Di Rose
El cielo estaba aún más gris que nunca, las lluvias habían llegado y se quedarían por un largo rato luego de aquel tan largo verano. La ciudad de Ángeles era un lugar muy bonito con colores vistosos y grandes tiendas que amenizaban con alegres tonadas y deliciosos olores todas las calles, podían ver pasar de aquí y allá a cada habitante alegre y sin preocupaciones.
De pronto sentí que yo era objetos de sus miradas extrañas y curiosas, ellos me compadecían, si, y también se preguntaban como un alma tan joven como la mía estaba tan deprimida en un día que tenía que ser muy especial.
Cuando era una niña todos mis cumpleaños eran motivo de gran celebración, el sol estaba resplandeciente y con el cielo tan azul y despejado que parecía un cuento de hadas. Todas las mañanas era despertada bajo la hermosa voz de mi padre y esa tonada graciosa del feliz cumpleaños que tanto le gustaba cantarme, mi madre traía en sus manos un pastel casi quemado que había hecho con sus manos y los tres permanecíamos felices hasta la hora del desayuno.
Candy me llenaba de besos y todos los que estaban a mi alrededor tenían un motivo para sonreír y era por mi, porque mi natalicio fue para muchos un gran milagro de la naturaleza.
La acera es mi mejor amiga este día, con un suéter que tapa mi cabeza y la lluvia cayendo a cantaros como sumida en la soledad y el pequeño pastel de glaseado rosa, este no estaba duro o quemado, su textura era sublime pero no llenaba mi corazón, ya nada podía llenarlo, pareciera que a mis 17 años me hubieran abierto los ojos ante el dolor, el dio y la rabia y todo solo impulsado por un ego inequívoco de los placeres de unas personas horribles.
-¿Heaven? -una voz me llama desde muy lejos, sé que estoy ahí pero no mi alma, solo mi cuerpo materializado en una especie de plasta humana que acaba de ser defecada, si esa era mi presencia, una muy turbia y sola y con un dolor tan grande en su corazón que no cabían el pecho.
Su mano toca mi hombro, veo que él se sienta a mi lado sin importarle aquel gran diluvio que tiene rato - ¿te encuentras bien? -me pregunta y le sonrío.
- ¡Sí!, estoy muy bien. Solo estaba pensando- lentamente me levanto para verlo con su ropa mojada como la mía, hasta en la lluvia Valentine lucia fenomenal con aquel aire despreocupado que cargaba como si el no tuviera miedo de extender sus alas y ser libre.
- ¿Por qué no estás en la escuela? -de repente evidencio mi mal humor, mi tristeza como si estuviera leyendo aquellos pensamientos que tanto me querían robar, pero no podían.
-Solo no tenía ganas, además hace un día muy bonito ¿no lo crees? -cubro con los bolsillos de mi pantalón mis manos entumecidas y arrugadas por esa fría agua que caía con fuerza contra nuestros cuerpos.
- ¡Bueno sí! ¿estás bien? te veo algo...tensa-
- ¡sí!, no estoy tensa solo cansada, eso es todo -y emprendo mi camino a ningún lugar. No tener un rumbo fijo al menos me hacía pensar en otras cosas que no sea mi familia, mi casa, mi hogar y todos los malos recuerdos que están latentes en mi cerebro.
- ¿Quieres un café? -me propuso interponiéndose en mi camino y me di cuenta de lo alto que era.
-Está bien -y de nuevo le sonrío como si pasara, como si todo estuviera en mi imaginación.
Los dos callados partimos hasta un edificio pequeño lleno de residencias con una habitación que quedaba por la parte trasera del centro de la ciudad, la lluvia se había vuelto tan fuerte que Valentine me tomo de la mano y corriendo me arrastró hasta el primer piso en la habitación 22 y por primera vez vi su pequeño mundo lleno de sencillez y humildad. La cama blanca y desordenada estaba en frente de una televisión grande y vieja, y la cocina estaba muy cerca del baño. Aquello no tenía comparación con ningún rincón del lugar en donde vivía, pero era suyo, podía sentir el confort que emanaba en esta pequeña habitación.
