XLIX

Sistema Carixis

Día 10 del Mes 13 del Año 2104 D.A.

La lucha entre el Ejército Galáctico y las Legiones Oscuras era tremenda, casi legendaria. 2000 naves del Consejo confrontaban a 5000 naves oscuras en un esfuerzo desesperado por impedir la invasión.

Las fuerzas unidas del Consejo Galáctico conformaban un variopinto ejército de naves valtáricas, afiliadas, xirgonas, sáuxer, polari, veganas, cibernéticas y Zaraki, cada una con sus características y colores particulares. Cada uno con el escudo que representaba el Estado al que pertenecían, pero con el símbolo del Consejo (un sol blanco) al otro lado. Combatían en contra de las naves oscuras que eran todas iguales, negruzcas y picudas, repletas de espinas y alerones filosos.

Destacaban los gigantescos acorazados, de ambos bandos, con un diámetro de varios kilómetros que, al estallar, destruían las naves más pequeñas que estaban cerca.

Una amplia cantidad de refuerzos por parte de naves del Consejo que viajaban cerca de Carixis respondieron al llamado de auxilio y arribaban en pos de lucha, uniéndose a sus compañeros. Pero aún esto no era suficiente para contrarrestar la marea siniestra y tenebrosa de Legiones Oscuras que amenazaba a Carixis.

Oficina de Rupert Corrado

Rupert despertó en su despacho como si estuviera saliendo de un extraño sueño. En la pantalla de la computadora en su escritorio, había un mensaje de Zílog que detallaba toda la información que tenían sobre el Panal. El mensaje había tardado muchos días en llegar, por lo cual, era de suponerse que el Panal ya había llegado al territorio del Consejo.

—Shikha —dijo Rupert desde su videófono en la oficina— Shikha, ¿me escuchas?

La científica lobariana encendió el videófono en su oficina en el Instituto Científico, y mostró un rostro de asombro al contemplar la imagen de Rupert.

—No... no puede ser... estás muerto... tu cadáver...

—No estoy muerto, Shikha. Es una larga historia...

—¿Cómo se que no es un truco de los oscuros?

—¿Qué clase de lógica tendría eso? ¿Los oscuros matarían a alguien y le mostrarían el cadáver a sus amigos para luego engañarlos con algún reemplazo?

—Bueno, supongamos que eres Rupert. ¿Qué quieres?

—Tengo información de Zílog referente a el Panal, una peligrosa fuerza hostil de insectos gigantes que destruyen planetas enteros para despojarlos de todos sus recursos. Te reenviaré el mensaje de Zílog. Necesito que utilices los satélites espías y los sistemas de rastreo de la Afiliación para que sondee las cercanías y determine la ubicación del Panal.

—¿Con qué fin?

—Ya lo sabrás.

Shikha obedeció a Rupert y utilizó los diversos recursos de la Afiliación para sondear miles de años luz de distancia. Aunque al principio no estaba segura, descubrió un cuerpo enorme, muy parecido a la descripción que hacía Zílog del Panal, cerca de Carixis. Los sensores se concentraron más en el cuerpo una vez detectado, hasta que lo captaron en video. Las imágenes captadas no dejaban lugar a dudas, se trataba del Panal. Estaba inmóvil a unos cuantos años luz de Carixis.

—Comunícame con los dos bandos, Shikha —ordenó Rupert.

—Hola a todos —dijo Rupert apareciendo en todas las pantallas de todas la naves que luchaban en ese momento, causando asombro entre sus amigos. —Como pueden observar, no he muerto. Curshok ya lo sabía, ¿no es así, Curshok? Fui revivido por una viajera temporal del futuro, quien me ayudó a mí y a Kriggs a escapar viajando en el tiempo. He regresado y, por cierto, Kezarath está muerta.

—¿Y que pretendes hacer, Corrado? —preguntó desdeñoso Curshok.

