Capítulo 13
—Merry se obsesionó conmigo. Antes éramos buenas amigas en el orfanato, hasta que sus sentimientos hacia mí cambiaron. Recibía cartas suyas por debajo de la puerta de mi habitación, me esperaba a la salida de la escuela y empezó a alejar a los chicos que me gustaban sólo porque quería tener para ella —le conté, con un nudo en la garganta—. Literalmente se ocupaba de alejarme de las personas que quería, incluso de mis amigas de la escuela bíblica a la que asistía junto con otros adolescentes. Fue un calvario el cual no quiero recordar. Más de una noche encontraba a Merry oliéndome el cabello o mirándome dormir. Tuve que empezar a cerrar la puerta con llave, se lo pedí a una hermana que nos amparaba a todas las muchachas.
James se apartó, sorprendido y sin dejar de prestarme atención.
—Todo se fue a la mierda cuando una noche me olvidé de cerrar la puerta con llave, y me desperté al ver que estaba manoseándome los pechos —recordé, mirando algún punto del pasillo a oscuras.
—No creí que la historia entre ustedes fuera alto tan turbio, Ala —admitió él, con voz queda —. Lo que te hizo ella fue acoso agravado, te estaba tocando sin tu consentimiento...voy a encargarme de ella, la voy a alejar de ti cuanto antes.
Parecía enojado realmente con lo que acaba de confesarle, pero jamás creí que contarlo fuera tan liberador. Merry podía ser una gran pesadilla para mí.
—Es por eso que tuve temor a que te alejara de mí...ella es muy persistente...seguro me estuvo viendo contigo, espiándome desde algún punto de la ciudad y no tardó en encontrarte para tenerte sólo para ella y hacer que te alejes de mí —continué, ahora un poco desesperada —. Me da mala espina, no quiero tenerla cerca de ti.
James me miró a los ojos, de una forma tan dulcificada que me temblaron las piernas y se me ablandó el corazón.
—No hay nada ni nadie que me aleje de ti, mi bella Alma —susurró, inclinándose a escasos centímetros de mis labios.
Su aliento revotaba en mi piel y quería besarlo, y hacerlo mío como tanto esperaba cuando lo veía. En su presencia, yo era debilidad y deseo. Le sonreí, tímida y relajada, sabiendo que sí él me creía, todo estaría bien.
—Cada vez que te veo sonreír, no sé quién de los dos podría ser el más feliz en este pasillo —me dijo, mientras la yema de sus dedos acariciaba mis mejillas.
No aguanté más y lo besé, de una manera tan suave y tranquila que fue paz en mi alma inquieta. Él me correspondió el beso, pasando su mano por detrás de mi nuca, provocándome un intenso escalofrió que recorrió mi espalda.
Los besos de James era una mezcla de intensidad y delicadeza, un equilibrio exacto para causarme la sensación más cercana al amor. Y por más que no nos atara a nada, sentía que podía ser mío algún día y yo, no dudaría en ser suya para siempre.
Separó sus labios de los míos, y lo odié por eso.
—Voy mudar a Merry a otro lugar, a Oregón si es necesario. Haré que continúe sus estudios en otro sitio, no volverás a verla y nada ni nadie volverá a molestarte. Lo que tú necesitas es tranquilidad y con un chasquido de dedos voy a darte lo que necesitas —me prometió, dulcemente —. No quiero que nadie corrompa tu salud mental.
—James, literalmente me salvaste la vida. No sé qué haría sin ti—tenía ganas de echarme a llorar.
—Tú harías mucho sin mi —me dijo, riéndose, jovial —. Recuerda tener dependencia emocional, Grey —me regañó.
—Sí, eso me ha dicho el psicólogo —rodé los ojos.
—Así que... te follaste al hijo de la rectora de la universidad. Excelente elección, Alma.
La conversación se dio vuelta radicalmente, haciéndome acordar lo que había hecho minutos antes de encontrármelo a él. Mierda.
