Abril

San Salvador, 2018

De pequeña tuve en muchas ocasiones la extraña necesidad de explotar y mandar todo al carajo. Tomaba la decisión de huir de aquellos lugares que no me daban estabilidad mental y emocional. Corría a donde la nariz me apuntara, así fuera debajo de un árbol, en el predio baldío de la escuela, en el lugar más solo de alguna parte, incluso en el techo de mi casa, en el parque. En fin, en algún lugar donde el sentimiento y la tristeza dejaran de pesar en mi corazón. Y pudiera explotar con calma.

A primeras horas de la madrugada me levanté de la cama depositándole un casto beso a Derian. Me coloqué la ropa y salí en silencio del cuarto. Tomé el teléfono de Gael que estaba sobre la mesa y solicité un taxi que llegó en menos de cinco minutos. Caminé hasta la puerta y me retiré de aquel lugar.

Necesitaba explotar a solas sin llevarme en el camino a Derian o a Gael.

El taxi me esperaba en la esquina de la Biblioteca Nacional el cual dio marcha una vez le dije el destino al que quería ir.

-Al Puerto de la Libertad por favor. - dije apenas.

A las 8:30 de la mañana mis pies se encontraban tocando la arena de aquel escondido lugar que una vez visité con Derian en aquella gran playa.

Caminé y caminé hasta que tomé lugar en la arena con la vista puesta en el mar y en todo lo que se alzaba sobre él.

Abracé mis piernas y comencé a llorar sin temor a desatar los nudos atascados en mi garganta. Solté gritos de amargura.

Me desgaje del dolor y de la ineptitud que poco a poco se me iba colando en el alma.

“¿Cuánto había perdido en tan poco tiempo?”

“¿Cuánto se me había arrebatado sin haberme dado siquiera el derecho a protestar?”

-¿Por qué lloras mi dulce niña?- dijo una voz.

Cuando busqué el lugar de donde provenía la voz, la sangre me hirvió cuando vi salir a esa persona detrás de unas matas de aloe.

“Maldita Leyda”

-¿Cómo te atreves a aparecerte aquí?- dije entre dientes.

Me puse de pie.

Llevaba puesto los mismos lentes que usó cuando se apareció en los baños del cine.

-Querida, a mí nadie me puede decir donde debo o no estar. Además, tú tienes algo que es mío.

-¿A si?- reí por su pésimo chiste.

-Si tanta risa te da entonces sabes que me refiero a Derian. Quien es el causante de mis males y mi loca obsesión. - dijo con voz chillona. – Si él hubiera decidido quedarse conmigo talvez todo esto no hubiera pasado nunca. Nos hubiéramos evitado muchas penas. Como la de pasarle el carro a ese anciano… ¿Cómo se llamaba? -chasqueó los dedos mientras recordaba. - ¡Erick! - rió.

-¿Qué?- susurré apenas.

Quería encontrarle lugar a todo lo que se me venía a la mente. Las emociones me venían con tanta ímpetu que me alejaron de quien realmente era.

-¿Cómo pudiste hacer eso?- espeté al tiempo que me arrojaba sobre ella.

Sus lentes salieron volando dejando a la vista su horripilante cara llena de odio, cinismo y barbarie.

-¡Era mi amigo!- aclamé al momento que le propinaba golpes en la cara.

Dejé salir al demonio encarcelado dentro de mí.

-Era…- le asesté un golpe. - mi…- otro golpe. - amigo. ¡Un anciano! – le exclamé mientras empuñaba mis dos manos para asestarle un golpe final en la cara.

Su nariz crujió tan fuerte que terminó por lanzar una bocanada de sangre.

Algo dentro de mí ya no existía. Pues desconocía totalmente quien era la chica que estaba en mí.

-Si tanto dolor querías hacerme- espeté alejándome de ella. - Me hubieras matado cuando tuviste la oportunidad. Hubieras descargado conmigo la rabia de no poder tener lo que yo tenía. Pero nunca, nunca en tu puta vida de mierda te hubieras acercado a mis amigos. ¿Tienes tantita idea de lo que Erick tuvo que hacer para seguir adelante? ¡NO! ¡Porque no eres humana!¡Porque no tienes sentimientos ni siquiera una pizca de compasión!

-A mí no me interesa ser humana- susurró apenas mientras trataba de levantarse. Tenía el rostro lleno de sangre. – A mí lo que me interesa es tener lo que deseo, así tenga que matar o engañar. Pero sabes, no solo vine aquí a proclamar lo que es mío, sino a desenmascarar al culpable de tu destino.

“¿Qué?”

-¿De qué hablas?-pregunté desconcertada.

Imaginé que podría salir corriendo en busca de ayuda. Pero se quedó quieta. Limitándose a mirar mientras el tiempo corría.

