UN FINAL INESPERADO
El triángulo sexual continuaba. Esta vez, Ricardo, se acostó sobre la cama para que ella se subiera y se sentara de espaldas sobre su pene, así él podía desde atrás acariciarle sus pechos. Era la típica posición de la vaquera cabalgando de espaldas. Esto, sensibilizaba completamente su vagina, y tocaba cada nervio de su ser. Así ella podía realizar primero movimientos circulares y luego subía y bajaba, para finalmente echarse para atrás completamente y besarse con él. Ricardo, le ofrecía los dedos de su mano derecha para que ella los chupara con sensualidad. Mientras tanto, Fernando, se masturbaba observándolos. Como era de esperarse, Fernando, se acostó, adoptando nuevamente la posición de ella encima de él, pero esta vez inclinándose más hacia él, para permitir que Ricardo, la penetrara por el ano. Ahora, sus dos amantes la poseían completamente y ella se sentía abrumada por estos dos musculosos varones. Su rostro mostraba su excitación y el placer que estaba experimentando todo su cuerpo. Los tres, estaban completamente empapados de sudor.
Victoria, abrió la puerta porque se había preocupado que el trío demoraran en salir, y al inicio se lograba escuchar algunas de las conversaciones aunque no se distinguiera lo que decían, pero luego sintieron que todo se había enmudecido y luego vinieron nuevos sonidos, que parecían llantos y eso le llamo la atención. Pero, todo cambio, al observar que todo estaba lejos de lo que pensó podría tratarse de algún tipo de discusión, y mirar la actividad grupal sobre la cama en la que la protagonista principal era su nieta. Patricia, escuchó la puerta y dirigió su mirada para encontrarse a su abuela, a quien le sonrió y le manifestó su felicidad al morderse el labio inferior y apretar los ojos. Victoria, comprendió que todo estaba bien, y que en realidad admiraba a Patricia, que lograba controlar la situación. Ahí estaba su nieta gozando, sin escrúpulo alguno, frente a la mirada de su abuela, y demostrando que al final, los mayores aprenden de las personas jóvenes cuando éstas tienen bien claro lo que desean.
Ser testigo de aquel escenario, estimulaba a cualquier mortal que sintiera su sangre recorrer sus venas. Victoria, no fue la excepción, y despojándose de sus propios prejuicios, ahí de pie se desvistió para que aquellos muchachos, como ella los veía, observaran su cuerpo, que a pesar del paso de los tiempos, aún ella se conservaba atractiva y seductora. Su esposo, la había descuidado durante todo el matrimonio, que sólo la utilizo para procrear pero no para compartir y hacerla sentir realizada como mujer sexual. Ella, no deseaba engordar ni tampoco dejar que su piel se cayera con la edad, así que se cuidó con la alimentación y realizando ejercicios que repetía mirando los programas de aeróbicos en la televisión. Pero ella era un volcán a punto de explotar si le concedían la oportunidad de abrir esa presión que se encontraba acumulada dentro de su interior por tantos años de inactividad que tímidamente sustituía con masturbaciones esporádicas en el sanitario. Por ello su liberación llegó con la muerte de su esposo.
Carlos, que se había levantado al ver a Victoria, de pie en el umbral de la puerta del dormitorio, miró como esta mujer de edad madura, se desvestía, y mostraba ese cuerpo envidiable para alguien como ella. Los hermosos y grandes senos que había heredado a su hija y nieta, aún invitaban a cualquier varón a gozar de ellos, ya no como objeto de lactancia sino dispuesta a brindar placer. Él la tomo por detrás, rodeando con sus brazos el cuerpo y acariciando esos senos. Su miembro se erigía para encontrarse con las nalgas de ella. Victoria, cerró sus ojos, y se sintió deseada, era lo que pretendía, no ser ignorada. Una de las manos de Carlos, descendió para acariciar sus vellos y flotar su clítoris, era lo que más le encantaba a ella, porque se acostumbró a realizarlo por ella misma pero esta vez era la mano de un extraño quien invadía con su permiso la fuente de su orgasmo.