—Tengo pruebas inequívocas de que el Panal se encuentra merodeando cerca de Carixis. Muy probablemente está observándonos en este momento. Los oscuros conocen bien al Panal, porque la han tratado en el pasado. Es una fuerza hostil y cruel de terribles dimensiones. He aquí el trato, Curshok; puedes invadir Carixis y destruir al Ejército Galáctico, solo para que el Panal ataque poco después (Carixis es muy valioso y es de suponer que ya lo tienen en la mira). El Panal seguirá destruyendo de planeta en planeta, hasta que tanto los mundos del Consejo como el Planeta Oscuro estén devastados. O, podemos unir fuerzas contra un enemigo común y darles una buena lección a los malditos bichos del Panal, devolviéndolos a la Zona Inexplorada.

>>Piénsalo bien Curshok. El Planeta Oscuro quiere conquistar a los diversos pueblos de la Galaxia, el Panal los quiero exterminar. Son fines totalmente opuestos y excluyentes. Pero si no unimos fuerzas esta vez, ni el Consejo Galáctico ni el Planeta Oscuro podrán detener a esa plaga espacial.

Curshok lo pensó largo rato en medio de la mirada expectante de sus horrendos subalternos. Su tenebroso corazón, repleto de maldad y crueldad, le envenenaba la mente con todo el odio y el rencor que sentía hacia los miembros del Consejo. Pero, al mismo tiempo, su fría y calculadora mente racional le indicaba que las palabras de Corrado eran ciertas.

—¡De acuerdo! —dijo por fin. —Por esta vez... solo por esta vez... el inminente peligro del Panal los ha salvado. Pero en cuanto hayamos derrotado a esos bastardos, ustedes siguen...

La llamada Batalla de Carixis sería recordada por los anales de la historia, como la única ocasión en que el Ejército Galáctico y las Legiones del Planeta Oscuro combatieron unidos, en toda la historia conocida de la Galaxia.

Ambos ejércitos interceptaron al Panal. De inmediato, los horripilantes habitantes de la misma (monstruosos seres insectoides gigantes, similares a mantis mezcladas con hormigas y escarabajos), emitieron un mensaje amenazador:

—Sus esfuerzos de resistirse a nuestra supremacía son inútiles, criaturas inferiores. Los insectos somos los amos y señores de éste Universo, y nos encargaremos de purificar el Cosmos de las pestes como ustedes. Todas y cada una de sus especies serán absolutamente erradicadas...

A pesar de la fortaleza que tenían ambos ejércitos (el galáctico y el oscuro), el Panal fue capaz de hacerles frente con un portento asombroso. Sus escudos impenetrables y sus cañonazos imponentes, eliminaban naves oscuras y galácticas como si se tratara de aviones de papel. Poderosos rayos láser, bombas de plasma y de antimateria, erradicaban hileras enteras de naves, iluminando el Cosmos con las luces multicolores de las naves al explotar, y dejando los escombros remanentes cubrir el espacio.

La contienda sería una de las más terribles confrontaciones militares en la historia. Duró casi ocho horas de enfrentamiento ininterrumpido, dondel Panal se veía rodeada por un enjambre interminable de naves como si se tratara de un panal redondo siendo atacado por moscardones.

Para cuando el embate que sufría el Panal comenzó a hacer mella, de las 5000 naves oscuras quedaba un remanente de 1500, y de las 2000 naves del Consejo quedaban tan solo 300. La enorme estructura comenzó a fallar en sus escudos, y aquí y allá los bombardeos dieron resultado, destrozando varios kilómetros de la cubierta y de los niveles bajo la superficie. La estructura continuó cediendo y explotando esporádicamente, hasta que las bombas de plasma lanzadas por ambos ejércitos generaron un gigantesco hoyo en la tercera parte del Panal, exudando una negra humareda y lanzando los cuerpos carbonizados de varios habitantes insectoides al vacío.

Ante esta situación, el Panal reculó abriendo un portillo al Hiperespacio y desapareciendo.

Conscientes de que no tenía sentido proseguir la batalla entre sí, las naves oscuras se retiraron al Hiperespacio, mientras que las naves del Consejo regresaron a Carixis.

Rupert observó todo desde su oficina, justo cuando apareció la figura de Kriggs de entre un resplandor producido por el brazalete del tiempo.

—Cambiaste el futuro, Rupert —le dijo Kriggs. —Las cosas son muy diferentes ahora. Pero aún hay algo que debemos evitar. ¿O ya olvidaste a Torm?

