DEL DIARIO DE UN DESCENDIENTE - 05

Un chimango, al que le habían roto un ala, saltó desde el borde del muro, intentando recuperar el cielo. Un grupo de niños lo asaltó a piedrazos, y aparté la mirada. La brutalidad de sus manos nunca deja de sorprenderme.

Rina dormía en su lecho, después de que habían cortado sus alas negras. Domingo explicó que era la mejor opción, ya que, de alguna manera, esas alas despertaban algo en ella que era violento, cruel y vengativo, imposible de contener por siempre. Esa parte se alimentaba de su dolor, de su ira y sólo buscaba destruir todo aquello que alguna vez ella amara.

“Es difícil de explicarlo, pero es como si dentro de su cuerpo existiesen dos almas: una es la niña que conocemos, curiosa y que sólo desea ser amada. La otra es un como si toda la maldad que puede tener una persona se hiciera una entidad, y buscase destruir todo para proteger a la primera. Las alas negras son su marca.”

El pobre niño se veía agotado. Según me habían dicho, era uno de los mejores telépatas de todo el reino (y, posiblemente, todo Ovum), pero estar continuamente calmando la furia contenida en el cuerpo de Rina lo estaba carcomiendo. Miriam estaba asustada por su hijo, ya que era la única familia que le quedaba. Acepté el procedimiento, pidiéndole perdón en silencio.

Consiguieron anestesiarla y llevar a cabo la cirugía sin demasiadas complicaciones, aparte de la extraña velocidad de cicatrización de Rina. Miriam dijo que eso podía plantear el problema de regeneración, ya que desconocíamos las habilidades que el cuerpo de mi hija poseía.

–Según un diario personal de uno de mis antepasados, se les conoce como violetas. No son la mera mutación espontánea o heredada de un sujeto común, ya sea nerel o zino. No, la clase de descendiente que es Rina es conocida como “tipo M”.

Le pedí que me diera más detalles al respecto. Ella revolvió sus notas.

–Isaías Kas clasificó dos tipos principales de descendientes: los Z, que tienen preponderancia de características de zinos (el color de cabello, la piel, ojos), mientras que los N son los que tienen características de nereles. Cada una de estas clases solo puede asumir las características de la raza de la cual se origina, es decir, tener cauda, o alas. Sin embargo, el tipo M es una clase mixta, que posea tanto alas como cauda. Son seres inestables, quienes nacieron de la unión de un nerel varón y una zina mujer, o viceversa.

–Creía que los nereles se reproducían de manera asexual, por medio del huevo de Bahamut.

–Ah, Isaías era extremadamente curioso y meticuloso. También le llamó la atención que las descendientes pudieran gestar a sus hijos, y se preguntó si era posible que las razas puras pudieran hacerlo, ya que había visto en sus clases de anatomía que, internamente, los órganos sexuales no eran demasiado diferentes.

Aquello me dio cierto asco, pero me contuve de comentarlo. Miriam estaba muy enfrascada en su explicación, y no quise interrumpirla con mis renuencias.

–Hipotetizó la posibilidad de que, cruzando ambas razas, nacería una raza más fuerte y menos sensible a los rayos del sol, así como más resistente a las enfermedades que comenzaban a afectar a ambos pueblos–. Ella dio la vuelta a la página amarillenta. Había ilustraciones hechas a manos, de cuerpos desnudos, huevos, niños–. Creyó que, de esa manera, las diferencias entre ambas especies al fin se superarían, unificándolas bajo una nueva identidad.

–¿Pero?

–Los zinos utilizaron su investigación para producir a los empíreos–, dijo. Recordé al niño rubio que había estado presente durante uno de mis cumpleaños, y cómo todos lo trataban como si fuera una especie de divinidad–. Estos no son más que una cruza controlada, para reproducir ciertas características, como el albinismo. Las matriarcas nereles rechazaron su propuesta, aunque no prohibieron la unión de tipo mixto. Al fin y al cabo, la decisión que cada persona toma es suya, y de nadie más.

–¿Cómo surgieron los violetas?

–Nadie lo sabe con exactitud, ni siquiera Isaías lo pudo descubrir–, me respondió, cerrando el diario–. Lo cierto es que ni los zinos, ni los nereles están detrás de su origen. Pero todos coinciden que aparecen siendo traídos por la boca de un lobus, en un momento de crisis.

Le agradecí su explicación, y regresé con Rina. No había despertado de la cirugía, pero sus síntomas eran normales, y su respiración tranquila. Domingo dijo que estaba descansado, y que despertaría cuando se sintiera lista, que no debíamos desesperarnos. Debía ir a despedirme de Melissa, pero no quería hacerlo solo. Rina también debía despedirse de su madre.

Tristán arribó con su hermano en un estado lamentable, y pude ver como su rostro, usualmente orgulloso y altivo, se desmoronaba ante la imagen de su hermano agonizante. Lo escuché discutir con Miriam, negándose a la amputación de las alas, y al joven, despertar después de días de fiebre, y aceptar la cirugía.

–Supongo que debes estar regodeándote de mí sufrimiento, y no te reprocho–, me dijo, cuando lo encontré fumando una pipa de opio. Aparte de la hierba alegra, la costumbre de aspirar el humo nunca se me hizo hábito. Me la ofreció, pero se la rechacé con educación.

–Se recuperará–, le dije–. Se nota que su hermano es un muchacho fuerte…

–Es mi hijo–, dijo, interrumpiéndome. Hice silencio, esperando a que se explicara. Mi paciencia fue recompensada–. Antes de unirme a la orden… tenía catorce… y estaba en pareja con una vecina, Natalia Levig–. Chupó la pipa, y exhaló el humo al cabo de unos instantes–. Sus padres quisieron obligarme a casarme con ella cuando mostró señales de ovulación… y yo… me acobardé, dije que no abandonaría mi sueño de ser un templario, y escapé de Dilamo.