Su nieta la miraba, y había una conexión entre las dos mujeres, que comenzaron a sintonizarse en sonidos cada vez más audible, y en consonancia por lo que estaban sintiendo. Victoria, se había excitado viendo a su nieta y ésta hacía lo propio observando a su abuela, siendo víctima de los deseos sexuales de un extraño. Lejos quedaban los recuerdos de una abuela que no la visitaba frecuentemente, por los deseos de un abuelo ignorante y egoísta, pero que cuando llegaba o la visitaban, siempre hubo un lazo familiar de cariño y amor entre ellas. Unas galletitas o un queque eran el postre ideal que ella recordaba con ternura siendo niña. Su abuela deseaba ofrecerle a su única nieta todo el amor que consideraba había entregado a su hija. Había una loable justificación para que abuela y nieta no vivieran a plenitud lo que por derecho tenían que vivir. Ahora, tiempo después ambas mujeres como si fueran viejas amigas compartían un mismo techo y una misma forma de vida sexual.
“No me tomes como una muñeca de cristal, cariño, soy de carne y hueso y no me voy a quebrar, así que tómame fuerte” le sugirió Victoria, a Carlos, cuyas manos eran muy suaves para ella. Patricia, comprendió lo que su abuela deseaba, así que con señas detuvo a aquellos dos hombres, y les hablo al oído. Acto seguido se puso de pie en el suelo y tomo a su abuela del brazo y la llevo a la cama y la entrego a aquellos dos varones ante el encanto de Victoria. Fernando, fue el primero en entrar en acción al colocar su miembro sobre la boca de ella, quien como una maestra en el arte, lo agarro con su mano y lo escupía para lubricarlo y que su mano resbalara fácilmente, luego lo absorbió ante el gusto de él. Como había quedado al descubierto su vagina, Ricardo, dispuso de ella, y abriéndole la pierna, comenzó a utilizar su lengua para subyugar aquella concha húmeda y velluda.
Patricia, metió a Carlos a la habitación, y lo dejo masturbándose mientras ella salía de ahí. Ella quería que simplemente observara y se satisficiera solo, y él sin protestar es lo que hizo. Patricia, encontró en el comedor a Andrés, dormido completamente y a su mamá de pie, desnuda frente al ventanal. Ella, por detrás la abrazó. “¿Estas bien?” le preguntó mientras le besaba el hombro. “Si, hija, estoy muy bien, un poco mareada pero bien” le respondió sin dejar de mirar hacia afuera. “Te veo un poco pensativa” agregó Patricia. “Es que me parece que todo ha ocurrido tan rápido. Saber que mi Padre, era un mujeriego, un sin vergüenza y que mi madre por mi culpa tuvo que aguantarlo. Esa obsesión de las mujeres de antes que se anulaban completamente para ceder a los caprichos del esposo. No tener voz ni voto en una relación que es de dos y no de uno. Y ahora tú, alejada de los estudios, dedicada a un oficio peligroso y que no deja futuro más que la soledad cuando se envejece sola” suspiro al expresar sus sentimientos. “Mamá, lo entiendo. Pero abuela, tomo su decisión, no puedes culparte por ello. Si a los hijos nos dieran la oportunidad de escoger el hogar en donde nacer, sería más fácil, pero ella te quiere mucho, y haría lo que fuera por verte feliz, así que hizo lo que su madre seguro le enseño, a quedarse en casa y criar hijos, no la podemos culpar por haber sido víctima de una cultura machista. Por mi parte, yo estoy bien, y no pretendo prostituirme, sino ganar algún dinero por mí misma mientras decido la carrera que yo quiero estudiar, porque créeme que deseo prepararme”
