Derian
San Salvador, 2018
Al ingresar al cuarto de Jin, me sorprendo al ver ante mis ojos una enorme pared tapizada de libros que va de extremo a extremo. Con exagerada fascinación me dirijo a ellos con la curiosidad que siempre han desatado en mí desde muy joven, recorriendo con la mirada cada estante lleno de libros de diferentes tamaños y colores en los que se mezclaban los temas como medicina, artes, psicología, literatura entre otros temas reinaban en aquella pared cubierta de libros.
Tanto fue el encanto que encontré uno que llamó mi total atención de entre varios títulos, en su lomo llevaba inscrito: Salarrué El Señor de la Burbuja.
Al ojear entre sus tantas páginas, coincidí con un párrafo que decía:
Fue en una vuelta del camino (cualquier camino) que me habló.
Había allí una sombra y ambos nos detuvimos y nos hablamos.
Al principio temí no sé qué de este hombre raro.
El camino estaba solo y silencioso.
Y el sol crudo hacía brotar la flor de la sed.
Yo era el más joven, el más fuerte, pero ante la
mirada verde de aquel viejo temblé de pies a cabeza
y humillado le escuché.
Venía de muy lejos; iba, no sabía dónde; estaba a
solas conmigo y era preciso que yo le escuchara.
¿Quién era este loco? ¿Qué pretendía?
Me habló como si hablara con el mundo.
Rugió, gritó, rió bárbaramente y por último estaba llorando.
Supe su historia: es ésta.
Supe su credo: es ése.
Habló de su más grande amor: era Aquél...
y hablando se agigantaba.
Era su boca un venero de amor y de belleza.
Y se olvidaba de mí.
Fue en ese instante que recordé las palabras de aquella señora que conocí cuándo salté por primera vez en el tiempo.
-… ¡Muchacho! No creo que no sepa quién es Salarrué. Si hasta en la escuela se ve a este señor que vino a levantar a El Salvador con su literatura. Léase Cuentos de Cipotes, verá lo que le digo.
Busco con la mirada el título que mencionó aquella señora, pero no tengo éxito.
-Es único entre tantos. - susurro.
Al mirar la contraportada del libro, mis ojos se agigantan haciéndome congelar por lo que observo.
Aquel hombre, plasmado en aquella parte del libro, se parecía a mí, me parecía a él. La impresión fue tan grande que dudé por unos segundos de si existí en aquel entonces como otra persona, como alguien que soñé ser una vez cuando era niño.
-Mundos paralelos- susurré. – O ¿multiversos?
Aquel hombre, cuya mirada penetrante me hacía estremecer, pues éramos idénticos. De hombros anchos y buen semblante. Decente y de buen vestir. Llevaba un traje blanco y corbata con un sombrero entre sus brazos.
Antes de poder perderme aún más en el paralelismo de que existía otro igual, coloco el libro de nuevo en su lugar.
-A ver. Enfócate en el plan. Distraerte fue mala idea.
Examino todo a mi alrededor buscando alguna pista de donde podría encontrarse el diario de Abril. Así que me dirijo al escritorio de Jin en busca de pistas.
Al abrir de uno en uno los cajones y husmear de forma rápida los documentos y objetos llegué al último cajón. Cuando hube revisado todo, me di cuenta que la base simplemente era una tapadera, dejando ver en realidad que el cajón escondía otro cajón. Al levantar la tapa descubrí que allí se encontraba el diario de Abril. Al ver un poco más sobre qué otras cosas escondía en aquel peculiar lugar, encontré un sobre de manila con el nombre de: Romina Abril Montesco.
La curiosidad pudo conmigo por lo que no me lo pensé dos veces en ver que era lo que contenía aquel sobre. Mi alma sucumbe en tristeza llevándose consigo las pocas fuerzas que quedaban en mí después de haber leído todo aquello.
Por unos instantes llegué a imaginar que mi sueño cumplido casi fue más que perfecto. No descarté en absoluto que todo sueño también padece de detalles, de disgustos, sin sabores o malas impresiones.
Resultados de Análisis
Paciente: Abril Montesco de 24 años
R: Sangrado entre la parte interior del cráneo y la cubierta externa del cerebro. Hematoma Epidural Agudo.
-¿Será esta la razón por la Jin le propuso matrimonio?- me digo.
Rápidamente, atajo las llaves y los análisis sin antes escuchar a lo lejos lo que parece ser la voz de Jin. No podía marcharme así no más, pensaba en que Abril podría estar en peligro con semejante tipo.
“La ama. No podría lastimarla”
“Repítetelo hasta que lo creas”
Con sumo cuidado abrí un poco la puerta del cuarto para salir brevemente. Me quedé en cuclillas junto al balcón. Escuchando atento.
