LAS CARTAS

Al siguiente día, exactamente a las 8:07 AM, Dante se despertó por las inmensas ganas de ir al baño, pero dos brazos lo estaban aferrando para no separar del cuerpo del chico, el joven le empezó a dar golpecitos en el pecho para poder despertarlo, pero no había mucha respuesta, cuando Gus tenía mucho en la cabeza tenía el sueño demasiado profundo.

—Hey, dejame salir–dijo a casi susurros para no asustar al chico, intentaba despegarse, pero el otro cada vez que se lograba separar, el otro lo volvía a unir a su cuerpo–Vamos, tengo que ir al baño–volvio a susurrar hasta que unos segundos de logro separar y darle una de las almohadas para que pudiera abrazarla.

Fue casi corriendo al baño, estuvo durante un rato haciendo sus necesidades, y al terminar, se quedó ver su brazo notando el gran moretón que le cubría gran parte de su ante brazo, recordó todo lo de anoche y más la situación con el hombre que le hizo el daño.

"Que estúpido..."pensó mientra se acordaba como había convencido a su novio para que vayan aún sabiendo que no se llevaba bien con el padre.

Procedió a lavarse tanto la cara como el moretón y poder cubrirse con un vendaje, y una vez que terminó salió para irse a acostar otra vez, pero alguien había tocado la puerta, creyendo que era alguien del correo fue a abrirla, aún que se llevó la sorpresa que era la madre de Gus. La mujer estaba con los ojos cerrados, se la veía un poco nerviosa, avergonzada y con miedo de que su hijo le vuelva cerrar la puerta en la cara.

—¿Hola?–dijo el delgado al ver la mujer, inmediatamente idéntico la voz del chico y lo vio algo alegre, pero este estaba confundido.

—Ah...eres tú, que suerte–dijo mientra lo veía un poco más tranquila–¿Puedo hablar contigo? Es sobre Gustau.

Lo dudo, la pensó detalladamente, no sabía que tanto sería y cuando resistiría el otro chico dormido. A Dante se le había muy raro escuchar que llamarán al chico como Gustau y no por su apodo, creyó que todos le decían así, pero se dió cuenta que no.

—Claro, ¿No quiere tomar algo?–finalmente acepto y preguntó haciéndole un gesto para que pudiera entrar a la casa, la mujer no dudo en hacerlo y entró directamente. La verdadera razón por la cual acepto, fue porque la veía muy nerviosa, y no le quería cerrar la puerta en la cara.

—Sí claro, una taza de té–respondio bajo, el chico se fue a la cocina a poner la tetera.

Analizo la casa, era bastante bonita para su gustó, tal como lo imagino al ver al chico, se veía muy ordenada y prolija, como si no tocaran nada ni movieran nada de su lugar.

—Puede sentarse ahí–dijo señalando la mesa, la mujer lo hizo y siguió viendo todo.

Ella desde que el día que nació tuvo bandeja de plata², y le agrado ver la casa del chico, parecía un santuario de plantas, se le había muy armónico y tranquilo. Por un momento sintió una bola de pelos en sus pies y se asustó demasiado, pero al notar que era la mascota, se volvió a tranquilizar. El chico fue a servirle alimento a su mascota, para luego sentarse junto con dos tazas, azúcar, tés y el agua hirviendo.

—Ahora sí, ¿Qué pasó con él?–pregunto el chico con cierto tono de seriedad absoluta, le sirvió agua a la mujer en una de las tazas y se la entrego para que pudiera hacerse la infusión.

—Ayer...cuando ustedes se habían ido, el bisabuelo de Gustau me entrego estos papeles y específicamente me dijo que se lo diera a él–dijo la mujer mientra entregaba los papeles, ella ya los había leído la noche anterio antes de dormirse, pero la letra era poco legible, no porque estuviera viejo, si no, porque la caligrafía era horrible–Creo que también deberías de verlos tú.

—¿Y yo por qué? No soy de la familia, además dijo que eran para Gus....–dijo un poco confundido mientra agarraba los dichosos papeles y dejándolos a un costado. En eso tenía razón, no tenía porque leer los papeles–Se los daré cuando despierte.