Esas palabras la hicieron sentirse mejor, que dejo de mirar a la ventana y abrazo a su hija, y ambas se fundieron en ese lazo irrompible. “Tenía mucho miedo que me reclamaras hija, por haber sido tan exigente contigo. Deseando que fueras mejor que yo, que llevaras una vida distinta” le decía con lágrimas en los ojos. “Y lo hice madre, comencé a tomar mis propias decisiones y a vivir mi vida por mí y no a través ni de mi abuela ni de ti, pero al mismo tiempo a escondidas porque no deseaba que te decepcionaras por lo que hacía, que no era lo que tú querías” fueron sus palabras sollozando. “No, amor, nada de eso, ahora comprendo que hicistes bien, que esa era la forma de que debe ser, es tu vida, deben ser tus propias decisiones. Pensé en enfermería porque te notaba tierna y que jugabas con tus muñecas al médico” le manifestó como justificación. “Pero ¿Por qué enfermera, no era mejor pensar que podría ser doctora?” y se sonrió. “Si, tienes razón, así es. Así que perdóname” le dijo a su hija. “No, mamá no hay nada que perdonar, más bien tu deberías perdonarme a mi si mis confesiones te han herido” y ambas se abrazaron. “No mi vida, no hay nada que perdonar”
“¿Y este hombre?” preguntó Patricia, mirando a Andrés. “Está bien dormido, esos ronquidos no me dejarían dormir tampoco. ¿Y tu abuela?” Patricia, se le aproximo al oído y en voz baja le comento. “Ella, está quemando la pólvora que mantuvo guardada” dijo riendo. Ambas al unísono se carcajearon con la ocurrencia de Carmen. “Creo que los muchachos van a necesitar un tanque de oxígeno cada uno para continuar” y las risas continuaban. “Más bien creo que habrá que llamar al 911 pero para ellos” y la risa era tal que Patricia, expulsó una flatulencia de la presión “ay, perdón” y aquel batir de dientes continuaba. De pronto, Carmen, expulsó una de su propia cosecha. Se vieron a los ojos como sorprendidas y luego soltaron otra vez las risas. “Creo que debe ser la comida china” dijo Patricia. “Cuanto te quiero hija mía” lo dijo mirándolo con mucha ternura. “Yo igual mamá” y se abrazaron nuevamente.
La puerta del dormitorio se abrió y un Carlos, sudando y tambaleante salía de ella, seguido por Victoria, escoltada por aquellos dos hombres, sujeta por los brazos, uno a cada lado de ella. “Bueno, veo que hay una reunión familiar por aquí” les dijo a Carmen y a Patricia. “Abuela, ¿todo bien?” le preguntó Patricia. “Victoria, para ti querida, que no hay ninguna abuela esta noche” sonriente le contesto para que el peyorativo abuela no se confundiera con una mujer vieja. “Bueno, madre, la veo muy contenta” le manifestó una Carmen, que sentía que todo su mundo se había resuelto esa noche. “Si, hija, muy contenta, no sabes cuánto.” Se apartó de los hombres, y se abrazó a su hija. “Dios mío las doce de la medianoche” dijo un Carlos, con los ojos hinchado y visiblemente agotado. “Debo irme que mi mujer me va a matar” Las tres féminas en el lugar se miraron entre si. “Arriba las mujeres” gritaron al unisonó al escuchar como un hombre le temía a una especie de su mismo género.
“Voy a despertar a Andrés, y buscare un taxi que lo lleve a su casa” dijo Fernando. “Yo puedo llevármelo en mi carro si me dices la dirección” se ofreció Carlos. “Yo te ayudare” dijo Ricardo. Los tres hombres salieron cargando a Andrés que dormía aún, y las tres mujeres se vistieron lentamente. Cuando Victoria, encontró su sostén, como un símbolo de cambio lo guardo en su cartera, ante las sonrisas de su hija y nieta. Ante tal gesto, Patricia, se aproximó a ellas dos, y como si hablaran mentalmente, las tres se unieron en un fuerte abrazo. Así las encontraron Fernando y Ricardo. “Qué bonito momento, lastima no haber traído una cámara” dijo Ricardo “Muy enternecedor” añadió Fernando. Las tres se soltaron y sonrieron ante los comentarios de los dos hombres. “Bueno, ¿Y ahora qué hacemos?” preguntó Patricia. “Está amaneciendo” fue el comentario de Ricardo. “Oye, dijistes que estabas preparándote para resistir una jornada nocturna, pues este es el momento para que te vayas acostumbrando a seguir despierto en la madrugada” le dijo Fernando, sonriendo. “Tienes razón. Creo que es el momento de que salgamos a bailar” propuso él. “Estoy cansada” refirió Carmen. “Ay, hija, la vieja soy yo, y me siento como si la noche estuviera empezando” le criticó Victoria.