-Ponte cómoda -se acercó hasta un cajón negro y extrajo de ella una camisa sin mangas con un diseño de una mujer desnuda con un par de alas
- ¡Ten!, si no te quitas esa ropa vas a enfermarte. Por allá está el baño, date prisa mientras monto el agua.
-Le hice caso rápidamente y me retiré toda la humedad de mi ropa colocándome esa camisa que tapaba mis piernas un poco. Salí tímidamente de ese baño y pude ver su torso desnudo y lleno de cantidad infinita de tatuajes, solo algunos espacios aun no habían sido multigrafiados por la tinta, mi curiosidad de nuevo me impulsó a mirar los ángeles y demonios que peleaban como si desencadenaran una batalla final por la humanidad. Valentine se gira y me sonríe al atraparme escudriñando su espalda, pero ahora que veo su pecho es mucho peor.
- ¿Te gusta lo que ves? -bromea un poco y la sangre sube a mi cabeza.
-Lo siento, solo es que nunca he visto tan de cerca una persona con tatuajes -confesé mientras en mi cabeza se armaban miles de preguntas sobre el significado de aquella imagen y símbolo, también el nombre de Daphne en su pecho llamo la atención, pero no dije nada, no quería ser una grosera con alguien que me daba la mano y me ofrecía refugio en un breve momento.
- ¿Sería capaz de hacerte uno? -me pregunto colando aquel polvo negro y sirviéndolo en una gran taza con asa.
-Creo que si me gustaría, pero mamá...-cerré la boca en ese momento ¿y qué le importaba a ella? le daba igual que hiciera o no con mi cuerpo y mi vida.
-Lo entiendo, no te dan permiso -asintió con tono comprensivo y me entregó mi café.
-Eso no importa ya, es mi cuerpo y no dejaré que alguien se atreva de nuevo hacerle daño en contra de mi voluntad -afirme amargamente y mi saliva sabia a un arsénico que quemaba mi estómago al digerirse.
- ¿Alguien más? ¿alguien te ha hecho daño? -pregunto alarmado, pero suavemente y me vio llorar como un infante desprotegida, el si se dio cuenta de que tenía algo extraño, al menos mostraba más preocupación que mi madre, pero me trague todo aquello, aunque eso no me impido soltar un par de lágrimas en silencio.
- ¡Puedes confiar en mi Heaven! -su índice escurrió aquel liquido cristalino dulcemente, desde hace mucho tiempo que no había sido testigo de un gesto tan bonito y solo le agradecí en breves susurros -por cierto, feliz cumpleaños -y besó mi frente cálidamente.
- ¿Cómo sabes que hoy es mi cumpleaños? –no puedo esconder la sorpresa ante la noticia.
-Tu misma lo dijiste ese día ¿te acuerdas? cuando nos conocimos.
- ¡Oh, gracias Valentine, me haces tan feliz! Nadie se ha acordado de mí en estos días.
-Tendrían que ser unos idiotas si se olvidaran de alguien como tú -tomo un sorbo de su café -eras tan...curiosa -bromeo un poco soltando por fin una genuina sonrisa de mis labios.
- ¡Eres un ridículo! Ya te lo he dicho, tú causas mucha curiosidad.
- ¡Tu igual! ¿cuantas Heaven existen? y sobre todo ¿cuántas son tan observadoras?
-¡ojalá y te quemes la lengua Valentine! -Y mis palabras pronto se hicieron realidad. Solté una carcajada muy sonora y pronto él me estaba siguiendo, los dos reíamos como un par de niños tontos por un largo rato hasta que en la mesita al lado del televisor veo una imagen reconocida, la cual no puedo quitarla de mi vista.
- ¿Tú también tomas este vino? -le pregunto mostrándole esa rosa dentro de un circulo y rodeada por esa cruz Nazi.
- ¿Tú como sabes que es un vino? –la quito de mis manos.
-Es es lo único que toman los estirados amigos de mi madre, se creen morir si no tiene específicamente esta marca.
- ¿Ah sí? Ha de ser una fiesta muy aburrida y extraña.