-Vamos a ver quién ríe a último. - dijo mostrando sus enormes dientes. - ¿Acaso no has sentido como la muerte te lleva lentamente sin que te des cuenta? - preguntó.

Intenté descifrar sus palabras, pero era demasiado tarde. En cuestión de segundos me encontré tirada en la arena. Deslicé mi mano por mi estómago encontrando sangre en ella.

-La ira te hace perder el alma, la cordura, el dolor.

Se acerca lentamente hasta mí clavando sus dedos en mi herida dejándome soltar un grito ahogado.

-Estabas tan cegada por el enojo que ni siquiera sentiste cuando te apuñalé de la misma manera que la vez anterior.

-Ojalá te pudras- dije con rabia soportando el dolor de sus dedos en mi herida.

-Antes de que mueras y deje que el dulce mar se lleve tus restos te confesaré un secreto, que supongo Derian no ha tenido valor de decir.

Con estrepito sacó sus dedos de mi estómago sentándose a mi lado.

-Gael no pertenece al pasado ni al futuro, sino a un universo paralelo, similar a este, mismo universo al que pertenece Derian. Cuando ese niño nació, lo robé de su tiempo. Mi habilidad me hace ir a donde yo quiera. Así sea ir más allá del futuro o más allá del pasado en otras líneas adversas. En otras palabras, puedo ir a un tiempo determinado, incluso a un universo si lo deseo por lo que no envejezco ni pierdo los estribos como Derian.

-¿Qué quieres decir?

-Que Derian puede hacer lo mismo, porque al igual que yo, puede ir a tiempos determinados. A lo mejor no recuerda como se hace por temor a que de nuevo te vayas de este mundo. Evitando que mueras en cada línea cuando tu destino ya está marcado. Entonces para enmendar ese error yo debo corregir lo que él hizo y que nunca debió hacer.

-No entiendo. – digo a penas.

-Trataré de explicarte mejor. Cuando Derian descubrió que existías en el futuro, detuvo el pasado para formar un presente contigo. Lastimosamente en la primera línea del tiempo falleciste a causa de una enfermedad terminal. Al suceder eso, Derian volvió al pasado con la visión de que te encontraría en otra línea. Pero por más que lo intentó en todas las líneas tu destino ya estaba escrito. Tu ausencia le hizo perder los estribos quebrando la última línea del tiempo. Olvidando por completo su gran error encontrándose contigo en este presente de un universo paralelo.

Suspira.

-Cuando Derian volvió al pasado antes de poder cruzar la última línea olvidó lo que sucedió contigo. Supongo que bloqueó sus recuerdos a causa del dolor que le causabas.

“Derian”

-¿Cómo sabes que esta es la última línea del tiempo?-pregunto.

Esta vez Leyda me observa con una mirada llena de compasión.

-Porque ya crucé todas las líneas del tiempo y universos que existen y en ninguno estás tú.

Asiento.

-En esta línea del tiempo Derian olvidó como viajar a través del tiempo. Sin embargo, pudo extender el tiempo que pasaron juntos. Lamento…ser quien le ponga fin a todo. Tú fuiste su más grande sueño, su más grande anhelo. Algo que yo no pude ser. Cuando te encontró y supo que existías movió todo lo imposible. Volviendo a comenzar una y otra vez contigo. Viajando de un universo a otro. Dejando pistas en todas partes para llegar a ti, con la única intensión de que su sueño jamás muriera. Tú.

A medida sus palabras fueron tomando sentido no pude resistir más. Tampoco pude sentir más el pesor del alma o el fuego del odio.

-Si siempre voy a morir- susurré. - Al menos en otra vida, si es que existe, no te vuelvas a meter conmigo.

Me recuesto lentamente sobre la arena observando por última vez aquello que me brindó un recuerdo significativo. El mar.

-Dile a Derian que lo amo…-alardee con la voz quebrada.

-Shhhh, ya no hables.- dijo ella.

-Que el tiempo castiga y premia a quienes dejan ir lo que más aman.

-Shhhh

- Y que…a lo mejor, en otra vida…. que no sea un sueño… lo… pueda volver a encontrar.

A lo lejos pude escuchar la voz de Derian gritando mi nombre. Sentí como rodeaba mi cuerpo con sus brazos y repitiendo una y mil veces la palabra perdón.

“Supongo entonces que este es mi final”

Con la poca fuerza que me quedaba tomé su rostro. Su imagen cada vez se volvía borrosa. Lo tenía tan cerca de mí que deseaba regresar unas horas atrás para llenarlo de besos.

Su voz.

Su rostro.

Se desvanecían poco a poco.

-Búscame…-balbucee apenas- en otra vida…yo…te estaré esperando.

Después de eso mi entorno se volvió tan oscuro que sucumbí a un eterno sueño.