—¡Es verdad! ¡Torm! Las elecciones presidenciales serán en unos cuantos días...

—Descuida, de eso me encargo yo... —dijo Kriggs y se acercó a la computadora de Rupert. Extrajo un cable con enchufe, y movilizó el cabello que cubría su nuca dejando al descubierto un implante cibernético (algo natural en los soths), por donde el enchufe se conectaba perfectamente. De esta manera, la mente de Kriggs se introdujo directamente en la Astronet.

En algún lugar de la Astronet

Una imagen virtual de Kriggs, se manifestó dentro del programa de computadora en que residía la mente psico-transferida de Torm.

El ambiente que se observaba era un desolado mundo de sombrías pulsaciones de computadora que se extendían como un desierto de tono verdoso hecho de líneas numerales.

—Eres muy valiente en venir aquí, agente Kriggs... —dijo la voz de Torm resurgiendo como una enorme cabeza que mostraba los rasgos siniestros de un cártagik de edad madura y de mirada pérfida.

—No le temo a un pobre dictador fracasado.

Súbitamente, las líneas numerales de ceros y unos se convirtieron en tentáculos numéricos que aferraron el cuello, los brazos y la cintura de Kriggs, atándola y sometiéndola contra el suelo. La figura de Torm, ahora de cuerpo completo y ataviada con el traje negro de faldas largas que le caracterizaba, caminó hasta donde Kriggs, e hizo que uno de los tentáculos le levantara la cabeza para contemplarlo directamente.

—Serías una excelente aliada. Una espía de tu categoría en mi nuevo régimen, como ministra de seguridad interna, sería un logro genial. Te daré cualquier cosa que quieras...

—No trabajo para asesinos ni para perdedores...

Los tentáculos levantaron a Kriggs y la colocaron de frente, cara a cara, con Torm.

—¿Perdedor? —dijo— pero si estoy a punto de tomar el poder en la Afiliación, mientras que tú sigues unida a ese estúpido moralista de Corrado. ¡Que patético! Destruiré tu mente y dejaré tu cuerpo en un estado de muerte neurológica...

Uno de los tentáculos numéricos penetró la boca de Kriggs y se introdujo en la mente de ésta. Tuvo acceso a sus recuerdos más tiernos de la infancia. Imágenes de Kriggs como una pequeña niña soth que jugaba con su hermana menor, cuidada por su madre (una soth con ambos ojos reemplazados por piezas cyborg), y quienes recibían las esporádicas visitas de un distante padre, abocado totalmente al trabajo de espía. Un sujeto alto y tosco, con barba de candado y con la mano derecha cibernética.

Kriggs y su hermana Xirggs eran dos niñas muy parecidas, salvo por los circuitos en las mejillas de la segunda. Ambas fueron a muy temprana edad a la escuela militarizada, como todo soth. Desde muy niños se les inculcaba una estricta disciplina militar. Cuando eran adolescentes, Kriggs se separó de su hermana para estudiar Espionaje.

Desde la edad de los 14 años y hasta los 20, Kriggs estuvo en un riguroso entrenamiento para espía, con instructores que generalmente eran fríos e impersonales. Se le entrenó en la disciplina de Kevala, el arte marcial valtárico, se le enseñó defensa personal, diversas formas de matar, se le enseñó a resistir el dolor y todos los tipos de tortura, y se le enseñó a aplicarlos. Aprendió a hacer explosivos, a hablar diez idiomas y a manejar armas como una asesina profesional.

Sus primeras misiones fueron duras y peligrosas, siempre como una simple subalterna, trabajando al lado de los aliados Zaraki, hasta que sus capacidades innatas brillaron y fue ascendiendo. Capaz de combatir ferozmente en enfrentamientos militares, pero más abocada al espionaje y al trabajo de inteligencia. Realizando distintos ataques terroristas con gran éxito.

Fue hasta que su hermana Xirggs fuera asesinada brutalmente por el gobernante de Soth, el mariscal Yarggs, que entonces Kriggs se une al movimiento disidente que buscaba derrocar a Yarggs y unirse a la Afiliación. Fue una de las principales líderes del golpe de Estado que derrocó a Yarggs poco después de la Segunda Guerra de Carixis, y ejecutó en persona a varios colaboradores del antiguo régimen.