—¿Qué te pasó en el brazo?–pregunto la mujer ignorando por completo lo que le había dicho, el vendaje era visible dando por el hecho que la camisa era de mangas largas y el se había arremangado.

—No es nada–dijo bajandose por completo la manga con una expresión bastante incómoda, le parecía que la mujer lo quería interrogar.

No pasaron tantos minutos para que el peli negro despertara y se diera cuenta que en realidad estaba aferrado a una almohada y que las luces de la casa estaban prendidas, con los ojos entre cerrados se levantó y fue a ver porque el chico estaba despierto tan temprano. Al salir de la habitación vio a la figura del chico y de una mujer sentados hablando entre palabras cortadas, no había tanta comunicación entre ellos y cuando supo identificar a la mujer, ya había perdido todos los estribos.

—¿Otra vez tú?–dijo a unos cuantos metros del pasillo, llamando la atención por completo de ambos—Ayer fuimos con buenas intenciones y todo se fue a la mierda...¿Eso era lo que esperabas?–dijo ignorando por completo al chico y hablándole exclusivamente a la mujer.

La tensión de la habitación estaba empeorando cada vez que pasaban los minutos, Dante se acercó a él y se lo llevó a habitación para poder explicarle la situación, el chico seguía viendo a la mujer que estaba completamente perpleja. Era obvia la reacción y más si el chico la había dejado entrar, por más que quisiera no podía decirle ni hacerle nada, por alguna razón algo evitaba que Gus se enojara con Dante, era algo que no podía ni explicar el mismo.

—Escúchame, la dejé entrar porque me dijo que era algo referido a ti y pues, se veía nerviosa...–dijo mientra el otro lo veía furioso, por más enojado que estuviera, no le dijo nada durante unos segundos.

—Quedate aquí–dijo saliendo para ver que era tan importante.

En parte si se sentía enojado por el chico, pero no le dijo nada más que eso. Dante se quedó en la habitación sin hacer nada, sabía que la había cagado dos veces seguidas, pero dentro suyo aún tenía esperanzas de que esa mujer era buena.

—¿Qué es tan importante para que vinieras temprano?–pregunto el chico sentándose enfrenté de la mujer.

—Emm...–murmuró viendo al chico con cara de enfado total, no sabía por dónde empezar y aún sabiendo que la situación de ayer no la tenía tan clara–Esos papeles de allí, son tuyos, te los manda tu bisabuelo.

—¿De verdad sigue vivo?–pregunto de forma no irónica, le sorprendía que estuviera vivo, tomando los papeles que parecía que en cualquier momento se rompían–¿Y qué se supone que haga yo con esto?–volvio a preguntar mostrando los papeles como si no fueran nada.

—Son la razón por la cual te dejaron el testamento–dijo viendo como se transforman la cara de su hijo a disgusto total.

—No quiero esto, gracias–dijo entregándole los papeles sin verlos, renegando a verlos en lo absoluto.

—Es importa...–trato de decir antes de ser interrumpida.

—Dije que no–repitió–Sí tanto quieres que lo lea, primero respóndeme ¿Por qué me mentiste?–continuo diciendo, era su oportunidad para poder saber la razón por la cual la mujer lo dejo hace años atrás.

La expresión del chico era tristeza junto a rabia, pero se disfrazaba fácilmente por seriedad, la mujer comprendió todo por el tono que lo dijo. Reconocía tan bien por como lo dijo y como lo expresó, también analizo los gestos de sus manos y piernas que estaba dele moverse, el dolor que está sintiendo en ese momento fue completamente transmitido a la mujer, estaba vulnerable y lastimado.