“Ay, se me olvidaba, tu pastel” le dijo Carmen a Fernando. “¿Pastel? ¿Me comprastes un pastel?” no lo podía creer. “Es lo que faltaba en un cumpleaños ¿no es así?” le dijo Carmen. Todos rieron. “Mami, que linda eres” comentó Patricia. Carmen, fue a la cocina y debajo del desayunador saco una gran caja que coloco posteriormente en la mesa, mientras todos se reunían alrededor de ella. De ahí, todos pudieron observar como un delicioso pastel debidamente decorado con una gran leyenda de FELIZ CUMPLEAÑOS, se alzaba desde la caja en manos de Carmen. “Siento por las velitas, no pude conseguirlas” se lamentó ella. “Pero no por eso no tendremos algo con que adornar el queque” curiosamente manifestó Patricia, y metió la mano en uno de sus bolsillos, de donde extrajo un encendedor. A la voz de Victoria, todos entonaron el conocido feliz cumpleaños, y Patricia, sostuvo la flama para que Fernando, pudiera soplar. “Pero antes, debes pedir un deseo” sugirió Victoria. Él, cerró sus ojos y se dijo a si mismo, “por fin, el mejor cumpleaños que me han celebrado en toda mi vida”
Como si ingresara a un túnel, de repente todo el derredor de Gabriel, se tornó muy oscuro y comenzó sentir que todo giraba y giraba, mientras aquellas voces de los presentes cantando cada vez parecía que se alejaban. “¿Qué me pasa?” se decía en sus adentros. “¿A dónde van?” pregunto con una angustia que le invadía su interior. Se vio de pie en un cuarto oscuro y no miraba a nadie más. A dónde miraba, no había más que oscuridad. Eso le lleno de temor. Comenzó a caminar y parecía que sus pies fueran muy livianos. En realidad, sintió que todo su cuerpo no tenía peso alguno, y cada vez era más ágil, y experimentó que más bien flotaba. Escuchaba unas voces pero no reconocía lo que las mismas decían. Se dirigió hacia pensaba que provenían y entre más lo hacía, el sonido aumentaba. Entonces corrió hacia ese lugar, y aunque más se esforzaba no llegaba. Se estaba desesperando.
“Pobre hombre, seguro no tenía a nadie más que lo cuidara” lograba escuchar. “Este lugar era un desastre” se percibía un timbre de voz diferente al primero. “Creo que nadie vendrá a reclamar estas cosas” se podía escuchar en tono firme. “Si me llevo algo de aquí nadie lo va a extrañar” y luego se oían risas burlonas. De repente se escuchó la voz de una mujer “Ya el forense viene en camino. La casera quiere saber si pueden llevarse el cuerpo hoy mismo” También podía oírse los pasos de quienes hablaban. “¿Que idiota fallece completamente desnudo?” Fernando, estaba perplejo, podía escuchar pero no podía ver. Cerró sus ojos hasta apretarlos, y mientras estaba así, un brillo incandescente ardía en sus pupilas. Así que al abrirlos, tuvo la sensación que su cuerpo no existía y aquel espacio oscuro poco a poco iba resplandeciendo.