Como agente especial de la Afiliación, Kriggs continuó su ilustre carrera de espía, pero esta vez en contra de los Zaraki. Torm pudo observar en la mente de Kriggs todos los eventos vividos por ella desde que conoció a Rupert en una misión especial en Carixis, un año antes de que viajaran al Planeta Istariano, para cuando ya tenían varios meses de ser amantes. Y es a partir del viaje a Istariano que comienzan a enumerarse todos los eventos en el actual relato de Carixis.

Así, Torm tiene acceso a los recuerdos de Kriggs hasta la fecha. Justo para enterarse, ya demasiado tarde, del último recuerdo de Kriggs. La agente soth que, como todo soth, tenía implantes cibernéticos en todo su cuerpo, introdujo en su corriente interna un virus de computadora. El famoso Virus T—13.

Torm liberó a Kriggs y extrajo el tentáculo de la boca de ésta de inmediato. Pero era demasiado tarde.

—¿Recuerdas el Virus T—13? —preguntó Kriggs. —¡Que ironía! Un virus de computadora que destruye la inteligencia artificial. Utilizado por ti cuando eras dictador para difundirlo como una plaga entre los androides, responsable de la muerte de miles de ellos. Ahora es usado contra ti...

El virus, manifestado como un óxido naranja que carcomía a Torm y a todo el rededor, consumió gradualmente los tentáculos y el cuerpo proyectado de Trom mientras éste gritaba y gemía, exudando sus últimas palabras:

—No importa cuanto lo intenten... yo siempre estaré presente...

El virus pareció consumir la totalidad del programa que resguardaba la mente de Torm, por lo cual Kriggs salió de la Astronet y despertó en la oficina de Rupert, sobre el escritorio.

Frente a ella estaban el propio Rupert, notoriamente aliviado porque despertara sana y salva.

Día 29 del Mes 13 del Año 2104 D.A.

DIARIO EL COMETA

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EN AJUSTADAS ELECCIONES, GANA RUPERT BARRINGTON POR ESTRECHO MARGEN

Rupert Barrington, actual presidente de la Afiliación y candidato de la Coalición, resultó vencedor en las elecciones presidenciales afiliadas de ayer. Obteniendo sólo un 0.2% más de votos que su rival inmediato, el conservador Max Starman.

Cabe destacar que una serie de acusaciones por parte de la Coalición contra las Empresas Starman, sobre aparentes investigaciones de tecnología ilegal conocida como la psico—transferencia, y de un posible vínculo de Starman con Torm, pudieron haber afectado el resultado electoral. Si bien es cierto, Starman negó totalmente los cargos.

Starman aseguró que, tal vez opte por una nueva candidatura dentro de cuatro años, y que por lo pronto se dedicará a sus empresas y a su nuevo noviazgo con la empresaria sáuxer Sálax, gerente general de la Corporación Sáuxer en el Conglomerado de Carixis.

Por su parte, los alegres seguidores de Barrington, celebran la victoria en la sede del Partido Progresista en Brazzky.

MUERE EMPERADOR Y EMPERATRIZ DE XIRGÓN

Con tan solo unos días de ascender al trono, el Emperador Niurg falleció al lado de su esposa la Emperatriz Ilashak, en un atentado realizado por sectarios seguidores del Planeta Oscuro. La joven segunda esposa de Niurg , de 16 años, Yashak, es ahora la emperatriz y gobernante suprema del Imperio Xirgón.

Muchos se preguntan si la joven muchacha será capaz de dirigir al imperio más grande de la Galaxia en medio de una temible guerra contra la amenaza oscura, especialmente dado lo patriarcal de la sociedad xirgona.

—¿Vas a contarme que viste en el futuro? —le preguntó Rupert a Kriggs después de hacer el amor con ella.

—No, Rupert, sería inadecuado, porque podría alterar la línea temporal...

—¡Vamos Kriggs! ¡Por favor!