-Desde luego, todos no paran de mirarte como si fuera el entremés, siempre están susurrando con miedo a que los escuches y se creen la crema y nata de la ciudad, snobs, eso es lo que son.
-Me lo imagino. Puros estirados -dijo para sí mismo con algo de interés - ¿de casualidad no habrá asistido Salomón Rose? -me miro seriamente con sus ojos como el hielo mientras se acariciaba parte de su cara que tenía algo de vello facial crecido.
No pude evitar sonrojarme al escuchar su nombre. Evadí su mirada y me mordí los labios.
-Creo que eso es un si -dijo algo molesto.
- ¿Tú lo conoces?
-Algo, el muy maldito me mando hacer una obra y jamás me pago -se acostó en su cama arrugando más sus sábanas blancas -Salomón es el más snobs de todos, no deberías acercártele.
- ¡Pues en eso te equivocas!, él no es para nada como dices, es alguien muy divertido y sabe muchas cosas, para nada anda con aires de superioridad. Soné algo molesta y le di la espalda para seguir tomando mi café caliente.
-Eso solo es parte de su show, no caigas en su telaraña, solo es un aprovechador.
Cierro y abro mis ojos y lo tengo frente a mi sin sentir sus pasos solo una ráfaga fría que sacudió mi camisa mostrando mas al aire mis muslos, su rostro estaba tan cerca al mío que me paralice enseguida. Su aliento era caliente y delicioso y aquellos ojos me palpaban con tanto ahínco que escuche de nuevo el sonido de mi corazón cada vez con mayor frecuencia. Su mano delicadamente se desplaza por mi pelo llevándolo hacia atrás para descubrir mi cuello largo y blanco y se detiene un largo rato buscando algo.
- ¿Que estás haciendo? -pregunte nerviosa por su acercamiento –aléjate -lo empuje algo molesta y asustada- ¡no quería que me vulvas a tocar!
- ¡Lo siento Heaven!, no fue mi intención -su mano de nuevo me tocaría, pero paro -de veras no quería asustarte, por favor perdóname.
Estaba actuando como una loca otra vez, pero no por su culpa, aquel toque de pronto reviví mi recuerdo y ahora como una magdalena solo rompo en llanto mientras me refugiaba en su pecho completamente aterrada y llena de vergüenza.
- ¿Qué es lo que tienes? -me dijo sin recibir respuesta y sus brazos me rodearon tan fuete que su calor me envolvió para protegerme y dejar a Donald fuera de mi alcance.
Las sombras estaban todavía frente a mí, su cara seguía cerca de la mía jadeando y gritándome que me amaba a la vez que sacudía mi cuerpo y solo escuchaba sus gemidos y olía la muerte dentro de su boca, de pronto los ojos rojos como dagas filosas me atravesaron el corazón, a la vez que sentía sus finos colmillos penetrar mi cuello hasta extinguir mi vida.
- ¡Detente! -grito asustada y con la respiración acelerada, me falta algo de aire, pero pronto me estabilizo. Valentine salto de su lugar para acurrucarme de nuevo lleno de compasión por mi estado fatal.
- ¡Tranquila!, solo ha sido una pesadilla -me dice para tranquilizarme, pero para mí eso no era una pesadilla, había pasado y solo mi mente lo revivía como si fuera una película dolorosa y constante en mi mente.
- ¡No!, no lo es -dejo escapar.
- ¡Déjame ayudarte Heaven! ¿qué es lo que te han hecho? Te voy ayudar.
-Quería creer en sus palabras llenas de esperanzas, pero no podía, no quería de nuevo decepcionarme de alguien más, no quería que otra vez alguien me abandonara de nuevo y él no tenía la obligación de hacerlo.
- ¿Qué hora es? -le pregunto viendo la noche en su ventana.
-¡Las 8!.
Afligida por tener que alejarme de su confort tome mi ropa seca y me cambie precipitadamente para partir y enfrentarme a mis demonios.
-Déjame acompañarte -me rogo como un niño pequeño.
- ¡No quiero importunarte Valentine!, ya has hecho suficiente por mí.
