DÍA NO TAN LIBRE.

Ambas partes tenían un día libre, Dante no tenía que asistir al café hoy porque era su día de descanso y Gus tampoco debía de ir al consultorio porque otro doctor debía de ir en su turno, pero por la situación que pasaron anoche tenían muy pocas ganas de salir, para su mala suerte, ambos tenían que salir a hacer varias cosas. Por un lado, tenemos a Dante que tenía que ir a comprar nuevas macetas, y mercadería porque tanto si nevera como almacén no había ni una araña. Gus tenía que comprar media muebleria más o menos, por suerte tenía cobijas extras, pero quería comprar más por las dudas.

Una vez despiertos, ambos terminaron por ponerse ropa no tan llamativas, al final de todo era un día que nadie los iba a reconocer, o eso creyeron ellos. Dante usaba un suéter demasiado grande, con unos pantalones anchos y llevaba unas zapatillas negras, no se tomó el tiempo ni de lavarse la cara, para él si llegaba antes al lugar, al regresar podía seguir durmiendo sin moverse, así que a eso de las ocho de la mañana salió de su casa al hipermercado que quedaba a unos cuarenta minutos de su casa. Al otro lado podemos encontrar a un sujeto aún pegado a sus cobijas sin querer salir de su comodidad, pero debía de hacerlo, Gus se encontraba aún dolido por el suceso de anoche, pero no iba a dejar que eso le arruinará la vida ni mucho menos tirarlo tan abajo como para entrar en una depresión. En eso que se estaba levantando se a poco para poder sacarse el pijama, un gran golpe de puerta lo sacó de su estado armónicamente perfecto.

–Gus, ¿qué haces aún dormido?— exclamó Gisel, siempre era bueno escuchar la voz de su hermana, pero esa vez solo quería tirarse de un puente.—¿Puedes llevarme al trabajo? Hoy el jefe no va, porfavor.

La gran sorpresa que se llevó al escuchar la última frase, asintió con cara de dormido, se levantó, se puso sus zapatillas y ambos salieron de la casa, en ningún momento se cambió de ropa, ya que, su pijama era una remera negra y un pantalón semi largo gris. Mientra su hermana hablaba como loro, él estaba tan concentrado en el camino que no le tomaba atención. Cuando llegaron al café, se despidió con un abrazo y se fue al hipermercado que le habían comentado, solo iba a comprar un par de cosas y volvería a su día de descanso.

Ninguno de los dos sabía lo que pasaría, al parecer fue coincidencia del universo juntarlos de una firma tan casual y desprevenida. Dante estaba en la parte de la jardinería, buscaba unas cinco macetas grandes y otras cinco pequeñas, siempre creyó que sería un gran botánico o algo por el estilo, pero nunca se le dio la oportunidad y solo se quedó al cuidado de sus propias plantas, su flor favorita era el Lirio, la amaba con todo su corazón y de demostraba porque tenía tres en casa y siete en su cafetería, creo que se podría decir que las cuidaba más que a él mismo. En lo que iba eligiendo lo que iba a llevar, Gus estaba a otros dos pasillos viendo unos cuantos utensilios de cocina, ni siquiera sabía para que servían algunas cosas, pero aún así las dejaba en el carrito de compras. En su cabeza repetía una y otra vez la situación que había pasado anoche, no podía olvidarlo y más porque siempre que pasaba por una estantería de libros lo recordaba, su cara de cansancio y agotamiento se podía ver desde un punto muy lejano y sumando que tenía una gran migraña, simplemente quería dormir, pero también quería un ambiente más agradable en su hogar.

Al pasar los minutos, Gus fue al pasillo de limpieza/baño, escogió bastantes productos para higiene personal tanto para él como para su hermana, toallones, detergente, etcétera, esto ya era aburrido. Dante por un lado seguía en el bendito pasillo de jardinería y a pesar que solo iba por unas cosas, se terminó llevando más de lo que era, semillas para plantar, estiércol, un kit entero para jardinería apesar de que ya tenía uno en casa. Una vez que por fin salió de ese pasillo, se dirigió al de papelería, justamente rozando la espalda de Gus, ninguno de los dos se dio cuenta de lo que había sucedido.

Luego de otros largos minutos, ambos decidieron ir a comprar víveres, uno ni siquiera necesitaba, pero algo en su ser interior lo hizo ir a allá. Mientra Gus iba por un pasillo, Dante iba por el otro, ninguno de percataba de nada, hasta que, en el casi penúltimo pasillo los carritos de estos chocaron creando una atmósfera de atención de todos.

–Lo lamento, no me di cuenta—dijo Dante mirando hacia otro lado sin tomarle importancia a quien estaba enfrente tuyo. Gus al escuchar esa voz nuevamente, si expresión se convirtió en sorpresa y su cuerpo comenzó a temblar, pero luego de unos segundos dejó de hacerlo y respondió.

–Yo tampoco me di cuenta.—respondió un poco nervioso y Dante lo vio rápidamente, ambos ahora estaban a un par de metros viéndose fijamente.

