que estaban a la misma altura.
-Ese, es Ricardo Balbín y va a ser el futuro presidente, y ese otro- señalando un cuadro del mismo diámetro y con igual engalanamiento, con una foto blanco y negra con un sombrero bombín – es Hipolito Irigoyen uno de los fundadores del partido.
La gente empezó a llegar, y aprovecharon para tomar mate y hablar de bueyes perdidos.
Yo me quedé esperando hasta que termino la reunión.
Ese año, perdió las elecciones nacionales abrumadoramente el partido radical, y ganó el partido justicialista la presidencia de la Nación.
La Escuela
Mi madre nos había anotado en la escuela primaria, provincial Nº 14, pero quedaba a muchas cuadras de nuestra casa, luego; a mitad de año pidió el cambio y nos envió a la escuela provincial Nº 36 que nos quedaba a dos cuadras.
Nosotros con mi hermano sabíamos cuando prepararnos por la radio A.M de LU4
No tuve problemas para adaptarme al colegio, la maestra nos hacia agarrar de la mano con una compañerita.
A veces la maestra nos amenazaba con dejarnos encerrados en el sótano, donde había esqueletos y decían algunos que habían entrado, que había víboras y lagartos, lo que hacia terriblemente temeroso para nosotros cuando alguna maestra amenazaba diciendo:
-¡Los voy a mandar al sótano!
-¡Nooo al sótano no¡ - gritaban algunos, tirándose al suelo cuando les agarraban la mano para llevarlo, llorando con desesperación y perdiendo todo el decoro.
Por suerte, a mí nunca me habían enviado, pero había un alumno llamado Felipe, que le gustaba hacer travesuras y fue llevado a la sala de los tormentos, vimos como lo arrastraban sus ojos estaban aterrorizados, pero soportò estoicamente su castigo sin soltar una lagrima.
Y después de una hora apareció por que había tocado el timbre para retirarnos a las casas, el no apareció, con las ropas rotas, ni sangrando, ni destruido moralmente, sino que a la inversa.
Con el pecho henchido como diciendo (-Donde hay más dragones para derrotar-), para nosotros era un héroe, nos miramos, e indudablemente había un pensamiento colectivo que decía (-¡Ohhh! Felipe entró y no le pasó nada).-
A la salida de la escuela todos sus compañeros de la sala queríamos saber que había sucedido allí adentro no solo los varones sino las nenas también y; apretujados, interrumpíamos la salida de los otros alumnos de los demás cursos, con preguntas desordenadas y sin dueño por el alboroto:
-¿Qué pasó Felipe ahí adentro?, ¿Qué pasó?, ¿Qué había en el sótano?
-¡No pasa nada, no pasa nada!, dijo Felipe cortante .
La salida era un mar de guardapolvos blancos, padres que retiraban a sus hijos, y la maestra que nos enviaba al sótano, estaba de guardia ese día a la salida, observó la situación a la vez que nos decía impostando una vos amorosa, y su cabeza inclinada levemente inclinada hacia la izquierda una sonrisa y las manos agarradas en el pecho, casi en posición de rezar.
-¡Chicos¡, ¡Chicos¡,¡queridos¡, no interrumpan la salida de sus compañeritos que sus papis los están esperando- Ella sabía que algunos alumnos que vivíamos cerca, nos íbamos solos,
Volviendo a su voz de sótano, pero sin perder la sonrisa hacia la gente
- Felipe no te está esperando tu padre en tu casa.
El no respondió nada y se fue a su casa con su hermano Leo, y un vecino de ellos llamado Omar.
Mientras yo me alejaba para mi casa, todavía se escuchaba a mis espaldas, la vos amorosa de la maestra que le decía a alguien
-¡Sra. Fer-nan-dez!¡Que ale gría!, justo estaba pensando en Ud. Por lo de la cooperativa escolar…-
Así empezó la amistad con los hermanos Felipe y Leo Olmos, como mi madre había cambiado de trabajo, ya no estaba más en el diario, ahora trabajaba en el Ministerio de Trabajo y Previson, teníamos más tiempo libre para callejear con mi hermano.