- ¿Por qué no quieres que te acompañe? ¿qué es lo que estas ocultando Heaven? -
- ¡Nada!, yo solo quiero caminar sola, no me hagas pedirte que me dejes en paz -Y salí de prisa de aquel lugar sin esperanza alguna, había dejado posiblemente a la única persona que podría ser mi apoyo. Tomo un taxi muy deprisa mientras otra vez las gotas grandes de lluvias caen importunadamente del cielo encapotado.
Las luces de casa están encendidas, cubriendo mis manos dentro de mis axilas corro lo más rápido que puedo y llego ante la puerta de gran cristal grueso y veo la figura de mi madre quien me abre la puerta.
- ¿En dónde has estado? -pregunto. Desaprobación por mis ropas grises -eso es horrible, inaceptable, sube de inmediato y cambiante, hoy los tres saldremos.
- ¡No tengo ganas de hacerlo!
- ¡No me interesa si tienes o no! Salomón nos invitó a una reunión en su gran mansión y no puedes faltar, sube que te deje la ropa preparada –ordeno, ladrando como un pitbull con rabia y sin recordar que día era hoy, mi madre era descuidada cuando se trataba de alguien más que no fuera ella.
Mis pies pararon secamente cuando vi a Donald desde la escalera viéndome con una sonrisa sarcástica y de gesto cómplice, como si lo que me había hecho fuera sido algo mutuo. Mi tensión bajo súbitamente, mi vista se tambaleo por un momento en el que mi cabeza se fue de lado, pero no me caí, camine como si no lo hubiera visto sólo escuchando los gritos de mi madre.
Frente a mi cama un vestido blanco y sin mangas parecido al de un hada me esperaba. Tan blanco y esponjoso como el algodón resaltaba todas mis curvas, mamá sabía muy bien lo que estaba haciendo, me abalanzaba a los brazos de ese hombre como si fuera un objeto a la venta. Con su ayuda pronto ya no estaba el andrajo que era mi persona. Su maquillaje bien aplicado, mi cabello liso y suelto y esas joyas de ella desaparecieron mi inmundicia, pero no el dolor en mi interior ¿podría ser más infeliz? ¿por qué ella me obligaba hacerlo? Roció mis pechos y mi cuello con su perfume y luego me obligo salir con aquellos dolorosos tacones blancos puntiagudos.
La mirada de Donald me partía cada vez que sus ojos me perforaban y mi sangre hervía porque mi madre no se daba cuenta de sus insinuaciones, de sus ataques ¿acaso era tan ciega? baje mi rostro para que ambos no me vieran gimotear llena del dolor y los tres partimos en el Ferrari hasta una casa mucho más grande y ostentosa que la nuestra "DI ROSE PALACE" era lo que decía. Cuando vimos aquel reino magnifico que estaba casi fuera de la ciudad, una mansión con nombre, no solo significaba mucho dinero, esto también hablaba sobre la alcurnia y lo distinguida que era la familia de aquel hombre ¿pero a qué precio?
Metros y metros de caminos rodeados por setos y rosales luminosos nos condujeron hasta la gran entrada de esa casa blanca con cúpulas y cristales de colores, las estatuas extravagantes en el jardín principal de mujeres desnudas y siendo atrapadas por hombres con capas me sobrecogieron de pronto.
No sabía en donde estábamos hiendo, pero casi arrastrada entro aquel fabuloso castillo repleto de muchas más personas que en mi fiestas, todas parecían derrochar belleza aquella anoche diluviana. Además de música en vivo también estaba presente malabaristas coloridos y mujeres que se mecían entre las telas bancas que colgaban en el techo. Los canapés y ese vino rojo no podían faltar mientras que los meseros jóvenes lo servían en las famosas copas rojas de esos riquillos.
- ¡No nos hagas quedar mal Heaven! -mamá me ordeno y Donald me advirtió casi acercándose a mi oído -y recuerda que eres mía -me recordó y tomo distancia entre nosotros.