Pudo reconocer su habitación, pero desde lo alto de ella, era como estar subido en el cielo raso. Giró hacia todos lados y solo miraba paredes. De pronto las mismas voces, que provenían debajo de él. Al mirar hacia ese sector, sintió un pavor que lo aterro. Ahí, sobre la cama yacía él mismo completamente desnudo, con los ojos brillosos y la boca abierta, y unos extraños caminando cerca de ahí, todos con batas de médico. “¿Qué está pasando?” se preguntó. “¿Qué me está sucediendo?” fue la pregunta que recorría por su mente. La mujer, chequeaba sus pupilas. “Debe tener dos horas de muerto” Y esa palabra fue como un puñal en su corazón. “¿Muerto? ¿Estoy muerto?” El otro hombre de pelo canoso, miraba alrededor del cuarto. “Parece que no tenía visita femenina, hay crema de manos, muchos papel higiénico, y una vagina de hule” y todos rieron. “No me la toques que es la que me voy a llevar de recuerdo “dijo el más joven. “¿Y tu novia no funciona ya?” le parodio la mujer. “Es para cuando no estoy con ella” le contestó. “Eso implica que eres un infiel” le replicó la mujer. “Vamos, como puedo ser infiel con un chunche como éste de plástico” El más viejo sostuvo en sus manos la vagina. “Mi mujer ve esto y le provoca un infarto”
De repente llegaron otras dos personas, entre ellas pudo reconocer a la casera. “Hola Víctor” le dijo el recién llegado al más viejo. “Muchachos, el señor Forense ha llegado” contestó precisamente el de pelo cano. “¿Qué tenemos aquí?” comenzó las preguntas de rutina. “Bueno, como veras, se trata de un hombre de unos treinta y tantos de años, piel morena, de buen físico, que fue encontrado desnudo y que pareciera increíble, con todos estos detalles que falleciera por un ataque cardíaco fatal” El recién llegado, sacó un cigarro y lo encendió, ofreciendo a los otros quienes le agradecieron pero no deseaban fumar. “Entonces, no hay asesinato que investigar. Simplemente se trata del típico caso de un sujeto solitario, que sin familia, muere en su cama, mientras se masturba, dentro de una pocilga” Se aproximó a la cama, tomo una sábana y lo cubrió. “Estaba bien dotado” añadió la mujer. “Si quieres lo diseccionamos y te lo llevas para tu casa” le sugirió con risas el más joven. “Lo haría, pero mi novio es muy celoso, me tiene aburrido” respondió tajantemente. “Entonces, mándalo a volar cariño” dijo Víctor. Todos rieron menos ella.
Fernando, estaba destrozado, pensaba que tenía toda una vida por delante y simplemente ahora todo había terminado. “¿Para qué tantos ejercicios para moldear un cuerpo escultural?” se preguntaba. “No tuve hijos porque deseaba primero una relación estable con una buena mujer, y por mi terquedad, ni descendencia pude tener” sollozaba. “Tantas cosas que pude haber realizado pero me quedaba conmiserándome en mi cama por lo que no tenía y viviendo del pasado por lo que deje pasar” continuaba su auto análisis. “Como desperdicie el tiempo en un trabajo que realmente no me llevaría a ningún lado. Ya dicen que con un salario uno no se vuelve millonario. ¿Qué me paso?, porque sucumbí al conformismo, si esa no era mi naturaleza. Hice deportes toda mi juventud, fútbol, kung fu, béisbol, natación, gimnasia, ¿Y para qué?, para terminar cubierto con mi propio semen en una cama vieja” Era parte de su lamento. Debería haber escrito un libro sobre mi corta vida, lo hubiera intitulado “Aquí yace alguien que pudo haber sido pero no lo fue por cabrón” Y no podía notar que abajo llegaban los camilleros para llevarse el cuerpo.
“¿Usted lo conoció bien señora?” le preguntó el forense a la casera. “Para serle franco tenía tres años de alquilar este apartamento desde que se separó de su segunda esposa. No tenía hijos, pero si una hermano que creo es médico. “¿Qué si no lo conocía bien?” susurró en voz baja la mujer al más joven, y éste se rió. “Bueno, si hay una hermano, entonces habrá que avisarle ¿no lo creen?” se dirigió Víctor, a los demás. “No cuenten conmigo porque esas cosas no me gustan. No has dicho ni la segunda palabra, que arranca la orquesta de violines y ahí tengo que estar haciendo el papel de idiota consolando a todo el mundo” replicó el más joven. “A mí ni me vean” dijo el de pelo cano. “Qué montón de cobardes, bueno, buscare la dirección del hermano e iré a informarle del deceso de su pariente” fue la decisión que tomo la mujer. “ah, y se me olvidaba, hoy era su cumpleaños” añadió la casera, lo que hizo que todos en la habitación quedaran paralizados.