Mí tío Alberto y Celso, se habían venido de la Estancia y Vivian en una casa chica que estaba en el fondo del terreno, porque mi tío Carlitos y mi tía Martha Choco se habían mudado a Tandil provincia de Buenos Aires con su hija.
A veces jugaba con mi camión Duravit, “Bedford” color rojo, simplemente le ataba un hilo y lo cargaba de piedras, pero me gustaba escaparme a jugar con Leo, Felipe y Omar a la vuelta de la cuadra, allí siempre había chicos jugando al futbol, El mono, Cristian, Moyano, que le decíamos ma-yo-ne-sa.
La familia de Felipe eran chilenos por parte de la madre, y le gustaba coleccionar revista de comic, poníamos unos bloques sin pegar a ochenta centímetros y un techo de madera y hacíamos nuestra casa, allí leìamos y nos repartíamos nuestros superhéroes, yo siempre elegía a Batman o Linterna Verde, a veces si me ganaban de nombrar la elección, me quedaba con el Hombre Elástico, El hombre araña o El hombre de hielo.
Nos transformábamos en ellos, hacíamos los sonidos y respetábamos sus poderes, en ocasiones jugábamos a los cowboys o a los gánster.-
También teníamos otros amigos, íbamos a la casa de Cristian Flatman en la cuadra de atrás, en el fondo de su casa había un galpón con chapa de ondali negra y roja para dejar cosas, estaba cuatro lavarropas viejos, su techo era en parte con chapas transparentes por lo que no necesitábamos iluminación, estábamos en una sala, las focos plásticos de los aparatos, con sus colores especiales, verdes, rojos y sus formas, dispuestas a la vuelta semejaba para nosotros una sala espacial, donde éramos los astronautas
El ruido de la perilla del lavarropa que daba los minutos de lavado retornando, daba el momento de largada para empezar a tocar otros botones, ya no teníamos gravedad y caminábamos flotando, llevando una mano a la boca, hablábamos simulando una comunicación de radio casi sin señal:
-Aten tooooo, Apolo onceeeee, kuuuuuhhhh- decìa Cristian con vos de hablar en secreto.-
-Siii, kuuuuuuhhh adelanteeee nave rusaaaa, kuuuuuhhh- respondía yo sentado en el pedal de una vieja máquina de coser “Singer” que se movía cuando giraba la rueda simulando un volante de manejo.
-Envié por favor, kuuuuuuuh, un astro-nau taaaa, a cerrar una escotilla, kuuuuuuh
-Ok, kuuuuuuh, tomado nave rusa, ahora envio uno kuuuuuuh- cambio y fuera.
Mi hermano salía con movimientos lentos, cerraba la tapa de un lavarropas, y tocaba otras perillas que no funcionaban para terminar la operación.
Altoparlante:
El altoparlante, se escuchaba a lo lejos a pesar del viento, todas las tardes a las cinco y media empezaba a sonar. El sonido venía en oleadas.
Los Altoparlantes estaban distribuìdos en varias palmas de la ciudad con sus bocinas apuntando a diferentes lugares.
Se entendían algunas cosas y especialmente las marchas, que conocíamos de la radio ya que la teníamos memorizadas, pero la propaganda que hacían de los negocios no servían para nada, de vez en cuando deducíamos que decía -“compre Sra.”, al menos que pasaremos en un radio de cincuenta metros.
Mi madre siempre nos dejaba salir y “chivear”, siempre que le digamos la verdad, nuestra única responsabilidad era la escuela, luego podíamos hacer lo que quisiéramos, ella trabajaba mucho en Trabajo y Previsión, asi le decían al lugar que trabajaba, en una ocasión mi hermano no llegaba, no llegaba y no llegaba.
-¿Dónde está tu hermano, Negro?
-No se mami, salió solo.- respondí preocupado.
-La primera y última vez que te lo digo- me dijo apuntándome a la cara – Salen juntos y vuelven juntos y si no no vuelvan por que la ligàs vos también.-
-Si mami- respondí yo
Al rato llegó mi hermano y ella lo dejó entrar y se puso con la puerta de salida a sus espaldas.
