CAPÍTULO 25

Miraba el techo sin encontrar todavía alguna razón lo bastante clara y sincera que explicara por qué seguía en su cama.

No podía creer que estuviera en la cama de Alessandro Sokolov y aun no me hubiera marchado como generalmente siempre lo hacía.

¿En serio me gustaba este hombre?

—¿En qué tanto piensas? —sentí como su mano me agarraba de mi cintura y me acercaba a él, quedando frente a frente.

Alcé una ceja, recordando las anteriores veces que tuvimos relaciones sexuales y sin querer acababa de encontrar una de sus debilidades, era un libro abierto después del sexo.

Eso me hizo replantearme muchas cosas. Alessandro no se acostaba con cualquiera, no era que se abriera mucho a las personas; Posiblemente no estuviera teniendo sexo el día de mis cumpRoseños, como también el que no tuviera novia y solo lo usara como una manera indirecta para acercarnos más.

Lo miré fijamente a sus ojos, tratando de no perderme en el mar tan sereno que en estos momentos eran.

—Esto no acabará bien, Alessandro —susurré, sintiendo como un nudo se instalaba en mi garganta—. Uno de los dos herirá al otro.

Frunció su ceño y suspiró, permaneciendo callado. Sentí su mano en mi abdomen y cuando la iba a retirar me lo impidió.

—Eres tan diferente a las demás personas, incluso estando embarazada, prácticamente no tienes barriga Luciana —de nuevo su ceño se frunció y retiró las sábanas dejando nuestra desnudes expuesta. No había pasado por alto el salto tan abismal de conversación—. ¿Como mierdas no tienes barriga?

Me encogí de hombros despreocupada. Era muchísimo mejor para mí.

—Es cierto que no tengo la barriga que debería de tener, pero mis pantalones ya no me quedan, ha crecido… ¡Tu deberías de notarlo! ¿acaso no te fijas en mi cuerpo?

—Porque lo hago te lo digo —me miró como si estuviera loca y bufó—. Es necesario que revises como están, te tomes los medicamentos y…

—No sigas, hoy supe que nací de milagro y fui una bebé sana.

—¿Qué?

—Estos frijoles serán igual que yo y con respecto a los medicamentos, lo hago...no quiero quedar con secuelas.

Asintió un poco dudoso y desvió su mirada a mi fruto prohibido.

—No comerás más de mi melón —sentencié, tratando de levantarme, pero su brazo rápidamente me apresó hacia su pecho.

Ya empezaba a incomodarme y hartarme.

—Alessandro —advertí.

—Uno más —susurró en mi oído—. El último y probaré ese melón con dos halls... ¿qué dices?

Entre abrí mis labios, sintiendo que no era suficiente el aire que entraba a mis pulmones.

¿Cómo podía proponerme algo tan sucio y excitante?

Lo empujé y me subí encima suyo. Su miembro ya estaba erecto así que lo alineé a mi vagina y lentamente bajé hasta entrar por completo.

—¿Te gusto Alessandro? —pregunté mientras empezaba a moverme, su cara pasó de estar maravillado y contento a querer matarme por arruinar el momento—. ¿Te gusto?

Insistí, un poco preocupada.

—No hagas preguntas sin sentido —agarró mis caderas y empezó a marcar un ritmo más rápido.

—Entonces no actúes de esta manera —nos señalé demasiado obvia, aparté sus manos y me separé abruptamente, casi hacía pucheros al no sentirlo dentro de mi—. No somos una maldita pareja, Alessandro.

Empecé a vestirme al igual que él.

—Que estés un tiempo más en la cama no significa absolutamente nada —gruñó, por su mirada sabía que estaba cabreado.

—Claro que significa, eso lo hacen las parejas o personas con una relación y déjame decirte que no tenemos ningún tipo de relación —aclaré, agarrando mis sandaMias y ajustándolas a mi tobillo—. Eres muy sexy, tu cara y cuerpo son espectaculares, pero no hay más que algo físico.

—¿Por qué recalcas una y otra vez que no gustas de mí? —inquirió con los brazos cruzados—. ¿Temes a que me enamore de ti? eso es lo que has tratado de decir.

Era más inteligente de lo que había pensado.

—Eh sí. Ya me es difícil romper constantemente el corazón a Roman, no quisiera tener que hacerlo con el tuyo.

Me miró incrédulo, se rio mientras negaba y se acercaba a mí.

—¿Qué mierda tiene que ver Roman en estos momentos?

—Y ahí está, estás celoso. Oye no tienes porqué sentir celos —lo empujé y pasé por su lado. Me iría cuanto antes.

—¿Celoso? ¿Por qué mierda estaría celoso? —agarró mi brazo y me volteo—. Te encanta suponer cosas de las personas, no? Ahora dime Luciana, ¿ya has pensando porque buscas mi atención siempre? Porque es claro que yo te gusto y mucho.

Me reí sin poder evitarlo y cuando supe que hablaba enserio me callé.

—Creo que es hora de admitirlo y sí, me gustas Alessandro...me encantas —sus ojos se notaban sorprendidos. ¿Acaso pensaba que no sería capaz de aceptar mi realidad? —. Sé que gustas de mí, pero en eso se tiene que quedar, en un gusto.

—¿Por qué?

Estaba herido, pero su orgulloso no lo dejaba admitir la realidad.

—Ambos somos tan iguales que terminaríamos matándonos.

—¿Familia o amor Luciana? ¿Qué elegirías?

Lo miré confundido, ¿a qué venia esa pregunta?

—No estoy en esa posición.

—Pero si lo estuvieras, ¿Qué elegirías?