—Lo vi marcharse —me dijo, manteniéndose calmo —. Pero esto lo dejare pasar, porque sé que el enfado te cegó y tomaste la primera oportunidad para poder captar mi atención. Y lo lograste, que no se vuelva a repetir ¿oíste? Esos pechos y ese cuerpo son míos por un año.
Pegó mis muñecas contra la pared y sus ojos se volvieron llamas ante la intensidad. Sabía que estaba hablando enserio...
—Sí—susurré, aceptando lo que me había dicho —. Usted, mientras tanto, procure no merodear e intentar follarse a ninguna persona que esté relacionada a mí.
—Te invito a desayunar, tengo muchas que contarte —me ofreció, con un beso en la frente —. También, esta tarde te traerán tu nueva motocicleta.
Dios mío, mi primera motocicleta... este hombre no se cansaba nunca de darme regalos.
—Con gusto acepto su invitación—le dije, riéndome — ¿Cree que pueda enseñarme andar en ese regalo tan inesperado suyo?
—Sí, por supuesto.
Entonces me incliné para susurrarle al oído.
—Estoy emocionada porque lo haga mientras estoy desnuda.
Mis palabras provocaron que James me estampara contra la pared para devorarme la boca de un beso apasionado, de esos que no quieres acabar nunca, de esos que son tibios y suaves, pero sin perder la intensidad. Así, eran los besos de James. Sabía manejar una motocicleta, pero él no debía saberlo ¿no?
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El despertador sonó a las 10:00 a.m con música de la radio. Me estiré un poco por arriba del cuerpo dormido de James para alcanzar el botón y así, apagarla. Pero sentí que alguien me mordió un pecho apenas no lo hice. Pero qué demonios...
—¡Auch! —grité,
—Me pusiste los pechos en el rostro ¿qué pretendías que hiciera? ¿Darles un beso como buen día? Yo te incoó los dientes, mamacita—soltó, somnoliento y atrapándome en un abrazo, mientras me llenaba de besos en el rostro con los ojos cerrados —. Buenos días, ciervito.
Aquel ataque de ternura me tomó desprevenida ¿qué le habían hecho a mí James y por qué me trataba con tanta delicadeza? Nos habíamos quedados dormidos en mi habitación ya que Billie no había dormido en el dormitorio. Sabe Dios donde puede estar.
Nuestros rostros estaban a una corta distancia y él unió su nariz con la mía, sin sacarme los ojos de encima.
—Creo que... —tragué con fuerza, mientras uno de mis dedos empezaba a bajar por un abdomen hasta llegar a la hebilla de su cinturón —yo debería devolverte la mordida, pero en otro sitio ¿no cree señorita Grey?
Presencie su respiración entrecortada y como me miraba con cierta curiosidad que me puso algo subida de tono. Una tensión se instaló entre los dos, una tensión familiar que no éramos capaces de controlar y lo sabía, por cómo me miraba. Desabroché su cinturón y el botón de su pantalón con mis agiles dedos. Los labios de James se separaron un poco cuando empecé a bajar su bragueta, sintiendo el palpito de su miembro que aumentaba con el pasar de los segundos.
—Creo que debes conocer cómo a mí me gusta dar los buenos días —le dije en un susurro, con mis labios acariciando los suyos.
Fue entonces cuando comencé acariciar su miembro por encima de la tela de su bóxer azul oscuro. Subía y bajaba con la yema de mis dedos, como una danza. James entrecerró los ojos, dejando caer su cabeza sobre la almohada y soltando un leve suspiro de lo más profundo de su garganta.
Cuando vi que ya estaba lo suficientemente dura, me subí arriba suyo e hice un camino de besos que fueron desde su cálido cuello hasta el último centímetro de piel que luego se perdía por debajo del bóxer. Él, mientras tanto, me acariciaba el cabello.
Corrí el bóxer y dejé escapar su enorme miembro erecto que no tardé en encerrar con una de mis manos.
Él me miró a los ojos, con las pupilas dilatadas y yo sonreí, con malicia, pronosticándole con aquel gesto lo que sucedería. Verlo allí, así, con su carne en mi mano me estaba dejando completamente excitada. Besé la punta, con un casto beso que le arrancó el aliento y eso fue suficiente para mí para empezar a mamar su miembro, cabeceando con voracidad, sin darle tiempo a respirar. Acaricie cada centímetro de sus partes íntimas, lamiendo cada longitud que me lo permitía, humedeciéndolo.