—¿No puedes esperar 30 años? Además, la moraleja de esta historia debería ser, que no debemos vivir ni en el pasado ni en el futuro, debemos vivir en el presente.

—No me vengas con moralejas...

Sistema Carixis

Día 6 del Mes 6 del Año 2105 D.A.

—¿Por qué tenemos que negociar con los urlocks? —le preguntaba Kriggs a Rupert como quejándose, mientras la pareja, acompañada de Maktub, viajaba hacia la sede del Consejo Galáctico.

—Porque resulta —explicó Rupert— que el apoyo de los urlocks puede ser muy estratégico para ganar la guerra, si los urlocks nos permiten utilizar su territorio, que es muy extenso.

—¿Por qué no habrían de hacerlo? —preguntó Maktub— deben temer tanto al Planeta Oscuro como a nosotros.

—El problema con los urlocks es que son una especie extremadamente xenofóbica —explicó Rupert. —Para ellos no hay mucha diferencia entre nosotros y el Planeta Oscuro.

—El otro elemento —dijo Kriggs— es que los urlocks son horripilantes... deformes... monstruosos...

—¡No digas eso Kriggs! —regañó Rupert. —Es verdad que son bastante desagradables a la vista, según nuestros conceptos estéticos. Pero los antropoides debemos ser bastante feos para ellos también. Lo cual puede explicar su xenofobia.

La delegación diplomática de los urlocks llegó a la sede del Consejo y fue recibida por la comitiva de Rupert, Kriggs, Maktub y algunos soldados que brindaban seguridad.

Tres urlocks bajaron del vehículo que acababa de arribar.

Los urlocks provocaban siempre reacciones involuntarias en las personas que los contemplaban. Eran seres de enormes cabezas y gigantescas bocazas repletas de colmillos amarillentos, filosos y dispares, con hocicos alargados babeantes. Tenían una gran cantidad de ojos negros y redondos en la parte superior de sus cabezas, seis fosas nasales como ranuras alargadas, una piel aceitosa de tono pálido, y vestían una especie de traje plástico largo como una túnica, que les cubría los cuerpos largos y flacos, de espalda encorvada. Sus manos eran similares a las garras de una mantis religiosa, aunque con dos ganchos en vez de uno en cada brazo. Caminaban rápidamente, con unas seis patas con pezuñas en su mayor parte cubiertas por la ropa. Exudaban un olor pestilente y repulsivo que provocaba náuseas.

—Bi... bienvenidos a Carixis —dijo Rupert tragando saliva y resistiendo el rechazo que le generaban esas criaturas. —Soy el secretario general del Consejo Galáctico y gobernador de la colonia afiliada en Carixis, Rupert Corrado. Ella es mi jefa de seguridad, la agente Kriggs, y él mi asesor Maktub.

El que parecía ser el líder de los tres entes, habló en su lengua siseante y gutural, y un traductor electrónico repitió las palabras en valtárico:

—Quisiéramos pasar de inmediato las ceremonias para terminar lo antes posible las negociaciones.

Algo extrañado por la rudeza de los urlocks, Rupert los llevó al plenario del Consejo, donde los representantes de cada Estado miembro se sentaban en sus respectivos curules. Allí estaban Lothar, Ushuk, Sálax, Alum, Arsala, el androide 200—2000 y el cónsul Zaraki Cárashak.

—¡Que horrendo! —dijo el embajador ushok— ¡Tantas criaturas monstruosas! ¿Por qué habrán surgido en sus planetas especies tan deformes?

—Nuestras especies —explicó Lothar— provienen de planetas visitados por una antigua civilización, los akashianos, quienes modificaron el ADN de los homínidos primitivos de nuestros ancestros, y mezclaron algo de su material genético en ellos. Por eso tenemos ciertas similitudes. Casi todas las especies antropoides y con facultades psíquicas tienen origen akashiano.

—Estimados señores embajadores —dijo Sálax aproximándoseles. —Para mí es un placer conocerlos. A la Corporación Sáuxer le encantaría poder comerciar con los urlocks...