—Aquel día que llegamos a la casa y sucedió todo el caos, Sebastián movió un par de cosas para encontrar ese lugar...–dijo sin ninguna dificultad, por un lado el chico estaba algo sorprendido por como se refería al hombre, durante el tiempo que estuvieron viviendo juntos siempre escuchaba que lo llamaba "cariño" "amor", nunca por su nombre–Yo me opuse, de verdad lo hice, pero él fue muy duro conmigo...me obligó a llevarte sabiendo que el dolor más fuerte para una madre, es perder a su hijo–dijo con la voz casi quebrada recordando el día con mucha claridad, recordando la sonrisa y la confianza que el pequeño niño depósito en ella, recordando como se alejaba tras dejar a su hijo varado solo en un país totalmente desconocido. El chico la veía con unos ojos de desesperación, inocencia y dolor, las palabras parecían reales y más cuando se empezó a tensionar la habitación. La mujer siguió contando la historia, pero esta vez estaba viendo al piso, sentía vergüenza de no haber sido lo suficientemente fuerte para poder protegerlo y cuidarlo, algunas lágrimas caían al suelo, cada vez se le quebraba un poco más la voz, hasta que un momento la interrumpió.

—Ya es suficiente–dijo el chico con más tranquilidad y paz, su tono voz era suave. El dolor era notorio, tanto como en él como en la mujer que lo volvió a ver, está vez trasmitir tranquilidad al poder sacarse un peso de encima y su conciencia ya no la atormentaba–Yo te creo–termino de decirle, se acercó con miedo y la abrazo.

La sorpresa de la mujer al escuchar esas palabras y sentir el calor corporal del chico, hace mucho tiempo no recibía un abrazo tan sincero. Instantáneamente lo correspondió, se sentía tan protegida y aliviada, sintió nuevamente la conexión que le había sacado hace años, espero durante años ese momento, un reencuentro sin mentiras, sin dolor y sin tragedias, el reencuentro con la luz de su vida y la única esperanza que le quedaba, Gustau. Después de mucho tiempo se separaron, el chico tenía los ojos llenos de lágrimas, y la mujer estaba igual, ambos se volvieron a recomponer para volver a hablar.

—No hace falta que leas eso, si quieres lo haces...pero no te obligare–dijo limpiandose la cara con toallitas desmaquillante, tenía el maquillaje corrido.

—Lo leeré, esa fue la condición...–dijo y tomó los papeles, al abrirlo se quedó pensando, no entendía absolutamente nada–¿Quién carajo escribe tan mal?–pregunto hasta que se acordó que alguien si podía llegar a entenderlo.

Se levantó de la silla haciéndole un gesto para que esperará allí y sé dirigió a la habitación para preguntarle a Dante, el chico había leído durante toda su vida y tenía bastante conocimiento en el ámbito de la caligrafía. Dante estaba en el escribiendo algo en un cuaderno con borradores y se medio asustó al ver entrar tan de repente al chico para después cerrar la puerta con desesperación.

—¿Qué te pasa? Me asusté–dijo algo exaltado, el chico estaba concentrado en su mundo.

—¿Puedes leer esto? Es que no lo entiendo–dijo estirando la mano con los papeles, el chico quedó medio confundido al tomarlos los abrió que antes había rechazado y para su sorpresa, entendía.

—Sí lo puedo leer, la caligrafía es antigua y fue escrito con tinta...–dijo mientra pasaba las hojas, era tres y una de ella era un pintura antigua–Esto es una pintura, está firmada por un tal Lisandro para su hermano Augusto...–volvio a decir indicándole la firma y la dedicatoria.

—Ven–dijo mientra lo tomaba de la mano para llevarlo a dónde estaba la mujer un poco inquieta–Él si puede entenderle, creo que ya sabes que es mi novio, es muy obvio–dijo presentando al chico, la mujer sonrió al verlo.

—Sí sabía, es muy bonito–dijo refiriéndose al chico quien estaba algo ruborizado y nervioso.

—Gracias señora–dijo nervioso sentándose al lado del chico–La carta parece ser muy vieja, hay algunas cosas que se despintaron, por ejemplo las dos fechas de aquí, no son visible, pero extrañamente, el texto si está visible–dijo mostrando la carta mientra señalaba lo que indicaba.

