Abril
San Salvador, 2018
A medida Gael leía mis memorias. Poco a poco fui recordando lo sucedido años atrás. No pude contener las lágrimas porque algo dentro de mí volvía a su lugar. Y dolía, dolía un carajo que todo fuera tomando lugar en mi cabeza y una enorme grieta en el pecho que se llenaba lentamente. Recordé de como conocí a Derian aquel año y las veces que lo presente como novio a mis amigos.
“¡Como pude olvidar a mis amigos!”
-Es que no puedo creer lo que me han hecho- dije.
Estaba ahogada entre lágrimas.
Quería correr y golpearles la cara por su asqueroso egoísmo.
-Montaron una pantomima de que tú me habías hecho daño el día del accidente cuando no fue así- alardee. No podía dejar de llorar- Ellos... ¡mierda!
-Me han engañado y por encima se han creído quien sabe que lacra. - balbucee.
Gael ni siquiera podía levantar el rostro. Estaba tan apenado por todo.
-Me dijeron que tú me había hecho daño, que eras peligroso, que…
Guardé silencio.
A mi mente llegaban de golpe los recuerdos del accidente.
-Fue Leyda quien intentó matarme en el accidente. Ella fue quien apareció en la carretera mientras yo intentaba huir. No puede ser. - terminé de decir.
Derian me rodeo con sus brazos evitando a que colapsara por completo. Por primera vez sucumbí a tocar fondo y desear otro camino para esta historia.
-Por favor Abril- susurraba Derian desconcertado.
-Es que no lo puedo creer. ¿Qué les dio esa loca a mi hermano y a Jin? ¿Con que mentira los enredó para que creyeran tal monstruosidad?
-Abril debes calmarte. - balbuceo con nerviosismo mientras me contraminaba a su pecho.
Comprendí que la chica que encontré en los baños del cine también fue ella. La que de la nada apareció apuñalándome fue Leyda.
-Me han mantenido cerca del enemigo. – rezongué.
Me sentía tan abatida, con los nervios de punta. El alma se me iba lentamente por el desagüe mientras la amargura y la impotencia me envolvían.
-Abril, mírame. – Derian me tomó del rostro con tal delicadeza-. Esta vez no te dejare sola. Estoy aquí, contigo. Lo que hizo Leyda… estuvo mal, al igual que tu hermano y Jin. Pero…
-Es una maldita – susurré con odio.
-Es más que una maldita, Abril. – respondió. - Ahora debes…
-Tengo que ir a desenmascararla. No puede salirse con la suya. - le digo al momento que me zafo de sus brazos.
-¡Ni creas que vas a ir así como estas!
Rompo a llorar desesperada.
-Porque no mejor buscamos a tus amigos. - agregó. – Verlos de nuevo podría ayudarte.
-Yo los acompaño- añadió Gael quien observaba desde una esquina la escena. Parecía tan sorprendido que apenas expresaba la conmoción del momento.
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Cuando entramos al Café Clásico Bar mi cuerpo se tensó al cruzar el umbral. Recordé con emoción la vez que descubrí aquel mágico lugar que no había cambiado en absoluto. La misma música, la misma vibra, el mismo ambiente, en fin, todo se mantenía igual. Menos yo, pues me sentía como un extraño objeto fuera de lugar.
Con la vista busqué como loca desenfrenada a Don Damián, en la misma mesa de la esquina que tanto nos gustaba y que rara vez las personas ocupaban.
En ese instante la mirada familiar de una persona se posó sobre devolviéndome la vida al momento en que me encontré con aquellos enormes ojos.
-Es Rómulo. - susurré sorprendida.
Corrí hacia él con una mano en la boca. Ocultando mi emoción.
Aquel viejo anciano extendió sus brazos para recibirme con el mismo afecto que muchas veces me dio.
-Es increíble que no me hayas olvidado- le dije entre pequeños sollozos. –Me llevó mucho tiempo volver a recordarles. – sollocé.
-Mi dulce niña- añadió con la misma emoción. - Me imagino que todo este tiempo te sentiste tan sola.
-Les fallé Rómulo. - agregué. -Me ganó el dolor, las heridas. Me olvidé de todos ustedes hasta de mí.
Me alejó de su regazo y con una profunda tristeza agregó.
-Me hubiese gustado recibirte con buenas noticias cuando Damián aun reía al recordarte.
Algo dentro de mí se quebró.
-¿Qué quieres decir?-pregunté.