La mujer, se acercó a la cama, con ojos llorosos. “Pobrecito, morir el propio día de su cumpleaños” El más joven reaccionó sorprendido por la actitud de su compañera. “¿Y qué tiene de malo eso?, la muerte es un invitado que no anuncia su llegada” le manifestó sin tomar cuidado de sus palabras. “Así falleció mi padre, el mismo día de su cumpleaños” Al escuchar eso, el más joven, se sintió estúpido por su comentario anterior. “Lo siento, no lo sabía” fue su disculpa. “Es extraña la vida. Naces, haces y falleces” agregó Víctor. “No desearía una muerte así. No en la propia fecha en que nací, cualquier otro día pero no así. Es lo más patético que podría pasarme. Pasar años celebrando tu puto cumpleaños como aniversario de tu llegada a este miserable mundo para que luego tus deudos tengan que recordar esa misma fecha tristemente por tu partida” dijo el forense. “Me gustaría rezar un poco por la alma de este desdichado, si me lo permiten” manifestó la mujer. Todos se miraron entre sí y bajaron sus cabezas. Y ella empezó “Padre nuestro que estas en los cielos…”
Fernando, lloraba desconsoladamente por escuchar aquella conversación entre aquellos extraños que estaban presentes alrededor de su cuerpo. No podía creer que hubiera verdad en todo lo que se dijo en la habitación. Un día de hace treinta y tantos años, él vino al mundo, y ahora la parca, como una cruel broma, había llegado por él, ese mismo día. “¿Por qué?”, se preguntaba. Ahora que empezaba a conocer el sentido de la vida, al conocer a Patricia, una joven que lleno de vida, que le hizo conocer que entre hombres y mujeres no hay diferencia alguna que pueda evitar formar un hogar, bajo la conversación y el disfrute mutuo de su relación. Con Carmen, entendía, que un matrimonio no falla por ser mejor o peor en la cama, sino porque no se está seguro en el papel que juegan cada uno en la relación. La afinidad en los intereses de cada quién es la piedra angular para que no existen tantos conflictos entre la pareja. Al igual que ella, Victoria, le enseñó que la mujer sufre bajo estándares preestablecidos para ajustar su compostura y ser aceptada, y ello no podía ser, porque al final, hombres y mujeres, se necesitan mutuamente.
Vivir aquella fiesta nocturna, que más parecía haber sido todo un sueño, le hizo comprender que los encuentros sexuales con extraños, no son insulsos, sino que detrás de cada personas hay una larga historia que les ha influenciado a comportarse de una forma, y que la falta de comprensión o de buscar una solución, a veces, los arrastra a vivir una vida vacía, llena de resentimientos y culpa. El sexo, es un lindo momento de intimidad que dura solo fracciones de segundos, en comparación a años de convivencia con una única pareja. En lo primero, se puede aplicar todo un talento para impresionar ser el más experto en la materia, lo cual es sumamente fácil, considerando que no hay consecuencia alguna en el resultado, si se logra o no la mayor satisfacción de la pareja; pero en lo segundo, es todo un arte, hacer cada día feliz a tu pareja. Sí, todos tomaran un momento para reflexionar qué deseamos hacer de nuestras vidas, podríamos organizarnos mejor para no fallar tantas veces.