-¡Contesta de una puta vez!-dice Abril con voz exaltada
-Abril, de seguro estás alucinando. Tienes un delirio por lo mismo de que tu mente no puede aceptar el presente y has soñado…-agrega él.
-No trates de decir que estoy loca porque no voy a permitirlo.
-¡Estás muriendo Abril!- grita Jin.
-¡Ya lo sé!, pero eso no te da derecho de evadir lo que estoy preguntando. Quiero saber que se traen todos ustedes.
“Entonces ella lo sabía y no me lo dijo”
“¿Por qué razón lo ocultaría?”
Con el aliento suspendido por un breve lapso de tiempo, entré de nuevo al cuarto de Jin.
“¿Por qué razón las cosas se tornan a mal cuando van perfectas?”
Mi vida no era perfecta en este plano tridimensional de universo alterno o multiversos. Sin embargo, ella, que en mis sueños se reflejaba de la manera más perfecta y delicada, la muerte se colaba por su vida consumiéndola de manera lenta.
-¡Ella no, Dios!
Desesperado corro hacia la ventana para salir lo más pronto de aquel lugar. Tanta era mi precisión que no medí la sincronía de mis pasos. Caigo bruscamente sobre el suelo dando un fuerte golpe con la cabeza.
Al percatarme de lo ocurrido intento ponerme de pie sin tener éxito. La cabeza me daba muchas vueltas imposibilitando el intento por devolverme a la realidad.
Escucho algunos pasos por las escaleras por lo que mi instinto de supervivencia me lleva hasta meterme debajo de la cama antes de que me encuentre. Una vez allí recupero la conciencia mientras veo que los pies de Jin se dirigen de un lado a otro desesperado. Luego sale corriendo a toda prisa del cuarto pero a los pocos segundos regresa.
“¿Se habrá dado cuenta de que estoy aquí?”
Sin ser de la manera que yo pensaba, minutos después lo escucho hablar .
-¡No eres quien para gritarme! – responde molesto. - De hecho, no eres nadie.
“¿Con quién habla?”
Un breve silencio se extiende hasta ser interrumpido.
-Dime Leyda, ¿Por qué actúas de modo tan extraño? - pregunta.
“¿Leyda?”
“¿Será esa mujer que Abril llamó foránea?”
-Sí, claro. Te preocupa tanto que pierdes la cordura. No será que te preocupa alguien más, por ejemplo, Derian.- le reclama.
“¿Que tengo que ver?”
“Ni siquiera sé de quién se trata”
-¿Entonces porque te has escondido de ellos todo este tiempo? ¿A qué le temes? - le recrimina.
No logro entender.
-Ten cuidado de como hablas de Abril.
-Es lo justo- continúa hablando. - Ella merece saber la verdad después de todo.
“¿Cuál es la verdad?”
-No Leyda. No la he perdido. Nunca me ha pertenecido porque jamás fue mía. Su corazón tiene dueño y memoria. De una u otra forma ellos buscaran la manera de estar juntos, aun si ella no lo recuerda.
Las palabras de Abril recobran razón. Pero ¿Cómo sabremos del pasado sin historia? ¿Sin un antecedente que nos explique cómo sucedió todo?
“El diario, Derian”
“Cierto”
Jin se abalanza sobre la cama sacándome de mis pensamientos.
“Él la quiere tanto como yo”
“Pero amar no implica mentir”
-Jugué a ser su todo cuando nunca fui nada. – susurra derrotado.
Antes de perder por completo los estribos me arrastro hacia fuera, lleno de impotencia y de rabia. Jin se sobre salta al verme sumergir de aquel lugar bajo su cama.
-¡¿Qué haces tú aquí?!- pregunta alarmado.
-Por la misma razón que Abril te vino a buscar. - contesto con firmeza.
-No tienes ningún derecho de estar aquí. - responde. - Ya tienes lo que deseas. ¿Por qué aun sigues en este lugar? Ve y corre con Abril a decirle toda la verdad.
Lo observo, y juro por Dios que la sangre me hervía de rabia por su egoísmo e ineptitud.
-Claro que me iré, no te preocupes, pero tú- le señalo- tú tienes una deuda pendiente con ella.
-No eres quien para juzgarme.
-No lo soy, pero si la querías, no debiste haberle mentido. Su enfermedad no debió haber sido una excusa para acercarte. ¿Pensaste alguna vez el dolor que le ocasionaría una mentira?
-¡Cállate Derian!
Lo sujeto del cuello.