-¿Dónde estuviste Poppy?- pregunto conteniéndose la bronca.-
-Por ahí – respondió uniendo las vocales, no había acento ortográfico ni prosódico en su respuesta era más un más un “poray”, mientras levantaba los hombros con los brazos caídos al costado de su cuerpo, era un gesto que nosotros lo repetíamos cuando el otro tenía algo que nosotros no teníamos y cuando el otro nos hacia burla le decíamos:
- “que me importa, Cara e` torta
Cu chi lli to, que no corta
Vos te comes la mierda
Y, yo me como la torta”.-
-¿Dónde “poray”?- esperando la misma respuesta.
-“Poray”- respondió el con el mismo gesto, agregándole un rictus en la cara. El no sabía que mi madre sabía todos los gestos y yo tampoco, nos dimos cuenta cuando dijo:
-Así que “poray”- lo agarró del cuello de la camisa con la mano izquierda y le pego una cachetada – yo te voy a dar “poray”- en su bronca le decía por cada chirlo que le daba
-poray, poray-poray, ¡a mi me decís la verdad así te vayas a un cabaret!, ¿me escuchastes?
-Si mama – respondía mi hermano.-
-¿Vas a salir otra vez?-
- No mamá-
-¿Me vas a decir la verdad?-
- No mamá-
Eso era lo que esperaba ella, la confusión en las respuestas rápidas, a mí también me había pasado y le decía nuevamente
-¿Cómo no mamá?- dos o tres chirlos mas.-
-Si mamá, si – respondía mi hermano entonces, ella nunca se enojaba, pero cuando lo hacia ardía Troya y nosotros lo sabíamos.
Todo quedó en silencio por una hora en la casa, mi hermano en la pieza en penitencia, yo cerca de él, no tenía mucho que hacer, el era muy duro para llorar, solo quedaba empacado.
-¿Para qué le contestas, boludo?- le dije yo en vos baja para que no nos escuchara mi madre.
-¿Qué se cree?, ya me voy a ir con mi papá algún día- respondió el con la cabeza gacha.
-Voy con tu hermana a abrir el comité, charlar con unas viejas y vengo – dijo mi madre
-Podemos ir donde Felipe con Poppy- pregunte yo
-No, tu hermano se porto muy mal hoy- dijo mi madre- y todavía no pidió disculpas
-Perdón mami- dijo mi hermano, porque quería salir también.
-¿Adonde vas a ir?- preguntó ella con aire altanero .- ¿”poray”?-
-No ma,…, a la casa de Felipe y venimos.- dijo el entendiendo la lección.
-¡Ah! Bueno, así esta mejor.- y dio por finalizado el tema.
En esa época, eran pocas las familias que tenían televisión blanco y negro, luego del ajuste de la señal de imagen de canal 9 que estaba en Comodoro Rivadavia, que era como un circulo con líneas que nunca entendíamos pero igual mirábamos, podíamos empezar a ver a partir de las cinco y media de la tarde, simpre y cuando la antena estuviera bien orientada.
Normalmente le ponían un caño alto con una escalera y apuntaban su punta hacia el mar, y allí la giraban, uno en el techo de la casa, otra persona en la puerta, y otro en el televisor.
-¿Ahí se ve?- preguntaba el que estaba en el techo de la casa.
-No, no no- respondía el que estaba en la puerta.
-Un poquito más – decía el que estaba en el televisor.- ¡Ahí!, ¡Ahí!, que no la mueva más y que lo ate con alambre.
El único televisor color de la ciudad era el que había en un bar llamado “California”, que estaba en la parte de atrás del colegio industrial, en realidad no era a color, era una pantalla transparente de plástico con tres colores inamovibles, rojo, azul arriba, verde en el medio y rojo en la parte de abajo. Pero todos queríamos tomar una gaseosa o jugar un pool allí, y hasta las ocho de la noche podíamos ver, luego era el turno de los adultos.
Ya nos habíamos perdido, el programa de “Las manos mágicas”, “Los tres Chiflados” y “Plaza Sésamo”, a veces mirábamos la serie de “El Zorro”, o “Lasie”.-
Ya había pasado el horario de los chicos, cuando llegamos a la casa de Felipe, desde lejos se veía por la ventana que ahora estaba su madre mirando una película con su tía.