Hay circunstancias que nos afectan, las busquemos o no, pero están presentes, pero lo más importante es que siempre podrás encontrar en tu casa o fuera de ella, quien te extienda una mano y un buen consejo, que no daña, porque se trata simplemente de una recomendación, un exhorto, pero que a tiempo pueda ayudarnos a evitar un mal mayor para nuestras vidas. Andrés, era su mejor amigo en secundaria, y el licor le hizo perder el control de su vida. Perdió a su familia e hijos, y ahora frecuentaba lugares de baja reputación para encontrar el consuelo en las faldas ajenas, acompañado de una buena botella de ron. Era una lástima alguien que prometía ser un buen abogado. Él no deseaba terminar de esa misma forma, no, realmente deseaba tener la oportunidad de enmendar su vida. Y lo primero que haría sería terminar su carrera de medicina, y luego esperar a que Patricia, que sabía era su alma gemela, estableciera sus prioridades para encontrar una pareja, y estaba seguro que él sería el elegido.
“¿Y ahora para qué?” se decía asimismo. “Estoy muerto, completamente no existo para nadie, este último invitado había llegado sin presentarse para entregarle el regalo que nadie desea recibir” se dijo con un gran desconsuelo. “Solo espero que Patricia, Carmen y Victoria, encuentren la felicidad que les negó la vida. Y Andrés, logré recapacitar sin mi ayuda, para que sea un hombre feliz. Y Ricardo, bueno, aunque no lo conocí mucho, pero se nota que es una gran persona, cuide a Patricia de ahora en adelante que ya no podré hacerlo yo” Y sintió un alivio y una tranquilidad que jamás había experimentado. Y con ello pensó que ya estaba listo para irse de este mundo, hacia donde fuera que le correspondiera llegar. Vio como aquella escena de su cuerpo iba desapareciendo poco a poco, hasta volverse oscuro. “Bien, eso fue todo para mi”
“Uno, dos, tres, cuatro…” escuchaba repetir varias veces. “Ahora tómale el pulso, vamos, responde” se oía más claro que gritaban. Y cada vez, sentía que su cuerpo generaba calor. “Por favor no te vayas” se oía claramente la voz sufrida de Patricia. “Una vez más” se oía gritar a Carmen. “Uno, dos, tres, cuatro…” Y de pronto el mismo destello en sus ojos, de una luz blanquecina, le obligó a abrir los ojos, ante lo que escuchó una algarabía escandalosa. “Regreso” “Esta vivo” “Dios mío gracias” eran las constantes frases que sin comprender lo sucedido escuchaba de Ricardo, Carmen y Patricia. Ésta última lo abrazo y lo besó varias veces. Logrando ubicarse, se vio acostado en la alfombra, y desabotonada la camisa, y sin la faja del pantalón, mientras Ricardo, sumamente sudado, lo miraba con alegría. “Nos has dado un gran susto hombre” le dijo mientras se limpiaba el sudor de la frente. “¿Dónde estoy? ¿No estoy muerto?” se preguntó Fernando. Todos rieron. “No, amor, estábamos cantando cuando cerrastes los ojos y te desvanecistes en el suelo y Ricardo, prácticamente te resucito” le comentó Patricia. “Gracias” le dijo Fernando a Ricardo.
Lo sentaron en una silla, y por un momento miro a todos los presentes, con ganas de llorar. “Gracias a todos” fue lo que pudo decir. Todos aplaudieron, Patricia, lo abrazaba. “Creo que pospondremos el baile para otro momento” sugirió Victoria. “Es lo mejor y te veré en el hospital a las once para hacerte un chequeo de rutina, para que estemos seguro que todo marcha bien” fue el dictamen de Ricardo. “Bien, voy a preparar un té caliente” dijo Carmen. Todos conversaban, mientras Patricia, estaba de rodillas ante Fernando. “¿Fue un sueño, o me dijistes mi amor?” le preguntó él. Ella sonrió “No fue un sueño, si te lo dije” Y él la beso. “No vuelvas a darme esos sustos” dijo ella con voz de tristeza. “Te lo prometo, porque desde hoy, no habrá más soledad, no más cansancio ni falta de ganas, ese último invitado me ha brindado la oportunidad de recomenzar otra vez, y que mejor manera que a tu lado” dulcemente le tomo el rostro y volvieron a besarse mientras el manto oscuro de la noche poco a poco daba paso a un nuevo amanecer.