James gruñía, presionando mi boca contra su miembro, haciendo una coleta con sus manos para que ningún mechón de cabello interrumpiera aquel frenesí de sensaciones que seguro le estaba causando.
—Mi paleta favorita eres tú —le dije, mientras pasaba la lengua de punta en punta y sin apartar los ojos de los suyos.
Eso fue su perdición.
—Dios mío, Alma—carraspeó, entre dientes mientras su cuerpo se tensaba debido a mi contacto.
Sus piernas se entumecieron, y aquello fue lo que me dijo que estaba por llegar al orgasmo así que empecé a chupar su pene aún más fuerte, más rápido, para ayudar a mi sugar a tocar el cielo con las manos. A llevarlo a la plenitud.
James quiso apartarme para no acabar en mi boca, pero yo se lo impedí ya que quería que lo haga. Eso lo tomó por sorpresa, mirándome algo descolocado. Entonces, acabó y sentí el sabor de su semen manchándome los labios. Lo tragué sin pudor y con una sonrisa.
—Demonios, Alma —logró decir, mientras trataba de recuperar el aliento luego del orgasmo.
Limpié los restos de salpicaduras de semen que habían quedado alrededor de mi labio con la yema de mis dedos.
James se levantó de golpe y me sacó con desesperación la sudadera verde con el logo de la universidad que llevaba puesto como pijama. Sólo tenía eso y mi braga oscura, ya que no me gustaba dormir con sujetador, así que mis pechos desnudos quedaron frente a él.
James me miró con tanto deseo en su mirada que soltó, con aquella voz ronca suya cuando se encontraba excitado:
—Eres mía, Grey.
Y sin darme tiempo a procesar, tomó un condón dentro de mi mesa de luz (él me pidió que guardara una caja en caso de que no llevara consigo alguno) y no tardó en ponérselo. Yo me quedé hipnotizada, deseando llevarme su miembro a la boca otra vez mientras lo miraba.
James me levantó de una forma en la que terminé en cuatro, con mi rostro y mis manos en la almohada y mis piernas arrodilladas contra el colchón, provocando que un gemido floreciera de mi interior.
Grité con el rostro hundido en la almohada cuando tomó con sus manos cada lado de mi trasero y me penetró con fuerza, aprovechándose de que estaba lubricada.
Su miembro lo sentía aún más grande e hinchado dentro de mí, mucho más de cuando me lo metí a la boca. Movía sus caderas para poder penetrarme mejor, y yo gritaba, sintiendo como mis ojos se empañaban. James carraspeaba entre jadeos.
—Mia, eres mía—lo escuchaba decir, con sus dientes apretados y con su mirada en mi culo.
No tardó en tomarme del cabello por detrás y tirar de mi cabeza hacia atrás, jalando, penetrándome aún más fuerte. Dios mio, amaba como lo hacía. Sudar junto a él, verlo así, expuesto en la intimidad. James era un hombre tan oscuro es estás situaciones que su imagen de hombre solidario se distorsionaba.
Con una última embestida, llegó al orgasmo, evadiendo un insulto que oí como si me lo hubiera susurrado al oído. Largué el aliento que no sabía que estaba conteniendo cuando salió de mí interior y tiró el condón a la basura.
—Voy a lavarme—me dijo, antes de entrar al baño y cerrar la puerta.
Me dejé caer en la cama, tratando de recuperar aquella respiración normal que no parecía recordar en aquel momento.
Después de un momento de oír el grifo correr del lavabo, escuché el sonido del agua de la ducha y fruncí el entrecejo, curiosa. Para responder a mí duda, James abrió la puerta del baño y se asomó por ella, con una sonrisa picara. Noté que se había sacado la playera y eso me prendió mucho.
—¿Quieres meterte en la ducha conmigo?—me preguntó, con voz seductora.
¿Cómo negarme a esa pregunta?