Sálax era una mujer muy atractiva para cualquier antropoide. Su rostro y su cuerpo eran de una gran belleza. Toda su vida había sido considerada hermosa, por lo cual se sintió extraña cuando los urlocks reaccionaron con evidente asco ante su cercanía. Sin embargo, el jefe de los embajadores le extendió su horrible garra de dos ganchos para estrecharle la mano en forma de saludo.

En cuanto Sálax lo tocó, el embajador comenzó a temblar, cayó al suelo convulsionándose y vomitando desagradables espumarajos.

El resto de los representantes del Consejo observó a Sálax con mirada acusadora:

—¿Yo que hice? —preguntó ésta.

La Zona Inexplorada

En la habitación del capitán (la mayor y la más lujosa), Zílog y Cheng hacían el amor sobre la espaciosa cama redonda de Zílog. Cheng alcanzó el orgasmo siendo penetrada mientras se encontraba sobre Zílog, sin embargo, poco después, Zílog optó por cambiar la posición y colocó a Cheng boca abajo para penetrarla un rato más en dicha forma, hasta que finalmente eyaculó satisfactoriamente.

Mientras ambos se abrazaban desnudos y satisfechos debajo de las sábanas rojas, Zílog notó que su comunicador emitía una pequeña luz roja que notificaba sobre llamadas no respondidas. Cuando tomó el aparato y notó que las llamadas provenían del comunicador de Velkhar, la llamó:

—Dígame, Doctora.

—Capitán, la contramaestre Lang que está explorando el planeta, partió con un grupo hace más de 12 horas y no se ha reportado.

—Vamos para allá... es decir —rectificó Zílog tragando saliva— voy... voy para allá.

—Sí, señor.

—Según el Reglamento Militar de la Afiliación —recordó Cheng— está terminantemente prohibido que los oficiales como tú sostengan relaciones sentimentales con los subalternos como yo.

—Si estuviéramos en casa, podrías reubicarte bajo el mando de otro capitán y no habría problemas. Pero aquí, desde el otro lado de la Galaxia... no hay muchas opciones. Sólo tratemos de ser discretos.

Zílog llegó, quince minutos después, al Puente.

—¿No hay ningún tipo de contacto con Lang y con los demás tripulantes enviados al planeta? —preguntó Zílog observando un gigantesco mundo de océanos verdosos y muchos continentes en la pantalla.

—Ninguno, señor —le aclaró Arg.

—Bajaremos en misión de rescate —adujo Zílog.

—¿Usted irá, Capitán? —preguntó Velkhar.

—Así es Doctora. Kerozt y Arg, acompáñenme por favor. Y Cheng también —dijo justo cuando la humana llegó al Puente, algunos minutos después para efectos de disimular.

—¿Puedo ir con ustedes, Capitán? —preguntó Némesis, el oscuro presuntamente reformado que cohabitaba la nave.

—¿Para qué quieres venir, Némesis?

—Nunca participo de las misiones. Aunque se que no soy un oficial del Ejército Galáctico, me gustaría poder ir en alguna ocasión.

—Yo no confiaría en él aún —dijo Kerozt receloso casi al oído de Zílog— como para que venga en una misión.

—Algún día tendrá que confiar en él, Capitán —le recordó Cheng.

—De acuerdo, ven. De todas maneras esta es una misión rutinaria.

Un módulo mediano de la Walhalla partió rumbo al planeta desconocido. Una vez que penetraron la atmósfera y bajaron a una altura media, Cheng descubrió la posible razón por la cual, Sashak Lang y su equipo no habían podido comunicarse.

—Señor, hemos perdido los escudos y los sistemas de comunicación.

—¿Por qué, Mayor?

—Aparentemente, la atmósfera de este planeta está cargada con iones electromagnéticos de alta potencia, los cuales anulan los sistemas de protección. Recuerde que nuestros escudos son un gran campo de fuerza electromagnético. La interferencia del campo es lo que provoca la imposibilidad de transmitir. Me extraña que la Walhalla no detectara esto con los sensores.

—La contramaestre Lang y su equipo no deben de estar lejos —dijo Arg. —Según se reporta, su módulo se adentró en la atmósfera por éste sector. Los sistemas de localización detectan rastros de etérium en forma de estela, dejada por alguna nave. Siguiendo ese rastro encontraremos el paradero del equipo perdido.