Rómulo rompió a llorar como un niño cayendo en su asiento. Los lugares de Damián y Erick se encontraban solos.
“Dios no me hagas esto”
-Damián partió de este mundo hace no menos de seis meses a causa de un tumor que acabó con la mayor parte de su cerebro. Y Erick…-respira- Erick no pudo sobre llevar la depresión que lo envolvió cuando perdió su brazo. Realmente nos engañó a todos con su falso optimismo. - rió con tristeza. - Se fue antes de que Dios lo llamara.
Un litro de lágrimas inundó aquella esquina que tan feliz me había hecho una vez.
-Sin embargo, me dejaron la ardua tarea de decirte que el día que regresaras supieras que se llevaron el mejor recuerdo de ti. Que los últimos días de su vida tuvieron sentido al final. Y si, Erick recuperó la memoria dos días antes de su suicidio, usó exactamente las mismas palabras que Damián antes de…partir.
Derian tomó lugar a mi lado después de haber escuchado las palabras de Rómulo. Estaba tan sorprendido como yo.
-Me hubiera gustado estar para ellos sus últimos días. - dije.
El llanto cesó de la nada, pero por dentro crecía un enorme nudo que en cualquier momento se rompería.
-No me imagino cuan duro fue para ellos llevar esa enorme carga. De lo difícil que se les volvió la vida al final. – dijo Derian entre sollozos.
Rómulo nos observaba con tanto alivio que las siguientes palabras no hicieron más que eco en mi mente.
-¿Se han dado cuenta de cuán difícil es una ecuación de matemáticas? Si vos le pones empeño al tratar de resolverla las siguientes ecuaciones que vengan serán fáciles de resolver. Lo mismo sucede con la vida. Depende de nosotros ver la vida fácil o complicada. Ponerle o no el empeño necesario para entender- hizo una pausa para tomar un sorbo de café. - No es fácil encontrarles solución a los problemas, se torna difícil porque nuestra voluntad es tan pequeña que fácilmente se deja caer ante situaciones que a lo mejor no signifiquen el final de todo. Damián supo verle el lado bueno a su vida en los últimos días, no era fácil lidiar con los dolores que sentía. No se podía hacer mucho, pero; aun así, sonrió y fue feliz al final. En cambio, Erick si bien tomó un rumbo diferente, al final fue su decisión.
A nuestro alrededor las cosas marchan como si nada. A lo lejos puedo ver a Gael tomar un café en la barra. Cuando notó que lo estaba viendo giró su cara. Tenía los ojos rojos.
-Mi niña, la vida es muy difícil cuando se llega a la vejez. Nadie nos aguanta, los males y pareceres nos llegan. La familia nos abandona. Tú sembraste felicidad en nosotros. En Damián y en Erick. Sé que ellos desde donde quieran que estén asienten con sus enormes papadas colgando de sus rostros de que sus últimos años y días les aportaste la suficiente energía para poder culminarla.
-Pero ¿por qué no me buscaron? Pude haberlos recordado. - alegué.
Suspira.
-Cuando sufriste el accidente, tu amigo más joven, el médico, nos visitó en el café con la vista perdida. Él mismo nos dijo que estabas en coma. Nos dejó visitarte en algunas ocasiones hasta que nos encontramos a Leyda en tu habitación de hospital. Nos sacó del lugar diciendo que éramos indigentes y que nada teníamos que hacer allí. Luego Jin nos dijo que si no queríamos problemas con tu familia era mejor alejarnos. Que él nos mantendría al tanto. Después de eso ya no supimos de ti. - tomó mis manos temblorosas- Me alegra estar vivo para poder apreciarte una vez más. – terminó diciendo.
“¡Leyda es una maldita perra!”
-No digas eso- añadí entre lágrimas- Aun eres joven, además una vez me dijiste que me llevarías al altar si me llegaba a casar. Debes cumplir tu palabra Rómulo.
“La vida es muy injusta con el correcto”
“Demasiado fría para quien desea vivirla”
“Y muy turbia para quien la enfrenta”
Hasta cierto punto me sentía como un alma deambulando en la oscuridad. Como a quien le arrebatan el aliento, las ganas, la voluntad. El deseo de vivir. Estaba allí con Rómulo, con Derian y Gael. Aun así, por dentro sentía un vacío muy grande me sentía muerta. Porque todo este tiempo me la había pasado luchando contra mí cuando en realidad no era a mí a quien debía atacar, sino, a quien me robaba lo que era yo.