"

(Fecha totalmente desconocida)

Aún recuerdo ese día donde la primavera está hermosa, las aves cantaban y el rayo del sol no era fuerte para ser un gran calor, pero tampoco tan bajo para ser frío, estaba en termino medio, era perfecto. Era mi cumpleaños número seis, lo estaba disfrutando junto a Lisandro, tenía cabello negro y ojos color marrón claro, una persona físicamente atractiva, muy amable y caballeroso...mi hermano mayor. 

Cada día que la pasábamos juntos, él me enseñaba tantas cosas, a escribir, a contar, etcétera. Tenía diez años más que yo, era el primogénito de la familia y quién heredaría el negocio familiar, desde muy temprano se estaba preparando para tomarlo. 

Ese día de primavera, él me hizo esta pintura. Recuerdo que estábamos en campo, a unos 15 kilómetros de casa ese día caminamos durante toda la mañana para llegar allí, todo era verdoso y lleno de vida. Lisandro llevaba su bolsa con algunas pinturas y sus lienzos, él me dijo que esta pintura era especialmente para mí, pero que debía de hacerlo a solas, me dijo que vaya a explorar y que como era mi cumpleaños debía de hacer lo que más me gustara. Después de un gran tiempo, escuché mi nombre a unos gritos, era mi hermano buscándome para regresar a casa y eso significaba que hay pasado una hora exacta. 

Al llegar a la casa, estaban mis dos padres esperándolo, parecían algo enojados y tristes, me dijeron que vaya a mi cuarto porque debían hablar con él, recuerdo perfecto la cara de susto y terror de mi hermano, como si lo hubieran invitado a una guerra o algo así. Él fingió una expresión de tranquilidad y me dijo "Ve a tu cuarto, y mira tu obsequio" al mismo tiempo que me entregaba el lienzo pintado, inocentemente corrí hacia mi cuarto sin mirar atrás creyendo que él a los pocos minutos vendría conmigo, pero nunca llegó.

A la mañana siguiente, desperté ante un grito de angustia por parte de mi madre, fui corriendo con los ojos entre cerrados al ver que sucedía, al llegar a la sala donde había una gran multitud rodeando una manta negra y me metí como pude para ver qué o quien era. Mis ojos no podían creer ver la cabeza y el cuerpo desprendidos, ver la cara de horror con la que murió, estaba tratando de analizar toda la situación hasta que ví a mis padres estar completamente destrozados, madre lloraba desconsoladamente mientra padre la abrazaba, pero yo sabía que ellos dos fueron los últimos en verlo con vida. Regresé a mi cuarto, estaba con el corazón en la garganta, no podía creer tal acción de horror, pensanba que la razón y mi cabeza daba vueltas, tomé el obsequio y me lo quedé viendo un gran rato mientra algunas lágrimas caían por mi rostro, las limpié antes de que tocaran el papel. 

(Segunda hoja)

Con el pasar de los años, mis dos padres enfermaron, primero fue mi madre y ella me confesó algo que me rompió el corazón en mil pedazos, la razón de la muerte de mi hermano fue una joven de clase baja. Ellos al enterarse de su relación con la dama le advirtieron que reiteradas veces que debían de terminar la relación, de ninguna manera debían de permitir que uno de sus hijos saliera con alguien inferior a él, hasta que un día descubrieron que se seguían viendo. A padre le molestó tanto eso, que el día de mi cumpleaños, lo regañó demasiado usando la palabra "matar" y "joven" en la misma frase, iban a matar a esa joven porque decían que era quien seducía a mi hermano, pero la misma noche que fueron a buscarla, él se interpuso en la pelea, habían gritos desgarradores y de dolor. Uno de los guardias que habían, fallo el hachazo al ver a Lisandro interponerse y dándoselo a él, desprendiendo la cabeza del cuerpo y manchandose de sangre tanto a él como a los demás que quedaron sorprendidos al ver la escena. De los guardias nunca se habló ni tocó el tema, aparentemente desaparecieron poco tiempo después. Cuando ella terminó se contar todo, me enfadé tanto, mis ojos llenos de irá y mi voz totalmente quebrada le preguntaba ¿Por qué ese día? ¿Por qué no pudieron aceptar que el corazón eligue? ¿Por qué me quitaron a mi único amigo?, Ella solo se quedaba viéndome, ya era su último suspiro y al momento murió. Mis lágrimas comenzaron a correr, pero no era tristeza, era enojó. A los días, mi padre también murió, yo no estuve a su lado, pero me enteré por la señora que lo atendió hasta el último momento que él se disculpaba por todos sus pecados, por todo lo que había hecho mal esa vida y deseando que Dios le deseara una nueva oportunidad para reemediar todo. Bastardo.