Los dos no sabían que hacer ni decir, así que la primera acción que surgió luego de un minuto y medio viéndose y analizandose uno al otro, fue separar los carrito de compra. Gus tuvo la intención de irse, pero un brazo delgado lo detuvo.

“¿Qué mierda estoy haciendo?” esa pregunta paso durante su cabeza mientra el susodicho se daba vuelta para mirarlo confundido.

–Lo siento, otra vez, es que…—dijo Dante mientra su rostro se pintaba de un intenso color rojizo, se paralizó al momento de ver nuevamente esos ojos color marrones que le enloquecían—te quería preguntar algo—volvió a decir, pero era mentira, solo quería verlo, así que rápidamente se invento algo—Gisel me habló de ti en su entrevista, me dijo que eres veterinario y yo tengo un gatito, pero necesito darles si vacunas, ¿me ayudarías en eso?—terminó de decir, claramente todo era mentira, no tenía ni un gato ni nada por el estilo que sea un animal en casa.

“¿¡un gato!? Ahora donde mierda saco un gato”dijo en su mente mientra sonreía al contrario.

–Sí, claro que le puedo poner sus vacunas al pequeño—respondió muy feliz tanto porque lo volvería a ver y porque tenía un gato—¿Mañana puedes pasar al consultorio?

–Sí, después puedes pasarme la dirección e iré—respondio con inmensas ganas de morise.

–Genial, te veré allí mañana. Nos vemos, Dante—termino la conversación y dándose la vuelta para irse. Por dentro tenía ganas de saltar y gritar, había pasado un gran tiempo que no le hablaba y por fin pudo hacerlo, su emoción fue tan inmensa que movió todas sus citas del siguiente día, lo bueno es que no tenía muchas.

“¿Qué carajo estas haciendo, Dante? Un gato no aparece por arte de magia”su voz interior no estaba tan feliz, pero su corazón si lo estaba.

Al finalizar las compras, Gus se fue directamente a casa para guardar todo y Dante fue a la tienda de mascotas más cercana que había, para su buena suerte, encontró una a veinte minutos del hipermercado, realmente parecía un centro comercial toda la rotonda. Al llegar al lugar, una hermosa chica lo atendió con toda la simpatía del mundo preguntándole que buscaba.

–Hola, buenas tardes, ¿Regalan gatos?—preguntó mientra todo su cuerpo temblaba.

–Sí, tenemos muchos, están vacunados contra las pulgas y se pueden adoptar con una bolsa de alimento y otra de piedras sanitarias—respondió caminando hacia un pequeño corral donde estaban los pequeños animales durmiendo, jugando, comiendo o tomando agua. En ese momento, él se estaba arrepintiendo, pero un pequeño gato blanco y peludo se acercó a la puerta del corral a pedirle cariño, inmediatamente se sintió flechado y lo levantó, el animal comenzó a ronronear apoyándose en él.

–Me llevó a este pequeño—dijo con los ojos brillosos y encantado.

–Me alegro que lo haya elegido, porfavor venga por aquí. Le cobraré el alimento y las piedras—le respondió aún más alegre que Dante. Una vez que todo ya estaba, eran al rededor de las dos de la tarde, él sintió que era más tarde, así que fueron a casa.

Una vez que llegarán, el animal comenzó a conocer la casa, se metía por debajo del sofá, muebles, se subía a las sillas, hasta comenzó a oler las flores de su amo. Dante estaba en la cocina ordenando los víveres y guardando las cosas se jardinería que había comprado en una habitación donde guardaba todo eso. En un momento sintió a su celular vibrar, al ver quien o que era, recibió un mensaje de Gus preguntándole como era y como se llamaba su mascota, en ese momento entró en pánico porque no le había puesto nombre ni lo estaba encontrando. Evito responderle por unos minutos hasta que escuchó unos pequeños maullidos desde una alacena baja, al abrirla salió el animal, él lo levantó y lo coloco en su pecho para tomarle una foto. Luego de debatir un gran rato mientra el animal amasaba su pecho con sus pequeñas patas, decidió ponerle Nieve, pareció un nombre simple, pero a este le encantó.

“Este es mi gata (foto) se llama Nieve, tiene un par de meses de nacida”

“Es muy bella, me encantan sus grandes ojos”

“Muchas gracias”

Era obvio que quería decirle algo más, pero no sabía que cosa.

Durante todo lo que quedaba del día, Gus se quedó mirado su celular para ver si le enviaba otro mensaje, pero no quería, tenía vergüenza y no quería arruinar la oportunidad que se le había dado, veía la foto que le envió y por pequeños centímetros se podía ver su la cara, bueno no su cara, pero su labio inferior. En un momento a otro, no prestó atención y ya están al rededor de las ocho, su hermana ya había llegado a casa y fingió estar dormido para que no lo molestaran.

Dante luego de su último mensaje, comenzó a buscar un pequeño recipiente para ponerle las piedritas a su mascota, porque había hecho sus necesidades encima de él, lo comprendió al momento porque era un bebé recién. Al encontrarlo, le enseñó instintivamente y luego le dio en otro recipiente, un poco de alimente, estaba enamorado de Nieves, así que luego de eso, ambos fueron a dormir a la cama.