- ¡Míralo!, ¡hay esta! -los ojos de ella cobraron brillo ante las riquezas extravagantes del joven que estaba asediado por las exquisitas mujeres que nunca había vistos, rubias, morenas y pelirrojas con trajes de noches y ostentosos peinados reían y lo tomaban del brazo haciendo alarde de su presencia, pero cuando se fijó en nosotros su cara galante y seductora desapareció solo para posar su mirada con la mía.
- ¡No le hagas desaires al pobre hombre! - y si quiere algo mas deberías...-afortunadamente cerro la boca, el señor mauro junto a su esposa se acercaron a saludarnos y me presentaron a sus hijos, chicos más o menos de mi edad, pero mucho más extraños que sus padres pues su piel parecía bronceada gracias al sol, ellos estaban frescos y su piel era tersa y suave.
Una chica de pelo negro y rizado que llegaba a media espalda se presentó junto a su hermano mayor, un chico con vello facial muy bien cortado y ojos avellanas.
Al verlos no distinguí parecido en ninguno de sus padres, ni el color de ojos, de cabello u otro genotipo que relatara su herencia familiar pero no dije nada y me limité a sonreír como un robot hasta que llego Salomón.
- ¡Hey!. ¿Cómo están todos? -enseguida dio la mano a los hombres y beso las mejillas de las mujeres y se detuvo a mi lado - ¡no pretenderás que tu hijo me robe a Heaven! -bromeo a Mauro.
-Para nada, mi Billy ya está comprometido con la hija de Dumas y Artemisa mi pequeña se casará dentro de poco con tu socio, aunque si no hubiera comprometido a Billy claro que haría lo posible para que frecuentara a Heaven, ella es tan hermosa y talentosa, un puñado de virtudes.
- ¡No sabes cómo nos halaga a mi familia que digas eso Mauro, mi hija es mi orgullo! -Lilliam dijo inflada por el ego.
- ¡Nuestra hija, Lilliam ella es nuestra! -Donald le beso la mejilla y soltó una risita estúpida.
- ¡Que familia tan maravillosa! -contesto la esposa de Mauricio conmovida.
Furiosa salgo como puedo de aquella rueda llena de gente falsa y estúpida, no podía creer que ellos disfrutaban de esas conversaciones y trataban a sus hijos como simple ganado, negociando sus vidas en matrimonio.
- ¿Por qué tan enojada? -el brazo de salomón se enrollo al mío tomándome por sorpresa.
- ¡No lo puedo creer! ¿todo el tiempo hacen eso? -pregunte asqueada.
-¿Hacer qué?.
-Negociar a sus hijos como si fuera simple carne, es horrendo -y fruncí mi rostro.
- ¡Oh, bueno, es algo que siempre se acostumbra hacer mi circulo! ¿acaso tu madre no te hablado de eso? -pregunto curioso y sorprendido -¿no te dijo lo que pasa entre nosotros?.
- ¡Mi madre sólo quiere casarme contigo para obtener tu fortuna, Salomón! -respondí secamente pero el solo se echó a reír - ¿acaso no te molesta?
- ¿Por qué debería molestarme? yo sería capaz de dar mi fortuna por estar contigo, Heaven -medio un beso en mi oreja -ya estoy acostumbrado a ese tipo de cosas, ella no es la única que ha tratado de meterme a su hija por los ojos, conozco otras que les ordena que se me entreguen sin el más mínimo pudor.
-Y me imagino que eso no te molesta.
- ¿Celos?
- ¡No! -pero de cierta forma si tenía algo de celos pues era tan guapo y por como lo vi llegando a la fiesta también sabía que era un mujeriego sin remedio.
- ¡Eres hermosa enojada!, tienes carácter y opiniones propias, eso es el arma más poderosa que tiene una mujer para conquistar a un hombre como yo.
-¡yo no quiero conquistarte Salomón!.
-¡Auch!, eso me parte lo que me queda de corazón -su mano tomo la mía y la llevo a sus labios para darle un fino beso -pero no importa, yo te conquistare a ti, aun sabiendo lo que intenta tu madre. ¡ven!, quiero enseñarte algo -y con una gran insistencia me llevo hacia su jardín que era mucho más grande que el de Thalía, con más variedades de árboles y grandes fuentes luminosas con mucha agua que se extendía por todas partes.
