Sergio
La misa en honor los candidatos está llena de familias católicas y algunas no practicantes que quieren escuchar lo que el padre quiere decirnos, la prensa está aquí, todo está lleno y creo que hasta está siendo televisado. A mi familia y a mí nos han asignado un palco, el tío Alonso se ha comprado uno, el que casualmente reparó para la iglesia y el tío Cash igual. Todos llegamos al mismo tiempo y los más pequeños se quejan porque hay que saludar a demasiadas personas, llevan ropa que no les gusta o no sienten cómoda y tiene que portarse bien. Mi hermana no suelta la mano de Love, mientras Maximiliano y su novia llevan en cada una de sus manos a uno de los niños. Max carga a Lovey y Drake le da la mano a Milena, los dos comparten una sonrisa de complicidad y mi mamá me advierte que una boda, una campaña y un bebé es demasiado para una sola familia. Le doy un beso y un abrazo, luego saludo a mi hermana bebé y Olimpia me arregla el pelo. Mi papá y yo compartimos un rápido abrazo y continuo saludando mientras todos preguntan por Isabela. Aparentemente, los pequeños tienen razón, vamos a durar media vida exclusivamente saludándonos. Yo veo a mis sobrinos de nuevo y Max de cuclillas acomodándoles las corbatas y mi hermana sonríe y me acaricia la espalda.
—Quiero uno de esos.
—Los hago preciosos, cuando quieras te regalo un óvulo.
—Lo que nos faltaba. —Dice Bash y le da un beso en la mejilla a Mily.
Isabela se baja del auto, va vestida de rosado y todos la miramos, está preciosa. Se ve su lado dulce y cálido hasta que rueda los ojos.
—¿Qué están haciendo aquí? Vamos entrando. No podemos entrar todos juntos, no somos una familia de siameses, aunque algunos crean que sí. —Dice y me cambia la corbata a una roja, para que vaya con la del partido. Isabel se inclina a darle un beso a Love y sus hermanos y señala el vestido.
—Se ve preciosa. Qué bien los haces.
—¿Te imaginas los tuyos?
—Qué hermosos esos bebés, les puedo pagar para que tengan sexo y un bebé —pregunta el tío Cash, Isabela se queja y le envía furiosa a la iglesia.
—¿Tú sales con estas cosas frente a la casa de Dios?
Su papá nos da un par de billetes a cada uno.
—Para la ofrenda—dice y se va.
Mi mamá va entre mi papá y el tío Cash y les advierte que nos los quiere cerca en toda la misa ni mandándose mensajes de texto, menos miradas. Le doy un beso a mi novia y me pregunta si estoy preparado. Ella me da un beso en la mejilla y le pregunto por qué no va vestida toda de rojo, Isabela se devuelve corriendo al auto y saca su cartera y me enseña sus zapatos, le doy un beso en los labios y se aleja para impedir que nos regresemos al auto a hacer los nietos de Cash.
Ella me toma de la mano y caminamos juntos hacia la iglesia, hay un montón de reporteros y todos quieren saberlo todo.
—¿Isabela tienen detalles de la boda?
—Será después de la campaña. Sergio y yo estamos emocionados—todos siguen preguntando.
—¿Candidato fue fácil convencerla?
—Se lo pedí como cinco veces, romántico, desesperado, llorando, puede que gritara una vez —todos ríen. —Pero lo logré.
—¿Por qué no lo había hecho público?
—Nuestras familias son muy cercanas y no queríamos arruinarlo en caso de que no funcionara. —Respondo y ella sonríe. Los reporteros preguntan como se mantiene una relación secreta ante Cash y Sebastian, nosotros reímos y nos despedimos. —gracias, que no queremos que la misa inicie sin nosotros.
Isabela y yo vamos rápido, pero, saludamos a los Westborn que son quienes han organizado la misa. De forma educada, la primera dama nos sonríe y hace que nos acerquemos a ella, Isabela y yo sabemos para qué es.
—Déjame ver el rocusco —los tres reímos. —Sergio, qué es esto tan mono. ¿No te pesa, Isa?
—Un poco, pero está muy lindo y caro —las dos mujeres ríen.
—Mándale a hacer una imitación. No vayan a arrancárselo en campaña que la gente empieza con eso de que con el anillo podríamos darle de comer a otros.
—Ese alguien es mi hermana —Pia nos ve y ríe. El presidente se acerca y nos pide que tomemos nuestro lugar y le regresemos a su esposa. Ambos estrechamos manos y él le ofrece su mano a Isabela, ella la estrecha con fuerza y los dos subimos al palco de la iglesia. Vamos buscando a nuestros papás y me quejo porque los míos han elegido el central, no hay oportunidad para distraerse con el pelo de Isa o algo, mi novia, planea sentarse atrás cuando mi mamá le hace una seña y con una sonrisa en el rostro y sin girarse le advierte: —No me hagas ir por ti.
Isabela toma asiento y mi mamá le toma de la mano, las dos se sonríen y la misa inicia por lo que nos ponemos en pie.
El mensaje que el padre nos da es sobre la paz, la cual hay que mantener pese a la diferencia de opiniones, de ideologías y el respeto que se demuestra al reunirse cada cuatro años para votar por la persona más apropiada para liderar un pueblo.
Vamos a dar la paz y como es protocolo los cuatro candidatos tenemos que dárnoslas y a nuestras familias, yo veo a Gordon y le saludo.
—¿Está emocionado con su primera campaña?
—Lo estoy —aseguro. —La paz—digo y continúo con Castro el cual me pregunta si la vida está siendo una invasión total. Lo es y los dos estrechamos con fuerza nuestras manos. Caminamos juntos hacia el actual presidente candidato, y me pone una mano en el hombro.
—Hazte el favor de alejarte del comunista este, porque después te tachan de ser lo mismo.
—Estamos en la iglesia—Le recuerda Castro. —Aquí no se hace campaña.
El padre se acerca a los tres y nos estrecha la mano a todos, con el micrófono dice:
—Voy a retarles públicamente, por eso les invité —Toda la iglesia ríe. —Vamos a ver cuál es el presidente que a más misas asiste a lo largo de la campaña.
Uno de mis primos grita, Sergio reprobado y toda la iglesia ríe.
—Sergio solo viene para ocasiones especiales, ¿cuándo fue la última vez el bautismo de tus hermanos?
—No… el de mis sobrinos —La iglesia se llena de carcajadas. —Si usted me lo pide de esta forma tan amable, sumado a que Dios me lo pidió antes de nacer, voy a hacer el mejor esfuerzo por ser un buen ejemplo, en compañía de todos mis primos y hermanos, la familia completa.
La gente ríe y yo saludo a lo lejos a mis primos, sobre todo los Pieth Banks que esos están a punto de cobrarme por hacer acto de presencia, mis hermanos tiene la mirada asesina sobre mí y mi madre una sonrisa diabólica en el rostro.
—Olivia es una mujer muy religiosa, es una pena que tenga cinco ovejas descarriadas como su marido —Sigue metiéndose con Castro y por último con el presidente que le responde que ya ha venido a más misas que a todos nosotros combinados.
La verdad es que sí, cuando uno está cerca de los ochenta y no deja de postularse la vida parece que ya no es suya. Además, tener al padre contento es muy buena estrategia, puesto que en Mainvillage el catolicismo sigue teniendo poder.
Estoy por regresar a mi asiento cuando choco con mi exsuegro. Él toma su pose de intimidación que no tiene el mismo efecto que cuando tenía yo 15 años, sin embargo, sé que su único objetivo en estos momentos es avergonzarme o como mínimo hacérmelo pasar fatal.