EL ÚLTIMO ARGONAUTA (CONT)

Céneo fue sin duda el más tenaz y mortal combatiente, cegando vidas centauras con saña implacable. Cuando tenía a sus pies media docena de sus cadáveres los centauros se percataron de la futilidad de seguir luchando contra Céneo así que decidieron fraguar un engaño y comenzaron a burlarse de Céneo.

—¡Cobardes lápitas! ¡Comandados por una mujer! —dijeron.

—¿De quien será amante Céneo? No cabe duda que debe ser un sumiso y complaciente afeminado entre los soldados.

—¡Pobres lápitas! ¡Tener a un debilucho amanerado como líder!

Las risotadas de los centauros fustigaron el corazón de Céneo atormentándolo. El muchacho, que alguna vez había sido una mujer, y que pasó toda su vida renegando de ese pasado, se sintió humillado por las burlas de sus enemigos. Esto lo hizo flaquear inesperadamente y el más musculoso de todos los centauros aprovechó. Aferró un tronco grande y pesado de un árbol recién aserrado levantándolo con todas sus fuerzas y tensando sus poderosos músculos, apuntó al comandante enemigo y descargó el pesado madero sobre el argonauta.

El enorme leño que debía pesar una tonelada aplastó a Céneo triturándole el cuerpo y pulverizándole los huesos más allá de la regeneración. Así pereció Céneo, de forma miserable e insufrible, hecho trizas por los bestiales centauros. Fue una muerte terrible pero al menos fue mejor que la vida de sumisión y obediencia a la que hubiera estado condenado en otras circunstancias.