Capítulo 110
Leonore no parece darse cuenta de la actitud distante de mi novio. Ella lo saluda con un beso en la mejilla. Cuando gira su cabeza a un lado repara en mi presencia.
—¿Y tú eres?
La sonrisa del principito al ver la confusión en el rostro de la amiga de su abuela de repente parece la del gato de Alicia en el país de las maravillas.
—Él es Mason, mi novio.
Leonore se queda un momento mirándonos, después pestañea y sigue observándonos sin reacción aparente. El principito contiene la risa tanto como puede, pero no lo logra. Es demasiado evidente que quiere carcajearse por los ruidos que hace. Le doy un pellizco por tratar de romper la psiquis de una pobre ancianita.
—Es un gusto conocerla, señora Towsend —digo, aunque sea para suavizar las cosas.
—Sí… Eres un lindo chico—. Leonore apenas reacomoda sus palabras.
Es Darlene la que la despierta de su sueño cuando toma su brazo y le indica dónde debe sentarse. Claro que lanza una mirada furiosa a su nieto que continúa conteniendo la risa.
—Liam, trata bien a los mayores —susurro contra su oreja y nos conduzco hacia nuestros lugares en la mesa.
—¿Recueras que te comenté que los ancianos son crueles con los jóvenes? Bueno, adivina qué es lo que ella decía sobre mí y entenderás porqué luché todo lo que pude para no poner mi culo en esta silla.
Dirijo la mirada hacia Leonore que nos observa como si estuviese admirando un animal nunca visto.
Es cierto que el único que protestó cuando Darlene anunció la visita de Leonore fue mi novio. Estuvo durante todo el desayuno discutiendo con sus abuelos para que le permitieran quedarse en su habitación, pero ellos no prestaron la mínima atención a sus quejas. A mí no me parece que Leonore sea una mala persona hasta donde pude ver.
—Darlene, ¿cómo puedes permitir que el novio de tu nieto esté en tu casa?
De pronto la dulce ancianita parece haber envejecido más años de los que tiene. Las arrugas de su frente se profundizan y su boca está tan tensa por el gesto serio que hay muchas más líneas de expresión que antes. La abuela de Liam, por el contrario, está tranquila; sin ningún gesto en particular.
—No veo por qué deba quejarme, Mason ha demostrado ser un chico maravilloso. Vamos, háblame de ti. ¿Cómo te fue en ese espectacular viaje que hiciste?
Dirijo la mirada a Emerson. Este tampoco se ve bien. Tensa su mandíbula anticipando como yo lo que la pregunta de Leonore puede desencadenar.
Volteo a mi derecha para ver cómo se está tomando aquello el principito y me sorprende verlo jugar con un cubierto de plata, fingiendo no escuchar lo que claramente se dijo. Tal vez no le estoy dando crédito. Él sabe lo que aquí se puede encontrar, quizás ya no le da importancia y no hay de qué preocuparse.
—Oh… pero sabes lo que pasó —continúa Leonore, sin prestar atención a la otra pregunta que hizo Darlene—. Todavía recuerdo lo mal que estabas porque tu nieto era la comidilla del pueblo, ¿y ahora permites que venga a tu casa con equipaje extra?
El estrepito de un plato es todo lo que necesito escuchar para saber que aquí comenzará una guerra.
—¿Cómo está su nieto, Leonore? —interviene de pronto el principito —. Seguro volverá en estos días.
Leonore se sorprende por el abrupto cambio de tema, pero con solo mencionar a su nieto los ojos de la mujer parecen agrandarse y una linda sonrisa asalta su cara.
—Ansel está más que bien. Pronto se graduará y hasta está preparándose para aplicar en Juilliard. ¡Oh! Todavía mantiene su relación con Lena, esa muchacha tan linda y encantadora. Cuando ella vino a visitarnos le dije que no había problema si decidía casarse con mi nieto.
—¡Leonore! Seguro asustaste a la muchacha.
Darlene ríe junto a su amiga, pero Emerson observa a Liam. Hago lo mismo que él y claro que me encuentro con su cara enfurecida y respiración potente.
—Seguro se lo contaste a todo el vecindario —habla mi novio, apretando demasiado fuerte una cuchara.
—La llevé conmigo a casa de unas amigas. Todas la amaron y estaban de acuerdo en que ella sería la mujer ideal para mi nieto.
Deslizo mi mano por debajo de la mesa hasta tocar la rodilla del principito. Él se aparta y continúa mirando de mala manera a Leonore.
—Querida Leonore, ¿no te parece que esos planes son muy precipitados? —Liam se encoge de hombros—. Quizás Ansel no está pensando más allá de un simple noviazgo pasajero.
—Ansel es un chico de bien. ¿Quién no presumiría a un nieto así? —La mujer observa a Darlene que hasta ahora guardó silencio—. Sin dudas Ansel nos enorgullece.
—¿Por qué no me comentas sobre tu hijo, Leonore?
Emerson es sabio al querer cortar con esto.
—Él está bien —responde ella sin darle mayor valor a la pregunta—. ¿A dónde quieres llegar, Liam?
No quiero mirar hacia mi novio; estoy seguro de que lo hallaré tanteando un cuchillo para lanzárselo a Leonore.
El tenso silencio no cesa, ni siquiera Darlene o Emerson agregan algo.
—Darlene, me parece que no deberías cargar con la responsabilidad de alguien como tu nieto. —Leonore observa a su amiga—. Él no se comporta, ni siquiera intenta hacer un esfuerzo.
La esposa de Emerson apenas mueve los labios.
—Leonore…
Lo que iba a decir la abuela de Liam es interrumpido por el chirrido de las patas de la silla y los cubiertos arrojados contra los platos. Eso es todo, esto no tiene salvación.
—¡Liam Hundson! ¡Quédate dónde estás, no te permito abandonar la mesa! —exige Emerson.
—¡Una mierda me quedaré!
—¡Oh! ¡Dios santo! ¡Respeta a tus mayores! —exclama nuestra invitada, consternada.
—¡Tú eres la que menos debe hablar de respeto!
Darlene se levanta de su silla y se acerca a su nieto. Furia transformando su rostro.
—¡Discúlpate ahora mismo!
—¡No me obligarás a hacerlo! —grita él.
Una bofetada es lo único que faltaba para cerrar esto con broche de
oro.