Cuando James se marchó, comencé a estudiar en la cama, resumiendo páginas de libros de Biología que entraban en el examen (me gustaba adelantar antes de tener mi primera clase)
Había regresado del almuerzo en el comedor universitario y ahora sólo me centraba en preparar apuntes con títulos extravagantes para hacerlo más interesantes a la hora de leerlos y estudiarlos.
Era imposible sacarme de la cabeza lo que James y yo habíamos hecho sobre aquellas sábanas dónde me encontraba sentada. Sonreí, pensando lo dominante que era en la cama y lo dócil que era fuera de ella. Seguro se había tomado en serio cuando le dije que no me interesaba lo que hiciera con otras mujeres. Alguien tocó la puerta y si se hubiera tratado de Billie, ella ya estaría dentro de la habitación porque tenía una llave.
Salí de la cama y abrí la puerta.
—Hola, soy el chófer de la señorita Michel.
—¿Michel?¿Usted se refiere a Billie Michel?
—Sí—asintió energéticamente—, la señorita Michel me ha pedido que venga a recoger sus cosas. Ella se mudará a otra universidad.
—¿Qué?—mi voz apenas fue audible.
No podía creer lo que estaba ocurriendo. Varios muchachos de mudanza se ocuparon de dejar la habitación vacía. Todo lo que le pertenecía a Billie ya estaba puesto en una caja, su ropa, sus libros, sus cremas, todo.
—Dígame por favor por qué ella ha decido marcharse—le insistí al chófer, quien ya estaba por cruzar la puerta para irse con una última caja en sus brazos.
Realmente me caiga bien. Él apretó los labios, dudando si decirme algo o no. Entonces, finalmente dijo:
—Por lo que escuché, ha conseguido una beca en Francia.
El primer día de clases llegó y cuando esta finalizó, me quedé fascinada. Debía estudiar más, esforzarme más, ya que las fechas de exámenes parecían distantes, pero sabía que aquel cuatrimestre del año sería una masacre. Lo único que tenía en mente era regresar a mi habitación y ponerme al día, desgrabar la clase y hacer bonitos apuntes con resaltadores en tono pastel.
Pero tener en mente que iba a estar sola, ya que no contaba con compañera de habitación, fue descartada cuando vi que aquel chico con el que había follado días atrás para vengarme de James estaba ingresando (con una chica y un chico) cajas en mi habitación. Habían abierto la puerta y estaban acomodando sus cosas.
No. Puede. Ser.
¿Cómo se llamaba? No recordaba su nombre.
La chica de cabello de rulos castaños y tés morena me miró apenas me vio en el pasillo.
—Demonios, eres más hermosa de cerca—fue lo primero que soltó con una sonrisa cuando me vio.
—¿Disculpa?
—Soy Ana—se presentó, dándome dos besos en ambas mejillas.
Aquel contacto me sorprendió, ya que la mayoría se saludaba con la mano. Me cayó bien de inmediato.
—Soy Alma ¿tú eres mi nueva compañera de habitación?—le pregunté, mientras veía como aquel chico con el que había follado ingresaba una última caja y no se había percatado de mi presencia.
—¿Yo? Ojalá eso fuera así —me sonrió, coqueta—. Adam es tu nuevo compañero de habitación—me informó, señalando al que no quería que señalara.
Maldición. Eso me pasa por follarme al primer chico que que se cruzara por mis ojos. A James no le iba a gustar eso, sentía que aquel era el principio del caos.
Adam finalmente me vio y se quedó perplejo. Se puso nervioso, ya que varios libros resbalaron de sus manos apenas entró en contacto visual conmigo.
Lo saludé con la mano, con una sonrisita tímida y él parecía estar viendo a un fantasma.
—Tú…tú ¿Esta es tu habitación? —me preguntó, como si estuviera a punto de darle un infarto.
Sin desaparecer mi sonrisa, asentí con lentitud.
—¡Ay por todos los cielos!—exclamó, atónito.
—¡Te cambio de compañera!¡Te la cambio ahora mismo, Adam!—le dijo su amigo, quien parecía desesperado por tener una respuesta afirmativa.
