45- Red Light´s birdsong

Luego de esperar alrededor de quince minutos para que mi teléfono tuviese suficiente carga me comuniqué con Alice, me estaba esperando en un centro comercial con su mamá la Señora Tania. Andaban preocupadas por qué mi teléfono había estado apagado toda la mañana. Me despedí de Ro y quedamos de acuerdo para salir a rumbear el día siguiente en Jackos, nos veríamos allí. Al llegar al centro comercial Alice me estaba esperando en Subway, la saludé con un cálido abrazo, se veía realmente linda cuando se maquillaba para ir a la Universidad, estudiaba diseño en Mérida. Comimos en Subway y le pedimos algo a su mamá mientras ella cancelaba el ticket del estacionamiento.

La mamá de Alice fue muy agradable y me sentí aliviada de que la Señora no fuese la típica madre prejuiciosa que te ve como una mala influencia. La Señora expresaba cierto aire de juventud en sus palabras y su forma de vestir. Comenzó a hablarme de sus hijas cuando la camioneta empezó a subir el empinado camino a su casa. Tenía tres preciosas hijas, y la menor era la única que “habían hecho” en la ciudad de Mérida, entendí que una madre que hablara de sexo tan cómodamente siempre sería bienvenida a compartir una plática en el desayuno conmigo sin tabús ni inhibiciones. Subíamos por la montaña y la carretera rocosa nos hacía brincar en la camioneta. Era un camino bastante rudo de subir, sentía que me alejaba de la ciudad alarmantemente cada vez que ascendíamos en una curva nueva. Miré por la ventana trasera de la camioneta y noté como los edificios y casas de la ciudad comenzaron a volverse puntos diminutos sobre un terreno plano lleno de montañas alrededor. Me pregunté cuántas horas tardaría en bajar eso a pie si no llegara a disponer de transporte para regresarme. La idea no me agradó, no tenía zapatos adecuados para bajar una montaña. El camino estaba asfaltado al menos, comencé a ver grandes casas de terrenos muy amplios mientras íbamos adentrándonos en la loma. Habían quintas preciosas, algunas casas abandonadas o construidas con material puramente alemán. Mi favorita fue una quinta enorme que tenía por terreno una colina entera, la casa estaba abandonada me dijo la mamá de Alice, pero los jóvenes iban allí a hacer fiestas. Entendí que la idea de bajar a rumbear para ellos todos los fines de semana era algo que no les emocionaba mucho así que decidían hacer las fiestas en alguna casa abandonada.

La casa de Alice era realmente linda y acogedora, tenían un año viviendo en Mérida, se habían mudado de Caracas cuando a su padre se le presento una gran oportunidad de trabajo. Ahora poseían un terreno considerable con su propio sembrío de moras y en la parte de atrás se encontraba el laboratorio donde hacían vino de moras y un depósito donde guardaban las botellas y el vino procesado. Su propio viñedo. Alice y yo habíamos mantenido el contacto desde la infancia y éramos muy buenas amigas, aunque sospechaba que el hecho de que ambas fuésemos lesbianas era lo que realmente nos había mantenido unidas los últimos años. Ahora pasaría ese fin de semana en su casa, tomaría vino de mora en el desayuno, el almuerzo y la cena, y había besado a mi Lírica Romántica la noche anterior, no podía ser más feliz.

Dolores de nariz.

- Besé a Rocío – Dije tomando implacablemente hasta vaciar la última gota de vino de la copa.

- ¿Y te gustó? – Pregunto con sus ojos de plato sobre mí.

- Pues al principio fue raro, wow, sentí que me devoraba la boca

- ¿Y la volviste a besar?

- Sí

- ¿Y te gustó?

- Nunca dije que no me gustara

- ¿Ósea que sentiste?

- ¡Por Dios Si! ¡Me encantó! ¡Me encantó! ¡Sentí que me quemaba por dentro, como si todo mi cuerpo ardiera en sus labios!

- Qué bueno, ósea que causó un incendio, al menos ya no te vas a suicidar por no haberla besado.

- Me encantan sus labios sabes – Agregué ignorando su comentario burlón - son tremendamente suaves y sus manos son tenues y fuertes. Siento que podría apretarme con fuerza y cargarme hasta la lavadora – Alice me sonreía mientras le daba un sorbo a su copa de Vino.

- Era justo y previsible que fuese fuerte.

- Pero hay un problema – Agregué

- ¿No se acostó contigo?

- No, ósea eso pasará después supongo, no lo sé – Respondí sonrojada- Estaba consumiendo Perico en el baño del terminal ¿sabes? Me di cuenta por qué tengo un amigo en la Universidad que suele oler de esa manera y ella se sonaba la nariz y yo pensaba que era una alergia que tenía, pero luego cuando nos besamos le pregunté y me confesó que si lo había hecho. Y me decepciona un poco que haya estado en esas condiciones en nuestro primer beso – Expliqué.

- Me molesta la gente que se droga, ¿por qué hace eso?

- Es verdad. Bueno iré al baño- agregué mientras me levantaba del mueble.

- ¿Vas a vomitar el vino? – Preguntó Alice enarcando una ceja.

- No, ¿estás loca? El alcohol es elixir de vida.

- Te estaré vigilando.

Esa tarde pasó con tranquilidad, Alice me mostró los dibujos que estaba haciendo para su clase de diseño y yo aproveché de leer un poco, tenía parcial de estadística la semana entrante. La madre de Alice cocinaba delicioso. Terminaba mi cena cuando recibí una llamada entrante de Pandora. Caminé a la sala de estar en busca de un poco de privacidad.

- Hola – Atendí con emoción

- Hola – dijo con tono alegre.

- ¿Dónde estás? –preguntó.

- Estoy en casa de Alice.

- ¿No puedes venir? – Curvé mis labios en una sonrisa al escuchar su pregunta. ¡Me quería ver y todavía no era sábado!

- Auumm – No estaba segura si podíamos bajar a esa hora – espera ¿vale?

- Alice – susurré asomándome por el marco de la puerta de su habitación. Ella levantó la mirada,

- ¿Puedes decirle a tus padres que nos bajen al centro?

- Ni hablar, jamás van a bajarnos, acaban de subir – mostró una ligera decepción ante aquellas palabras.

- Vale

- ¿Alò?

- Entonces flaca – masculló.

- Ah sí – Comencé cautelosa - No de verdad no puedo – Pude percibir como la decepción revoloteaba por mi rostro.

- ¿Por qué no? – Preguntó.

- Los padres de Alice subieron y no nos pueden bajar, y la única manera de bajar es en la camioneta del papá.

- De acuerdo – Respondió – Te veré mañana.

- Está bien – le dije con tono dulce.

- Adiós.

- Adiós, cuídate.

- Auuuu ¡ME QUIERE VER! ¡ME QUIERE VER! – Brincaba haciendo un enérgico baile que acababa de inventar.

- Eso, la encantaste con tus besos – Alice se encontraba observándome en la entrada del comedor con aspecto chistoso. Dejé de brincar.

- Bueno, ¿Quieres jugar algún juego de mesa? ¿Podemos tomar más vino? – Le pregunté sonriendo de oreja a oreja. Con una copa de vino y realmente contenta entramos de nuevo a su habitación.