Golpeamos la puerta y la madre abrió, casi sin perder la vista en la televisión, abstraída con el programa que estaban pasando.
-Hola Sra. ¿Esta Felipe o Leo?- preguntamos con mi hermano, ella ni siquiera saludo, siguió mirando el televisor embelesada, por las palabras de Claudio García Satur a Nora Carpena en “Rolando Rivas, Taxista”.
- Felipe! Leo!, los buscan los chicos- a la vez que festejaban , mirándose entre ellas las picardías de Marcelo Marcote un actor de corta edad.
-¿Van a jugar?- les preguntó mi hermano todavía con la puerta abierta.
- Si, pero no aquí, mi mamá está mirando la telenovela con la tía.- dijo Leo.-
-Vamos a la obra- propuso mi hermano.
-Ma, ¿podemos salir un ratito?- preguntó Felipe, aprovechándose que la tía se tapaba la boca y la madre aplaudía porque Rolando Rivas estaba por besar a la antagonista. Parándose como un resorte de la silla y sin dejar de ver la pantalla del televisor dijo como para que no la molesten.
-Si, si,si- y agregó – pero, ¡una hora nomás!, vengan antes que llegue tu padre.
-Bueno, chau- dijeron a coro los dos hermanos antes que se arrepienta.
- Hasta luego sra. – dijimos nosotros, pero no recibimos respuestas.
Pasamos a buscar a Omar Sandes, a el lo dejaron salir, pero a su hermano menor no.
-¿busquemos a Cacho Pardo?- dijo Leo, se referìa a un muchacho que vivía a la vuelta de la casa, el era un poco mayor que nosotros, pero el se juntaba de vez en cuando con el grupo nuestro, cuando el querìa, su padre era muy sencillo para hablar.
-No, ese es un culo con rosca- respondió Omar enojado.
Ya estaba oscuro, nos metimos a la obra, no había ningún juego que jugar, así que le preguntamos a Felipe:
-Felipe, ¿Qué había en el sótano del colegio?, ¿había serpientes?.-
-Noo, boludo no hay nada allí- respondió Felipe.-
-¿Cómo no hay nada?- si todos dicen que está oscuro. Preguntó Omar.
- Son puras mentiras, yo también entre con miedo- comenzó a relatar, mientras nosotros sentados en un montículo de arena los escuchábamos atentamente para que no cortara el relato - después de un rato solo vi mapas, cartulinas, mapamundi, el esqueleto que usan los grandes y unos frascos con bichos muertos, pero yo encendí la luz, porque te meten con la luz apagada.
-Ah!!- Dijimos todos a coro, conociendo ahora la respuesta.
La luz de los faroles de las palmas, algunos naranjas o celeste verdoso, entraban a la obra de la casa que los albañiles estaban construyendo, ya habían puesto las puertas y las ventanas sin vidrios, la arena en su interior seguramente era para revocar la vivienda.
-Pero, la Marcelita es mi novia- dijo Felipe- por la compañerita que usaba pantalón corto.
-No es mía- dije yo – búscate otra, la maestra me hace entrar de la mano con ella.
-Bueno me quedo con la Mirta- Dijo él, y comenzó a dibujar un mamarracho de mujer en la arena con boca, pelo, ojos, tetas y pollera.
Todos hicimos lo mismo, dibujamos cada uno su novia en la arena, mientras le dábamos besos a la boca sonriente de arena, que se borraba, a medida que nos movíamos porque estábamos sobre ella.
-Mmmhhh, mi amor, mi amor, mua, mua – decíamos los cinco imitando a García Satur el de la novela Rolando Rivas, lo que causaba la risa de todos.
-¡Uh! Vamos Felipe que ya es tarde – dijo Leo asustado- ya debe estar por llegar papá.-
-Si, vamos – respondió su hermano y se fueron con su vecino.
Nosotros igual nos fuimos para nuestra casa., y yo me fui tarareando mentalmente el tango de la telenovela
(“Yira que te yira/ a través de la ciudad/
este taxi mío es un mundo en libertad,
mundo que de tanto en tanto habita/
el apuro de llegar/ a alguna cita…-).