—Señor —alertó Cheng— detecto un gigantesco organismo aproximándose a nuestra nave... es una forma de vida casi del tamaño del módulo... —el sonido de un choque impactando el fuselaje fue seguido por el estrepitoso estruendo de un aguijón gigantesco que atravesó el techo de la nave. Los tripulantes tuvieron que esquivar el tremendo aguijón para no morir atravesados justo cuando este salía por el piso de la nave.

—¿Qué demonios es esa cosa? —preguntó Zílog desde el suelo donde tuvo que saltar.

—Una especie de insecto, señor —le respondió Cheng leyendo las dimensiones del atacante en la consola. —Se asemeja mucho a la avispa terrestre o al zushig brazzky.

—Tal vez —comentó Zílog— pero las abejas y los zushigs son diminutos y esta bestia es del tamaño de una nave...

—Hay un problema mayor —aseguró Arg leyendo datos en otra computadora. —El insecto atravesó los motores centrales de propulsión. Sufrimos de un derrame de etérium y la nave perderá la capacidad de volar dentro de poco...

Efectivamente, la nave comenzó a desplomarse en picada.

—Dispárenle a esa cosa lo antes posible y comiencen las maniobras de aterrizaje forzoso... —ordenó Zílog.

—Sí señor —dijo Kerozt accionando los cañones láser que se situaban en la parte superior de la nave. Disparó varias veces atravesando a la avispa gigante con los láseres y fulminándola. Un cuerpo desmembrado de insecto titánico cayó al vacío manchando con sus entrañas el fuselaje del módulo y dejando el aguijón firmemente enclavado en la nave.

El módulo tuvo un aterrizaje muy tosco, pero los daños se aminoraron gracias a la capacidad de piloto de Arg.

—Salgamos a explorar —ordenó Zílog y los cinco salieron de la derruida nave. —Estamos en problemas... No podemos comunicarnos con la Walhalla y no podemos usar la nave para volar...

—Creo que hay una amenaza aún peor... Capitán —dijo Némesis señalando hacia unas colinas lejanas por cuyo horizonte bajaban ávidamente un torrente de decenas de seres similares a hormigas, salvo por su tamaño descomunal, de unos tres metros de diámetro.

Todos los tripulantes desenfundaron sus armas láser (excepto Némesis que no tenía ninguna) y procedieron a dispararle a las hormigas. Aunque con sus disparos ultimaron una buena cantidad, la marea de aquellos insectos era demasiado amplia para ser disminuida a punta de disparos.

Se adentraron a la nave nuevamente, justo cuando cientos de gigantescas hormigas los rodearon y comenzaron a mordisquear la nave. Los tripulantes dispararon con los láseres y los cañones de la nave, matando varias hormigas pero sin disuadir al resto.

—El fuselaje sucumbirá pronto —anunció Arg— y después seremos devorados por mis primos.

—Tengo una idea —dijo Cheng— envenenemos a estas malditas hormigas con el etérium que de todas maneras nos es inútil. El etérium produce gases tóxicos. Bastaría con liberar dichos gases en el exterior.

Así lo hicieron, y con un comando de la nave, dispersaron todo el combustible de etérium y los gases residuales alrededor. Cientos de hormigas se envenenaron y el resto huyó.

Casi una hora después, salieron de la nave usando trajes que los protegían de la radioactividad y de los tóxicos de etérium. Y caminaron utilizando instrumentos manuales para seguirle el rastro a la nave de Sashak.

—Un planeta repleto de insectos gigantes —comentó Cheng de camino. —Debes sentirte como en tu mundo, Arg.

—Debo admitir que esta fauna se asemeja bastante a la de Kinosha —le respondió Arg.

Escucharon unos chillidos desesperados pero que sonaban antropomórficos, y acudieron cautelosamente a investigar la fuente.

Entre telarañas grandes como redes de acero pegajosas, había una criatura antropoide. Una especie de mamífero, de piel morena y largos cabellos azules, con orejas puntiagudas. Era una mujer adolescente, semidesnuda salvo por un taparrabo, que chillaba desaforada.