Me quitaron a lo único que me hacía feliz, a mi único amigo y compañero de vida, a mi hermano me lo arrebataron a mis seis años, haciéndome creer que lo que le había pasado fue por su culpa y cuando lo único que hacía hecho fue amar con el corazón. Lisandro...te quitaron tantas cosas cosas por amar, pero te las devolveré. 

He llegado a la conclusión de que el hombre que nazca en la sexta generación a partir de ahora, obtendrá toda la herencia, terrenos, dinero, joyas, etcétera. No me interesa quien sea, mi única condición es que sea hombre y de la sexta generación. La marca que me dejaron en mi sexto cumpleaños fue quitarme a mi hermano y nada ni nadie me lo quitará, pero quiero que mi condición se haga realidad. Deseo se haga realidad.

–Augusto."

Al terminar de leer vio a los sorprendidos de lo había pasado, los tres quedaron atónitos por la razón, él más afectado fue Gus quien era el sexto chico. Vio a su madre con desesperación en la cara, luego vio a su novio y para finalizar vio el dibujo. Era un retrato de los dos hermanos Flores, tenía detalles por el tipo que había pasado, pero el tiempo no pudo borrar el sentimiento que transmitía tal obra.

Al parecer los prejuicios veían desde ya hace años, pero no podemos criticar una época de antes con una de ahora. Las tres personas que estaban sentadas al rededor de la mesa estaban viéndose con expresión de impacto, Gus se quedó viendo el dibujo del retrato, eran trazos las exactos de una persona, con el tiempo el papel se arrugó, pero esa no era una escusa para no poder verlo. Las dos personas sonrientes en el papel les trajo muchos recuerdos de su infancia, de cuando no sé la habían arrebatado tan a la ligera. Recordó lo que decía la carta, comprendió y aprecio que el derecho de Augusto, pero él simplemente no se sentía bien recibiendo todo eso luego de todo lo que tuvo que pasar por su familia.

—Eso fue interesante, de todos modos, no me interesa–dijo rompiendo el silencio que sofocaba toda la habitación.

—¿Qué?–exclamó la mujer con tonalidad de confusión.

—Estoy agradecido con lo que me haya dejado este hombre, pero simplemente no me interesa...–dijo ignorando el hecho de que el chico a su lado releía en voz baja todo sin prestarle atención–Me enteré de todo esto ayer, a las únicas personas que les importa está herencia es a Sebastián y a mi abuelo, por eso esperaban que fuese ayer–dijo explicando con tranquilidad absoluta.

—Yo tampoco lo sabía hasta hace un momento...–dijo la mujer–De todas formas, cuando quieras puedes reclamarlo, eso es tuyo según este papel y el supuesto testamento–dijo señalando el papel que sostenía el chico delgado.

—Sí...–respondio dándose cuenta de lo callado que estaba el otro chico–Bueno, fue un gusto que vinieras, estoy feliz de haber hablado las cosas, pero Dante se tiene que ir a una consulta en uno momento–dijo dirigiéndose a la mujer que lo veía confundida sin saber de que hablaba, no sabía del diagnóstico de Dante, pero de cualquier forma acepto irse.

Gus la acompañó hasta la puerta para despedirla mientra el otro chico seguía sentado con ambas hojas en la mano releyendo todo, se sentía extraño al saber todo eso, nunca se involucró tanto en cosas privadas como esas. Se imagino tantos escenarios posibles para esa época, algunos eran más fuertes que otros, la mente de un escritor y lector es lo suficientemente grande para imaginar situaciones sean reales o no.