—No estoy en esa posición —repetí—. Si nos fuéramos conocido en otro momento, tal vez todo fuera diferente. Ahora yo no puedo amar y tú tienes odio y rencor en tu corazón. Sé que quieres matar al asesino de tu padre, pero… ¿y si lo denuncias y dejas que pague en la cárcel?

—Para ser parte de una familia de narcos eres muy ingenua.

—Tal vez —susurré—. No sé porque mi familia lo hace, pero no te ayudaré más en esto…quitaré el micrófono. Lo siento por la muerte de tu padre, de verdad, pero no creo que otra muerte resuelva esto o dime, ¿matar al asesino hará que tu padre viva?

—¿Me estas persuadiendo? —preguntó incrédulo.

¿Qué?

—¿De qué hablas?

—Sabes quién mató a mi papá —me agarró de los hombros, zarandeándome bruscamente—. Habla, ¡dilo maldita sea!

Hice fuerza y lo empujé atónita por el cambio de actitud.

—Claro que no sé, ¿Qué mierda contigo?

—Es alguien de tu familia, ¿es por eso que me estabas buscando hoy? —se volvió acercar, estaba tenso y en su mirada solo podía ver la ira que cargaba desde hace años—. ¿Todo era un plan? ¡Habla!

Empuñé mi mano y golpeé su rostro.

—¡Respétame! —grité—. Si supiera quien dejo a un niño huérfano acabando así con su felicidad, créeme que estaría en la cárcel. Sé que mi familia está en negocios turbios, lo sé, pero ninguno de ellos —pensé en Nikon y me corregí—. Excepto Nikon, aunque no lo veo capaz de matar a un hombre y dejar a un niño sin padre, pareciera que no tuviera corazón, pero muy …

—¡Luciana al punto! —me sobresalté y asentí.

—Mi familia no sería capaz de matar a alguien y menos a tu padre, era amigo de mi Lena así que olvídate de nosotros.

—Sí, era amigo de tu madre —repitió lentamente—. Ella seguro que sabrá, tengo que…

—No, además no está en el país. ¿Necesitas saber quién es el Rey de la mafia rusa? —cuestioné cansada—. Te tendré nombre y apellido, pero no metas a mi madre en esto.

[…]

—Perdí a tu hermano para siempre, pero lo nuestro no podría ser somos primos…pero sigo enamorada —se lamentó Mia.

Le di unas palmadas en su espalda a modo de consolación.

—Es que ustedes se pasaron, son primos —hice una mueca de asco—. Tienen tiempo de arrepentirse, ¿Quién se enamora de su primo hermano y tiene una aventura con él?

—¿Tu no lo harías? —se sorprendió, lo cual me ofendió enormemente.

—Claro que no —aclaré. Me veían capaz de todo—. Hay códigos en las relaciones, ¿sabes?

—Soy asquerosa —frunció su ceño—. Es por eso que rompí su hermoso corazón aquella vez.

—¿Y por qué ahora quieres volver con él? Aún siguen siendo familia —la miré fijamente, notando lo mal que la estaba pasando—. Pásale un hombre en su cara y veras como lo tendrás de nuevo a tus pies.

¿Y si hacia eso con Roman? ¿O con Alessandro?

—Pero nadie quiere, le temen mucho a mi padre como para arriesgarse conmigo.

De verdad mi tío daba miedo.

—Me gustan dos hombres, uno es la perfección y el otro es un desastre. Amaría amanecer con los dos algún día, sería una hermosa vista para cualquier lado—sonreí ante la cara de susto de Mia—. Pero no hablemos de relaciones amorosas fracasadas, mejor dime si sabes en que trabaja la familia.

—No entiendo tu pregunta.

—Nuestros padres son mafiosos —solté sin anestesia—. Y necesito descubrir quie…

—¿Acaso no lo sabias? Bueno yo apenas me entere hace un año, pero tu…—la miré totalmente indignada. ¿Cómo era posible? —. Cada padre tenía que encargarse de que sus hijos supieran, tal vez mi tío no quería que lo supieras.

—Y aun no quiere, pues no lo supe por su parte —negué levemente, había sido una total idiota.

A veces los temas que incluían a mi padre me cegaban.

— ¿Sabes quién es el rey de la mafia? —pregunté.

—En estos momentos mi papá, solo hasta que Noah se recupere pues es él —Respondió tranquilamente.

Me hubiera caído de no haber sido por estar sentada en mi cama. Mi respiración empezó a ser irregular, estaba fría, no procesaba lo que acababa de escuchar de mi prima.

¿Acaso había escuchado mal?

— ¿Qué mierda Mia? ¿Cómo puedes saber todo eso? ¡¿Cómo puedes decir eso de mi hermano?! ¡¿quieres que te mate aquí mismo?!

Alzó sus manos y negó.

—¿Qué te pasa? Mi padre me cuenta todo, en algún momento yo seré quien deba manejar sus negocios. Lamento si mi tío no te cuenta nada, pero es así.

Mis ojos se llenaron de lágrimas que poco a poco fueron derramadas.

—¿Cómo mi hermano podría ser el rey? Es Noah, no mataría ni seria despiadado ni haría algo que no… —negué levemente—. Mia dime la verdad.

—Lo siento Luciana, tal vez por eso mi tío no quería que tú te enteraras, pero Noah es su sucesor, era obvio que el sería el siguiente.

—¿Sucesor de quién? ¿Mi…papá? —me levanté abruptamente—. M-Mi…papá, él…él era…

—Sí, mi tío era el rey de la mafia rusa, tomo el puesto cuando nuestro abuelo murió…oye no quiero hablar de esto —se levantó y vino hasta mi—. Estas fría y temblando Luciana, ¿estás bien?

Negué, empezando a sollozar al saber lo que esto significaba. No podía.

—Lo asesino —susurré atónita, no podía escuchar nada más que mis pensamientos—. Mi papá lo asesino.