-¡Fuiste un cobarde!¡Ahora me dirás la verdad a mí!- exclamo.
-¡Suéltame! ¿Qué no tienes suficiente con tenerla? - responde a la misma vez que se suelta. - Deberías estar feliz.
Su expresión estaba tan alterada que parecía que iba a explotar.
-¿Qué no te acuerdas?- pregunta.- No te acuerdas de toda la felicidad que le diste mientras estuviste aquí. ¿Por qué desapareciste cuando más te necesitaba?
Lo miro anonado.
-¡Responde!- exclama furioso.
Antes de poder decir lo que pienso recupero la serenidad. Hay cosas que no entiendo y de lo poco en lo que estoy seguro es por lo que estoy viviendo. Solamente tengo certeza del presente.
-Si contesto a tu pregunta ¿prometes darme algo a cambio? – pregunto.
“Piensa bien lo que vas a decir”
“Puedes retractarte sabes”
“Lo sé”
-¿Qué más podría darte?- pregunta perdido. La tristeza lo envuelve al igual que la derrota. -Me quitaste lo que más quería.
-Sé que la amas. Sé también que tú tienes algo que yo no tengo. – espeto.
-¿A si?- alega.
-Si. - contesto.
“Piénsalo Derian”
-El poder de salvarle la vida.
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“Cinco minutos bastan para soñar toda una vida, así de relativo es el tiempo”
En mi mente la frase de Mario Benedetti se repetía una y otra vez retumbando por las paredes de todo lo vivo en mi ser. Llegué a pensar en que Dios no era justo por poner y quitar lo único y más valioso que me había ocurrido en la vida, en un plano no correspondiente. Con un destino ni siquiera oscuro, sino cruel.
“Deberías de dejar de creer en Dios por darte a probar y luego quitarte lo que sería lo más preciado para ti”
Asiento en mis adentros mientras camino hasta donde se encuentra Gael.
“¿Seguro de que no te arrepentirás de la tregua con él?”
“¿Acaso había otra opción?”
“Creo que no”
“No, no la había. Pero ella lo vale”
El amor no sabe medirse por el tiempo ni los años. Simplemente se construye en el presente con intensa devoción. Donde arriesgar todo es perder y rendirse es morir sabiendo en un principio el final.
Aunque en un principio me haya tachado de loco por la propuesta, Jin aceptó las condiciones con tal de que Abril estuviera bien. Fuera de peligro, pero sobre todo de su felicidad.
“- ¿Tanto la amas para pedirme esto?
-Tanto la quiero que buscaría la forma de cruzar el universo por ella. ”
Sin darme cuenta, abro la puerta del carro, Gael quien me mira aliviando la expresión en su rostro.
-¡Hay que irnos pero ya!- ordeno.- ¡Ya!- exclamo.
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Pese a todo, aunque hubiera algunas piezas del rompecabezas armadas, la duda de Abril aún seguía sin resolverse mientras, yo moría porque me dijera la verdad de su padecimiento. Quería que confiara en mí.
-¿Puedo preguntarte algo?- hablé minutos después de haber cruzado la puerta del escondite.
Observé a Gael indicándole con la mirada que necesitaba estar a solas por lo que entendió de inmediato.
-¿Qué sucede?- respondió con un tono de voz melodioso y áspero.
-¿Por qué Jin mencionó que es mi culpa que estés muriendo?¿A qué se refiere?- dije al fin sin titubear.
Necesitaba escuchar de ella la verdad y no de un papel de resultados médicos.
-¿Cómo lograste escuchar eso? – contesta sorprendida.- Se supone que…
-Contesta por favor- interrumpo. La impaciencia me colmaba. – ¿Es a raíz del accidente? - añado.
Niega confundida.
-Los síntomas que tengo simplemente son secuelas del accidente. Nada de qué alarmarse. – contesta.
“Mientes”
-No mientas Abril.- alego decepcionado.
-No estoy mintiendo.
Pienso en la próxima pregunta que le haré.
-¿Acaso la razón por la que tu amigo te pidió matrimonio es para llevarte lejos y ayudar a que te recuperes de un hematoma?-pregunto.
A mi mente viene la propuesta que le hice a Jin a cambio de la salud y felicidad de Abril.
-¿De dónde sacas conclusiones tan vagas?
Su respuesta azota la poca fortaleza que queda en mí.
-No son conclusiones vagas. A ti te esconden la verdad y tú me haces lo mismo. - le respondo casi airado.
-¿Por qué de la nada sales con esto?- pregunta confusa.