—¿Qué te sucede?–pregunto Gus sentándose al lado del chico nuevamente para verlo más de cerca ahora.

El chico volvió al mundo al escuchar la voz del otro, al verlo tan cerca de su cara se sorprendió y puso algo nervioso, había estado tan distraído que no escucho cuando la mujer se despidió de ellos.

—¿Y tu madre?–preguntó desorientado buscando por todos lados la mujer y dejando por fin los papeles sobre la mesa.

—Se fue a hace unos segundos, ¿Qué te sucede?–volvio a preguntar respondiendo al chico que se encontraba perdido.

—Nada, solo me quedé pensando en la historia–respondio, era cierto, estaba pensando eso y más ahora después de lo que había sucedido la noche anterior–¿Estás molesto por lo de anoche y por qué hice a tu mamá estuviera aquí?

—Debería de estarlo–dijo pensando dos veces la respuesta viendo como el chico estaba prestando atención a cada palabra–Pero no lo estoy. Anoche me di cuenta nuevamente que son ellos son una mierda de persona, pero no fue tu culpa. Ahora, si me sentía algo enojado contigo, pero sé que quería saber si me sucedía algo. Hablé las cosas con ella y se pudieron entender los errores que se cometieron en el pasado...–respondio nuevamente–No estoy enojado contigo, es más, se me hace imposible hacerlo–termino de decir para después darle un beso en la mejilla.

El chico se encontraba más relajado, por delante de sus ojos sentía que toda su relación iba a terminar en cuestión de segundos, pero se sentía feliz, sabía que la había cagado dos veces seguidas, así que se prometió a si mismo no volver a hacerlo.

—Lo siento si te hice pasar un mal rato...no la volveré a cagar–dijo viéndolo con sinceridad en sus ojos haciendo que el otro se lo quedará viendo seriamente.

—No la cagaste, no digas eso. No sabías que tan mala era la relación y solo querías que todo estuviera bien...Voy a aceptar las disculpas, pero no vuelvas a decir que la cagaste–dijo seriamente acariciando su mejilla izquierda. El chico lo veía más tranquilo y relajado, se seguía sintiendo algo mal y sentía que estaba manipulado algunos sentimientos, pero se olvidó de todo al notar la sonrisa del chico, se empezó a sentir más seguro al verlo a los ojos y que su mano trasmitiera un calor relajante, amoroso y tranquilo. Está seguro nuevamente.

Después de eso, ambos olvidaron todo lo que habían hablado y desayunaron algo, era cierto que Dante tenía una consulta ese mismo día, pero era más en la tarde, así que decidieron desayunar y después ver una película para rematar el tiempo que les quedaba.

—¿A dónde?–pregunto llevándose un poco de fruta a la boca.

—Sí te digo se acaba el misterio.

—Está bien, pero, ¿A qué hora?.

—Vamos a ir a dos lugares, uno en la mañana y otro en la tarde. Saldremos temprano y volveremos por la noche.

—Mmmm–murmuró dudando si estar tanto tiempo fuera–Bueno, está bien, vayamos–dijo aceptando.

El otro no respondió, únicamente sonrió al ver al chico. Los lugares a donde lo llevaría eran el Observatorio de Aves y Setas de Sevilla, dos de los lugares favoritos de Gus. Eran lugares donde Tamara lo llevaba cuando era niño, recordaba el camino a la perfección, la brisa de esos lugares, la tranquilidad, el aura, la paz y principalmente, los berrinches que solía hacer para no irse. Eran sus lugares favoritos en todo el mundo y quería compartirlo con su persona favorita, Dante era alguien muy amante de la naturaleza y sabía que el observatorio de aves sería un gran lugar para llevarlo, estaba totalmente seguro de que le iba gustar estar en un lugar así, y Setas de Sevilla iba a ser el lugar romántico donde llevan a sus parejas para pasarla un buen rato viendo la ciudad de arriba.