Ambos nos dirigimos a una muy especial, en ella un arco gris lleno de verdes ramas que lo cubrían con muchas rosas rojas a su alrededor. El césped húmedo mancho un poco mis zapatos de terciopelo blanco y una ráfaga de frio me hizo temblar.
-Ten, no quiero que te enfermes -se quitó su traje negro y me lo coloco sobre mis hombros para darme calor. De su bolsillo saco un pañuelo y seco el banquito solitario para que yo pudiera sentarme.
-¡No sabes lo mucho que en verdad me gustas Heaven! -su brazo lo recostó en mi hombro para pegar más nuestros cuerpos -no deberías odiar a tu madre por intentar meterte por mi ojos, yo igual lo deseo -su voz era jadeante y algo pesada. Poco a poco sus manos recorrieron mis caderas y se detuvieron un rato en mis pechos esperando a que soltara un pequeño gemido excitante –la entiendo, es un pecado ser tan bella y envejecer rápido, pero conmigo eso jamás pasara -Beso mi cuello con delicadeza un largo rato saboreando mi piel.
Cerré mis ojos impregnada de aquella rara sensación que estaba por mis caderas, sus dientes dan unos pequeños mordiscos y produciéndome cosquillas sensuales en mi cuerpo - ¡Déjate llevar! -y estaba dejándome seducir hasta que esos dientes se hicieron un poco filosos e intentaron penetrar mi cuello. Un brusco golpe sacudió a Salomón hasta dejarlo en el suelo. Asustada me doy la vuelta y veo a Valentine enfurecido.
- ¿Qué ...?
- ¿Quién diablos eres? -pregunto iracundo Salomón interrumpiéndome al instante, se levantó y vi como unos grandes colmillos sobresalían de su boca, sus ojos estaban rojos y la cólera recorría su sangre putrefacta.
- ¡No la toques!, ¡vi lo que le ibas hacer!
- ¿Hacer? ¡Eso no te importa, Heaven es mía! -me tomó delos brazos fuertemente y se lanzó sobre mí en el suelo. Trato deliberadamente de luchar temiendo por mi vida, aquella expresión poderosa solo provocaba convulsiones de miedo.
- ¡Suéltame! -le pedí con la esperanza de calmarlo, pero todo era en vano, sus colmillos querían afincarse en mi cuello para acabar con mi vida.
- ¡No! ¡tú vas hacer mía! -grito loco por el delirio.
Valentine cambiando de un momento a otro lo quita de mi cuerpo y lucha con el ferozmente hasta torcerle el cuello. De su pantalón saca una enorme cruz que causa un efecto paralizándole por unos instantes y haciéndole gritar del dolor, Salomón como puede enderezar su cabeza y decide luchar contra el chico a muerte hasta que en un descuido Valentine saca una pequeña espada de mano que aumenta de tamaño y la clava en su corazón como si fuera una estaca dejando que su cuerpo encendido en llamas verdes, tiembla hasta volverse solo cenizas.
Un grito a mi espalda alerta a los demás invitados.
- ¡Ven! -me da la mano, pero estoy demasiado asustada para moverme y dejo que huya solo y dentro de poco estoy rodeada por aquellas personas histéricas y furiosas.
- ¿Qué diablos paso aquí? -grito una voz masculina.
- ¡Heaven! -grito mamá tratando de levantarme. ¿qué sucedió? -pero no dije nada, la chica que había armado alboroto contó la historia desde su punto de vista, un cazador ataco a Salomón y lo asesino para luego arremeter contra mi vida, ni yo lo hubiera inventado mejor.
-Búsquenlo, que nadie salga de esta casa hasta que hallen con su paradero -ordeno otro hombre y una fila de ellos corrieron como el viento a buscar a su asesino.
- ¿Te encuentras bien? -pregunto Donald divirtiéndose de mi dolor y vi de nuevo esos colmillos.
No estaba soñando, todos los tenían, ya no podían disimularlo, estaba dentro de una fiesta llena de despiadados vampiros.