-Lo sabías y no me dijiste. Jin tiene tus análisis y estás…
No me propuse terminar la frase por completo. Ella se desmoronaba porque, aunque demostrara ser fuerte, por dentro poco a poco se rompía. Algo en su mirada se quebraba haciéndose oír en ese pequeño espacio de cuatro paredes.
-¡Bien! Sí, estoy muriendo. Nada fuera de este mundo. - suspira. - Después del accidente mi cuerpo se volvió frágil. Mi mundo, mi todo. Yo. Me he vuelto malditamente vulnerable. No estoy bien y nadie quiere explicarme que carajos pasó y que está pasando en mi puta vida. Todos los días estoy luchando un poco por comprender lo que sucede. Mi mente desborda de locura al tratar de poner todo en orden y ¿sabes que es lo peor? No tener que poner cuando ni siquiera tengo nada. Pero está bien. Tengo que seguir adelante pese a todo.
Las lágrimas caen de sus ojos sin darse cuenta. Porque, aunque me doliera, quería llegar a este punto para dejar apaciguar la carga que llevaba llena de confusiones. Deseaba abrazarla y alentarla. El horror de que algún día partiera de este mundo me aterraba.
La contramino en pecho haciéndole saber cuán importante era para mí. Sé que nada tiene sentido. Por el momento.
-¿Puedes comprender?- susurra.
Comprendía más de lo que ella imaginaba.
-Shhh.
Deslizo mi mano sobre su cabello apretándola a mi cuerpo.
“Si tan solo pudiera estar contigo toda una vida de este modo”
“Te protegería pese a lo que sea”
Sin mediar palabras, la puerta del cuarto de Gael se abre inmediatamente haciendo ese ruido desencajado.
-Bien- alega con los brazos al cielo- Estoy harto de pasar al segundo plano de todo. No sé qué carajos sucede, pero, necesito que me hagan parte de esto para poder ayudar. Media vez dicho lo que tenía que decir.
-¿Qué rayos sucedió allá?
Dirijo la mirada a Abril llena de complicidad y risas. Gael era más oportuno que inoportuno debido a su interés.
-¿Le dices tú o yo?- pregunto.
La carga ha desaparecido. Al menos una parte.
- Cuéntale tú. - responde.
Gael me mira anonado con interrogantes sobre volando su cabeza.
-Perdona Gael, te contaré todo y nos ayudaras a llegar al fondo de esto no sin antes hacernos un café. – le ruego.
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Después de haberle explicado a Gael entre sorbos y sorbos de café no dejaba de ir de un lugar a otro con diversas expresiones que reflejaba su rostro. Abrazó a Abril luego de escuchar lo que sucedía en ella.
-Escucha- le dijo- no tienes permitido morir por nada del mundo.
Suplicaba en mi interior que no se echara a llorar mientras la abrazaba podía debilitar su estado emocional y no esperaba a unirme hecho un rio de lágrimas.
Sin embargo, ella parecía llena de ataraxia en su interior como si el temor hubiese desaparecido o la incertidumbre no fuera molestia. De inmediato su mirada se dirigió hacia mí acompañada de una dulce sonrisa en su rostro a lo que respondí de la misma manera.
-¿Podemos leer el diario?- replicó Gael alejándose de Abril.
Tenía la cara roja como si contuviera sus emociones, mientras yo tenía miedo a lo que aquello pudiera contener.
“El momento de la verdad ha llegado amigo”
Me dejo ir en el precipicio de mis pensamientos invadido por intensas sensaciones perdido en el laberinto de la mente. A los pocos segundos reacciono topándome con la tierna mirada de Abril que yacía acurrucada frente a mí. Sujetaba mis manos blandiendo una cálida sonrisa.
-Lo que sea que esté en ese diario no cambiará mis sentimientos, Derian. Nos sucumbe el miedo, pero ¿Qué más da?
-¿No te da miedo llegar a enterarte de que quizá sea el malo de la historia?- pregunto con el pánico creciendo en mis entrañas.
Sonríe ante mis palabras y sin esperarlo me roba un beso.
Un suave y dulce beso que despierta hasta el último rincón de mi masculinidad.
Sujeto su rostro saboreando el dulce néctar de sus labios, deslizando lentamente mi lengua en su boca.
“Piensa en cosas bonitas, Derian”
“Piensa en cosa bonitas, muchacho”
Me repetía.
No sé cuantos segundos se nos atravesaron por el camino mientras luchábamos labio a labio por lograr un beso más. El aire atorado a media garganta de Gael nos sonsacó de nuestro camino despegando nuestros labios de inmediato. Creo que ambos nos habíamos olvidado de su presencia imaginando que solo éramos nosotros en un mundo pequeño.
-¿Y bien?- preguntó con la mirada ida al suelo.- Es hora.