Se quedó callado largo rato, y aunque sentía curiosidad, no insistí. No entendía por qué me confesaba aquello, ya que nunca fuimos amigos, nuestra relación era solo la de compañeros de armas.

–Mi padre, quien era viudo, decidió tomar cartas en el asunto, e hizo lo que yo no tuve el valor de hacer. La tomó por esposa, y declaró ante los legislados que Paul era su hijo. Diez años después, me escribió, diciéndome que estaba enfermo, pidiéndome que me hiciera cargo del chico. Incluso entonces intenté lavarme las manos otra vez.

–No es su culpa–, le dije. Era evidente que se culpaba, que la mutilación de su hermano (hijo) era, de alguna manera, su responsabilidad–. Las cosas malas suceden, a pesar de que se pretenda hacer la mejor de las acciones.

Me miró, con ojos vidriosos de llanto contenido. Ambos habían experimentado y presenciado demasiada crueldad para una vida. Estábamos agotados, pero la vida no se detenía sólo porque dijéramos que era demasiado. Las cosas no funcionan de esa manera.

Tristán suspiró con fuerza, y apagó la pipa.

–Debo ir a Zinar–, dijo al fin–. Se me ha encomendado buscar a la princesa Tamara, y asegurarme de que no corra peligro. Por ese motivo, estaré ausente mucho tiempo. Tal vez… no regrese.

Conocía lo suficiente sobre la cobardía como para darme cuenta de lo que estaba insinuando.

–Lo hará–, le dije, con voz firme. Tristán me miró, con una mezcla de asombro y enojo. Aun así, no me retracté y decidí insistirle–. No puede esquivar el bulto por el resto de su vida. Regresará, y cuidará de Paul. Es su deber.

Se rió, de manera cansada y triste.

–Es verdad–, repuso, con voz cansada y resignada. Se alejó sin despedirse.

Regresé donde estaba la cama de Rina, y me sorprendió verla despierta, mirando por la ventana.

–¿Rina?

Se dio la vuelta, y vi que entre sus manos estaba el chimango que había visto que los niños apedrearon.

–Yo…

El ave comenzó a chillar y aletear. Ella estiró los brazos hacia afuera, y el ave remontó el vuelo, alejándose con prisa. Rina gimió, y unas lágrimas rodaron por sus mejillas.

–Ojalá hubiera podido hacérselo a mamá…

El cuerpo se le rindió, y la atrapé antes de que se golpease contra el suelo. Llamé a las enfermeras, quienes se apresuraron al oír mis gritos. Le tomaron el pulso, y se lo hallaron muy débil. Después de ponerla sobre la cama, Miriam me preguntó qué había pasado, y le narré lo que había presenciado.

–Dudo que lo haya revivido–, dijo, luego de estabilizarla–. Lo más probable es que sólo le haya infundido suficiente energía vital como para hacerlo escapar de la muerte. Lo que sea, fue demasiado para su cuerpo todavía débil.

Me quedé a su lado hasta que volvió a despertarse. No me preguntó nada, y yo tampoco se lo dije. No hacía falta. La ayudé a comer y le limpié el rostro cuando se ensució de miel. La bañé cuando hizo falta, y le enseñé a leer por medio de un libro de leyendas. Le peiné el cabello, y al cabo de unos días me pidió que se lo cortara, para guardar el duelo por Melissa. Cuando estuvo lo suficientemente fuerte para caminar, salimos y anduvimos hasta la playa, donde ofrendamos flores y el cabello cortado a Lavinia, para que la recibiera en el más allá.

*-*-*-*-*-*

Me sorprendió que Rina congeniase tan bien con Paul, pero era de esperarse, ya que su carácter era muy diferente al de Tristán. Paul no era un prejuicioso, ni hacía de menos a las personas que eran diferentes, y realmente apreciaba que Rina no lo tratara distinto, cosa que toda la vida había sufrido por culpa de su color de piel, y por hijo de un segundo matrimonio. Ambos se contaban historias y disfrutaban la presencia del otro, y era evidente de que el jovencito estaba enamorándose de ella, a pesar de que Rina no comprendiera nada de esos temas. Cuando sucedió lo del Peregrino, creí que Paul la trataría de manera distinta, pero, en lugar de eso, solo la abrazó y contuvo, con amor. Era un buen chico.

En la ciudadela, Rina se reencontró con el cachorro que había rescatado cuando la hallé, y fastidió tanto al criado que le dijo que la dejaría criarlo, si se callaba por veinte minutos (sólo pudo diez). Donne estalló en risas, y el criador le dijo que, desde entonces, siempre tratara con él. Los animales en general la amaban, y ella una vez me dijo que podía comprenderlos, aunque a veces la comunicación era complicada.

–Como con los peces, ¿sabes? –, señaló, mientras cepillábamos a los lobus–. Sólo dicen palabras sin sueltas, sin orden, y que debes repetirlas y acomodarlas hasta formar la frase que intentan decirte.

Nunca me dejé de pensar que sus palabras podían aplicarse a las relaciones entre las personas, las cuales pueden decir ciertas cosas, pero debes analizar con cuidado para comprender el verdadero mensaje.

Estoy cansado. He pasado mi vida huyendo de mis recuerdos, de mis miedos, y de un pasado que no se cansa de volver a buscarme. Miro a Rina, mientras entrena con los demás aprendices, crece y sonríe al futuro, a pesar de que la rechacen, maltraten o simplemente la dejen atrás. Ella no se rinde. Y por eso, yo tampoco lo haré.