Su amigo llevaba una sudadera con unos cascos en su cuello y era de tes morena con anteojos de lentes gruesos.
—¡¿Estás enfermo?! Ni que estuviera loco—le respondió Adam, quien no paraba de mirarme.
—Hermano, si que tienes suerte—le contestó a él, quien tenía el descaro de seguir mirándome.
—Voy a hacer de cuenta que yo no oí esta conversación—les dije, ingresando a la habitación para poner mis libros de clase en mi pequeña biblioteca de madera oscura.
Sentía sus miradas sobre mí y eso me hizo me provocó tanta incomodidad que cambie de idea. Tomé mi libro de Biología nuevamente y lo guardé en mi bolso. También, abrí el cajón de mi mesa de noche y tomé algo de dinero para el almuerzo.
—Voy a dejarte solo para que te instales y para que no te estorbe con mi presencia—le dije a Adam, quien seguía atónito por la noticia.
…
Llegó la noche y con ella mis ganas de dormir. James no me había enviado ningún mensaje, así que supuse dos opciones: se estaba acostando con mujeres o tenía mucho trabajo como para hablarme.
Me costaba admitir que lo extrañaba un poco pero también tenía que limitar mis sentimientos hacia él porque podría ser catastrófico para mi corazón y bienestar. El psicólogo me dijo una vez que lo que niegas te somete y lo que aceptas te transforma.
¿Eso implicaba admitir que extrañaba a James y deseaba dormir acurrucada a su lado?¿Eso me transformaría? Tenía motivos para hacer una mezcla de amor y odio hacia su persona. Digamos que había un fifty-fifty con él.
Él me follaba como los dioses, me provocaba fuegos artificiales en mí interior.
Personas con las cuales había fallado nunca me hicieron sentir de esa forma. Así que, James era único e inigualable en la cama. Eso no se discutía.
Agotada, abrí la puerta de mi habitación y me encontré con Adam, quién se encontraba leyendo un libro en su cama con los lentes de lectura puestos y parecía bastante concentrado en su lectura. La única luz que se encontraba encendida era la del velador de la mesa de noche que compartíamos. Cada quien tenía su cajón para guardar sus cosas. La habitación parecía en calma y con una temperatura agradable.
Adam levantó la vista apenas cerré la puerta y me apoyé en ella, mirándolo, pensativa.
—¿Estás enfadada conmigo por mudarme aquí? Es la única habitación disponible del campus—me dijo, temeroso a lo que le solitaria.
—Me alegra saber que ya te conozco a la perfección cómo para tener una charla banal de presentación.
Adam relajó el gesto y me dio una sonrisa breve, pero tranquilizadora.
—Lo único que tengo para decirte es que lo que pasó una vez entre los dos en un baño, no volverá a repetirse—le advertí, sería.
Adam tragó con fuerza, estaba a punto de decir algo pero de su boca no salió nada. Simplemente se confirmó con asentir con cierta frenesí.
—Sí, no te preocupes ¿tú y yo?¿Volver a follar? Puff, es lo que menos quiero—soltó el, titubeante. Su nerviosismo me hizo reír—. Es porque tienes novio ¿no es así?
No sabía qué responderle, así que opté por el camino más fácil:
—Es complicado.
—¿Complicado por qué razón?
—Digamos que él y yo no tenemos una relación típica. Es una relación de ¿intercambio?
—¿Qué?¿Quién demonios no te querría como novia? —soltó, aturdido. Se aclaró la garganta—. Lo siento, yo no pretendía decir eso, sino que me parece una locura que lleves un tipo de relación así.
Caminé hacia mi pequeño vestidor para preparar un pijama y las cosas necesarias para llevarme a la ducha.
—No es tan complicado de comprender, Adam. Debido a un acuerdo no puedo follarme a nadie, sólo a él.
¿Por qué le estaba contando eso a un desconocido?
—¿Por qué?—insistió, incrédulo.
—Creo que fueron suficientes preguntas para una sola noche—sentencie con una sonrisa tensa.
Me metí en el baño antes de que Adam siguiera atacándome con sus preguntas.