Una especie de tarántula grande como una casa se aproximaba lenta, pero inexorable, a devorar a la infortunada. Una colección de osamentas aún pegadas en la red acompañaba a la infortunada criatura.

Los disparos láser de los tripulantes fueron inútiles ante la gruesa piel de la araña que sencillamente rugió espantosa. Zílog disparó a las redes cortándolas y liberando a la muchacha quien huyó despavorida lejos de la horripilante presencia arácnida.

Los tripulantes la imitaron.

Se encontraron con la chica alienígena en las cercanías de la madriguera de la araña. La muchacha mostraba un evidente temor ante Arg, quien a pesar de vestir y utilizar tecnología era tan insecto como las gigantescas bestias que acechaban en ese planeta. Zílog, que no comprendía ni una palabra de la lengua de la muchacha, intentó mostrarle que Arg era amistoso abrazándolo y estrechándole las manos.

—Mu’katiki comuk’ane —dijo la muchacha como entendiendo que Arg no era una amenaza, y le estrechó una de las cuatro manos.

Siguieron a la muchacha por entre linderos casi desérticos, en medio de pedregosas colinas y una vegetación escasa y espinosa, de tallos y hojas gigantescos. Pudieron observar gusanos enormes y un escarabajo inofensivo, aunque grande como un elefante terrícola.

Cuando llegaron a unas cavernas aledañas a unos farallones, fueron recibidos por flechas lanzadas desde el interior de las cavernas y que cayeron a sus pies.

—¡Akaniki mekolu’ka! —gritó la muchacha moviendo los brazos en señal de alerta. —¡Akaniki mekolu’ka!

De entre las cavernas salieron diversos antropoides idénticos a la muchacha. Eran muy similares a los humanos y xirgones, salvo por el cabello azul y sus orejas puntiagudas. Todos vestían con escuetos ropajes y con collares de abalorios como corresponde a una cultura tribal y primitiva.

De entre las cavernas surgió Sashak Lang, acompañada de un oficial soth con barba de candado y de un oficial androide de cabellos rojos.

—Bienvenidos —les dijo Sashak.

—Hola, Contramaestre —saludó Zílog. —¿Lograron entablar buenas relaciones con los nativos?

—Fue difícil al principio porque son muy paranoicos.

—Con este montón de bichos gigantes al lado, no los culpo.

—Gracias al subteniente Irggs —dijo señalando al soth— que es psíquico hemos sido capaces de comunicarnos con ellos, telepáticamente. Se asombraron bastante con el subcomandante 400 —dijo refiriéndose al androide— porque jamás habían visto a un ser artificial.

—Pero había dos tripulantes más en el equipo —recordó Cheng.

—Fallecieron —explicó Sashak. —Fuimos atacados por una especie de mantis gigante que los atrapó y los devoró.

—Si entablaron amistad con estos aborígenes —preguntó Kerozt— ¿por qué nos lanzaron flechas?

—Por la presencia del teniente Arg —explicó Irggs. —Como es lógico, ellos tienen cierto temor natural por los insectos.

—Debe ser duro para ellos habitar un planeta tan peligroso —dijo Zílog mientras se adentraban en las cavernas.

En el interior de las cavernas había una intrincada y laberíntica red de espacios, pero se iluminaban con fogatas y antorchas, y se alimentaban de insectos casados y cocinados. Zílog y los demás recién llegados se sintieron algo renuentes a consumir los alimentos que les ofrecían por tratarse de escarabajos enormes fritos.

—Son muy nutritivos —dijo Sashak. Y saben bien, una vez que los prueban.

—¿Qué la pasó a su nave, Contramaestre? —preguntó Zílog.

—Fue atacada por una avispa.

—Igual que la nuestra. La gran pregunta es, ¿cómo comunicarnos ahora con la Walhalla?

—¿Cuál es el protocolo en estos casos? —preguntó Cheng.

—Enviar un pequeño escuadrón de módulos —respondió Zílog— fuertemente armado y explorar la zona, ante el supuesto de que hay una fuerza hostil. Pero todavía esperarán unas doce horas. Es decir, será hasta mañana.

Tras la breve conversación, fueron todos a dormir.